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Cuartoscuro
Encargadas de estancias infantiles de CDMX piden que se informe cuáles son las que tienen irregularidades
Las dueñas de estos centros de cuidado, afiliados al programa de Estancias Infantiles para Apoyar a Madres Trabajadoras, se quejan de que las supervisiones del DIF son demasiado cuadradas y por eso hay muchas que califican en rojo, aunque no sean un peligro real para los niños.
Cuartoscuro
18 de febrero, 2019
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Encargadas de estancias infantiles para apoyar a madres trabajadoras de las 16 alcaldías de Ciudad de México solicitaron al presidente Andrés Manuel López Obrador y a la Secretaría de Bienestar, que presenten la lista de estancias con irregularidades. “Díganos cuáles son, eso es lo que pedimos, una buena investigación de ellas”, señalaron en conferencia de prensa.

Esto en respuesta a la información que presentó este lunes María Luisa Albores, titular de la Secretaría de Bienestar. “Las cifras que están dando cambian y cambian. El gobierno publicó un boletín en el que menciona que 300 estancias infantiles no acreditaron la debida admisión. Y que 7% de estancias no acreditó documentación para recibir subsidios; es decir las listas de asistencia de los niños. Después en su conferencia del viernes mencionó que dos de cada tres estancias son irregulares. Los datos se contradicen. No hay pruebas hasta ahora de todo eso”.

Ante esto, volvieron a solicitarle que no se afecte a la totalidad de las que están dentro del programa. “Les pedimos que a las que están mal las sancionen, las cierren, pero a las que están bien nos dejen seguir trabajando”.

Sobre los señalamientos de que 66% de las estancias están en rojo porque pueden representar riesgo o riesgo total, de acuerdo a las supervisiones hechas por el DIF, las encargadas de estancias capitalinas afirmaron que esas evaluaciones son demasiado rígidas. Carolina Páez, encargada de la estancia infantil “La casa de los ositos”, en Magdalena Contreras, contó que el año pasado, con las supervisiones del DIF, en dos ocasiones estuvo en verde y una en amarillo.

“Estuve en riesgo porque la miss no revisó la mochila de un niño a la hora de entrar y porque no puso el menú. Aunque esto es una situación de riesgo de salud, no es una situación de riesgo de seguridad y protección de los menores”, afirmó.

Algunas de las encargadas de estancias infantiles contaron a Animal Político que los inspectores del DIF utilizan una cédula para hacer las revisiones, que está dividida en varias etapas y se califica por color, el rojo marca alto, verde que todo está bien y amarillo es preventivo.

“Pero la cédula se volvió tan cuadrada, tan tajante que cualquier detalle es rojo, con cualquier cosita que no hagas dentro de la normatividad ya te marcan en rojo. Por ejemplo, si usas una funda para las colchonetas de los niños que no sea de algodón, ya te marcan rojo. Y aunque no estés de acuerdo con la supervisión, tienes que firmar la cédula, y de esa no te dejan copia, solo de la visita del supervisor y el resultado”, explicó Ivette Arroyo, responsable de la estancia infantil Fantasía, en la alcaldía de Gustavo A. Madero.

Respecto a que los niños de entre 3 y 4 años ya no van a ser beneficiarios del programa porque deben estar en preescolar a esa edad y no en una estancia infantil, las responsables de estos centros aseguraron que a principios del año pasado el expresidente Enrique Peña Nieto promovió un convenio con SEP para que las estancias de la entonces Secretaría de Desarrollo Social, ahora de Bienestar, pudieran dar a los niños una constancia de primero de preescolar.

Jacqueline García, responsable de la estancia Peques Club, también de Gustavo A. Madero, especificó que este “no es un certificado como tal, es una constancia, sellada y validada por SEP. A mí me las dieron para todos mis niños que terminaron el ciclo escolar pasado el primero de preescolar”.

Aunque no todas las estancias podían dar este documento. “No sabemos porque no a todas nos llegaron las constancias. Yo tengo niños de primer año de preescolar pero no me llegaron y no sé por qué. No hay procedimiento específico, por ejemplo, que yo no haya cumplido. Todas las capacitaciones y las evaluaciones que nos hacen tienen que ser globales, para todas, entonces no sabemos por qué unas sí y otras no pueden dar esa constancia”, aseguró Magdalena Escudero Zendejos, responsable de la estancia infantil Cuma, en la alcaldía de Gustavo A. Madero.

Las responsables de estancias infantiles para apoyar a madres trabajadoras de la CDMX puntualizaron que hasta ahora no tienen una estrategia a seguir frente a los planes del gobierno federal para el programa, pero que promoverán los recursos que sean necesarios ante instancias nacionales e internacionales para defender sus fuentes de trabajo y el bienestar de los niños.

Unión de Padres de Familia pide que no se hagan generalizaciones 

La Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF), lamentó que la forma en que se redistribuirá el presupuesto para las estancias ya que “esta acción afectará a más de 300 mil niños y niñas y sus familias de toda la República”.

Leonardo García Camarena, presidente de la UNPF, comentó que “no se pueden hacer señalamientos generalizados por fallas o presuntos malos manejos, cuando, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en el análisis de este programa, durante el ciclo 2017-2018, 94% de los beneficiarios consideraron que éste contribuye a mejorar su calidad de vida porque pudieron mantener un empleo y acceder a servicios para el cuidado y desarrollo de sus hijos”.

El presidente de la UNPF precisó “que las más de 9000 estancias que se tienen registradas generan empleos directos e indirectos, además de apoyar a madres en el cuidado de sus hijos, para que ellas puedan ejercer su labor, en busca de un bienestar para sus familias”.

“Esa formación inicial es de gran importancia para los menores, pues se desarrollan muchas de sus capacidades en esa etapa, no es posible dejarlos desprotegidos”, señaló.

Además, no necesariamente los abuelos son los mejor preparados para el cuidado de los nietos, el personal que labora en las estancias infantiles tiene la preparación adecuada y su labor es supervisada para brindar el servicio adecuado a los menores, aseguró García Camarena.

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BBC
"El trabajo está matando a la gente y a nadie le importa"
En su último libro, Jeffrey Pfeffer, profesor de la Universidad de Stanford, argumenta que el exceso de trabajo y el estrés han provocado la muerte de miles de personas en Estados Unidos y el resto del mundo a causa de un sistema laboral que se ha vuelto "inhumano".
BBC
22 de marzo, 2019
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Cuando Jeffrey Pfeffer afirma que “el trabajo está matando a la gente y a nadie le importa”, no lo dice en un sentido metafórico.

Lo dice tal cual, con todas sus letras, basándose en las investigaciones que ha realizado durante décadas, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.

Pfeffer, profesor de la Escuela de Postgrado de Negocios de la Universidad de Stanford y autor o coautor de 15 libros en el campo de la teoría organizacional y el manejo de recursos humanos, argumenta en su último libro, “Muriendo por un salario” (Dying for a paycheck, en inglés), que el sistema de trabajo actual enferma e incluso termina con la vida de las personas.

En él relata el caso de Kenji Hamada, un hombre de 42 años que murió de un ataque al corazón en su escritorio en Tokio. Trabajaba 75 horas a la semana y demoraba cerca de dos horas en llegar a la oficina.

Justo antes de su muerte, había trabajado 40 días seguidos sin parar y su viuda declaró que Kenji estaba excesivamente estresado.

Ese es solo uno de muchos ejemplos incluidos en la publicación, donde el autor pone en contexto los efectos de un sistema de trabajo que en ocasiones se torna “inhumano” por la excesiva carga laboral.

fsdf

BBC

Según la evidencia recopilada por Pfeffer, en Estados Unidos, el 61% de los empleados considera que el estrés los ha enfermado y el 7% asegura haber sido hospitalizado por causas relacionadas con el trabajo.

De hecho, sus estimaciones apuntan a que el estrés está relacionado con la muerte anual de 120.000 trabajadores estadounidenses.

Y desde un punto de vista económico, destaca el académico, el estrés tiene un costo para los empleadores de más de US$300.000 millones al año en ese país.

En BBC Mundo hablamos con él.


En su libro usted menciona que existe un sistema laboral tóxico que está matando a la gente. ¿Qué evidencia tiene al respecto y cómo el trabajo moderno afecta a los empleados?

Existe evidencia de sus efectos sobre la salud. Las largas jornadas laborales, los despidos, la falta de seguro médico, el estrés provocan una enorme inseguridad económica, conflictos familiares y enfermedades.

El trabajo se ha vuelto inhumano. Por una lado las empresas, de una manera fundamental, se han desentendido de la responsabilidad que tienen con sus empleados.

Pero también ocurre que así como crece la “economía gig” (de trabajadores independendientes), también crece la inseguridad laboral.

¿Quién es responsable de este fenómeno?

Si piensas en los años 50 o los 60, los directivos decían que era necesario equilibrar los intereses de los empleados, los clientes, los accionistas. Ahora todo está centrado en los accionistas.

Esqueleto

Getty Images
Pfeffer dice que el estrés está relacionado con la muerte de 120.000 trabajadores estadounidenses al año.

En los bancos de inversión, por ejemplo, hay una práctica muy generalizada bajo la cual trabajas, vas a tu casa a darte una ducha y regresas a la oficina.

Bajo ese sistema, muchos empleados se vuelven drogadictos, porque terminan consumiendo cocaína y otras drogas para mantenerse despiertos.

Aunque el fenómeno que usted describe sería transversal, ¿hay ciertos sectores más afectados?

Un empleado de una fábrica, un piloto de avión, un conductor de camión, tiene un límite máximo de horas que puede trabajar.

Pero irónicamente, en muchas de las profesiones no hay límites.

En el caso de Estados Unidos, usted ha escrito que el lugar de trabajo es la quinta causa de muerte en Estados Unidos

Al menos la quinta causa, quizás más.

¿Y quién se hace cargo de esas muertes?

Los empleadores son responsables y los gobiernos son responsables por no hacer nada al respecto.

Enfermera

Getty Images
El 61% de los empleados en Estados Unidos considera que el estrés los ha enfermado.

¿Entonces qué papel juega la política en todo esto?

Tiene un rol enorme. Tenemos que hacer algo para detener esto. Pero no seremos capaces de hacer nada a un nivel individual.

Si quieres resolver el problema de manera sistémica, se requiere una intervención sistémica que debe provenir de algún tipo de regulación.

¿Cómo reaccionan los directivos de empresas cuando usted conversa con ellos?

Nadie argumenta que los datos no son correctos, porque los datos son bastante abrumadores. Pero esto es como el juego de la “papa caliente”: la gente ve el problema, pero nadie quiere hacerse cargo.

De hecho, los costos de salud son enormes. Las condiciones de trabajo causan enfermedades crónicas como diabetes o problemas cardiovasculares.

Pero también hablando de costos, las empresas pueden replicar que hacer cambios al sistema de trabajo afectará las ganancias corporativas

Es que eso no es verdad. Sabemos que la gente estresada tiene una mayor probabilidad de renunciar. Sabemos que los empleados enfermos -psicológica o físicamente enfermos- son menos productivos.

Sabemos, por estudios realizados en Estados Unidos y en el Reino Unido, que sobre el 50% de todos los días laborales perdidos por ausentismo están relacionados con el estrés laboral.

Hombre abrumado

Getty Images
El estrés tiene un costo para los empleadores de más de US$300.000 millones al año en Estados Unidos, según Pfeffer.

El Instituto Estadounidense del Estrés calcula que el costo anual es de US$300.000 millones al año.

Entonces es muy caro tener trabajadores enfermos o empleados que van a trabajar, pero con bajo rendimiento. Esto le cuesta a las empresas una fortuna.

Desde el lado de los trabajadores, usted ha escrito que las personas deberían cuidarse a sí mismas. Pero si un empleado reclama por mejores condiciones laborales, es muy probable que termine despedido. ¿Cómo se pueden cambiar las condiciones de trabajo?

Primero, los empleados tienen que asumir la responsabilidad de cuidar su propia salud.

Si vas a trabajar a un lugar donde no te permiten equilibrar tu vida laboral y tu vida familiar, tienes que irte.

Entonces la gente contesta: “No me puedo ir”. Y yo digo: “Si estás en una sala y esa sala está llena de humo, intentarás salir de ahí, porque las consecuencias para tu salud serán muy severas”.

Lo otro es que la gente tiene que presionar para que existan leyes y actuar colectivamente para protegerse, porque también hay costos para la sociedad.


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