México, entre los países del mundo donde menos respeto hay por el Estado de Derecho: World Justice Project
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Cuartoscuro

México, entre los países del mundo donde menos respeto hay por el Estado de Derecho: World Justice Project

Corrupción, inseguridad, y deficiencias en el sistema de justicia penal, los focos rojos para el Estado de Derecho en México.
Cuartoscuro
28 de febrero, 2019
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Países donde se vivieron férreas dictaduras militares o genocidios, como Ruanda y Liberia, en África, o importantes conflictos armados recientes, como la guerrilla en El Salvador y el combate al narcotráfico en Colombia, en Latinoamérica, están por delante de México en el último índice sobre respeto al Estado de Derecho en el mundo.

Este índice fue elaborado por la organización mundial World Justice Project, que hizo encuestas en 120 mil hogares y a 3 mil 800 expertos de 126 países, para medir cuál es la percepción ciudadana del respeto al Estado de Derecho a partir de la evaluación de ocho factores: límites al poder gubernamental, ausencia de corrupción, gobierno abierto, derechos fundamentales, orden y seguridad, cumplimiento regulatorio, justicia civil, y justicia penal.

El Índice de Estado de Derecho 2019 señala que México se encuentra en la parte baja del ránking global, en la posición 99 de 126, con un puntaje de 0.45 en una escala que va de 0 a 1, donde 1 significa el mayor respeto por el Estado de Derecho.

O traducido a otras palabras: la mayoría de los ciudadanos y de los expertos consultados en México para el índice, opinó, a partir de los ocho factores citados, que la calidad del Estado de Derecho en el país es mala.

Y a nivel Latinoamérica, los resultados no son mejores: de los 30 países incluidos en el Índice, México ocupa el lugar 26.

Es decir, está en el top 5 de países en los que menos se respeta el Estado de Derecho en la región, junto a Honduras, Bolivia y Venezuela, que es el peor calificado a nivel mundial, y muy lejos de Chile, Costa Rica, y Uruguay, que son los tres países latinos con mejor puntaje.

Además, México obtuvo por segundo año consecutivo la misma puntuación en el Índice, lo que evidencia un riesgo de estancamiento.

“México no tuvo una mejora en el puntaje, y esto es algo llamativo porque vemos que hay una inmovilidad en el Estado de Derecho, mientras otros países sí evolucionan”, expuso Jorge Morales, integrante del World Justice Project, cuyo estudio señala que naciones como Rusia, Filipinas, Nepal, Indonesia, o Botswana, en efecto, subieron varias posiciones. Algunas, incluso, superando a México en el ranking, como Botswana, en África.

Leslie Solis, también investigadora del World Justice Project, detalló en entrevista que, de los ocho factores que se analizan para México, tres son los principales ‘focos rojos’ que requieren de “atención inmediata”: corrupción, seguridad, y justicia penal. Esto es, son los tres factores que más perjudican al Estado de Derecho en el país, y que peores valoraciones obtuvieron de la ciudadanía y de los expertos consultados.

Por ejemplo, en el factor ‘ausencia de corrupción’, México ocupa el lugar 117 de 126 a nivel mundial, y el penúltimo lugar a nivel regional: 29 de 30.

En el factor ‘justicia penal’, el lugar 115 de 126 a nivel mundial, y el 25 de 30 a nivel regional.

Y en el de ‘orden y seguridad’, el 117 de 126, y también el penúltimo lugar a nivel regional.

Y dentro de la ‘justicia penal’, subrayó la investigadora Solís, los ciudadanos dieron las peores calificaciones a las investigaciones ministeriales, que consideran que son muy poco efectivas, y a la situación que se vive en las cárceles. Por el contrario, hubo mejoras en la percepción ciudadana en cuanto a la “imparcialidad” del sistema de justicia y el respeto de los derechos de las personas acusada.

“Estas clasificaciones reflejan que, en efecto, hay una debilidad importante del Estado de Derecho en México”, subrayó Leslie Solís, quien matizó que el Índice del World Justice Project también arrojó “pequeños avances” para México.

Por ejemplo, el ‘Gobierno Abierto’, que incluye transparencia gubernamental y acceso a la información pública, fue el factor mejor calificado en México de las 8 variables, ubicándose en el lugar 35 de 126 a nivel mundial, y en el 7 de 30 en toda la región latinoamericana.

Mientras que en ‘Derechos Fundamentales’, México ocupa un lugar en ‘mitad de la tabla baja’ a nivel mundial: el puesto 73 de 126.

“El Estado de Derecho en México no ha mejorado en los últimos años. Por eso, es necesario empezar a cambiar esa situación con decisiones basadas en evidencias y datos como los que muestran este Índice. Porque esos datos van a servir parar identificar debilidades y fortalezas, y cuáles son las prioridades en las políticas públicas a desarrollar, para que éstas tengan impacto en la población”, concluyó el investigador Jorge Morales.

Aumenta el autoritarismo

A nivel mundial, los tres primeros lugares en el Índice de Estado de Derecho 2019 son Dinamarca, que es el lugar 1 de 126, Noruega y Finlandia. En el extremo opuesto están República Democrática del Congo, Camboya, y Venezuela, que ocupa el último lugar.

El Índice también destaca que, a nivel global, los puntajes muestran que más países vieron un deterioro en sus puntuaciones desde la última publicación del estudio, en enero de 2018: “Es una señal que sugiere un aumento en el autoritarismo, el puntaje del factor ‘Límites al Poder Gubernamental’ fue el que mostró el mayor deterioro: 61 países disminuyeron, 23 permanecieron iguales, y 29 mejoraron”.

“Este deterioro en el Estado de Derecho en general y los controles al poder gubernamental en particular es profundamente preocupante”, dijo Elizabeth Andersen, directora ejecutiva del World Justice Project.

“El Estado de Derecho es la base para que las comunidades gocen de paz, igualdad y oportunidades”, dijo por su parte William Neukom, fundador del World Justice Project, quien destacó que “ningún país ha logrado, mucho menos sostenido, un Estado de Derecho perfecto. El Índice del World Justice Project es un primer paso para establecer puntos de referencia, informar y encaminar reformas, y para enfatizar la importancia fundamental del Estado de Derecho”.

Lee aquí o descarga el Índice de Estado de Derecho 2019.  

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Evolución del coronavirus: El covid-19 se comporta como si fuera una enfermedad de transmisión sexual

Desde el punto de vista evolutivo, el coronavirus se asemeja a una enfermedad de transmisión sexual: la persona infectada continúa viéndose y sintiéndose bien mientras contagia a otros. Y, dado a que en algunos casos provoca cuadros graves y en otros no, es un virus muy difícil de controlar.
Getty Images
18 de junio, 2020
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En el caso de los virus, hay una delgada línea entre la severidad y la transmisibilidad. Si son demasiado virulentos, matan o dejan incapacitado a su huésped, pero esto limita su habilidad de infectar a otros nuevos.

Por el contrario, si hacen poco daño, no pueden generar suficientes copias de sí mismos para volverse infecciosos.

Pero, el SARS-CoV-2, el coronavirus que causa la covid-19, esquiva esta compensación evolutiva.

Los síntomas, por lo general, no aparecen hasta que la persona infectada ha estado propagando el virus durante varios días.

Un estudio del SARS-CoV-2 estimó que la tasa más alta de transmisión viral tiene lugar uno a dos días antes de que la persona infectada comience a mostrar síntomas.

En términos más sencillos, sólo te sientes enfermo cuando el virus ha logrado cumplir con su meta evolutiva: propagarse.

Los virus que son buenos haciendo copias de sí mismos y haciendo que esas copias entren dentro de nuevos huéspedes, son más exitosos y se vuelven más prevalentes hasta la que inmunidad del huésped o medidas de salud pública lo contienen.

Como profesores que estudiamos medicina evolutiva, sabemos que la compensación entre la virulencia y la transmisibilidad ayuda a mantener a un patógeno bajo control.

Prueba de covid

Getty Images
Entre el 40% y el 45% de las personas infectadas con SARS-CoV-2 son asintomáticas.

La misma destructividad de un virus evita que se propague demasiado.

Esto ha sido el caso con otros patógenos pandémicos, incluyendo el virus de Marburgo, el ébola y el coronavirus original responsable del SARS.

Los brotes que causan consistentemente síntomas severos son más fáciles de acorralar con medidas de salud pública, porque los individuos infectados son fácilmente identificables.

El SARS-CoV-2, sin embargo, puede invadir comunidades sigilosamente, porque muchos individuos infectados no tienen ningún síntoma.

Como una enfermedad de transmisión sexual

Desde este punto de vista, la covid-19 se asemeja a una enfermedad de transmisión sexual.

La persona infectada continúa viéndose y sintiéndose bien, mientras propaga la enfermedad a nuevos huéspedes.

El VIH y la sífilis, por ejemplo, son relativamente asintomáticos por una gran parte del tiempo en que son contagiosas.

Con el SARS-CoV-2, investigaciones recientes indican que el entre el 40% y el 45% de las personas infectadas son asintomáticas.

Y estos portadores son capaces de transmitir el virus por un período más largo.

Hombre en un consultorio médico

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Al igual que enfermedades de transmisión sexual, lpersona infectada continúa viéndose y sintiéndose bien, mientras propaga la enfermedad a nuevos huéspedes.

La covid-19 tiene otra similitud con muchas enfermedades de transmisión sexual.

Su severidad no es la misma en todos los huéspedes y por lo general estas diferencias son dramáticas.

Hay evidencia de que la habilidad para luchar contra la infección difiere entre la gente. La severidad entre las cepas del virus también puede ser diferente, aunque aún no hay evidencia sólida al respecto.

Incluso cada cepa de SARS-CoV-2 puede afectar a la gente de diferentes formas, lo cual puede facilitar su propagación.

Hospital

Reuters
El virus es particularmente agresivo con las personas mayores de edad y con ciertas enfermedades preexistentes como diabetes o hipertensión.

El virus SARS-CoV-2 -o cualquier otro patógeno- no cambia deliberadamente lo que hace para explotarnos y usar nuestro cuerpo como vehículo de transmisión, pero los patógenos pueden evolucionar de modo que parezca que están jugando con nosotros.

Estudios muestran que los patógenos pueden expresar virulencia condicional -es decir, que pueden ser altamente virulentos en algunos individuos y menos virulentos en otros- dependiendo de características del huésped como la edad, la presencia de otras infecciones y la respuesta inmunitaria de cada individuo.

Esto puede explicar por qué el SARS-CoV-2 evita el mecanismo de compensación.

En algunos individuos maximiza la virulencia. En otros maximiza su transmisibilidad.

Cómo el SARS-CoV-2 se sale con la suya

La edad, hasta el momento, parece ser un factor crítico. La gente mayor tiende a sufrir infecciones altamente destructivas, mientras que los huéspedes más jóvenes, aunque pueden infectarse de la misma manera, se ven mayormente poco afectados.

Esto puede ser porque distintos huéspedes pueden tener distintas respuestas inmunitarias.

Otra explicación es que, a medida que nos volvemos mayores, somos más propensos a desarrollar otras enfermedades como obesidad e hipertensión, que pueden hacernos más susceptibles al daño provocado por el SARS-CoV-2.

Más allá del mecanismo, este patrón basado en la edad le permite al SARS-CoV-2 salirse con la suya desde el punto de vista evolutivo: devastando a las personas mayores con alta virulencia, pero manteniendo a las personas más jóvenes como vehículos de transmisión.

Hospital

Getty Images
Al ser una enfermedad nueva, todavía hay demasiadas incógnitas sin responder, cómo cuáles son sus efectos a largo plazo, por ejemplo.

Algunos estudios indican que la gente joven es más probable que sea asintomática.

Ambos, los asintomáticos y los presintomáticos pueden transmitir el virus.

¿Qué sabemos entonces de la evolución del SARS-CoV-2? Desafortunadamente, aún no mucho. Hay algo de evidencia de que el virus puede estar adaptándose a nosotros, como nuevos huéspedes, pero hasta el momento no hay evidencia que muestre que estas mutaciones están cambiando al virulencia o transmisibilidad del SARS-CoV-2.

Y como el SARS-CoV-2 puede esquivar la compensación típica entre la virulencia y la transmisibilidad, puede que haya poca presión evolutiva para transformarse disminuir su severidad a medida que se propaga.

De todos los misterios que rodean a la covid-19, una cosa es cierta: no podemos dejarnos llevar por una falsa sensación de seguridad. Como advirtió Sun Tzu en “El arte de la guerra”, conoce a tu enemigo.

Hay mucho más que saber sobre el SARS-CoV-2 antes de cantar victoria.

*Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original en inglés.. Athena Aktipis es profesora asistente de Psicología del Centro de Evolución y Medicina de la Universidad Estatal de Arizona en EE.UU. Joe Alcock es profesor de Medicina de Emergencia de la Universidad de México.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC


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