Acusan a policías de torturar a una mujer en mercado de Ecatepec; la corporación lo niega 
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Acusan a policías de torturar a una mujer en mercado de Ecatepec; la corporación lo niega 

Nancy Saavedra, trabajadora doméstica y habitante de Ecatepec, denunció que el año pasado policías la insultaron y le dieron toques eléctricos en el modulo de vigilancia de un mercado.
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14 de febrero, 2019
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Aprovechando una gresca entre dos compradoras de la Central de Abastos del municipio de Ecatepec, elementos de los Cuerpos Auxiliares de Seguridad Pública del Estado de México (Cusaem, policía auxiliar de dicha entidad federativa), presuntamente privaron ilegalmente de la libertad a una de las involucradas, según su testimonio, y supuestamente la torturaron dentro del módulo de vigilancia de dicho mercado público, para así obligar a su familia a entregarles 2 mil pesos en efectivo, como rescate.

El Cusaem, sin embargo, señaló que luego de realizar una investigación interna “no se encontró responsabilidades de estos elementos, por la supuesta agresión denunciada”, y los agentes continúan laborando, salvo dos, que renunciaron por su propia voluntad.

Leer: En México, 8 de cada 10 mujeres detenidas sufren tortura o malos tratos de las autoridades: informe

Nancy Saavedra, trabajadora doméstica de 35 años y habitante de Ecatepec, denunció que el pasado 8 de julio de 2018 acudió a la Central de Abastos de la localidad para realizar sus compras domésticas, en compañía de su hermano. Se trata, explicó, de un mercado muy concurrido, en el que es totalmente normal que la gente se roce físicamente al caminar por los pasillos, situación que, en su caso, derivó en jaloneos con una mujer que, asegura, “me dio un codazo”, y a la que ella respondió con un “manotazo en la espalda”.

La discusión entre ambas originó que se aproximaran elementos del Cusaem que custodian el mercado, momento en el que la mujer con la que Nancy reñía la acusó de haberle robado una cartera.

“Los policías –narra Nancy– me dicen entonces que me van a llevar al módulo de vigilancia que está dentro de la Central de Abastos, y yo les dije que no había ningún problema, que yo no tenía nada que ocultar, y que era falso lo de la cartera, que todo inició porque la señora me dio un codazo”.

Debido a que Nancy iba acompañada de su hermano, ambos fueron conducidos al módulo de vigilancia, y ahí, denuncia “primero revisaron físicamente a mi hermano, enfrente de todos”, sin que lograran encontrarle la supuesta cartera robada.

“Luego –continúa Nancy, y brota el llanto– a mí me subieron al nivel superior del módulo de vigilancia, y ahí los policías (alrededor de diez) me desvisten, me obligaron a hacer sentadillas enfrente de ellos, me empezaron a decir groserías, ‘cállate pendeja’… ‘tú aquí no tienes derecho de hablar’… ‘ahorita vas a ver’…”

Debido a que Nancy no portaba la supuesta cartera robada, los policías la hicieron descender a la planta inferior del módulo de vigilancia y consultaron qué hacer a su superior, “al que en todo momento se refirieron como ‘jefe'”, detalló.

Según el testimonio de Nancy, “el ‘jefe’ les respondió a los policías: ‘Vuélvela a subir, ahorita habla porque habla’, así que otra vez me subieron dos mujeres policía, y arriba (ante la decena de agentes que permanecía ahí) me sientan en un banco y un policía me dice ‘¿a quién le diste la cartera?’, y yo en todo momento negué que me hubiera robado nada, entonces me empezaron a golpear, a dar de patadas, a dar con el puño, a jalarme el cabello, tanto hombres como mujeres policía, y me amenazaron con quemarme las manos en el Reclusorio, ‘por ratera’… me dieron toques eléctricos (en la cadera y en el estómago), y luego me preguntaron ‘¿quieres que te los pongamos donde más te va a doler?”

Estas agresiones duraron alrededor de una hora, y fueron realizadas en la planta superior del módulo de vigilancia, mientras su hermano era obligado a escuchar sus lamentos, desde la planta inferior.

“Los policías querían 2 mil pesos para dejarnos ir –detalló la trabajadora doméstica–, y yo les pedí que me dejaran llamar a mi casa. Yo quería salir corriendo de ahí, sabía que mi hermano estaba abajo, oyendo cómo me golpeaban, y a él tuvieron el descaro de decirle que no me estaban haciendo nada”.

Después de que le permitieron llamar a su casa, una hermana de Nancy acudió a la Central de Abastos de Ecatepec, para entregar los 2 mil pesos que exigían los elementos de Cusaem, y finalmente ella y su hermano fueron liberados.

Versiones encontradas

“Los Cuerpos de Seguridad Auxiliar del Estado de México –explicó por su parte la abogada Verónica Berber, integrante de la asociación civil IDHEAS, que da acompañamiento legal a Nancy– son un organismo opaco del gobierno estatal, ya que para efectos de acceso a la información se manejan como una empresa de seguridad privada, y ante la sociedad se presentan como una autoridad: detienen a la gente, presentan a los detenidos ante el Ministerio Público, y su documentación oficial incluye el logotipo del gobierno”.

Desde que fue creada esta corporación de policía auxiliar, siendo Enrique Peña Nieto gobernador del estado, Cusaem ha acumulado diversas denuncias por tortura, robo, extorsión, saqueo, abuso de autoridad, siempre al cobijo del aparato estatal de justicia, y el caso de Nancy, destacó la abogada, ejemplifica esta situación.

“Luego de haber sido liberada por estos policías –detalló la abogada– Nancy acudió a la Fiscalía General del Estado de México para denunciar”, pero ahí, todo el trabajo realizado se orientó a descartar la comisión de tortura.

“En la Fiscalía –señaló la abogada– un médico legista supuestamente revisó a Nancy, pero la revisión duró menos de cinco minutos, y concluyó que su estado psicofísico era normal (a pesar de que estaba en shock), que las lesiones eran leves (aún cuando apenas podía sostenerse) y que no ponían en peligro su vida”, además de que omitió inscribir en el reporte diversas lesiones específicas, como las de su rostro, cabeza y cuello.

La abogada explicó que, tomando como pretexto este dictamen médico oficial que omitía la gravedad de las lesiones de Nancy, el MP determinó que no se enviaría la investigación a la Fiscalía Especializada en Investigación de la Tortura, aún cuando por ley ese debe ser el procedimiento no sólo en los casos en los que explícitamente ésta se denuncia, sino también en los que existen evidencias de ello.

El de Nancy cumplía ambos requisitos, y aun así, la Fiscalía estatal se niega, hasta la fecha, a investigarlo como un caso de tortura.

La gravedad real y el tipo de lesiones causadas a Nancy, sin embargo, sí quedaron oficialmente registradas en un dictamen médico realizado tres días después del ataque en el Hospital General de Ecatepec-Las Américas, institución pública que certificó que la agredida presentaba “golpes en cabeza, abdomen y extremidades, refiere dolor en las partes contundidas, policontundida y con ematomas”, se certificó también que tenía lesiones en el labio superior, y en la mejilla y maxilar izquierdos, y le fue diagnosticado un “esguince servical”.

De hecho, las fotografías que fueron tomadas a Nancy luego de la agresión (a las que Animal Político tuvo acceso) dejan ver un anillo de moretones (algunos con marcas puntiformes paralelas, características de instrumentos para descargas eléctricas) que rodea todo su cuerpo a la altura de la cintura y tórax, abdomen, costillas y espalda baja.

Para comprobar que Nancy había sufrido tortura a manos de los policías del Estado de México, además, sus acompañantes legales gestionaron la intervención de un perito independiente, especializado en la aplicación del Protocolo de Estambul, que es el procedimiento médico establecido a nivel internacional para determinar la existencia de tortura.

El perito independiente que realizó esta batería de evaluaciones médicas fue el doctor Sergio Rivera Cruz, especialista con 16 años en el ramo específico de víctimas de tortura, y quien en el pasado ha desempeñado distintos cargos en las comisiones de Derechos Humanos nacional y de la Ciudad de México, labor en la que fue acompañado por peritos en psicología.

Este peritaje soportado en el Protocolo de Estambul, basado no sólo en las exploraciones médicas realizadas directamente por el doctor Rivera Cruz, sino también en los registros del Hospital General de Ecatepec y el registro fotográfico que ella misma hizo de sus lesiones luego de ser liberada, concluye que “médicamente, la sintomatología aguda referida por la examinada es consistente con la que se esperaría encontrar en una persona que fue maltratada físicamente”, así como que existe “concordancia entre las lesiones, y la narración de tortura o malos tratos”.

Además, el peritaje realizado concluye que “médicamente es evidente que la examinada sufrió dolores físicos por el maltrato” al que fue sometida, y subraya que “los métodos para maltrato físico mencionados en el presente caso son los que se han observado en otros casos inflingidos por personal policial, en este caso del Estado de México”.

En su calidad de coadyuvantes en la investigación, Nancy y sus acompañantes legales solicitaron que este peritaje basado en el Protocolo de Estambul fuera integrado a la carpeta de investigación iniciada por la Fiscalía General del estado, sin embargo, denunciaron, aunque el documento sí fue sumado al legajo, sus conclusiones no fueron aceptadas por el Ministerio Público, organismo que demandó repetir los exámenes, pero ahora por su área de medicina legal, es decir, la misma que originalmente intentó ocultar las lesiones que Nancy presentaba.

Esa negativa a aceptar el Protocolo de Estambul que ya se realizó a Nancy, denunció la abogada Verónica Berber, representa un acto de “obstaculización de la investigación” por parte de la Fiscalía, porque pretende suplantar una evaluación independiente y realizada por un experto en la materia, por el estudio de un área oficial que ya emitió un dictamen irregular, y también representa un acto de “revictimización”, debido a que el Ministerio Público ha amenazado a la víctima con imponerle multas económicas si no acepta que sus médicos repitan su dictamen inicialmente mal elaborado.

En contra de estas amenazas, sin embargo, el pasado lunes 11 de febrero, Nancy obtuvo un amparo definitivo, “es decir –explicó la abogada– que por mandato de un juez, el MP no puede amenazar a Nancy con imponerle multas, o con llevarla a la fuerza para que se repitan los dictámenes que, insisto, ya fueron presentados, y que no han sido valorados por la Fiscalía”.

Reconstrucción

Por los últimos siete meses, desde que ocurrió el ataque por parte de policías de Cusaem, Nancy, trabajadora doméstica y encargada de contribuir a la economía familiar, ha debido suspender su actividad laboral y concentrarse en rehacer su vida, ya que no sólo ha tenido que recuperarse de las lesiones físicas, sino que continúa en el proceso más difícil: curar las heridas psicológicas y emocionales.

Luego del ataque, narra Nancy, “no podía sentarme, no podía acostarme, no podía dormir, bañarme sola. Además, no podía salir de mi casa, me daba miedo todo, y ahora tengo que ir a atención psicológica”.

Por otra parte, destacó, “en lo económico nos ha afectado bastante, en la casa no sólo vivimos mis hermanos y yo, viven los hijos de uno de ellos, y para cuidarme, han tenido que turnarse para faltar al trabajo”.

Y finalmente, destacó, la familia ha perdido la noción de seguridad que les brindaba su hogar, porque “los policías me tomaron fotografías mientras me golpeaban, tomaron mis datos personales, ellos saben dónde vivo. Mi miedo es salir a la calle, salgo esperando no encontrármelos, que ninguno de ellos se acerque a mi casa… me robaron mi tranquilidad”.

Consultado en torno a estas denuncias, José Manuel Álvarez González, titular de los Cuerpos de Seguridad Auxiliar del Estado de México, subrayó que esta corporación realizó una investigación interna, y “no encontró responsabilidad” por parte de los agentes involucrados, aunque, subrayó, sigue pendiente la conclusión de investigación penal, realizada por la Fiscalía estatal.

Hasta la fecha, los agentes señalados permanecen laborando en la institución, salvo dos de ellos, que dejaron Cusaem por voluntad propia, aunque, aclaró el titular del organismo, se cuenta con sus datos de localización, en caso de que la Fiscalía concluya que sí son responsables de algún delito.

Con información de Francisco Sandoval

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'Aunque pegue o mate, marido es': testimonio de expareja de traficante de drogas de Guayaquil

Marta se enamoró, se casó y tuvo un hijo con un microtraficante de Durán, uno de los cantones más violentos de la ciudad ecuatoriana de Guayaquil. Cansada de la miseria y el abuso, lo abandonó para descubrir cómo valerse por sí misma.
11 de noviembre, 2022
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En este testimonio narrado en primera persona, Marta* cuenta cómo se enamoró y tuvo un hijo con un traficante al menudeo en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil.

Tras una larga historia de maltrato y sumergida en la pobreza, lo abandonó para evitar que su hijo estuviera expuesto a las actividades de su padre.


“Cuando tenía 13 o 14 años, vacilé con un chico que era bien duro de los pandilleros. Cuando tienes un novio que es rey (líder de una banda), ganas el respeto de la gente. Todo el mundo me respetaba. Yo era adolescente y pensaba que andar con el más malo me haría popular”.

—¿Tú eras novia de un rey? ¿Cuál rey? —interrumpe su hijo de 12 años— Era ladrón.

Marta y su familia celebran la ocurrencia a carcajadas en la sala de su casa en Durán, uno de los cantones más violentos de Guayaquil, al suroeste de Ecuador.

—Es que suben de rango. Primero ingresan a la pandilla…— retoma Marta.

—Son principiantes —corrige su hijo.

“Son principiantes, van subiendo, van subiendo y son rey. El rey le da charlas a los de recién ingreso.

Cuando andaba con él conocí a muchos pandilleros. Yo tenía amigos muy cercanos que no eran tan batracios (delincuentes). Me gustaba el rap, y algunas de esas personas a veces improvisaban. Yo me quedaba ahí escuchándolos. Nunca me gustó que hablaran de pistolas y de matanza. Me gusta el rap que habla de la vida, de lo que les pasó.

Incluso me dijeron para ser pandillera, pero esas cosas no me gustan porque en la pandilla hay reglas: hay que reunirse a las 8:00 de la noche, hay que hablar de ciertas cosas. Y yo no tenía tiempo porque estudiaba, mi papá no me dejaba salir.

Este chico decía que era mi novio porque me daba piquitos. Pero no es que me iba a la cama con él.

Era el rey de aquí de los Latin King, tenía 18 o 19 años. En sí yo nunca supe lo que era la pandilla, solamente escuchaba. Y de un momento a otro comenzaron a integrarse mujeres también.

Con el tiempo me fui enojando. Incluso una vez fui llorando a pedirles que devolvieran los zapatos que le robaron a mi amigo del colegio. Les dije: ‘¿Por qué ustedes les roban las cosas si son personas que estudian?’.

Me fui apartando porque tenían unas reglas estúpidas. Que no tuviera amigos por aquí, por allá. Se van a la mierda conmigo porque yo sí voy a tener amigos, yo soy muy amiguera. No me gusta que me digan lo que tengo que hacer.

Yo no consumía, y esa es una de las cosas por las que me admiro, por ser una persona pensante. En ese tiempo yo no escuchaba de la H (heroína). En el año 2009 en mi colegio no había H, solamente hablaban de la marihuana. En mi adolescencia no probé ningún tipo de cosas”.

Mamá a los 16

“Ya me había separado de este chico cuando conocí al papá de mi hijo. Yo salía de la escuela y lo vi afuera en una bicicleta. Él es muy guapo y me enamoré de él. Parecía Daddy Yankee.

Una amiga me dice: ‘Este chico te quiere pedir el número’. Ahí me puse rojita, y al día siguiente se lo di. De ahí conversamos, me llamaba al convencional. Incluso venía con el papá a la casa.

Me entregué a él, fue mi primer hombre. A los 16 años perdí mi virginidad. Él tenía 21 y pertenecía a otra pandilla, era ñeta (de la banda de Los Ñetas).

Yo tengo esa suerte de andar con pandilleros.

Todo el mundo se enteró de que yo estaba embarazada, hasta los pandilleros. Fui mamá a los 16 años. Abandoné el colegio y me centré. Ya no salía y él no podía quedarse aquí porque un poco de gente quería pegarle. Él era un ñeta y esto era territorio de los Latin King”.

“¿Por qué, Dios?”

“En cuanto me hice esposa de este chico y me convertí en mamá, vi la realidad de la vida. Al irme aparte me di cuenta de que me metí a un mundo diferente.

La mamá de mi esposo era alcohólica, y luego se hizo cristiana. Ella no es mala persona, tiene cuatro hijos de diferentes maridos. Es muy humilde, con buen corazón, pero la ha marcado su pasado.

El papá de mi hijo era borracho. En donde yo crecí, por lo general, nadie hacía bulla, era diferente la forma en la que me criaron a mí a como lo criaron a él.

Eran como las 2:00 de la mañana y las rockolas a todo volumen. La gente chupando (bebiendo) en la sala, y yo con mi hijo chiquitito arriba, en un altillo tan bajo que tocaba el techo.

Estaba agobiada, lloraba y decía: ¿Por qué, Dios? Vivía en una casa de piso de tierra y con el niño, lejísimos de aquí. Puro lodo, el baño no era ni baño, era un hueco, no podía ni hacer mis necesidades. Todos los fines de semana terminaban en botellazos y yo ahí metida.

Él era un hombre irresponsable, la pasé mal. Pero dije: ‘Esto es lo que me busqué y tengo que aceptarlo'”.

Guayaquil

Donald Díaz / BBC
Policías y militares hacen redadas en las calles contra las bandas del crimen organizado.

Robar para comer

“Hubo un tiempo en el que no teníamos con qué comer y un día me dice: ‘Mónica, tengo que ir a robar’, y se fue con un hermano que era súper adicto.

Salían a las 5:00 de la mañana en moto y robaban a las personas que salían de mañanita, que hay mucha gente. Llegaban con hartas carteras, dinero, tarjetas, teléfonos, perfumes, y luego lo revendían para la comida. Eso lo hicieron durante casi una semana.

Yo le decía: ‘¿Y vamos a vivir así toda la vida o qué? Un día te van a agarrar’. Y él decía: ‘Ya, ya’.

Hubo un tiempo en que no teníamos nada, pero él ya no salía más a robar. Y me decía: ‘¿Y ahora qué hacemos?’. Ese día fuimos a una tienda de esas que tiene rejas en la puerta. Pedimos un pollo, aceite, una libra de arroz, huevos, como cualquier cliente… La moto estaba prendida y arrancamos por la desesperación de no tener comida.

Pero cuando venía a casa de mis abuelos a comer, mi abuela me decía: ‘Aunque pegue o mate, marido es'”.

Bloques de coca

“Con el tiempo construimos una casita chiquita, de cemento. El hermano vivía con nosotros, pero estaba demasiado perdido porque era consumidor. A veces tenía los ojos abiertotes y me decía: ‘Mira, mira, el hombre que está allí parado’. Y no había nadie. Estaba alucinando, subía las escaleras, bajaba las escaleras.

Y el papá de mi hijo no conseguía trabajo. Un día le dije que no aguantaba más porque no cambiaba. Incluso vendía droga, era microtraficante. Yo lo que pensaba era: ‘Mi hijo crece y está viendo ese ejemplo del padre’.

Paquetes de cocaína

Getty Images
El exesposo de Mónica escondía paquetes de cocaína en casa.

Yo no sé qué hacía con la plata. Creo que no tenía porque consumía también. Una vez me dijo para probar eso. Tenía una mesa grande donde cocinaba eso. Pero yo, cero drogas.

Cuando iba al baño, alzaba la tapa del tanque (del lavabo) y encontraba fundas, bloques blancos, bloques de coca. Él vendía por cantidad, vendía bastante. Ya veía pistolas.

El man hacía las funditas, las pesaba”.

Nuevo empleo, nueva mentalidad

“Conseguí trabajo en KFC y ya cuando trabajas, empiezas a juntarte con otra clase de gente y tu mentalidad cambia. Yo siempre pensé en grande.

Comencé a conocer a otro tipo de gente, personas que estudiaban en la universidad, y me gustó más ese ambiente que seguir en esa vida con él. Con ellos conversaba de cosas interesantes, con él no conversaba de nada.

Yo trabajaba a los 13 años con animaciones de fiestas infantiles, con un payaso, por hobby. Pero luego lo retomé y tenía mis contratos. Él veía que yo hacía las cosas bien y él no podía cambiar.

‘¿Hasta cuándo?’, le decía yo. ‘Tu ves que me saco la madre trabajando y tú, nada’. Yo iba a mis animaciones, invertí en un parlante.

Yo era muy histérica. Le gritaba y él me daba una cachetada. En la cara nunca me hinchó, pero sí me daba en el cuerpo. Yo le decía: ‘No te vayas, no te vayas a la calle’. Y él me decía: ‘Ya, cállate, chucha ‘e tu madre’. Maldecía, me insultaba mucho.

‘Entiéndeme que estoy trabajando’, me decía. ‘Si yo salgo de noche es para traer plata a la casa’. Se iba en la noche y venía al siguiente día, supuestamente vendiendo su droga. Y me dejaba sola con mi hijo.

Él no consumía mucho, no andaba por la calle sucio como el hermano”.

Plata sucia

“La gota que rebasó el vaso fue un día que yo estaba acostada y tocaron la puerta. Tocaban a la 1:00, a las 2:00, a las 3:00 de la mañana.

Era gente que le llevaba prendas y él le daba la droga. Yo no tenía paz. Una vez salí cabreada y les dije: ‘¡Me tienen harta, lárguense de mi casa! Si los vuelvo a ver aquí, les tiro agua’. Eran personas adictas.

En ese momento, mi hermano empezó a consumir. Y yo lloraba, le decía: ‘¿Tú no entiendes? Dáte cuenta que mi hermano hace la misma mierda. A tanta gente le estás haciendo daño‘. Él se quedaba callado.

Guayaquil

Donald Díaz / BBC
Guayaquil se encuentra bajo estado de excepción por la violencia.

Me regalaba relojes y yo se los devolvía porque era plata sucia. Yo no iba a lucir algo que venía de una cosa que le habían quitado a otro.

Yo tenía mi plata, tengo casi 10 años trabajando en KFC. Él era muy tacaño. Si me llevaba a comer alguna vez, medía hasta el último centavo.

Cuando me iba a trabajar, metía mujeres en la casa porque me contaban los vecinos. Yo no quería que me tocara, me daba asco. Venía de la calle con un olor feo, olía a droga.

Cuando no quería tener relaciones, se ponía bravo. Una vez me obligó. Y yo me dejé, no puse fuerza. Pero el amor se me fue apagando”.

“Hasta aquí te aguanto”

“Poco a poco fui abriendo los ojos.

Llegaba a casa después del trabajo a las 11:00. Una noche mi hijo no estaba. Le pregunté a mi suegra, que en ese tiempo ya era hermanita, y me dijo: ‘Se lo llevó por allá’.

Caminé hasta una casa donde había un poco de mujeres de lo último, hombres fumando, y mi hijo adentro. Estaba con otro niño que no tenía ejemplo de madre y padre, era grosero, malcriado.

Agarré a mi hijo y le dije delante de todos sus amigos: ‘Mira, si quieres perderte, piérdete tú. Pero a mi hijo no lo traigas a esta porquería. Eres un mal ejemplo, me das asco’.

Ahí entendí que no quería estar con un hombre que no me iba a dar un buen futuro.

Después de estar 8 años con él, lo dejé. Fue una pelea grande, me insultó horrible, pero le dije: ‘Hasta aquí te aguanto’. Le dejé todo lo que teníamos, que lo había comprado yo.

Y en estos 4 años en que hemos estado separados, solo me buscó cuando supo que yo estaba con otra persona. Ahora estoy con alguien que es trabajador, quiere a mi hijo, no toma, no sale, es amoroso.

Al papá de mi hijo hace poco le dieron tres balazos y se fue a Chile. Él empezó como un pandillero, pero ahora es mafia, es droga.

Él tiene buena relación con mi hijo. Yo nunca le digo nada malo de él. Es su padre y ama a su hijo. Pero desde que nos alejamos de esa vida, me siento mejor.

Ahora estoy pagando la mensualidad para terminar el colegio porque quiero ir a la universidad. Voy a estudiar para ser profesora.

Y quiero que todo el mundo sepa lo que viví. Ya no lloro porque tengo amor propio y me superé“.

*Pidió mantener su identidad anónima por seguridad.


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