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Cuartoscuro
ONG piden a Presidencia evaluar y reestructurar el programa de estancias infantiles
Admiten que el programa requiere mejoras, pero solicitan conocer la información que tiene el gobierno sobre las irregularidades, evaluar sus deficiencias y fortalecerlo.
Cuartoscuro
20 de febrero, 2019
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Los cambios al Programa de Estancias Infantiles, dependiente de la Sedesol, ahora Secretaría de Bienestar, para Apoyar a Madres Trabajadoras, están adelgazando al Estado y transfiriendo la responsabilidad de la seguridad y educación de los niños a las familias, señalaron en conferencia de prensa representantes de las organizaciones Oxfam, Save The Children y GIRE. “El Estado se está lavando las manos y le está diciendo a las familias: si algo pasa en cualquier sentido con estos menores es tu responsabilidad”, advirtió Regina Tamés, directora de GIRE.

El Estado también está eludiendo con esto otra responsabilidad, agregó Ricardo Fuentes Nieva, Director Ejecutivo de Oxfam México, la de romper estereotipos de género. “La declaración de Carlos Urzúa, Secretario de Hacienda, sobre las abuelitas muestra el análisis de política pública que se está haciendo, y la evasión de responsabilidad no sólo de proveer un sistema de cuidados para la primera infancia, sino también de romper normas que reproducen desigualdades”.

Leer: Encargadas de estancias infantiles de CDMX piden que se informe cuáles son las que tienen irregularidades

Sobre el tema de las irregularidades en estancias que presentó la Secretaría del Bienestar, Tamés recordó que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) hizo anotaciones a este programa, “pero son mínimas. Esta corrupción macro de la que habla el gobierno, si la conociéramos nos daría insumos incluso para ver a dónde deberíamos estar apostando en las estancias, pero lo cierto es que lo que tenemos son estas anotaciones y evaluaciones positivas como la del CONEVAL”, subrayó Tamés.

La directora de GIRE reconoció que éste y otros programas sociales requieren de medidas para fortalecerlos, “pero la respuesta no puede ser cerrarlos bajo el pretexto de una corrupción que no está comprobada y de la que no existen datos”.

Leer: Estancias infantiles: ¿bienestar o precariedad?

Por su parte, María Josefina Menéndez, CEO de Save the Children en México, afirmó que el programa sí debe iniciar un proceso de revisión. “Cuando el programa nació, nuestra organización señaló que éste era un programa de generación de empleo para las mujeres y no un programa de derechos de infancia, por eso decíamos que se necesitaba reforzar el perfil de las educadoras, reforzar el sistema de protección, entre otras cosas”.

En la actualidad, prosiguió, “podría haber dos temas críticos, el primero tiene que ver con el tema de registro de niños desde el inicio del ciclo escolar, porque para marzo-abril hay un descenso de hasta 20% en la matrícula, y si creemos que en muchas estancias no se reportaban esas bajas, eso pudo haber sucedido, pero eso tiene que ver con los mecanismos de supervisión y acompañamiento, que han sido deficientes, pero eso es responsabilidad del Estado”.

Otro tema es que estas estancias requieren de financiamiento, “y no se puede señalar corrupción si la aportación del Estado no alcanzaba y se requería pedir cuotas a los padres de familia para lograr una operación adecuada; por eso la postura es revisemos si hay oportunidades de mejora, estamos abiertos a eso, pero no limitemos las oportunidades de desarrollo de los niños en una etapa clave como es de los 0 a los 5 años”.

Leer: Sobornos, capacitación deficiente, e inseguridad, los fallos encontrados por el DIF en estancias infantiles

Lo que se debería de hacer, subrayó Menéndez “es abonar a cómo hacemos para mejorar el programa, cómo lo reestructuramos. Hay que escuchar a los expertos, pero también a las mujeres usuarias de las estancias. Ellas pueden decir esto me afectó, esto me pasó, porque el Estado está presentando información que ellos mismos controlan, y hacemos un llamado a lo ético, a que con responsabilidad y derechos humanos evaluemos realmente lo que está pasando”.

Tamés precisó que un grupo de organizaciones está trabajando con la barra de abogados para presentar amparos y quejas por las modificaciones al programa. “Estamos valorando si las presentan madres y padres o quiénes. Estamos tratando de diseñar una estrategia porque esto es regresivo, contrario a los derechos de niñas, niños, adolescentes y mujeres”.

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Por qué el idioma que hablamos hace que veamos el futuro de forma diferente
Algunos estudios vinculan la manera en que las lenguas se refieren al futuro, al pasado o al presente y la forma en que sus hablantes interpretan el paso del tiempo e incluso la visión que tienen sobre cuestiones como el respeto por su entorno.
19 de abril, 2019
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¿Qué pasa si el idioma que hablas te hace percibir el tiempo de manera diferente?

¿Suena como realismo mágico? Casi: es Economía.

Algunos trabajos de investigación recientes sostienen que los idiomas que distinguen gramaticalmente el futuro del presente hacen que sus hablantes planifiquen menos, ahorren menos, e, incluso se preocupen menos por el medio ambiente.

Pero ¿de dónde viene este supuesto y cuáles son sus antecedentes?

El vacío

Bejamin Lee Whorf era inspector de una compañía de seguros contra incendios y notó que el lenguaje podía causar problemas de seguridad.

Se dio cuenta que la gente actuaba de forma descuidada cerca de los bidones de gasolina vacíos porque estaban “vacíos”, aunque en la práctica están llenos de vapor de gasolina, por lo que pueden explotar.

Esto lo estimuló a estudiar y escribir sobre el lenguaje.

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Edouard Taufenbach/Gallery Binome
El paso del tiempo ha sido motivo de inspiración para el arte.

Whorf pasó tiempo con la comunidad indígena Hopi del noreste de Arizona.

Observó que no tenían distinciones gramaticales para el futuro y el pasado y que no tenían forma de contar períodos de tiempo.

Observó sus prácticas culturales y llegó a la conclusión de que los Hopi ven el tiempo de manera bastante diferente a nosotros y que conceptos que nos parecen obvios, como “mañana será otro día”, no tenían ningún significado para ellos.

Su publicación de estas ideas en 1939 cambió la filosofía del lenguaje.

De las propuestas de Whorf y las de su maestro, un profesor de Yale llamado Edward Sapir, surgió lo que se denominó la Hipótesis de Relatividad Lingüística, comúnmente conocida como la hipótesis de Sapir-Whorf.

Su explicación abreviada es que el lenguaje puede afectar nuestra forma de pensar; su implicación más fuerte es que no podemos pensar en cosas de las que nuestro lenguaje no nos permite hablar.

Con el tiempo, las explosivas ideas y gran parte de los postulados de Whorf fueron descalificados.

En 1983, un investigador llamado Ekkehart Malotki publicó Hopi Time, un voluminoso libro que detallaba su investigación sobre los Hopi y su lenguaje, que atacó la teoría de Whorf y generó desconfianza hacia cualquier idea sobre la relatividad lingüística.

Recuperación

En realidad, Whorf no estaba equivocado del todo sobre el efecto de ciertas palabras que trasmiten el paso del tiempo.

Cualquier persona que tenga conocimiento sobre ventas o marketing conoce la diferencia que causa llamar a algo “usado”, “clásico” o “antiguo”.

En los últimos años, algunos lingüistas han demostrado cuánto puede afectar el vocabulario que usamos nuestra forma de pensar sobre las cosas.

Los experimentos de la psicóloga María Sera revelaron que las personas que hablan un idioma en el que algo (como una cuchara) es de género femenino, tienden a describir ese objeto con términos asociados a la mujer, mientras ocurre lo contrario con el género masculino.

Somos lo que decimos

Lera Boroditsky, de la Universidad de Stanford, ha acumulado datos interesantes sobre cómo las personas que hablan idiomas que usan la misma palabra para un par de colores necesitan más tiempo para distinguirlos que aquellos que tienen una palabra separada para cada uno.

Los expertos Caitlin Fausey y Teenie Matlock descubrieron que si decimos que un político “estaba recaudando donaciones”, creemos que ha recaudado más que si decimos que el político “recaudó donaciones”.

Otros lingüistas, como Manuel Carreiras, descubrieron que, al leer descripciones de personas, recordamos atributos que se dice que tienen en el presente más rápidamente de los que se dice que tuvieron en el pasado.

Como dijo el destacado lingüista Roman Jakobson, “los idiomas difieren esencialmente en lo que tienen que comunicar y no en lo que podrían comunicar“.

En su libro Through the Language Glass (“Tras el cristal de los idiomas”), Guy Deutscher estudia los Matses de Brasil, que codifican en sus verbos la forma en las que hablante tuvo conocimiento del evento: por experiencia, inferencia, conjetura o rumor.

Ni el ingles ni el español tienen esa característica pero, ¿significa eso que la evidencia es menos importante para los angloparlantes y los hispanoparlantes que para los Matses? Y si es así, ¿es consecuencia del lenguaje o éste simplemente refleja una prioridad?

El francés hablado no distingue entre “hice eso” y “lo he hecho”, pero ¿eso significa realmente que los francoparlantes tiene una idea distinta del pasado?

El realismo económico

foto

Edouard Taufenbach/Gallery Binome
“Los idiomas difieren esencialmente en lo que deben transmitir y no en lo que pueden transmitir”.

Empezamos diciendo que la cuestión era económica.

Estudios realizados desde ese punto de vista arrojaron resultados claros: los hablantes de idiomas en los que existe el tiempo futuro son un poco menos responsables con respecto al futuro.

No obstante, un análisis de 2015 encontró que una vez que se toma en cuenta la relación de las familias de idiomas, la correlación ya no es estadísticamente significativa.

Algunos idiomas -de “referencia de futuro fuerte”-exigen una construcción gramatical que haga referencia al futuro, en contraste con otros, de “referencia futura débil“-como el alemán, el finlandés o el mandarín-, en el que los hablantes suelen hablar del futuro utilizando formas de tiempo presente.

Y hay culturas como la Pirahã, de la Amazonía, y la Hadza, de África oriental, que no distinguen entre presente y futuro en las conjugaciones verbales, pero tampoco valoran el ahorro para el futuro.

Cuantos más contraejemplos encontremos, menos probable es la explicación lingüística.

Además, ¿por qué usar las mismas palabras para hablar del futuro como del presente estimula, en lugar de desalentar, la planificación?

Si un idioma no tiene un tiempo pasado, ¿significa eso que estará más preocupado por su historia que los hablantes de uno que sí lo tiene?

Las marcas del tiempo

Muchos idiomas, como el español, inglés, francés o el italiano requieren marcar el tiempo pasado, mientras que el mandarín y otras formas de chino no marcan el tiempo en absoluto.

¿Significa esto que China está más preocupada por su pasado que Francia o Italia o Inglaterra?

Cuando se requiere una distinción en un idioma, elegir una opción sobre otra afectará la forma en que pensamos en algo.

Hemos aprendido que cuando no se requiere una distinción, todavía se puede hacer, pero puede tomar más energía mental para hacerlo.

Es plausible que la forma en que nuestros idiomas nos hacen hablar sobre el tiempo pueda afectar nuestra forma de pensar y actuar en relación con el futuro y el pasado.

Pero yo aún no estoy del todo convencido.

Puedes leer la historia original en inglés aquí


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