Al estilo Estafa Maestra, Pemex y Banobras entregaron recursos a Instituto de Centla sin recibir servicios
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Al estilo Estafa Maestra, Pemex y Banobras entregaron recursos a Instituto de Centla sin recibir servicios

Ambas entidades, al firmar convenios con el Instituto Tecnológico Superior de Centla, entregaron recursos públicos durante varios ejercicios fiscales sin cumplir con los servicios contratados.
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26 de febrero, 2019
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Pemex y Banobras realizaron convenios con el Instituto Tecnológico Superior de Centla, con vigencia de cinco y dos años respectivamente, lo que les permitió entregar  recursos públicos durante varios ejercicios fiscales sin cumplir con los servicios contratados, lo que forma parte del esquema conocido como La Estafa Maestra.

Pemex Producción y Exploración firmó un convenio multianual con el Instituto Tecnológico Superior de Centla en 2012 y con vigencia hasta 2017, mediante el cual entregó 12 millones de pesos para “establecer las bases de cooperación” para servicios como “acreditación ambiental”, aunque la institución no tenía capacidad ni física ni técnica para cumplir con algún servicio.

Leer: Funcionario de Pemex vinculado al caso Odebrecht es el encargado del proyecto de refinería de Dos Bocas

En tanto, el Banco Nacional de Obras (Banobras) hizo otro convenio también con el Instituto en 2016 con vigencia hasta 2018. Gracias a eso, sólo en 2017, Banobras entregó casi un millón de pesos para “la elaboración de diagnósticos y/o estudios y/o proyectos ejecutivos”, aunque entre las empresas subcontratadas está una dedicada al diseño gráfico.

Así lo demostró la Auditoría Superior de la Federación (ASF) en el Tercer Informe de Cuenta Pública 2017, en la auditoría forense 17-4-99371-12-1610-2018 realizada al  Instituto Tecnológico Superior de Centla, y en la cual revisó los convenios que la institución hizo con dependencias federales.

Aunque el Instituto recibió millones de pesos, sólo tiene una matrícula de poco más de mil estudiantes y ofrece ocho ingenierías, con 65 profesores y 67 trabajadores de apoyo a la educación. Pese a que la institución educativa afirmó tener capacidad para cumplir con los servicios a Pemex y Banobras, no lo hizo, pues subcontrató empresas a las que entregó más de 90% de los recursos federales que recibió a través de los convenios.

Pemex y Banobras fueron dos de los organismos de la administración federal que estuvieron involucrados en La Estafa Maestra entre 2013 y 2014, con la firma de 36 y 3 convenios, respectivamente, con diferentes universidades públicas y cuyos recursos terminaron en empresas irregulares o fantasma. 

Repiten La Estafa Maestra

Pemex Producción y Exploración firmó un convenio con el Instituto Tecnológico Superior de Centla el 9 de noviembre de 2012 con vigencia hasta el 8 de noviembre de 2017. Esto permitió que durante esos cinco años la empresa y la institución firmaran más convenios específicos para diferentes servicios.

Uno de ellos se firmó el 18 de febrero de 2014 para el “servicio de acreditación ambiental y seguimiento del cumplimiento a términos y condicionantes del Proyecto Macuspana y actividades petroleras en PEP”, por lo que entre 2016 y 2017, la empresa productiva entregó 12 millones 773 mil pesos a la institución, según las facturas revisadas por la Auditoría.

El Instituto, a su vez, transfirió 11 millones 119 mil pesos a la empresa Valencia Consultores Ambientales, S.A. de C.V., que según su acta constitutiva es propiedad de José Luis Valencia Jiménez, Jesús Miguel Valencia Jiménez, Martha Izquierdo Vidal y Mario Humberto Valencia Jiménez.

La empresa que fue constituida en 2005 y tiene como objeto dar consultoría en ingeniería ambiental, hacer estudios de impacto ambiental, entre otros, no tenía historial de contratación con el gobierno, pues de acuerdo con información de Compranet, la empresa sólo consiguió un contrato con el gobierno de Tabasco 2015 para un curso de evaluación de riesgo ambiental, por el cual ganó 51 mil pesos.  

Al revisar la comprobación de los servicios, la Auditoría detectó que “no ejecutaron y supervisaron de manera eficiente el estricto cumplimiento del Convenio”, por lo que las irregularidades “pueden constituir responsabilidades administrativas para servidores públicos de Pemex Exploración y Producción”, por lo que incluso, la Auditoría informó de esto al Órgano Interno de Control de Pemex para que realice las investigaciones correspondientes y finque las responsabilidades.

En 2017 Banobras, dirigido entonces por Alfredo Vara Alonso, aseguró mediante una comunicación dirigida a Animal Político como parte de la respuesta a la investigación La Estafa Maestra que en ese año no se firmaron convenios con universidades.

Si bien eso fue cierto, la auditoría revela ahora que en ese año se siguieron erogando recursos públicos para pagar los acuerdos previos, aún cuando no hubo evidencia de la realización de los servicios solicitados. 

“En el presente ejercicio fiscal (2017) no se ha suscrito contrato alguno con institución de educación superior. Banobras es una institución comprometida con el uso eficiente y transparencia de los recursos públicos”, respondió el equipo de comunicación social previo a la publicación de la investigación periodística ese año. 

Sin embargo, la Auditoría detectó que el Banco Nacional de Obras entregó 910 mil pesos al Instituto de educación para el convenio “Lineamientos Específicos para el Otorgamiento de Recursos del Banco de Proyectos Municipales (BPM)” firmado en 2016.

El Instituto, a su vez entregó 60% del dinero a siete municipios de Michoacán porque así lo solicitó Banobras. Al verificar las pruebas de los servicios, la Auditoría detectó que tenían inconsistencias, por ejemplo “en el entregable del municipio de Zacapu, en los apartados de “comunicaciones y transportes”; “problemática identificada”; “vialidades secundarias” y “vialidades terciarias”, se repitieron los primeros dos párrafos, también las imágenes contempladas en los apartados que lo conforman se duplicaron en el anexo de memoria fotográfica”.

Además, en lo referente a “espacios públicos, cinco fuentes bibliográficas referidas no se localizaron y tres de las fuentes no se vinculan con el concepto de espacios públicos”.

El Instituto además, subcontrató a las empresas Pecosen Solutions, S. A. de C. V. y Grupo Optimun Treatment, S. A. de C. V. por 334 mil pesos. Sin embargo, la primera se dedica a “servicios de diseño gráfico, agencia de publicidad y fabricación de anuncios publicitarios”, actividades que “no corresponden a los servicios contratados por el Instituto, ya que estos se refieren a servicios de logística”, advierte la Auditoría.

La segunda empresa se dedica al “comercio al por mayor de productos farmacéuticos, comercio al por mayor de ropa”, lo cual tampoco corresponde a los supuesto servicios contratados por la institución educativa, que se refieren al arrendamiento de equipo de cómputo y transporte.

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La familia que no tiene huellas dactilares

Una familia en Bangladesh tiene una rara mutación genética que les ha representado dificultades en un mundo cada vez más dependiente de datos biométricos.
26 de diciembre, 2020
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Apu Sarker me mostró la palma abierta de su mano durante una videoconferencia desde su casa en Bangladesh. Al comienzo nada me pareció raro, pero cuando miré más de cerca me percaté de lo lisas que eran las superficies de sus dedos.

Apu, de 22 años, vive con su familia en una aldea en el distrito norteño de Rajshahi. Hasta hace poco, trabajaba como asistente médico. Su padre y abuelo eran agricultores.

Los hombres en la familia de Apu parecen compartir una rara mutación genética que se cree que solo afecta a un puñado de personas en el mundo: no tienen huellas dactilares.

Antes, en las épocas del abuelo de Apu, no tener huellas digitales no era gran lío. “Nunca lo pensé como un problema”, dijo Apu.

Pero después de décadas, esos pequeños surcos que se arremolinan en las puntas de nuestros dedos -llamados dermatoglifos– se han convertido en el dato biométrico más recopilado del mundo.

Se usan para todo, desde el paso por un aeropuerto hasta para abrir nuestros teléfonos inteligentes.

Un teléfono inteligente que se abre con la huella digital

AFP
Hoy en día, las huellas digitales se utilizan para operar un sinnúmero de dispositivos, como el teléfono inteligente.

En 2008, cuando Apu era niño, Bangladesh introdujo una Tarjeta de Identidad Nacional para todos los adultos y la base de datos requería una huella del pulgar.

Los funcionarios confundidos no sabían si emitirle una tarjeta al padre de Apu, Amal Sarker. Finalmente, recibió una tarjeta con el sello “SIN HUELLA DIGITAL”.

En 2010, las huellas dactilares se volvieron obligatorias para pasaportes y licencias de conducción.

Después de varios intentos, Amal logró conseguir un pasaporte mostrando un certificado de una junta médica. Nunca lo ha usado, en parte porque teme que haya problemas en el aeropuerto. Y, aunque conducir una motocicleta es esencial para su trabajo de agricultor, nunca ha obtenido una licencia.

“Pagué la tarifa, pasé el examen, pero no me dieron la licencia porque no podía dar una huella digital”, explicó.

Registro de datos biométricos en Bangladesh

Getty Images
Bangladesh ha realizado una extensa recopilación de datos biométricos de sus habitantes, sin los cuales no se puede aquirir un pasaporte, o una licencia de conducir, ni siquiera una tarjeta SIM para el teléfono.

Amal carga consigo el recibo de pago de la licencia, pero no siempre le ayuda cuando lo detienen. Le han multado dos veces. En ambas ocasiones explicó sobre su dolencia a los policías, dijo, y les mostró las puntas de sus dedos para que vieran. Ninguno le perdonó la multa.

“Siempre es un experiencia vergonzosa para mí”, contó Amal.

En 2016, el gobierno hizo obligatorio comparar la huella digital con la base nacional de datos para poder comprar una tarjeta SIM para un celular.

“Parecieron confundidos cuando fui a comprar una SIM, el software de su sistema se congelaba cada vez que ponía mi dedo en el sensor”, dijo Apu, con una sonrisa irónica.

Le rechazaron la compra. Todos los hombres de su familia tienen que usar tarjetas SIM bajo el nombre de su madre.

Amal

BBC
Los dedos de Amal Sarker no tienen los patrones distintivos que se encuentran en la mayoría de las personas.

La dolencia rara que afecta a la familia Sarker se llama adermatoglifia.

Se dio a conocer ampliamente en 2007 cuando Peter Itin, un dermatólogo suizo, fue contactado por una mujer de su país que tenía problemas entrando a EE.UU.

Su cara correspondía a la foto de su pasaporte, pero los agentes de inmigración no podían registrar sus huellas dactilares. No tenía.

Tras examinarle, el profesor Itin encontró que la mujer y ocho miembros de su familia sufrían una rara condición, con las yemas de los dedos planas y un número reducido de glándulas sudoríparas en las manos.

Trabajando con otro dermatólogo, Eli Sprecher, y la estudiante de posgrado Jann Nousbeck, el profesor Itin examinó el ADN de 16 miembros de la familia -siete con huellas digitales y nueve sin éstas.

“Los casos aislados son muy raros y no se han documentado más que unas pocas familias”, contó el profesor Itin a la BBC.

Agente de inmigración en EE.UU. verifica las huellas digitales de una pasajera

Getty Images
En muchos países, como en EE.UU., los agentes fronterizos verifican las huellas digitales de los viajeros antes de permitir su entrada.

En 2011, el equipo se enfocó en un gen, SMARCAD1, que mutó en los nueve miembros sin huellas de la familia y pudieron identificarlo como la causa de la rara dolencia. Prácticamente no se conocía nada de este gen. La mutación no parecía causar otros efectos negativos aparte de los cambios en las manos.

La mutación que se buscó durante todos esos años afectaba un gen “del que nadie sabía nada”, expresó el profesor Sprecher. Por eso tardaron años en encontrarlo.

Una vez descubierto, la enfermedad fue nombrada adermatoglifia, pero el profesor Itin la apodó “enfermedad de demora migratoria”- por su primera paciente que tuvo problemas entrando a EE.UU.- y el nombre resultó.

Amal y Apu

BBC
Amal y Apu Sarker. “No está en mis manos, es algo que heredé”, dijo Amal.

La enfermedad de demora migratoria puede afectar a varias generaciones de una familia. El tío de Apu Saker, Gopesh, que vive en Dinajpur, a unos 350km de Daca, tuvo que esperar dos años antes de que le autorizaran un pasaporte.

“Tuve que viajar a Daca cuatro o cinco veces en los últimos dos años para convencerles de que sufría la mutación”, declaró Gopesh.

Cuando su oficina empezó a utilizar un sistema de control de asistencia con huellas digitales, Gopesh tuvo que convencer a sus jefes que le permitieran utilizar el sistema antiguo: firmando una planilla de asistencia todos los días.

Un dermatólogo en Bangladesh ha diagnosticado la condición de la familia como queratodermia palmoplantar congénita, que el profesor Itin cree que evolucionó en adermatoglifia secundaria, una versión de la enfermedad que también puede producir resequedad cutánea y reducción de la transpiración en las palmas de las manos y plantas de los pies.

Los Sarker na reportado todos estos síntomas.

Se necesitarían hacer más exámenes para confirmar si la familia tiene alguna forma de adermatoglifia.

El profesor Sprecher expresó que su equipo estaría “muy contento” de ayudar a la familia con pruebas genéticas.

Los resultados de esas pruebas podrían darles a los Sarker alguna certidumbre, pero no les aliviaría la carga de navegar diariamente por un mundo sin huellas digitales.

El hermano menor de Apu Sarker, Anu

BBC
El hermano menor de Apu Sarker, Anu, también heredó la rara mutación genética.

Los Sarker que padecen de esta mutación están viviendo en una sociedad que no solo les resulta más difícil de manejar, sino que no ha evolucionado para acomodar su problema.

Amal Sarker pasó la mayoría de su vida sin mucho traspié, pero ahora dice que siente tristeza por sus hijos.

“No está en mis manos, es algo que heredé”, declaró.

“Pero la manera en que mis hijos y yo nos estamos metiendo en todo tipo de problemas, es realmente doloroso para mí”.

Amal y Apu acaban de recibir un nuevo tipo de tarjeta de identidad nacional emitida por el gobierno bangladesí, tras presentar un certificado médico. La tarjeta utiliza otros datos biométricos –un escaneo de la retina y reconocimiento facial.

Pero todavía no pueden comprar una tarjeta SIM ni obtener una licencia de conducción. Expedir un pasaporte es un largo y arduo proceso.

“Estoy cansado de explicar mi situación una y otra vez. He pedido consejo a mucha gente, pero nadie puede darme una respuesta definitiva”, se quejó Apu. “Alguien me sugirió ir a un tribunal. Si todas las otras opciones fallan, eso es lo que tendré que hacer”.

Apu espera poder conseguir un pasaporte, dijo. Le encantaría viajar fuera de Bangladesh. Sólo tiene que empezar a llenar la solicitud.

Las fotos son cortesía de la familia Sarker.


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