Por qué es tan difícil la igualdad salarial entre hombres y mujeres incluso cuando un gobierno lo decreta
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Por qué es tan difícil la igualdad salarial entre hombres y mujeres incluso cuando un gobierno lo decreta

Aunque en varios países se han sancionado leyes para el pago equitativo y antidiscriminatorio, lo cierto es que no se han implementado de forma adecuada.
26 de febrero, 2019
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Islandia se convirtió en el primer país del mundo en obligar a las compañías y empresas a pagar a hombres y mujeres de forma equitativa.

Eso fue el año pasado tras décadas de reclamo. Y es que el pago equitativo -es decir, mismo salario para mujeres y hombres que hacen igual trabajo- ha sido un reclamo de larga data en la lucha por la igualdad de género que se ha reflejado incluso en leyes no solo de Islandia sino de otros países europeos.

Y este paso es coherente con el dato de que Islandia, una nación de poco más de 350.000 habitantes, es considerado el mejor país del mundo en cuestiones de igualdad de género.

Pero, ¿es posible que otros países se beneficien de su estrategia?

Pago equitativo vs cierre de la brecha salarial

En Europa se ha hecho un esfuerzo para que las empresas publiquen las diferencias entre lo que le pagan a los hombres y a las mujeres.

A esa diferencia se la llama brecha salarial.

Y esa brecha salarial se puede ver en cada país en el mundo.

Por ejemplo, en la Unión Europea y otros 35 países en 2014 se pagaba un 13,8% más por hora de trabajo a los hombres que a las mujeres, de acuerdo a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).

En ese entonces, entre los países relevados por la OCDE, la brecha en Rumania era del 1,5% -la menor- y la de Corea del Sur era 34,6%, la mayor.

Corea del Sur

Getty Images
La brecha salarial en Corea del Sur es del 34,6%.

Que esta brecha salarial esté extendida por el mundo significa que la equidad laboral está lejos de conseguirse.

Pese a una serie de avances en los últimos años, en muchos países las leyes o los Estados no obligan a las empresas a pagar lo mismo a hombres y mujeres.

En Reino Unido, a pesar de la presión de la opinión pública para que las compañías paguen lo mismo, no están legalmente obligados a hacerlo.

¿Funcionará el caso islandés?

¿Servirá el ejemplo de Islandia para que el pago equitativo se haga efectivo alrededor del mundo?

En esa isla europea, ubicada al norte del continente, las grandes empresas deben probar que cumplen con los requerimientos de un pago equitativo acordado con el gobierno, los empleados y los sindicatos. Y deben confirmar también que el pago no están influenciado por las “características sociales” de sus trabajadores, en especial su género.

Los empleadores tienen permitido pagar salarios de acuerdo al desempeño de sus empleados, pero solo si pueden demostrar que están pagando igual valor por igual trabajo.

Mercado en Islandia

Getty Images
Islandia es considerado el mejor país para ser mujer.

Sin embargo, esa frase “igual salario por igual trabajo” no logra abarcar todos los problemas que contribuyen a crear la brecha salarial en primer término, en compañías que muchas veces concentran a muchos hombres en los puestos mejor remunerados.

En Islandia, lo que se intenta es que los empleadores entiendan por qué le pagan a la gente por lo que hacen y qué significa hacer ese trabajo.

Los primeros estudios de casos sobre esta decisión en el país nórdico muestran que los empleados comenzaron a revisar sus salarios, a mirar si la diferencia entre unos y otros era justa, lo que acrecentó la confianza en el sistema de pago y trajo beneficios tanto para hombres como para mujeres.


¿Cómo es la brecha salarial en América Latina?

De acuerdo a la Comisión de Estudios para América Latina (CEPAL), en América Latina las mujeres ganan un 84% de lo que ganan los hombres.

Desde la década de los 90 hasta la actualidad, esta brecha ha ido disminuyendo. En números, representa una disminución del 12% entre 1990 y 2014″, le explicó a France 24 Nieves Rico, la directora de Asuntos de Género de la CEPAL.

Sin embargo, contrario a lo que ocurre con la brecha en el mercado laboral, en Latinoamérica el número de años de instrucción de la población activa femenina (9,6 en promedio) es superior al de la población masculina


¿Por qué seguimos viendo diferencias?

Aunque en varios países se han sancionado leyes para el pago equitativo y antidiscriminatorio, lo cierto es que no se han implementado de forma adecuada.

Por ejemplo, en Reino Unido, las cadenas de supermercados Asda, Tesco y Morrisons están afrontando reclamos de mujeres que señalan que no están recibiendo el mismo sueldo que sus colegas hombres por hacer el mismo trabajo.

Un problema corriente es que generalmente recae en un empleado, o en su sindicato, la responsabilidad de desafiar las prácticas salariales de las empresas y este movimiento puede resultar costoso y riesgoso para una sola persona.

Modelos de plástico de un hombre y una mujer están parados sobre una pila de monedas y billetes.

PA
En promedio, los hombres siguen ganando más que las mujeres.

Una investigación publicada recientemente halló que los estándares para establecer un salario -especialmente en el sector privado- fallan en la transparencia y tienden a enfocarse en los parámetros del mercado y el desempeño.

Eso significa que estas prácticas salariales pueden variar bastante de una persona a otra y no siempre están basadas en el valor del trabajo cumplido.

Luchando contra el sistema

Pero incluso, si se aplicaran las leyes que existen para igualar los salarios, persistirían otros problemas.

Existen varios factores históricos y estructurales detrás de la brecha salarial.

Por siglos, los hombres fueron los proveedores y las mujeres las que se encargaban del trabajo doméstico y todavía hoy, de acuerdo a la Oficina Nacional de Estadísticas, las mujeres hacen 10 horas más de trabajo sin remuneración que los hombres a la semana.

Por contraste, los hombres tienden a recibir más horas remuneradas que las mujeres. Y las leyes para un pago equitativo tampoco cambian la distribución del trabajo.

Marcha de la brecha salarial

Getty Images
Una marcha en Londres con un cartel que dice “cierren la brecha”.

Actualmente, es posible que los hombres tengan más opciones de trabajar para empresas y sectores con mejores salarios, mientras que las posibilidades de las mujeres están más orientadas a trabajar en sectores donde ya hay más mujeres, típicamente con salarios menores, particularmente si trabajan medio tiempo.

Un rayo de luz

Todo esto para decir que la equidad salarial es difícil que ocurra simplemente con la ejecución de una ley o la orden de un gobierno.

Ahora, eso no significa que la aplicación de estas políticas no tengan un efecto positivo.

Primero, sirven para que se hable de que la brecha salarial existe y se abra el debate sobre cómo se retribuye a los trabajadores.

Y la conversación pública hará que algunas empresas importantes comiencen a mejorar la forma en que se remunera a las mujeres por su trabajo y a revisar los estándares en los que se basan esas decisiones.

Ahora, eso no es garantía de éxito. El reporte salarial es algo bueno, pero en la mayoría de países se debería no solo exigir que se reporte la brecha salarial, sino que se adopten medidas que la reduzcan.

Si bien apenas arranca, la estrategia de igualdad salarial de Islandia se ve promisoria. Los primeros indicios sugieren que obligar a las empresas a demostrar que compensan a los empleados de manera justa puede ser más eficaz que una exigencia de transparencia que luego no tenga ninguna consecuencia.


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Madres, víctimas, trabajadoras, estudiantes e indígenas caminaron‬ ‪juntas en la histórica marcha del #8M‬

La mayoría eran mujeres que marchaban por primera vez, algunas muy jóvenes o incluso quienes eran madres o abuelas. Amigas que se organizaron en pequeños grupos o que ahí encontraron compañía para caminar juntas
La equipa editorial
Por La equipa editorial
9 de marzo, 2020
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Antes de la hora de la cita, a las 14:00 horas, la explanada del Monumento a la Revolución ya estaba abarrotado. Esa fue la primera muestra de que la participación sobrepasaría la expectativa, que esta se convertiría en una inédita marcha en la Ciudad de México y fue encabezada por mujeres este 8 de marzo. 

Si bien la exigencia de todas era el alto a todos los tipos de violencia que tiene la expresión extrema en el feminicidio, también se volvió un espacio de acompañamiento entre mujeres que caminaron juntas porque todas han sido agredidas de alguna manera solo por haber nacido mujer. 

También había alegría por ese acompañamiento al hacer suyo el espacio público que tantas veces las ha ofendido. Su presencia ahí estaba haciendo historia. Según datos del gobierno local, fueron 80 mil mujeres en la marcha. 

Aunque en terreno la participación sobrepasaba a cualquier otra manifestación realizada en la Ciudad. Incluso la multitudinaria que congregó a 50 mil personas en octubre de 2014, en la protesta por la desaparición de 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa, ocurrida días antes. 

En la marcha de este domingo, mientras el primer contingente encabezado por madres de mujeres víctimas de feminicidio salió poco después de las 14 horas, los últimos grupos salieron casi tres horas después. 

Solo eran dos kilómetros de recorrido, pero mientras la cabeza de la marcha ya se encontraba en el Zócalo el punto final de llegada, los grupos aún no salían del Monumento a la Revolución, el punto de partida. 

El número de mujeres concentradas antes de empezar la marcha era tal que la señal de internet y teléfono estaba caída debido a la saturación, cosa no había ocurrido en otras manifestaciones. La saturación mantuvo la señal intermitente durante toda la ruta que abarcó avenida Juárez, la calle 5 de mayo y la plancha del Zócalo. 

Hubo contingentes de organizaciones que han salido a las calles en otras ocasiones como las Constituyentes, o más organizadas por una agenda específica como el aborto legal de Marea Verde o la Asamblea Feminista Autónoma e Independiente. 

También trabajadoras de Pemex o estudiantes de Facultades de la UNAM, la Asamblea Feminista Chilenas en CDMX o mujeres indígenas, todas llevando pancartas que las identificaba como parte de esos grupos.

Sin embargo, la mayoría eran mujeres que marchaban por primera vez, algunas muy jóvenes o incluso quienes eran madres o abuelas. Amigas que se organizaron en pequeños grupos o que ahí encontraron compañía para caminar juntas. Llevaban playeras moradas, pañuelos verdes y pancartas, iban en sus bicicletas. 

Esta vez, a diferencia de otras manifestaciones, la organización y participación era de mujeres de a pie, sin representar grupos o partidos políticos, sino a su propio enojo, hartazgo y desesperación por la violencia que viven a diario. 

Porque en este país se cometen 10 feminicidios cada día, por eso el grito era: “Vivas nos queremos”. “Ni una más ni una más ni una asesinada más”. Por eso las pancartas decían: “Somos las voces de las que ya no están” o “justicia para las víctimas de feminicidio del Estado de México”. 

También el reclamo al gobierno, sin banderas partidistas, sino con pancartas que advertían que “la indiferencia del gobierno nos está matando”, o “la impunidad también mata”. Otras más gritaron: “Queremos justicia, no queremos rifa”, en referencia a la rifa del avión alentada por el presidente Andrés Manuel López Obrador. 

Otro contingente más de mujeres vestidas de negro y con el rostro cubierto rompían vidrios y hacían pintas en las paredes y vallas que el gobierno de la Ciudad puso para proteger monumentos. Ahí quedaron los nombres de Fátima, Indrid, el reclamo de la existencia de un “Estado patriarcal”, de que “los policías no nos cuidan, nos violan” o “nos queremos vivas”. 

Por cada vidrio roto y pared pintada, las mujeres de alrededor gritaban: “Fuimos todas, fuimos todas”, o “esto no es violencia, es autodefensa”. Cada vez que se topaban con una valla o policías resguardando un edificio, la consigna era: “Cuídennos así”. También una pancarta cuestionaba la reacción de quienes llamaban a la “no violencia”: “¿Por qué te escandalizas por las que luchan, y no por las que mueren?”. 

Pasadas las 18 horas, después del mitin donde cada organización leyó su posicionamiento, miles de mujeres continuaban en el Zócalo. Algunas bailando alrededor de una hoguera y otras abrazándose después de la hazaña.

Leer más: Mujeres pintan el Zócalo con los nombres de víctimas de feminicidio y desaparición

Los incidentes de la marcha

La mayor parte del tiempo la marcha fue pacífica, pero hubo incidentes. Uno ocurrido mientras un grupo intentaba colgar una pancarta en Palacio Nacional, hubo al menos 5 detonaciones de petardos. Uno de ellos provocó quemaduras a Berenice Fregoso, fotógrafa del periódico El Universal.  

Otro más cuando en la esquina de Eje Central y Avenida Juárez, un grupo de mujeres intentó romper los vidrios del edificio de Telmex, pero mujeres policías en el lugar accionaron gas para dispersar la concentración. Segundos después detonó un petardo que quemó el cabello y brazos a una mujer, otra más en las manos y un hombre en el brazo. 

De acuerdo con la Secretaría de Seguridad Pública hubo al menos 13 personas hospitalizadas al sufrir quemaduras por petardos y otras lesiones durante la jornada de protesta de mujeres, en la capital. En total, registró 52 atenciones médicas por lesiones menores.

En tanto, la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México informó por la noche que inició una carpeta de investigación derivado de la puesta a disposición de seis hombres, entre ellos un menor de edad, por su probable responsabilidad en delitos cometidos durante la marcha de este domingo. 

La Fiscalía inició la indagatoria por los delitos de ataques a la paz pública, amenazas, portación de objetos para agredir y lesiones dolosas, por lo que solicitó la intervención de peritos en las materias de fotografía, criminalística, balística, criminalística y química, y revisará las cámaras públicas y privadas, además de entrevistar a testigos de los hechos. 

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