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Cuartoscuro

Señalan posibles desvíos de recursos para damnificados por sismos en Sedatu, Bansefi y CONAVI

La Auditoría Superior encontró un presunto mal uso de los apoyos y servicios a la población afectada por los sismos ocurridos en septiembre de 2017.
Cuartoscuro
21 de febrero, 2019
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La Auditoría Superior de la Federación (ASF) detectó un presunto mal uso de los recursos destinado a atender a afectados por los sismos ocurridos en septiembre de 2017.

En la auditoría de cumplimiento financiero presentada este miércoles, se encontraron facturas con comprobantes fiscales que aparecen cancelados en el portal del SAT, y cuyos pagos serían por lo tanto inviables; además de deficiencias en los medios financieros para dispersar los recursos y servicios cuya ejecución no se pudo comprobar.

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Las instituciones involucradas en estos señalamientos son la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), el Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros, (Bansefi) y la Comisión Nacional de Vivienda (CONAVI).

Los probables desvíos de recursos se detectaron en el Fideicomiso Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) y del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2017.

La Sedatu, Bansefi y CONAVI se coordinaron para atender a la población afectada y realizar la reconstrucción de los daños por los sismos ocurridos en septiembre de 2017. Entre las acciones que implementaron destacan: elaborar el censo de beneficiarios, la evaluación de daños, retiro, remoción y limpieza de escombros, asesorías técnicas y verificación de acciones de reconstrucción, así como dispersión de recursos a beneficiarios.

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La Sedatu fue la encargada de instrumentar las acciones de limpieza de las viviendas en condiciones de ser habitadas.

Para verificar si éstas se realizaron, la ASF revisó 11 contratos de obra pública por 330 millones 064 mil pesos, adjudicados de forma directa a 10 proveedores de servicios. De los 11, uno corresponde a servicios prestados en Chiapas, por un monto de 130 millones 031 mil pesos, y los 10 restantes a Oaxaca.

La ASF analizó y verificó 11 Comprobantes Fiscales Digitales por Internet (CFDI), en el portal del Servicio de Administración Tributaria (SAT), emitidos por los proveedores por el concepto de retiro de escombro y lodos de viviendas, en los que el importe total suma 323 millones 580 mil pesos.

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La diferencia de 6 millones 484 mil pesos permanece en las cuentas bancarias del FONDEN.

Sin embargo, la ASF detectó que la Sedatu registró como pagado un CFDI por 14 millones 491 mil 663 pesos, que en realidad aparece como cancelado en el portal del SAT, por lo que se presume un probable daño o perjuicio o ambos a la Hacienda Pública Federal por ese monto.

Omisiones y errores en la dispersión de recursos

La ASF identificó deficiencias en los apoyos a damnificados dispersados por el Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros, S.N.C. (Bansefi), entre éstas destacan: faltas en la integración de los comprobantes para verificar la prestación del servicio financiero a los beneficiarios y la falta de una norma que regulara la entrega de apoyos por parte de instituciones bancarias en caso de desastres naturales.

También se documentaron deficiencias en 25% de los 16 procesos evaluados de la relación costo-oportunidad de la entrega de tarjetas, así como de la producción y elaboración de medios masivos de pago y falta de información en 31.5% de los 16 procesos revisados relacionados con la integración de expedientes bancarios.

En ellos se encontraron inconsistencias como más de un identificador de una cuenta o de una tarjeta a la que tuvieron derecho los damnificados, conforme a la clasificación de su vivienda por tipo de daño.

Se encontró, además, que se presentaron 500 solicitudes de aclaración al Bansefi por cargos no reconocidos, asociados principalmente a las tarjetas de banda magnética, y se identificaron depósitos a tarjetas canceladas.

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Después de analizar el Manual General de Organización del Bansefi, la ASF determinó que la Subdirección de Diseño y Desarrollo de Productos y Programas, y la Gerencia de Diseño y Optimización no actualizaron ni sometieron a autorización la normativa para regular la distribución, resguardo, y custodia de las tarjetas del Programa FONDEN, ni tampoco para detectar y bloquear transacciones de tipo fraudulento; ni para establecer procedimientos seguros de control de acceso a los archivos que contienen información sensible de los usuarios.

Además, se identificó que la subdirección de Riesgo Operacional no desarrolló la evaluación integral previo al lanzamiento de nuevos productos y servicios, para garantizar que se implementaran con un ambiente operativo y normativo adecuado.  

Por lo que la Auditoría Superior de la Federación emitió la Promoción de Responsabilidad Administrativa Sancionatoria para que el Órgano Interno de Control en Bansefi o su equivalente realice las investigaciones pertinentes y, en su caso, inicie el procedimiento administrativo correspondiente por las probables irregularidades cometidas por los servidores públicos.

Respecto al análisis de las acciones de atención prioritaria para proporcionar asistencia técnica, la ASF encontró que la CONAVI no comprobó que los damnificados recibieron los entregables señalados en el Anexo 1 “Carta Compromiso” en 11 de los 12 contratos suscritos con proveedores de servicios de asistencia técnica, a los que se les hicieron pagos por 21 millones 70 mil pesos en 2017.

Tampoco acreditó el monto por recuperar por un millón 305 mil 300 pesos, y tampoco realizó el reintegro a la Tesorería de la Federación de los recursos no ejercidos por 37 millones 153 mil pesos, dentro de los 15 días naturales siguientes al cierre del ejercicio 2017.

Por lo que la ASF emitió la Promoción de Responsabilidad Administrativa Sancionatoria para que el Órgano Interno de Control en la Comisión Nacional de Vivienda o su equivalente realice las investigaciones pertinentes y, en su caso, inicie el procedimiento administrativo correspondiente por las irregularidades de los servidores públicos.

 

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Los niños de Chernobyl: la historia de afectados por el accidente que recibieron tratamiento en Cuba

Los gobiernos de Cuba y Ucrania anunciaron que este año retomarán la colaboración para dar atención médica a hijos de afectados por el accidente de la central nuclear de Chernóbil de 1986.
14 de junio, 2019
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“No era como estar en un hospital. Hasta los niños más enfermos lo pasaban bien”.

El ucraniano Roman Gerus tiene muy buenos recuerdos de una experiencia que tuvo su origen en una catástrofe.

Hablamos de la explosión de uno de los reactores de la central nuclear de Chernóbil el 26 de abril de 1986, tragedia que vuelve a estar de plena actualidad por la exitosa miniserie de HBO Chernobyl.

Cuba

Getty Images
En esta imagen se ve al expresidente de Cuba, Fidel Castro, recibiendo a un grupo de niños provenientes de Bielorrusia en marzo de 1990.

Gerus fue uno de los más de 23.000 menores afectados por el accidente que recibieron atención médica en Cuba.

El programa auspiciado por el Ministerio de Salud cubano se desarrolló entre 1990 y 2011.

A finales de mayo, las autoridades cubanas y ucranianas anunciaron su intención de retomar la iniciativa, aunque sería a menor escala que el programa de los años 90.

¿En qué consistió aquella experiencia?

A la orilla del mar

Expresidente de Ucrania Victor Yanukovich rodeado de niños que participaron en el programa Niños de Chernóbil en Cuba

Getty Images
En Ucrania se valora positivamente la ayuda que brindó Cuba a los afectados por Chernóbil.

“Estuve en Cuba tres veces”, le cuenta Roman Gerus a BBC Mundo.

“La primera tenía 12 años, me quedé seis meses. La segunda tenía 14 años y me quedé tres meses. La última tenía 15 años y solo me quedé 45 días.

“Cada vez fue diferente, pero todas ellas las disfruté. Es algo que recuerdo con cariño, quiero regresar a Cuba con mi familia para mostrarles la isla”, dice.

Gerus enfatiza la belleza del escenario al que llegó para recuperarse de la enfermedad de la piel que desarrolló muchos años después del accidente de Chernóbil.

Este joven que ahora tiene 27 años ni siquiera había nacido cuando ocurrió el desastre, pero su familia vivía relativamente cerca de la planta nuclear.

“Cuando tenía unos 10 u 11 años, los doctores detectaron puntos blancos en mi piel, era vitíligo. Intentamos tratarlo en Ucrania, pero los médicos dijeron que no era tan fácil, que necesitaba medicamentos muy caros y no garantizaban que pudieran ayudarme”, relata.

Algunos de los participantes en el programa "Niños de Chernóbil"

Getty Images
Los niños ucranianos que llegaron a Cuba tenían enfermedades de distinta gravedad.

“Alguien le contó a mi madre que había un programa para ir a Cuba. Ella no se lo creyó al principio porque le dijeron que era gratis, pero averiguó los detalles y rellenó los documentos.

“Esperamos al menos medio año. De repente llamaron para decir que me iba en dos semanas. No me lo podía creer. Mis padres estaban preocupados porque Cuba está muy lejos de Ucrania y yo era pequeño, pero decidimos seguir adelante y me fui”.

Más de 25.000 pacientes

El lugar donde aterrizó Gerus era un balneario situado en la playa de Tarará, unos 30 kilómetros al este de La Habana.

Fundado en los años 50 como urbanización de clase media-alta, tras la Revolución Cubana se transformó en sede de los campamentos infantiles de la organización Pioneros José Martí.

Mujer con vitíligo en Cuba

Getty Images
En el programa de asistencia del gobierno cubano también participaron adultos, aunque la mayoría fueron niños.

El gobierno cubano rehabilitó la zona para acoger a los miles de pacientes que participaron en el programa “Niños de Chernóbil” durante más de 21 años: desde el 29 de marzo de 1990 hasta el 24 de noviembre de 2011.

Según datos del Ministerio de Salud de Cuba, en total fueron 26.114 pacientes (el 84% niños) que procedían fundamentalmente de Ucrania, Rusia y Bielorrusia.

Las serias dificultades que Cuba atravesó durante el llamado “periodo especial” en los 90 tras la disolución de la URSS no hicieron que el programa se detuviera.

Diferentes enfermedades

El complejo de Tarará contó con residencias para los niños y sus acompañantes, dos hospitales, una clínica, un parque de ambulancias, cocina, un teatro, escuelas, parques y áreas recreativas.

Sin olvidar los dos kilómetros de playa a unos 15 minutos de distancia.

A la isla llegaron pacientes con dolencias de distinta gravedad, desde cáncer, parálisis cerebral y problemas dermatológicos hasta malformaciones, enfermedades digestivas y trastornos psicológicos.

Niño de Chernóbil en Cuba

Getty Images
Algunos de los niños ucranianos que llegaron a Cuba también recibieron atención psicológica.

El programa estuvo bajo la dirección de los doctores cubanos Julio Medina y Omar García, que clasificaron a los pacientes en cuatro grupos dependiendo de su estado:

  • Niños con afecciones oncohematológicas y enfermedades graves que necesitaban hospitalización y permanecían en la isla durante varios meses en dependencia de su recuperación.
  • Niños con diversas patologías que requerían hospitalización pero no eran consideradas graves. Su estadía era de 60 días o más.
  • Niños con patologías susceptibles de tratamiento ambulatorio. Su estadía era de entre 45 y 60 días.
  • Niños relativamente sanos cuya estadía era también de entre 45 y 60 días.

Dos zonas

El caso de la ucraniana Khrystyna Kostenetska, que participó en el programa cuando tenía 12 y 13 años, corresponde al cuarto grupo.

“Fui a Cuba en 1991 y 1992”, le cuenta Kostenetska a BBC Mundo.

“Las dos veces estuve allí 40 días. Se supone que ese es el período en el que el cuerpo humano tiene la capacidad de recuperarse de una dosis baja de radiación“.

Dentista atendiendo a un menor ucraniano en Cuba

Getty Images
A los niños que viajaban a Cuba se les daba atención médica.

Kostenetska explica que había dos zonas diferenciadas en Tarará: el campamento bajo, donde se alojaban los niños con problemas más graves de salud, y el alto, destinado a menores sin problemas de salud pero que habían estado en las cercanías de Chernóbil.

“Vivíamos en pequeñas casas independientes, unos 15 niños en cada una. Los menores del campamento alto no teníamos un tratamiento médico específico, pero sí nos chequearon la visión y nos llevaron al dentista”, detalla.

Kostenetska tiene recuerdos contrapuestos de las temporadas que pasó en Tarará.

“Recuerdo un mar increíble, las olas, los atardeceres, la naturaleza y los helados, pero también me acuerdo de niños con graves problemas de salud“, expone.

“Eran niños con vitíligo que tenían que llevar manga larga y cubrirse del sol. A pesar de eso, el clima de Cuba sanó a algunos de ellos y aceleró la recuperación de muchos otros”.

Sol sanador

Varios niños miran una ilustración de recuerdo a las víctimas de Chernóbil

Getty Images
El desastre de Chernóbil de 1986 es el peor accidente nuclear de la historia.

Gerus fue uno de los niños que se recuperó totalmente.

“Después de la segunda vez que fui, todos los puntos se hicieron grises y desparecieron. Tomé algunos medicamentos, pero la principal medicina fue el sol”, afirma.

“Nadábamos mucho. El océano era precioso. Íbamos con los profesores a la playa, era parte del tratamiento. Siempre queríamos ir”, evoca Gerus, que recuerda que algunas noches participaban en actividades lúdicas como ir al cine o la discoteca.

Elementos poco claros

Más allá de los buenos recuerdos de Gerus y Kostenetska y de la visión positiva que generalmente se tiene del trabajo que realizó el gobierno cubano, es indudable que en Tarará se vivieron también situaciones dramáticas, especialmente si se piensa en aquellos que llegaron con dolencias más graves o en los que se quedaron fuera del programa.

En ese sentido, la corresponsal del servicio ucraniano de la BBC en Kiev Diana Kuryshko apunta que el proceso de selección de los participantes no fue del todo transparente.

“Crecí en un lugar menos contaminado, pero recuerdo vívidamente las secuelas del accidente de Chernóbil”, explica Kuryshko,

La periodista señala que aquella era una época de crisis profunda en Ucrania en la que las familias no podían permitirse el lujo de pagar billetes de avión para que los niños viajaran a lugares donde pudieran recuperarse de los efectos de la radioactividad.

Edificio en la zona de exclusión de Chernóbil

Getty Images
El accidente en la planta nuclear de Chernóbil ocurrió el 26 de abril de 1986.

“Cuando se dio a conocer el programa del gobierno cubano, la gente se emocionó pensando que podía mandar allí a sus hijos”, recuerda.

“Eras muy afortunado si tu hijo o hija podía ir a Cuba. No quedó muy claro cómo eligieron a los participantes, la realidad es que muchos de ellos no eran de familias precisamente humildes”.

A pesar de estas dudas, la percepción que se tiene en Ucrania y otras antiguas repúblicas soviéticas de la colaboración cubana es positiva y prevalece un sentimiento de agradecimiento.

“Aunque era pequeño, era capaz de entender que la situación de los cubanos era difícil, había mucha pobreza. Aun así fueron siempre muy agradables, desde los trabajadores de la cocina, hasta los profesores, los encargados de seguridad, los médicos,…”, evoca Gerus.

“Eran personas de muy buen corazón y eso fue lo más importante”.


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