Pagan o se van: UNAM quiere sacar de sus campos a equipo femenil de flag-futbol
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Facebook Pumas Blanco Flag

Pagan o se van: UNAM quiere sacar de sus campos a equipo femenil de flag-futbol

El equipo, integrado por mujeres de entre 7 y 55 años, denuncia que la seguridad de la Universidad no les permite entrenar y han sido discriminadas en comparación de los equipos varoniles.
Facebook Pumas Blanco Flag
26 de febrero, 2019
Comparte

Hace diez años, alumnas y exalumnas de la Universidad Nacional Autónoma de México crearon, por iniciativa propia, el equipo Pumas Blanco Flag, para la práctica de tocho bandera, una versión del futbol americano en la que no se realizan tacleadas. 

“Empezamos siendo ocho –recuerda Judith Rodríguez, actual entrenadora del equipo–, y jugábamos en Las Islas (explanada central de Ciudad Universitaria). Poco después, cuando el equipo comenzó a crecer, nos vieron desde Rectoría, y nos invitaron a jugar en las canchas deportivas de la UNAM, y a convertirnos en uno de sus equipo representativos.”

Desde entonces, destaca la entrenadora, Pumas Blanco Flag ha participado en siete campeonatos representando a la UNAM, y en la actualidad, dos de sus integrantes forman parte de la selección nacional de flag-futbol femenil.

Lee: A falta de liga femenil, las Medias Rosas se enfrentan a varones…y al machismo deportivo

Todo el trabajo es colaborativo y solidario: la coach y su asistente no cobran nada a las integrantes del equipo, y todo el material que requieren (uniformes, balones, etcétera) lo adquieren con sus propios recursos.

“Esto lo hacemos como una forma de retribuir a la UNAM y a la sociedad un poquito de lo que nos han dado –explicó–, no somos ricos, trabajamos de sol a sol entre semana, para poder venir aquí los sábados y los domingos, y estar con el equipo.”

Una década después de su creación, destaca Judith, Pumas Blanco Flag está hoy integrado por un centenar de mujeres, cuyas edades van de los 7 a los 55 años, “éste es un equipo para las alumnas, para las exalumnas, para las trabajadoras de la UNAM, y para sus hijas, pero también está abierto a público en general, porque si esta universidad es Nacional, entonces no es sólo para los universitarios, sino para toda la población, porque la gente paga los impuestos con los que la UNAM opera, independientemente de si es parte de la comunidad universitaria o no lo es.”

Estas niñas, jóvenes y mujeres adultas, subrayó su coach, cada fin de semana se congregan, en punto de las 7:00 horas, en el campo 5 de futbol americano de CU, “en cada práctica y en cada juego se rompen el corazón por la Universidad Nacional Autónoma de México”.

Sin embargo, denunció la entrenadora, al iniciar el año 2018, el equipo Pumas Blanco Flag comenzó a sufrir “hostigamiento constante y trato discriminatorio” por parte de las autoridades de la UNAM, las cuales, señaló, intentan imponer un cobro al equipo por el uso de sus instalaciones, que no son más que un reseco pastizal enrejado que nadie más quería usar.

“Hace un año –narró la coach, en entrevista– llegamos nosotras a entrenar un sábado, a las 7 de la mañana, y cuando entramos al campo número 5, que es el que usamos, llegaron cuatro patrullas de la UNAM, mandadas por la Dirección de Actividades Deportivas, eso nos hicieron saber, y nos dijeron que no podíamos entrenar aquí, porque no teníamos permiso.”

La irrupción de las cuatro patrullas, recordó, “le provocó estados de pánico a algunas de nuestras niñas más chiquitas, porque pensaron que nos iban a llevar a la cárcel. Tuvimos que calmar a las niñas, y a la gente de seguridad universitaria les dijimos que teníamos una década entrenando aquí, y ellos nos respondieron que no teníamos el ‘documento’ que lo avalara”.

Te puede interesar: En México hay talento pero no apoyo: jugadoras de americano recurren a ligas amateurs

En el intento de actuar institucionalmente, “porque somos universitarios –señaló la coach–, esa misma semana nos acercamos a la Dirección de Actividades Universitarias a preguntar qué trámites nos requerían, y nos pidieron que entregáramos la lista de las jugadoras que integran el equipo; les entregamos esas listas, las cuales, desde nuestro punto de vista, tenían que ser tratadas con cuidado y seriedad, porque contenían los datos de niñas chiquitas, de adolescentes, datos como sus nombres, sus edades, sus direcciones”.

Aunque el equipo Pumas Blanco Flag entregó la información solicitada por las autoridades de la UNAM, denunció la coach, “nunca nos expidieron el documento (de autorización para usar el campo 5), y luego, por nuestra cuenta, fuimos a consultar con los otros equipos que dan uso a las instalaciones deportivas, y nos dijeron que ellos tampoco contaban con ningún documento. Es decir, nos dimos cuenta que éramos las únicas a las que les estaban imponiendo ese requisito”.

A lo largo del año 2018, señaló la entrenadora, el acoso continuó: “estuvieron viniendo cada fin de semana: nos cambiaron los candados, no nos abrían, nos mandaban gente a sacarnos, tuvimos que entrenar en otros campos, tuvimos que salir a entrenar a Las Islas; a algunas de las jugadoras que tenían beca deportiva, se las cancelaron; y finalmente nos excluyeron de la Universiada (encuentro deportivo universitario)”.

Lee también: Indígena mazahua enseña a niñas a patear la violencia de género

La razón de este hostigamiento, lamentó, es que “nos quieren cobrar, esa es la instrucción que dio la Dirección de Actividades Deportivas, tal como nos informaron. Dicen que el cobro es primero nada más para las jugadoras externas, pero desde nuestro punto de vista eso está mal, porque nosotros, el coach asistente y yo, no pedimos un peso por lo que hacemos, entonces, ¿para qué quieren dinero?”

En temporadas pasadas, lamentó, esta misma imposición de cuotas ya generó la desaparición de la liga de futbol americano “Babys”, y a la liga infantil “le impusieron de una temporada para la otra una cuota de casi cuatro mil pesos por niño, y aunque los papás aceptaron pagar, ese dinero no se ve reflejado en las instalaciones”. 

Para el año 2019, señaló la coach, el equipo Pumas Blanco Flag recibió lo que creyó era una señal positiva, y un anuncio del cese del hostigamiento: una notificación de que sería equipo representativo de la UNAM ante la Liga de Flag-Futbol Femenil Mexicana, a través de un oficio emitido el 12 de enero.

Sin embargo, una semana después, el 19 de enero, cuando el equipo se congregó en el campo 5 de CU para su primer práctica deportiva del año, se encontró con que personal de la UNAM ya los esperaba, para condicionarles el acceso.

Lee: Goles vs el machismo y por la educación: el futbol cambió la vida de niñas Mazahuas en Edomex

“Vino un representante del área financiera a tomar lista de las niñas –denunció la coach–, nosotras le preguntamos para qué querían hacer una lista, si ya les habíamos dado toda esa información, y nos respondió que era falso, que nunca habíamos enviado la lista de jugadoras, lo cual creemos que es muy grave, porque entonces esos documentos que nosotros entregamos, con información personal de las niñas, desapareció.”

Además, denunció, junto con el representante del área de finanzas de la UNAM, se presentó un funcionario de Extensión Universitaria, quien les informó que no podían usar el campo “porque no éramos equipo representativo de la UNAM, aunque una semana antes nos habían mandado un oficio reconociéndonos esa condición, entonces –protestó la entrenadora– ¿a qué estamos jugando?”.

La entrenadora subrayó que la defensa de su derecho a usar estas instalaciones “no es un capricho, los espacios aquí en México para las mujeres son muy restringidos, y que la misma Universidad nos restrinja esos espacios no me parece correcto”.

“No es correcto –destacó– mandar patrullas a sacarnos del campo, prefieren que entrenemos afuera, donde las autoridades no se han encargado de combatir la droga. ¿Por qué se empeñan a sacar un grupo de cien mujeres, abrumadoramente niñas y adolescentes, del lugar en el que hacen deporte, y no a los que venden y consumen droga en la Universidad? ¿Por qué no van y les pasan lista a ellos? ¿Por qué sí les preocupa que un grupo de niñas use un campo cercado, y no se preocupan por el tema de la seguridad fuera de la cerca?”

Discriminación de género

La coach Judith Rodríguez consideró, además, que el trato otorgado por las autoridades universitarias al equipo Pumas Blanco Flag evidencia también un sesgo machista, ya que su actitud con los equipos varoniles es diferente, y puso varios ejemplos.

“A los equipos de hombres, tanto de la liga intermedia como de la liga mayor, les permiten aceptar jugadores externos y no les hacen ningún cobro, ¿por qué a nosotras sí? A los jugadores de la liga mayor les dan alimentación, les dan vitaminas, y para nosotras el apoyo es nulo.”

Esta crítica, subrayó, no va dirigida a los equipos varoniles.

“Nosotras no nos quejamos de que les den esos apoyos a los equipos varoniles, qué bueno, ellos son nuestros compañeros, son nuestros hermanos de institución y los apoyamos en todos los partidos, lo único que pedimos es que el trato sea parejo.”

Lee también: Futbolistas mexicanas se mudan a Islandia para evadir prejuicios en México por su relación gay

De las ligas varoniles, añadió, “muchos integrantes nos han expresado su apoyo. De hecho, los de la liga mayor varonil en alguna ocasión vinieron a ver si (las autoridades) nos estaban molestando, hemos recibido su apoyo en redes, nos han mandado mensajes, y de repente vienen y se dan una vuelta para ver las prácticas, como nosotras los apoyamos a ellos, pero sabemos que ellos no se pueden meter mucho, porque ellos también están enfrentando sus propios problemas en sus equipos”.

–¿Qué esperan de las autoridades? –se pregunta a la coach.

–Nosotras esperamos que el rector de la UNAM, Enrique Graue, pueda escuchar lo que está pasando con nuestro equipo, que conozca el proyecto, que se acerque a nosotras, que conozca a las jugadoras, y si el rector no nos escucha, pedimos al presidente que nos apoye, nosotros estamos a favor de cómo está manejando las cosas: haz más con menos dinero, no quieras lucrar con el deporte, abre los espacios para las mujeres, no discrimines, los espacios para las mujeres no son muchos, y hay mucha violencia, entonces, son los espacios que debemos mantener.

Para conocer la postura de la UNAM en torno a esta denuncia, la UNAM envió a Animal Político la siguiente tarjeta informativa.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

¿Qué le pasa realmente a tu cuerpo cuando comes mucho?

Consumir comidas copiosas puede provocar cambios en nuestro sistema que nos darán más hambre, pero esto no significa que tu estómago se "estire".
27 de diciembre, 2019
Comparte

Estoy convencido de que puedo predecir cómo me sentiré después de las comidas con familia, amigos y/o compañeros durante la Navidad: perezoso, con sueño y muy lleno.

Pero también estoy convencido de que, a la hora del almuerzo al día siguiente de cualquiera de esos encuentros, encontraré espacio para otro asado.

Resulta extraño que el día después de una comida copiosa podamos comer exactamente la misma cantidad de nuevo.

¿No aprendimos la lección la primera vez?

¿Por qué todavía tenemos hambre después de cenas como la de Navidad? ¿Será que comer en exceso “estira” el estómago haciendo que tengamos más espacio para comer el día siguiente? Incluso pensar en eso ahora me da hambre.

La respuesta es que, para la mayoría de las personas, no es que te dé hambre pese a las enormes cantidades de alimentos consumidos, sino precisamente por culpa de ellos.

Para entenderlo, primero, cabe hacerse una pregunta: ¿qué es tener hambre?

Esa punzada que sientes en el estómago y que te incita a comer es el resultado de una serie de cambios fisiológicos dentro de tu cuerpo.

Mujer sonriendo durante la cena de Navidad.

Getty Images
Para la mayoría de las personas, no es que te dé hambre pese a las enormes cantidades de alimentos consumidos, sino precisamente por culpa de ellos.

Es cierto que tu estómago cambia de tamaño cuando tienes hambre o estás lleno.

El estómago se contrae a medida que se digiere una comida para ayudar a mover los alimentos hacia los intestinos. Ruge cuando el aire y la comida se mueven mientras la comida es empujada hacia abajo, un fenómeno llamado borborigmo, que frecuentemente es nuestra primera señal de que podríamos tener hambre porque es audible y físico.

Después de sonar, el estómago se expande nuevamente y se prepara para comer, en un proceso iniciado por las hormonas.

Pero lo que no es cierto es que comer estire el estómago.

Se trata de un órgano muy elástico, por lo que después de una comida copiosa, volverá a su capacidad de reposo (de 1 a 2 litros). De hecho, los estómagos de la mayoría de las personas son bastante similares en capacidad: no importa la altura ni el peso.

De lo que tal vez no somos conscientes es de la liberación de nuestras hormonas del hambre: el NPY y la AgRP del hipotálamo, y la grelina del estómago.

Esta última es liberada cuando el estómago está vacío y estimula la producción de NPY y AgRP en nuestro cerebro. Estas dos hormonas son responsables de crear la sensación de hambre y anular las hormonas que nos dan la percepción de estar satisfechos.

Amigas comiendo.

Getty Images
Incluso después de una gran comida en un día festivo, podemos encontrar fácilmente espacio para más al día siguiente.

Quizás en sentido contrario a la intuición, los niveles de grelina tienden a ser más altos en personas delgadas y más bajos en personas con obesidad.

Es de esperar que una hormona que estimula el hambre esté más presente en las personas que comen más, pero esta contradicción probablemente refleja lo complicado que es nuestro sistema endocrino.

Si bien solo tres hormonas son en gran parte responsables de generar la sensación de hambre, se requieren alrededor de una docena para hacernos sentir saciados.

Un par de ellas (GIP y GLP-1) son responsables de estimular la producción de insulina para regular el metabolismo de los carbohidratos. Otras hormonas están involucradas en desacelerar el movimiento de los alimentos a través de nuestro estómago, para darles a nuestros cuerpos tiempo para digerir los alimentos.

En aquellas personas con obesidad que tienen bajos niveles de grelina, podría ser que los altos niveles de insulina, necesarios para metabolizar una dieta alta en carbohidratos, inhiban la producción de grelina.

Dos son clave para reducir la sensación de hambre: la CKK y el péptido YY (PYY). En pacientes que tienen una banda gástrica ajustada, que reduce el tamaño del estómago, los niveles de PYY son particularmente altos, lo que contribuye a una pérdida del apetito.

El hambre, una sensación asociada a horas y momentos específicos

Cuatro chicas comiendo y bebiendo.

Getty Images
Diversos estudios han demostrado que las personas comen más cuando comparten una comida que cuando están solas.

Aunque tu estómago tiene un sistema hormonal que le informa al cerebro cuando está vacío, a menudo esta información se vuelve más frecuente debido a la asociación habitual entre la hora y la sensación de hambre.

Por consiguiente, incluso si has tenido un gran almuerzo, es posible que todavía tengas hambre en la cena.

“Si te acostumbras a tomar un trozo de chocolate o de papas fritas después de la cena cuando te sientas en el sofá para ver la televisión, tu cuerpo puede comenzar a asociar el sofá, la televisión y comer algo rico, y como resultado cuando vas al sofá tienes un antojo“, dice Karolien van den Akker, investigadora de Centerdata y anteriormente de la Universidad de Maastricht, en Países Bajos.

“Esto puede ocurrir incluso cuando estás saciado; cuando tus reservas de energía están llenas”.

Comer en exceso no es malo per se, asegura Van den Akker. A diferencia de una gran comilona, donde se consumen grandes cantidades de alimentos en un corto período de tiempo y que frecuentemente está asociada con sentimientos de disgusto, culpa o vergüenza, comer en exceso puede verse simplemente como un hábito que a muchos les gustaría romper.

Pero los antojos de comida aprendidos pueden hacer que sea muy difícil seguir una dieta con éxito.

Familia compartiendo comida durante la cena navideña.

Getty Images
El ambiente de la temporada festiva puede condicionarnos a esperar grandes cantidades de comida.

Cuando aprendemos a asociar las propiedades gratificantes de los alimentos, en particular los que contienen un alto contenido de azúcar, con tiempos, olores, imágenes y comportamientos específicos, el recuerdo de esa sensación se activa y nuestro cuerpo comienza a desearlos.

Esto desencadena no solo respuestas psicológicas sino fisiológicas, como la salivación.

Es fácil adquirir antojos, pero difícil deshacerse de ellos

Es posible que estés familiarizado con el perro de Pavlov, un experimento en el que se toca una campana a la hora de las comidas para que un perro lo asocie con la hora de comer.

Finalmente, el perro saliva con el simple sonido de la campana. Los humanos no son mucho más sofisticados que los perros en este aspecto.

En otro experimento, a un grupo de personas les mostraron formas simples: círculos y cuadrados. Cuando veían los cuadrados, se les daba un trozo de chocolate y, a partir de entonces, comenzaron a desear chocolates cada vez que se veían los cuadrados.

Al igual que los perros, los humanos pueden resultar condicionados para que esperen alimentos con señales simples.

“Estas asociaciones se desarrollan rápidamente e incluso con pequeñas cantidades de chocolate como 1 ó 2 gramos”, explica Van den Akker.

“Parece bastante fácil adquirir estos antojos, pero es difícil deshacerse de ellos. Tu cuerpo recuerda que en un momento específico comió chocolate. El deseo puede convertirse fácilmente en un antojo diario, incluso después de solo cuatro días de repetición”.

Hombre de mal humor.

Getty Images
Muchas personas admiten que tienen menos autocontrol si están de mal humor o cansadas.

A veces, incluso nuestro estado de ánimo puede convertirse en el desencadenante. Las personas afirman habitualmente que tienen menos autocontrol si están de mal humor o cansados.

“En ese caso, las emociones pueden asociarse directamente con la comida, por lo que una determinada emoción podría desencadenar el antojo”, dice Van den Akker.

En principio, cualquier estado de ánimo, incluso uno positivo, puede convertirse en un desencadenante de un antojo, siempre que sea seguido de manera constante por la comida.

Se suele comer más en situaciones sociales

Y se ha demostrado repetidamente que comemos más cuando estamos en compañía de amigos. Las ocasiones especiales, el tiempo que pasas en la mesa y muchos otros factores, influyen en la cantidad de comida que ingerimos cuando estamos socializando.

Quizás porque el placer de la compañía que nos rodea hace que sea más difícil concentrarse en el control de las porciones.

Incluso las personas que se sientan en un laboratorio a comer un plato de pasta comerán más si tienen un amigo con quien hablar.

Esto también tiene implicaciones cuando se trata de romper con malos hábitos alimenticios.

“Cuando intentamos ayudar a las personas a comer menos, nos centramos en ‘desaprender’ sus deseos alimenticios aprendidos. También tratamos de asegurarnos de que aprendan que comer algo bueno una vez no significa que tengan querepetirlo en los próximos días“, opina Van den Akker.

Esto es importante porque otros estudios han demostrado que romper un buen hábito alimenticio una vez puede ser suficiente para recaer en uno malo.

Quizás entonces no sea una sorpresa el hambre que sentimos después de una gran comida con familiares y amigos. Todavía tenemos hambre al día siguiente, o incluso más tarde el mismo día, no porque nuestro estómago se haya estirado, sino porque nos hemos acostumbrado a comer en exceso en ocasiones especiales.

Si nuestros cerebros notan todas las señales -los olores, los lugares, los sonidos- asociados con una gran comida el día después de una fiesta como la de Navidad, entonces comenzarán a prepararnos para la segunda ronda.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=JpWiPF_rmY0&t=62s

https://www.youtube.com/watch?v=ElxR2is1_bk&t=88s

https://www.youtube.com/watch?v=WTuw_gfggKo

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.