No podía comer ni una manzana: cómo es vivir con alergia alimentaria severa
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No podía comer ni una manzana: cómo es vivir con alergia alimentaria severa

Debbie Schmidt es una madre británica de 46 años que tiene una larga lista de alimentos que no puede comer y que incluso le pueden causar la muerte. Pero, lejos de lamentar sus restricciones, ha sabido encarar su situación con espíritu positivo.
BBC
13 de marzo, 2019
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¿Te imaginas no poder comer frutas ni verduras crudas? No solo suena fastidioso y limitante, sino también poco sano.

Pero, ¿y si a las frutas y verduras le sumaras los productos lácteos, la soya, el gluten, la lactosa, las nueces y los mariscos?

Eso significa renunciar al pan, la leche, el queso, los yogures, los cereales, el pescado, la pasta, la pizza, una gran variedad de salsas, pasteles, galletas y chocolate… Y la lista sigue.

Esta es la realidad para Debbie Schmid, que tiene que vivir según a una “lista exhaustiva y extraordinariamente larga” de alimentos prohibidos por culpa de sus alergias e intolerancias.

Esta mujer británica de 46 años explica cómo se las ha arreglado para convertir sus limitaciones dietéticas en algo “positivo”.

Selección colorida de frutas.

Getty Images
Esta mujer no puede comer ningún tipo de verdura o fruta crudas.

“Es realmente una broma pesada, porque me gusta mucho comer”, cuenta Schmid.

Alergia a casi todo

Tiene alergia severa a los mariscos, las nueces y el apio. Y también tiene el síndrome de alergia oral, lo que significa que todas las frutas y verduras crudas le sientan mal, al igual que los productos lácteos, la lactosa, la soya, el trigo y el gluten.

Así que no puede vivir separada de sus dos jeringuillas de adrenalina (Epipen) en caso de que le dé una reacción alérgica severa.

“Tengo que tomar un antihistamínico todos los días para protegerme de otras cosas que aún no sé que me dan alergia, porque no creo que haya completado la lista de alimentos que mi cuerpo rechaza”.

Los antihistamínicos comunes suelen ser de aproximadamente 10 mg. Los de ella de 180 mg cada uno.

Familia Schmid

Debbie Schmid
Toda la familia come lo mismo que la madre, que tiene muchos alimentos restringidos.

“Al principio tomaba cuatro por día y me estaban destrozando. Pero cuando empecé a comer solo lo que debía y a eliminar muchas toxinas de mi cuerpo, conseguí reducirlas a una pastilla al día”.

Sus problemas comenzaron en 2005 cuando estaba embarazada de 20 semanas y tuvo un aborto natural.

Una semana después, le salió por primera vez una erupción en el cuello después de comer mariscos durante una cena.

“Creo que se produjo un cambio en mis hormonas que causaron esta reacción en mi cuerpo… Solo había tomado una gamba, pero la erupción se extendió por todo mi cuerpo. Me dio fiebre, estaba muy desorientada y con ganas de vomitar. Luego me entró el frío”.

El diagnóstico

Después de aquel incidente “aterrador”, la llevaron a una clínica especializada y se le diagnosticó con anafilaxia, una reacción grave y potencialmente mortal a ciertos alimentos. En sus caso mariscos, nueces y apio.

También se le diagnosticó con el síndrome de alergia oral, que causa picazón, hinchazón y malestar en boca y garganta después de comer frutas o verduras crudas.

Según los expertos, este tipo de alergias han aumentado significativamente entre la población en los últimos 20 años para convertirse en la forma más frecuente de alergia alimentaria en Occidente.

Prawns in sauce

Getty Images
El desencadenante para esta mujer de 46 años fue una gamba.

Sus reacciones alérgicas han ido a más a medida que han pasado los años. Recuerda que una vez “rompió a llorar” en el centro de la ciudad porque no había “nada” que ella pudiera comer.

“Sólo recuerdo haber mirado todos los sándwiches y todos tenían gluten. Y los que no tenían mantequilla y queso, quién sabe qué tenían. No podía ni comer una manzana. Simplemente me quedé pensando: ‘Estoy tan hambrienta'”.

“Estaba llorando por todos los alimentos que no podía comer y creo que ese es el problema. Lo que tienes que hacer es centrarte en los alimentos que sí puedes tomar“.

Desde entonces, ha aprendido a tener una actitud distinta sobre su dieta y ya no siente que se está perdiendo algo.

Pero, ¿por qué empezamos a ser alérgicos?

Respuesta a un “ataque”

El profesor Hasan Arshad, presidente de Alergia e Inmunología clínica de la Universidad de Southampton, Inglaterra, y médico consultor, dice que se sabe que a veces los pacientes desarrollan alergias después de un “acontecimiento” en su vida.

El profesor Hasan Arshad

Prof Hasan Arshad
El profesor Hasan Arshad dice que cada vez hay más personas alérgicas en las sociedades modernas.

“Ese evento podría ser, por ejemplo, una gastroenteritis, una infección que pueda forzar al sistema inmunológico a reaccionar. Puede ser también consecuencia de un cambio hormonal o por estrés físico”, explica.

“Existe cierta constancia a nivel experimental de que una vez el sistema inmunológico recibe algún tipo de ‘ataque’, esto afecta a la tolerancia que nuestro cuerpo tiene a ciertos alimentos”.

Mujer con erupción en la piel en el espejo.

Getty Images
Muchas reacciones alérgicas se exteriorizan directamente mediante una erupción dérmica.

El doctor añade que la cantidad de personas diagnosticadas con alergias en los países occidentales está creciendo y se piensa que se debe a los entornos “ultralimpios” en los que vivimos, muy diferentes a los de anteriores generaciones.

Arshad, también es director del Centro de Investigación de Asma y Alergias David Hide, en la Isla de Wight (Inglaterra), asegura que las alergias pueden tener un efecto profundo en la salud mental de los pacientes.

“Muchas personas cuentan que tienen miedo a salir de casa, algo que también les ocurre a los niños. Viven constantemente con el temor de que puedan tener una reacción alérgica… Esto puede resultar devastador”.

Inyector de adrenalina.

Getty Images
La gente que sufre de alergias severas suele llevar inyecciones de adrenalinas en caso de emergencia.

La “lista”

“La gente me pregunta qué como”, dice Schmid. “Pero la verdad es que yo como mucho”.

Eso sí, sus alergias la obligan a llevar una metodología.

“Tienes que cocinar todos desde cero prácticamente. No te puedes fiar de las latas y las salsas de paquete o cosas por el estilo porque pueden contener cosas que no puedo ingerir”.

“En casa hacemos un montón de pastas de curry y pastas tailandesas. También elaboramos nuestras propias salsas, y cocinamos muchas verduras al vapor. Puedo tomar pasta sin gluten, muchos platos con arroz, carnes, huevos. También hay una variedad increíble de quesos veganos y hago mi propios pasteles “, enumera orgullosa.

“El lado malo, en mi opinión, es que no puedes ser espontáneo y pensar ‘hoy salgo y como algo por ahí'”.

“Tengo que planificarlo todo muy bien si decido salir a cenar. Tengo que contactar al restaurante o a la cafetería a la que quiero ir y asegurarme de que podrán atender a mis requerimientos”.

“Mi lista es extraordinariamente larga”, reconoce.

Bocadillo.

BBC
Hay comidas tan simples y del día a día como los sánwiches y los bocadillos a las que Schmidt tiene que renunciar por sus intolerancias.

Cuando va a fiestas dice que suele comer antes de llegar y que después allí toma una bebida. Si se trata de una cena, tiene que hablar con los anfitriones y explicar de forma muy exhaustiva qué alimentos deben quedar fuera del menú.

Asegura que tanto su familia como sus amigos son muy comprensivos, y que su esposo y sus hijos comen en casa lo mismo que ella.

Su hija y su hijo, de 9 y 12 años respectivamente, han recibido capacitación para saber cómo utilizar su inyección de Epipen en caso de una emergencia.

“Mis hijos se preocupan bastante”, dice ella.


Debes saber…

  • Una alergia es una reacción producida por el sistema inmunológico cuando se expone a una sustancia por lo general inocua.
  • Existen principalmente dos tipos de medicamentos que pueden usarse: antihistamínicos y adrenalina, en los casos severos.
  • La adrenalina actúa estrechando los vasos sanguíneos para contrarrestar los efectos de una presión arterial baja y abriendo las vías respiratorias para ayudar al flujo de aire.
  • El síndrome de alergia oral se produce cuando los anticuerpos alérgicos confunden ciertas proteínas con frutas frescas, nueces o vegetales con polen. Es posible desactivar los alérgenos cocinando bien cualquier fruta y verdura.

Fuente:NHS, servicio público de salud británico.


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Marcela Balderas llegó la mañana del 6 de mayo de 2011 al anfiteatro de Torreón. Desesperada y angustiada preguntó si ahí estaba su hijo Cosme Humberto Alarcón Balderas de 16 años, quien no había regresado a casa la noche anterior después de terminar su trabajo como empacador en City Club.

-Tiene 16 años. Llevaba camisa de manga larga blanca con letras rojas enfrente. Traía pantalón de mezclilla negrito y tenis blancos –describió la mamá con voz temblorosa.

-¿16 años? – preguntó el funcionario del lugar.

-Sí, 16 años –recalcó la madre y sintió como un galope en el pecho.

-No hay con esas características –respondió y le dejó ver solo los cuerpos que consideró se asemejaban a la descripción. 

Leer más: En México hay más de 73 mil desaparecidos y más de 3 mil fosas clandestinas

Marcela Balderas no lo halló entre aquellos cuerpos balaceados y tatuados. Aquel año, en Torreón morían violentamente entre dos y tres personas cada 24 horas debido a la lucha por la plaza entre Los Zetas y el Cártel de Sinaloa. 

Cuatro días visitó el Servicio Médico Forense (Semefo) con el dolor punzándole el pecho.” Ya no entre, jefecita”, le decían a la entrada los trabajadores. “Mire, mamita, ya no entre, se va a enfermar”, repetían. Ella quería encontrar a su hijo, como fuera pero encontrarlo.

-¿Aquellos cuerpos? –preguntaba Balderas con la fotografía de su hijo en mano.

-Son de más edad. Esos tienen tatuajes –era la repetida respuesta.

Marcela Balderas se retiraba de la morgue con la esperanza de que, si su hijo no estaba entre aquellos cuerpos no identificados, en algún momento regresaría a casa.  

Un día ya no la dejaron entrar a revisar. Y no volvió a pisar el Semefo.

Ilustración sobre crisis en sistema forense

Las morgues de México están rebasadas. Reciben más cadáveres de los que pueden guardar. Y muchos más de los que pueden identificar. Ninguna autoridad ha aclarado cuántos cuerpos son.

Cosme Humberto Alarcón Balderas

El 5 de mayo de 2011 a las 3 de la tarde, Cosme Humberto Alarcón Balderas salió de su casa como todos los días. “Ya me voy. Te quiero mucho, mamasota”, le dijo a su madre después de embarrarla de besos. “Dios te bendiga y te acompañe”, respondió. Cosme caminaba hasta el City Club donde trabajaba como cerillito, cerca de la carretera Torreón-Matamoros.

A las 7:10 de la tarde Cosme se comunicó con su mamá: “Acuérdate que no te voy a dar nada hoy. Me voy a comprar unos calcetines y una camisa”, recordó sobre el dinero que ganaba.

Los hijos menores de Marcela, Leonardo y María Luisa, también trabajaban como empacadores en dos Sorianas diferentes. Habían acordado de verse en Soriana Oriente para regresar juntos a casa.

A las 7:50 de la noche las llamadas al celular de Cosme entraban a buzón.

Su hijo no llegó al punto de reunión. La madre comenzó a desesperarse. El celular, como un eco que zumbaba la cabeza, seguía mandando a buzón.

“A lo mejor se fue a la casa a ver la lucha libre americana”, pensó porque su hijo era aficionado. Pero en el camino recordó que ese día no transmitían la lucha. Era jueves. Se apuró para llegar a la casa.

No lo halló.

Pasó al City Club y un vigilante le contó que lo vio irse como a las 7:45 de la noche. “Andaba recogiendo carritos y se nos perdió de vista”, informó el guardia.

Marcela Balderas, madre de Cosme Humberto Alarcón Balderas

El 5 de mayo de 2011 desapareció Cosme Humberto Alarcón Balderas. Su madre, Marcela Balderas, acudió varios días a buscar el cuerpo en el Semefo de Torreón.

Marcela Balderas habló a la policía pero le explicaron que debía dejar pasar 72 horas para reportarlo como desaparecido. “Vaya primero a hospitales y al Semefo”, recomendaron. El viernes 6 de mayo, muy tempranito, ella comenzó a peregrinar por hospitales, por la cárcel municipal y el anfiteatro de la ciudad, ubicado entonces en el sótano del Hospital Universitario, un bodegón donde en la época más violenta de la ciudad hacinaban los cuerpos como bultos de papa. 

Fue al ejido Hormiguero porque allí vivía la novia. Fue a buscarlo a un templo cristiano donde su hijo solía reunirse con amigos. No encontró ni una señal. 

Ese viernes visitó la entonces Procuraduría de Justicia estatal que encabezaba Jesús Torres Charles, quien 5 años después sería acusado por testigos en Estados Unidos de proteger a Los Zetas. La agente del Ministerio Público le echó en cara que seguramente su hijo andaba de vago. “Mi hijo no es así”, respondió la madre, segura y de frente.

La pasaron con otra licenciada de la que ella no recuerda el cargo.

-¿Qué ropa traía? –le preguntó la funcionaria con las palabras de concreto desde su escritorio.

-Una camisa de manga larga blanca con letras rojas enfrente. Sin cuello. Traía pantalón de mezclilla negrito y tenis blancos.

La licenciada se comunicó por teléfono al Semefo.

-¿Tienes un cuerpo con estas señas: camisa blanca, pantalón negro, 16 años. Tenis blancos? –preguntó frente a ella. Un hormigueo le recorrió el pecho.

-No, aquí hay uno pero tiene tenis negros –alcanzó a escuchar que una mujer informó.

-Ah, no es –decretó la licenciada sin más pruebas. Colgó y soltó: “No se desespere, allí anda, esos muchachitos allí andan de vagos”, repitió sin empacho.

Y Marcela Balderas se retiró con la desesperación cargada como losa en los hombros, pero con la esperanza de que su hijo regresaría a casa.

Lee el texto completo publicado por Quinto Elemento Lab

 

Este reportaje es parte de la serie #CrisisForense de Quinto Elemento Lab, que revela el colapso del sistema forense en México y las consecuencias para miles de familias que buscan a sus seres queridos y para los miles de cuerpos que siguen sin identidad. Próximos lanzamientos cada semana de septiembre y octubre. 

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