Pasaron 12 años en prisión siendo inocentes: así ha sido la vuelta a casa de defensores del agua en Edomex
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Pasaron 12 años en prisión siendo inocentes: así ha sido la vuelta a casa de defensores del agua en Edomex

“Cuando te meten así a prisión, siendo inocente, la familia también lo padece mucho. No solo yo viví la cárcel, mis familiares la vivieron mucho más que yo", relata uno de los defensores del agua que estuvo preso.
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15 de marzo, 2019
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Dominga González, Lorenzo Sánchez y Marco Antonio Pérez están aprendiendo a usar el celular. Por ahora no tienen uno. Ese objeto que no era parte de la vida cuando ellos entraron en prisión les es todavía ajeno, propio de otros, de los que se quedaron libres.

Muchas personas de su alrededor también les son extrañas: vecinos con años demás a quienes no reconocen; sobrinos y nietos nuevos en la familia, a quienes apenas están conociendo. Sus propios hijos les son extraños, no los han visto crecer.

Cuando se regresa a casa después de 12 años de estar preso en Almoloya de Juárez cada despertar es raro. A todo hay que volver a adaptarse. “Muchas mañanas abro los ojos y me quedo pensando dónde estoy. Si solo soñé que estoy de nuevo en casa o es cierto que ya estoy aquí”, dice Lorenzo Sánchez.

A los tres los detuvieron en 2007. Estuvieron huyendo durante tres años, después de que, en 2003, los acusaron del asesinato de un empresario floricultor del municipio vecino al suyo. Los tres estaban dando la batalla porque no le quitaran a su pueblo, San Pedro Tlanixco, en Tenango Del Valle, Estado de México, el derecho de usar el agua del río Texcaltenco.

Para la comunidad de Tlanixco ese río era suyo. Habían crecido alrededor de él y usaban su agua para las actividades cotidianas; hasta 1989 cuando el gobierno mexicano la concesionó a los floricultores de Villa Guerrero, el municipio líder en todo el país en cultivo y exportación de flores.

Los de Tlanixco se quedaron solo con la opción de usar el agua de un pozo artesanal. Y en 2002 iniciaron la resistencia, bajo la guía de líderes visibles de la comunidad. Uno de ellos era Dominga, quien había interpuesto varios amparos contra las concesiones otorgadas a Villa Guerrero, a través de la Conagua.

Lorenzo es hermano y era el principal apoyo de otro de los líderes de la resistencia, Pedro Sánchez, todavía preso en Almoloya de Juárez, y quien en ese entonces acababa de terminar sus funciones en el Comité de Agua de Tlanixco. Marco, es primo hermano y era también el apoyo principal de Teófilo Pérez, uno más de los líderes que todavía están encarcelados. Ambos son, a su vez, sobrinos de Dominga.

Antes de prisión

En 2003, en plena resistencia, Dominga trabajaba limpiando casas. El que era su esposo se fue a buscar empleo a Estados Unidos y cortó toda comunicación con ella. Cuando se fue sus dos hijas mayores ya estaban casadas y vivían a parte. Pero Dominga tenía que sostener a los menores, Fredy de 17, Raquel de 15 y José Francisco de 5 años. Los tres estaban estudiando. Su madre quería que todos fueran a la universidad. Pero los tres tuvieron que dejar la escuela cuando ella tuvo que huir para no entrar a prisión.

De Marco dependían siete personas. Su esposa, su hijo de dos años y medio, su hermana, sus padres y dos sobrinos. Él era obrero de la construcción. Tenía 27 años cuando lo detuvieron. Estaba empezando la vida con su familia propia y apoyando a la extendida. Haciendo planes junto con sus hermanos para construir cada quien su casa, y planeando el futuro de su hijo.

“Cuando te meten así a prisión, siendo inocente, la familia también lo padece mucho. No solo yo viví la cárcel, mis familiares la vivieron mucho más que yo. Mi esposa se dedicaba al hogar y a cuidar a mi hijo antes de que me encarcelaran, después de eso tuvo que entrar a trabajar, descuidó al niño. Mis hermanos ya ni levantaron sus casas. Se nos fue todo en abogados y en recursos para sacarme”.

Lorenzo tenia un pequeño negocio de materiales para la construcción antes de huir. Tenía 42 años y un hijo de 13, que estaba estudiando. Su esposa le ayudaba en el negocio y cuidaba al adolescente. “Era mi mejor momento. El negocito iba bien. Yo sentía que iba para arriba, estaba en mi auge. Todo se truncó. Mi esposa se dividió entre el negocio y la lucha por sacarme. A mi hijo lo descuidamos y hoy estoy en cero”.

El primero de abril de 2003, seis empresarios floricultores del municipio de Villa Guerrero llegaron a Tlanixco. Querían averiguar por qué el agua del río Texcaltenco estaba llegando con espuma. La comunidad lo consideró una provocación. Decidieron llevar a los intrusos ante sus autoridades tradicionales, con el delegado del pueblo. Pero para llegar con él había que bajar una pendiente que da a un desfiladero de 300 metros.

Unas 150 personas, con los seis de Villa Guerrero incluidos, descendieron por una ladera donde solo se puede caminar de uno a la vez. Casi hasta atrás venía el empresario español Alejandro Isaak Basso. Él no llegó con el delegado del pueblo. Cuando sus cinco compañeros lo buscaron entre la gente, lo hallaron muerto en el fondo del barranco. Los de Tlanixco alegaron siempre que seguro el hombre resbaló. Los de Villa Guerrero y las autoridades aprovecharon para culpar a los lideres de la resistencia y encarcelarlos.

Así lo denunciaron instancias internacionales. Después de revisar el caso, la ONU-DH consideró que la justicia mexicana no había observado el derecho al debido proceso, y que la secuencia de violaciones durante la investigación, como basarse en testigos que no estuvieron en el lugar de los hechos y no considerar la condición de indígenas de los acusados, podía entenderse como una criminalización a los defensores del agua de San Pedro Tlanixco.

Vivir en Almoloya

Durante los primeros años de Dominga en la cárcel su familia tenía que pagarle protección. Su compañera de celda era muy agresiva, la hostigaba, hasta que un día la golpeó. Ni así la movieron a otra. Sus familiares empezaron a darle dinero cada semana a una de las internas para que la defendiera, hasta que trasladaron a su violenta compañera a otro penal.

Dominga nunca supo moverse en ese ambiente. “Había muchas personas muy agresivas. Muchas peleas. Yo siempre trataba de aislarme. Pasaba mucho tiempo en mi celda. Tomaba un gancho y me ponía a tejer. Si salía al patio, trataba de mantenerme al margen de las conversaciones, porque luego platicaba algo y les molestaba. Nunca estaba en su tono”.

Algo muy similar vivían Lorenzo y Marco. “Es muy feo estar ahí adentro, conviviendo con delincuentes. Uno nunca ha cometido un delito y lo juntan con secuestradores, violadores, homicidas. Hasta las platicas que tienen son muy duras: hablaban de cómo hacían un secuestro. A escuchar esas cosas uno no se acostumbra, da mucho rabia oírlos y estar ahí con ellos, yo decía: estos son crimínales, yo no”, cuenta Marco.

Diversas organizaciones de derechos humanos han estado denunciando que el Estado mexicano usa como estrategia criminalizar a defensores para evitar que sigan en el activismo y desalentar las resistencias que encabezan.

En su Informe anual sobre la situación de personas defensoras de los derechos humanos ambientales en México, 2017, el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) denunció el incremento de las agresiones a estos representantes por parte del Estado mexicano. La organización reportó que de 2010 a 2017 se han registrado 391 casos de agresiones. En el periodo de julio de 2016 a diciembre de 2017 se produjeron 88 ataques, 16 por ciento de esos corresponden a criminalización.

Volver a casa

Dominga quiere volver a trabajar, aunque sea limpiando casas. Hoy tiene 60 años y el hijo que dejó de 5 para huir cumplió ya 20. “Quiero darme tiempo para estar con él. Para darle todo el amor que no le di mientras creció. Ahorita lo estoy animando para que entre a la universidad. Mi hermano le dio hasta prepa y ahora yo quiero que vuelva a la escuela”.

Ella solo está esperando un tiempo para volver a trabajar, “para que él tenga su carrera. Los otros dos que dejé adolescentes ya se casaron. Ya no les pude dar estudios. Trataré con José Francisco. Solo me estoy dando unos días para recuperarme, ahora todavía me estoy adaptando, hay veces que todavía escucho el portón de la cárcel cuando se cerraba”.

Lorenzo dice que su plan es ponerse a trabajar junto con su hijo para levantar el negocio de material de construcción. “Pero no sé qué me pasa. Antes de ir a la cárcel todo se me hacía fácil, como que lo podía todo. Ahora me siento cansado, como perdido. Quiero hacer lo que hacía antes y siento cansancio moral y físico. Pero tengo ánimo de que me iré adaptando de a poco y podré ayudar a mi hijo”.

Marco también quiere volver al trabajo, aunque tiene un dolor en la cintura que le empezó en la prisión y no lo deja. Su mayor plan es acercarse más a su hijo, que hoy tiene ya 16 años. “No lo vi crecer. Ahora que estamos conviviendo, nos llevamos más como amigos. Estamos construyendo la relación padre-hijo que no habíamos podido tener”.

Para los tres hay todavía un pendiente enorme. Tres de sus compañeros defensores del agua siguen en Almoloya. “Para fines de la justicia –explica Antonio Lara, director del Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero, quien ha llevado la defensa de los acusados en el último tramo– el grupo de seis se partió en dos. A tres, Teófilo Pérez González, Pedro Sánchez Berriozábal y Rómulo Arias Mireles, los detuvieron desde 2003 y en 2007 les confirmaron sentencia; es decir, para el Estado quedó comprobado que eran culpables”.

A Dominga, Marco y Lorenzo los detuvieron en 2007 y hasta 10 años después, en 2017, les dictaron sentencia, pero ya no la confirmaron. Por eso fue más fácil obtener su libertad cuando el Estado se desistió de la acción penal en contra del grupo de defensores, después de la presión por las denuncias de que el gobierno los había criminalizado.

“Ahora estamos trabajando para que liberen a Pedro, Teófilo y Rómulo, algo que debería suceder en los próximos días”, asegura Lara. 

“No vamos a estar tranquilos, no vamos a poder seguir la vida mientras nuestros compañeros sigan en la cárcel. Ellos son inocentes también. Y el tipo de investigación fue el mismo, con las mismas deficiencias. Los tiene que dejar en libertad”, advierte Dominga.

“Parte de nuestra familia sigue en la cárcel –dice Lorenzo– ellos son nuestra familia. Y es desesperante que estén allá. Para uno que sabe el infierno que es estar un día ahí, es desesperante que no salgan. El gobierno no debería permitir que estas cosas pasen. No se debería criminalizar a quienes buscan defender sus derechos. Hay todavía una deuda grande del Estado para con los defensores que continúan en prisión. No solo nuestros compañeros, muchos otros”.

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COVID-19: qué es el distanciamiento social intermitente y por qué se habla de implementarlo hasta 2022

Con modelos matemáticos y datos de EU, investigadores de Harvard identificaron posibles trayectorias de la pandemia y analizaron varios escenarios.
23 de abril, 2020
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Salir y confinarse… Volver a salir y regresar al aislamiento.

Ese es sólo un escenario hipotético de lo que pudiesen ser los próximos años.

Frente a los grandes desafíos que está planteando la pandemia de coronavirus, expertos de distintas disciplinas evalúan diferentes estrategias para hacerle frente a corto, mediano y largo plazo.

Y es que una de las grandes incógnitas que existen es si el SARS Cov-2 se logrará erradicar como sucedió con la epidemia de SARS de 2002-2003 o si el microorganismo será parte de los tantos virus con los que la población tendrá que lidiar de ahora en adelante.

Dos de los frentes de batalla de la ciencia ante el coronavirus son: hallar los fármacos idóneos para tratar la enfermedad que provoca, covid-19, y la búsqueda de una vacuna.

Mientras eso se consigue, las medidas de distanciamiento social son claves para frenar la propagación del virus y reducir su impacto en los sistemas de salud.

Un modelo teórico de distanciamiento social lo analizó un grupo de investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard.

Los autores exploran en el caso de Estados Unidos, uno de los países más golpeados por el coronavirus, varios escenarios, entre ellos el de establecer periodos de distanciamiento social intermitente que pudieran extenderse hasta 2022.

Vigilancia permanente

Una científica procesa muestras de personas infectadas con coronavirus

Getty Images
Es importante desarrollar terapias efectivas contra el virus señala el estudio publicado en la revista especializada Science.

Stephen M. Kissler, Christine Tedijanto, Edward Goldstein, Yonatan H. Grad y Marc Lipsitch son los autores del estudio que fue publicado en la revista especializada Science.

“Es urgente poder entender el futuro de la transmisión del síndrome respiratorio agudo severo -coronavirus 2 (SARS-CoV-2)”, indican.

Teniendo en cuenta distintos factores (como estación del año, cierta inmunidad) y datos de Estados Unidos, los científicos analizan posibles escenarios de propagación del virus hasta 2025 y hacen varias estimaciones:

“Proyectamos que los brotes recurrentes de SARS-CoV-2 durante el invierno probablemente ocurrirán después de la onda pandémica inicial más grave”, señalan.

Para evitar que una segunda ola o resurgimiento del brote tenga un impacto dramático en los servicios hospitalarios -reflexionan- “el distanciamiento social prolongado o intermitente podría ser necesario” hasta 2022.

Un cartel en el piso lee: "Párate aquí"

Getty Images
Las medidas de confinamiento podrían mantenerse hasta 2024

El robustecimiento de los sistemas de atención médica así como también el desarrollo de terapias efectivas contra el virus, “mejorarían el éxito del distanciamiento intermitente y acelerarían la adquisición de la inmunidad colectiva”.

Así mismo, los autores plantean la necesidad de realizar “”con urgencia estudios serológicos longitudinales para determinar el alcance y la duración de la inmunidad al SARS-CoV-2″.

“Incluso en el caso de una eliminación aparente, la vigilancia del SARS-CoV-2 debe mantenerse ya que un resurgimiento del contagio podría ser posible hasta 2024”.

¿En qué consiste?

Uno de los planteamientos claves de los autores es qué pasará cuando las cuarentenas o medidas de distanciamiento social se empiecen a levantar.

Un edificio de apartamentos con personas en cuarentena asomadas al balcón

Getty Images
¿Qué pasará cuando las cuarentenas o medidas de distanciamiento social se empiecen a levantar?

“Cuando el distanciamiento social se relaje y al aumentar la transmisibilidad del virus en otoño, puede producirse un intenso brote invernal, que se superponga a la temporada de gripe y supere la capacidad de atención de los hospitales”, explican.

Para el doctor Fernando Rodríguez, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), es importante tener en cuenta que el planteamiento de los investigadores de la Universidad de Harvard es un ejercicio de “modelización teórica, (…) no hay evidencia directa”.

Hacen un análisis, no una propuesta. De hecho, ellos mismos hacen énfasis en que no respaldan una medida o política en particular, sino que su objetivo es identificar posibles trayectorias de la pandemia.

“(Lo que plantean) es que la forma más práctica de controlar la epidemia, de hacerlo lo antes posible, con los menores costes para la sociedad y, sobre todo, protegiendo los sistemas sanitarios, es confinarnos durante un tiempo, abrir la mano para que aumenten las infecciones y eso permitiría que las personas fueran poco a poco desarrollando la inmunidad del rebaño y cuando los contagios fueran muy altos, volvernos a confinar y así sucesivamente”, señala Rodríguez en diálogo con BBC Mundo.

De acuerdo con el académico, el argumento que los científicos utilizan es que ese método permitiría que la gente llevase una vida relativamente normal y que la actividad económica se reanudase, al tiempo que se generaría la inmunidad colectiva, también llamada inmunidad de rebaño.

Inmunidad del rebaño

Ese concepto hace referencia a cuando un número suficiente de individuos de una población adquiere inmunidad contra una infección y, al desarrollarla, detiene eficazmente su propagación.

Personas en la calle, algunas con mascarillas, durante el brote de coronavirus en Londres, antes de la orden de confinamiento

Getty Images
La teoría es que un considerable número de personas se infecten y desarrollen inmunidad.

Y con esa lógica y en el contexto actual, la inmunidad no se daría a través de una vacuna sino de tener la enfermedad: más gente se infecta, más gente se recupera y se vuelve inmune. Eso ayudaría a crear una resistencia y los brotes irían disminuyendo. Eso dicen quienes apoyan esta teoría.

“Poco a poco nos iríamos contagiando y con 60%, 70% de la población infectada, recobraríamos rápidamente la normalidad”, explica el profesor de la institución española.

El confinamiento como el que se está llevando a cabo en muchos países reduce las infecciones y frena nuevas oleadas de casos.

“Los investigadores de Harvard lo que argumentan es que de esa forma tendríamos muy poco contagios pero tendríamos que estar así por mucho tiempo porque la gente al no infectarse, no se inmunizaría”, indica el docente de la UAM.

Un hombre cerca de un automóvil que pide fin del confinamiento

Getty Images
La longitud del confinamiento obligado ha provocado la reacción de la gente en ciertas partes de Estados Unidos.

Uno de los aspectos que contempla la estrategia del distanciamiento social intermitente es que “en el momento en que estuviésemos acercándonos a la saturación de los hospitales, nos volvamos a confinar para evitar llegar a ese punto”.

Ese escenario tiene problemas de factibilidad política, reflexiona Rodríguez.

“Es jugar un poquito con fuego porque en la medida en que el nivel de contagios se eleva, si no actuamos rápidamente confinando a la gente o si el sistema de vigilancia epidemiológica no funciona bien, podemos llegar tarde y provocar que (los centros de salud) se saturen”.

De hecho, en su análisis, los autores hacen hincapié en que en ese escenario se debe aumentar la capacidad del sistema sanitario, especialmente de cuidados intensivos, para que haya un control eficaz de la situación.

Rodríguez así como otros expertos insisten en que el estudio de Harvard es un modelo teórico, basado en simulaciones matemáticas, y que ponerlo en práctica puede llegar a ser muy complicado.

Aunque se elogia no sólo su excelencia, sino como una herramienta para las autoridades.

Aprendiendo

Cartel afuera de una tienda

Getty Images
Es posible que estemos viendo un futuro con confinamientos intermitentes.

La idea de que, tras flexibilizar las medidas de confinamiento por una epidemia, haya la necesidad de dar marcha atrás y volver a una cuarentena estricta no es nueva.

“Lo que es moderno es diseñar el desescalamiento para que hayan confinamientos intermitentes (en el futuro)”.

Debido a que el coronavirus y todas las secuelas que ha provocado es un fenómenos nuevo, “estamos haciendo experimentos naturales, estamos evaluando, sólo cuando implementamos las medidas nos damos cuenta de cuán eficaces son”.

“Sabemos que el confinamiento es eficaz, pero en ningún país se ha sabido cuántas semanas de confinamiento son necesarias para que prácticamente no hayan infecciones. Eso lo vamos aprendiendo en cada lugar”.

Y es que hay muchas incertidumbres aún de cara al coronavirus.

Pensando en el salto

De acuerdo con la doctora Rebeca Cordero, profesora de Sociología de la Universidad Europea, los escenarios que plantean que los individuos deben estar confinados durante ciertos periodos de tiempo y que puedan salir a hacer determinadas actividades en otros momentos, también tratan de responder a una necesidad de explorar formas de transición.

Hombre leyendo el periódico en una estación de trenes

Getty Images
Las personas podrían estar confinadas en ciertos períodos y salir en otros.

“No se supone que se pueda llegar a producir un salto definitivo del confinamiento al modelo de vida que teníamos anteriormente”, le indica a BBC Mundo.

Parte del equilibrio que tienen muchas personas que están encerradas reposa en sus expectativas de que eventualmente volverán a salir y “tendrán una vida plena como antes”, dice.

“Pero cuando nos dejen salir (inicialmente a los grupos sin riesgos), vamos a encontrarnos con una sociedad con gran distanciamiento social”, regida por la higiene sanitaria.

“En España se usa el término de ‘desescalada’, de ir poco a poco. Así se está haciendo en países de Europa y, en su momento, se implementó en China”.

La experta explica que se trata de ir abriendo la sociedad poco a poco a un hábitat social diferente al que teníamos.

“El distanciamiento social como una política que consiste fundamentalmente en que los individuos mantengan las distancias en público y dentro de los espacios de relación social, se va a tener que llevar a cabo una vez que se produzca la ‘desescalada’”, señala Cordero.

Y es que la mirada siempre va a estar puesta en la evolución de la pandemia.

Por ejemplo, si hay evidencia científica de que en verano el virus se pudiese desactivar un poco en España, reflexiona la socióloga, quizás se les pudiese permitir a miembros de los grupos de riesgo salir.

Pero en otoño, quizás deberán volver a la fase de confinamiento.

Y esos ciclos de confinamiento seguirán dependiendo de los avances que se consigan en tratamientos y vacunas.

En lo que parecen coincidir los expertos como los investigadores de Harvard, Rodríguez y Cordero es que es muy poco probable que pronto volvamos a la vida que llevábamos antes del surgimiento del SAR Cov-2.

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