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Cuartoscuro

Militares y presuntos huachicoleros se han enfrentado al menos 46 veces desde 2012

El año con más agresiones, según información de la Sedena, fue 2016, con 11 casos; el estado con más ataques ha sido Tamaulipas.
Cuartoscuro
19 de marzo, 2019
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Los enfrentamientos entre presuntos ladrones de combustible, llamados huachicoleros, y el Ejército han sido una constante en los últimos años, sobre todo desde 2015, antes del plan de combate al robo de hidrocaburos emprendido por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

En el sexenio de Peña Nieto hubo 2 mil detenidos por huachicol, apenas el 11% fue sentenciado

La Secretaría de la Defensa (Sedena) reconoce 46 enfrentamientos, entre 2012 y principios de 2019, a los que pueden sumarse al menos otros 4 reportados por la prensa en los últimos dos meses.

El pasado 12 de marzo por la noche, ocho militares fueron retenidos por pobladores del municipio de Tetepango, Hidalgo, después de un presunto enfrentamiento en el que murió un joven de 22 años, informó el diario Criterio.

Los primeros reportes de la policía municipal señalaron que los militares fueron agredidos por presuntos huachicoleros, aunque los habitantes del lugar aseguraron que el joven muerto era un campesino que estaba regando la tierra y por eso retuvieron durante horas a los soldados.

En respuesta a dos solicitudes de información hechas en 2017 y 2019 sobre enfrentamientos y riñas entre militares y delincuentes vinculados a robo de combustibles, la Sedena enumeró un total de 46 “agresiones al personal militar” en las que murieron ocho elementos y 25 fueron heridos.

Desde el principio del actual gobierno, la dependencia reconoce cuatro hechos, sin muertos ni heridos, dos de ellos en Hidalgo —que encabeza la lista de estados con tomas clandestinas y donde ocurrió la explosión que causó más de 130 muertos—; el 23 de diciembre en Irapuato, Guanajuato; el 28 de diciembre en Tula, Hidalgo; el 7 de enero en Cuautepec de Hinojosa, Hidalgo; y el 10 de enero en Matamoros, Tamaulipas.

A esos puede sumarse el del pasado 12 de marzo; el del 25 de enero en Otumba, Estado de México, donde tres militares fueron heridos, y del 13 de enero en Tula, Hidalgo, donde tras un enfrentamiento en la comunidad de Santa Ana, los pobladores retuvieron a tres militares y amenazaron con prenderles fuego.

Tampoco está reconocido en el reporte entregado por la dependencia el ataque con piedras y tubos por pobladores de Tepeaca, Puebla, a un convoy que pretendía recuperar una pipa robada, el 13 de diciembre. Con estos, sumarían ocho enfrentamientos desde el inicio de este sexenio.

El año con más agresiones, según la información proporcionada por la Sedena vía transparencia, fue 2016, con 11 casos, seguido de 2015 y 2017, cuando se han registraron 10 enfrentamientos.

Cuatro de los ataques de 2016 ocurrieron en un mismo municipio: Palmar de Bravo, Puebla. Ese estado encabezó la lista con más enfrentamientos durante ese año, seis en total, y en 2017, con otros seis, entre los municipios de Palmar, Tecamachalco y Quecholac.

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Pero el estado con más ataques ha sido Tamaulipas. En 2012 tuvo uno en Río Bravo; en 2014, dos, en el mismo municipio; en 2015 registró cinco y encabezó la lista de ese año, con dos en Matamoros, uno en Altamira, Reynosa y Nuevo Laredo. Para 2016 los militares tuvieron dos enfrentamientos, en Matamoros y González; en 2017 otros dos, en Matamoros y Reynosa; en 2018 dos, en Miguel Alemán y Cuauhtémoc, y en 2019 va uno, en Matamoros. 15 ataques en los últimos años.

Otro estado que ha tenido riñas con cierta constancia entre militares y huachicoleros es Guanajuato: en 2012 hubo uno en la capital del estado; en 2014 en Silao, en 2016 en Irapuato y León, y en 2018 otro en Irapuato.

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Las cifras muestran que en 2012, el año en que fue electo Enrique Peña Nieto, solo hubo dos ataques, y en 2013, el primero de su gobierno hubo otros dos, mientras que para 2014 se duplicaron a cuatro en total. En 2018, ocurrieron dos todavía bajo su mandato, a los que se suman dos de diciembre, en plena crisis de combustibles por el plan de combate al huachicoleo de López Obrador.

De acuerdo con el entonces titular de Petróleos Mexicanos (Pemex), Carlos Alberto Treviño, las tomas clandestinas de combustible aumentaron 262 % durante el sexenio pasado, lo que también incrementó los operativos y enfrentamientos del Ejército para combatir este delito.

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Reuters

Paro nacional en Colombia: 3 factores inéditos que hicieron del 21 de noviembre un día histórico

La huelga del jueves puede ser recordada como el día demostró que Colombia, para bien o para mal, ya no es el país de antes. Pese a los disturbios y destrozos usuales, el paro nacional mostró facetas inéditas en un país sin tradición de protesta.
Reuters
23 de noviembre, 2019
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En un país sin tradición de protesta como Colombia, el paro nacional del 21 de noviembre de 2019 fue histórico.

La huelga estuvo originalmente convocada por las centrales obreras, pero se convirtió en una protesta en contra de las reformas pensional, laboral y educativa y a favor del acuerdo de paz firmado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

En suma, la población se movilizó en contra del poder establecido, hoy materializado en el presidente, Iván Duque, un aliado del expresidente Álvaro Uribe que en un intento de ser moderado ha generado rechazo entre la izquierda y la derecha.

A medida que las manifestaciones en Ecuador, Chile y Bolivia aumentaron, dejaron decenas de muertos y generaron cambios políticos importantes, la expectativa ante el paro en Colombia se tomó la agenda nacional durante días.

El gobierno militarizó partes del país, acuarteló el ejército, cerró las fronteras y otorgó facultades extraordinarias a gobiernos locales para “mantener el orden”; se produjeron allanamientos; el partido de gobierno, el derechista Centro Democrático, alertó de la supuesta injerencia de gobiernos chavistas.

Y, como suele pasar en jornadas de protesta en América Latina y el mundo, en el paro hubo —según reportaron medios locales— disturbios, saqueos, daños a la infraestructura pública y abusos de fuerza por parte de las autoridades.

Dicho eso, es probable que la historia recuerde al paro nacional del 21 de noviembre en Colombia como el día en que los colombianos, una población traumatizada por un conflicto armado de 60 años, mostraron su disposición a salir a la calle. Pese a la lluvia. Pese a la represión.

Este paro tuvo una magnitud que ninguna protesta tuvo en 60 años“, le dice a BBC Mundo el reconocido historiador y columnista Jorge Orlando Melo.

“La protesta en Colombia siempre fue localizada, y siempre recibió una respuesta negativa del Estado, que la convertía en peligro”.

“Pero esta salida (al paro) de tanta gente no organizada en todo el país, que buscan una política social más clara y un cumplimento genuino del proceso de paz, puede ser la oportunidad de una alternativa no tradicional sin antecedentes en el país”, concluye Melo.

Tres cosas inéditas demuestran el carácter histórico de la jornada.

Protesta en Colombia

AFP
Cuando parecía que las protestas habían terminado tras la represión policial, miles de colombianos volvieron a salir para reiterar su grito de protestas contra, entre otras cosas, el neoliberalismo.

1. El paro en sí mismo

Colombia no ha tenido la tradición de protesta de países como Chile, Argentina o México por varias razones, pero se destacan la baja tasa de representatividad sindical, de menos del 5%, y la vigencia de un conflicto armado que distorsionó el escenario político clásico de izquierdas y derechas y laceró la viabilidad política de la izquierda democrática, que nunca ha llegado al poder en el país.

El último gran paro nacional se produjo en 1977. Convocado por los sindicatos, el paro fue asumido por profesores, trabajadores y estudiantes y puso contras las cuerdas al gobierno del liberal Alfonso López Michelsen, que enfrenaba una dura crisis económica y una disputa con los militares.

Durante los últimos años, por supuesto, han habido huelgas importantes, como el paro de corteros e indígenas contra el gobierno de Uribe en 2008 y el paro agrario contra Juan Manuel Santos en 2013.

También hubo grandes manifestaciones, como la marcha contras las FARC en 2008 y la que pedía la implementación del acuerdo de paz un día después de que fuera rechazado en un plebiscito en 2016.

Pero al menos desde 1977, y guardando las diferencias de carácter histórico, Colombia no había vivido una jornada de huelga cívica como la del 21 de noviembre.

Prácticamente todos los gremios acataron el paro; en cada rincón del país hubo protestas; la mayoría de quienes no protestaron vivieron una suerte de día feriado; el país estuvo paralizado por un día.

Solo el comercio, por ejemplo, se vio paralizado en un 50%, según la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), lo que equivale a pérdidas de US$60 millones.

En un país históricamente institucionalista, el shock político, económico y cultural que significó el paro del 21 es inédito.

Protesta en Colombia

EPA
Marchas masivas ha habido antes en Colombia, pero esta es la primera vez que un paro es acatado por prácticamente todos los sectores de la economía.

2. El cacerolazo

Al final de la tarde del jueves, cuando las marchas parecían ya haberse apaciguado tras la dispersión policial, miles de colombianos volvieron a las calles.

De noche, muchos en piyama, con el ambiente festivo y musical que marcó el inicio de la jornada, muchos salieron a la calle a reanudar su grito de protesta.

Y con un detalle que es usual en Venezuela, Argentina o Chile, pero que en Colombia no se había visto —o escuchado— en historia reciente: la cacerola.

Desde la calle o desde sus casas, en Bogotá y en otras ciudades del país, un inédito cacerolazo se tomó al país al cabo del día, justo cuando Duque daba un mensaje televisado de 4 minutos en el que criticó los actos “vandálicos”, apoyó a las fuerzas de seguridad y llamó al “diálogo social”.

El cacerolazo se escuchó en barrios de diferentes sectores socioeconómicos y se espera que se reactive en los próximos días.

Protesta en Colombia

AFP
Aunque en Bogotá se vieron las protestas más grandes, en ciudades como Medellín (foto) protestas se vieron en casi todo el país.

3. Protesta en ciudades uribistas

Si los colombianos, en general, históricamente han preferido gobiernos de centro-derecha o derecha, hay ciudades donde esa afiliación política parecía inamovible.

Y una de esas es Medellín, la segunda ciudad más importante del país, tierra del hoy senador y líder del partido de gobierno, Álvaro Uribe, el político más popular de la historia reciente del país gracias a su política de mano duro contra las guerrillas.

Las imágenes de la masiva marcha del jueves en Medellín terminaron de demostrar que la capital de Antioquia se ha diversificado políticamente.

Hace un mes, en unas elecciones regionales en las que el uribismo fue el gran derrotado a nivel nacional, los paisas eligieron como alcalde a un ingeniero de 39 años que apoya el proceso de paz, no hace parte de las maquinarias políticas y marchó el jueves: Daniel Quintero.

La marcha del jueves dejó claro que Medellín ya no es tierra sagrada del uribismo.

Y no fue la única: ciudades tradicionalmente uribistas como Montería, Neiva y Pereira también vieron sus calles tomaras por el paro nacional.

Otra razón para pensar que Colombia, para bien o para mal, ya no es el mismo país del pasado.


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