Estado Islámico: la pareja de europeos que buscaba la vida perfecta en el grupo yihadista y ahora se lamenta
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Estado Islámico: la pareja de europeos que buscaba la vida perfecta en el grupo yihadista y ahora se lamenta

Shamima Begum se casó con el yihadista holandés Yago Riedijk, y aunque pensaron en tener la vida familiar perfecta, todo se volvió una pesadilla.
BBC
Por Quentin Sommerville (BBC Mundo)
10 de marzo, 2019
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Shamima Begum asegura que se unió al autodenominado Estado Islámico (EI) en su búsqueda de la vida familiar perfecta.

Fue en Raqqa, poco después de su llegada a Siria hace cuatro años, que se casó con el yihadista holandés Yago Riedijk.

Ella tenía 15 años y él 23 en ese momento. Si estuvieran en Reino Unido, el país en el que nació Begun, él sería acusado de violación.

Riedijk se sienta frente a mí en una silla de plástico amarillo, hoy a sus 27 años, en una sala de entrevistas en un centro de detención kurdo. Sus guardias acaban de quitarle las esposas.

Me pide que si veo a Shamima, le diga que la quiere y que tenga “paciencia”.

“Ojalá que pronto estemos juntos otra vez y las cosas salgan bien, ojalá”, suspira, aunque parece improbable que eso suceda pronto.

Durante la siguiente hora, pinta una imagen contradictoria de una vida familiar aislada del exterior, y una vorágine de terror afuera.

Begum

Getty Images
Shamima Begum huyó a los 15 años de su hogar en el este de Londres para unirse a Estado Islámico.

Dice que él mantenía a las dos mitades separadas y que su esposa, a pesar de sus declaraciones públicas en sentido contrario, ignoraba los crímenes del Estado Islámico.

“La mantuve en una concha protectora. No le di ninguna información sobre lo que sucedía afuera. Los problemas que enfrentaba, los peligros”, explica.

“Ella estaba sentada sentada en la casa mientras yo trataba de salir adelante. Alimentándola, alimentándome a mí mismo. Intentando mantenernos fuera de problemas”, continúa.

“Intentando que no fuéramos asesinados por los servicios secretos”, remata.

Sueños de un califato

Cuando conocí a Shamima Begum, dijo que se había unido a Estado Islámico en busca de la vida familiar que se acercara a la perfección.

“Mi familia no me iba a ayudar a casarme en Reino Unido y la forma en que mostraban la vida familiar en Estado Islámico fue muy agradable”, dice.

“La mostraban como la vida familiar perfecta, decían que te cuidarían y cuidarían de tu familia. Y eso era cierto. Al principio me cuidaron a mí y a mi familia, pero las cosas cambiaron después”, explicó.

Mujeres y niños que se unieron a EI

Getty Images
El 12% de los extranjeros que se unieron a EI en Siria e Irak fueron mujeres.

Su sueño de califato se deshizo rápidamente.

Para Riedijk, era un mundo de cadáveres decapitados, encarcelamiento y tortura.

Cuando le pregunté si sabía de los yazidíes, la secta religiosa cuyos miembros EI esclavizó y mató, me dijo: “Me enteré de que un holandés tenía un esclavo”.

“Eso es lo más cerca que haya a un esclavo. Escuché que tenía unos 40 años”, recuerda.

Begum dijo que había visto una cabeza humana en un contenedor; su esposo explicó que estaba en una bolsa encima de una pila de prisioneros muertos de EI que llevaban uniformes militares.

Y asistió a la lapidación de una mujer acusada de “fornicación”.

“En realidad nunca fui testigo de una decapitación”, rectifica.

“De hecho, he sido testigo de una lapidación solo una vez. Y vi cuerpos de personas que fueron ejecutadas, pero no la ejecución en sí”.

Gráfico

BBC
(Cifras x1.000).

“En realidad, ella no fue lapidada hasta morir”, corrige. “Se paró y corrió, y después de eso ellos (sus líderes) le dijeron a los tipos que lanzaban piedras ‘Dejen de lanzarlas'”.

“No está permitido tirar piedras después de que alguien se levanta y huye. Así que dejamos de lanzarle piedras y ella escapó. Después de eso, la dejaron tranquila”.

“Cometí un gran error”

Begum afirmó que su esposo “no era realmente un combatiente”, sino que fue a luchar por EI en Kobane y resultó herido.

Volvió a los combates en Alepo.

Él reflexiona sobre lo vivido: “Cometí un gran error. He tirado años de mi vida. No fue mi vida. Por suerte, no lastimé directamente a otras personas. Pero me uní y apoyé a un grupo así. Es algo que no es aceptable”.

Aseguró que apenas había usado su arma.

Yago Riedijk

BBC
Yago Riedijk nació en Holanda. Los kurdos lo tienen bajo detención en Siria.

Ahora dice que quiere regresar a Holanda con su esposa y su hijo recién nacido.

“Me encantaría volver a mi propio país, y ahora comprendo los privilegios con los que viví. El privilegio de vivir allí como ciudadano”, piensa.

“Y, por supuesto, entiendo que muchas personas tienen un problema con lo que hice y lo entiendo totalmente”, añade.

“Tengo que asumir la responsabilidad por lo que hice, cumplir mi sentencia. Pero espero poder volver a una vida normal y formar una familia”, continúa.

Por ahora, Begum y Riedijk no tienen ni su pasaporte ni el control de su propio destino.

Renunciaron a ambos cuando se unieron a Estado Islámico y es poco probable que vean el regreso de alguno de ellos en el corto plazo.

Begum se encuentra en el campo de internamiento de mujeres, no muy lejos de su esposo encarcelado.

Los funcionarios kurdos dicen que no hay planes para que la pareja se reúna.


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Cuartoscuro Archivo

'Es un alivio', dicen familiares de mineros de Pasta de Conchos sobre acuerdo de rescate de cuerpos

Después de 14 años del accidente al interior de la mina en Nueva Rosita, Coahuila, el gobierno federal se compromete a buscar los restos, hacer un mausoleo e indemnizar a los allegados.
Cuartoscuro Archivo
15 de septiembre, 2020
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“Esto es un alivio, vivimos un tormento esperando 14 años”. Martha Perla Iglesias López tenía 32 años aquel 2 de febrero en el que le llamaron para avisarle que su padre, Guillermo Iglesias, estaba al interior de la mina de Pasta de Conchos cuando esta colapsó. Fue un shock para ella, para sus cuatro hermanos y para toda Nueva Rosita, Coahuila, una tierra minera en la que la mayor parte de la población vive de la extracción. El pozo, propiedad de Grupo México, se vino abajo y 65 personas fueron sepultadas. Solo dos de los cuerpos pudieron ser recuperados. Ahora, Iglesias tiene 46 y acaba de escuchar por primera vez el compromiso de que iniciarán las labores de rescate.

“Mi corazón está contento, son casi 15 años, hoy es un día muy importante para las familias”, aseguró.

“Fue muy impactante de un día para otro no ver a mi papá. A los once meses, mi mamá falleció. Ahora sabemos que podemos recuperar el cuerpo de papá para darle sepultura”, dijo la mujer.

“Son emociones encontradas. Todos estos años teníamos la esperanza de tener este rescate. Ahorita estamos en un punto de que va a empezar, pero falta otro tiempo para lo que viene”, explicó. Es consciente de que lo viene puede ser duro. Porque nadie sabe cómo estarán los restos después de casi tres lustros y con toneladas de tierra y minerales por encima. A pesar de todo, ella mantiene la ilusión de que sus padres puedan ser enterrados juntos.

La noticia de que había voluntad para iniciar el proceso se la dio a las familias el presidente Andrés Manuel López Obrador, durante un encuentro en Palacio Nacional. Ahí les anunció el calendario para recuperar los restos: los trabajos de acondicionamiento comienzan esta semana, pero él se desplazará hasta Coahuila para dar seguimiento el 23 de octubre. Estas labores podrían alargarse hasta cuatro años. Además, se instalará un mausoleo para recordar a las víctimas y se procederá a las indemnizaciones.

Para Iglesias y el resto de familias, con esta promesa termina un ciclo que les ha llevado a manifestarse, a protestar, a participar en cientos de reuniones, todo con el objetivo de que el gobierno se comprometiese a reabrir la mina y buscar los cuerpos de sus allegados.

“La emoción de hoy es cuando te dan claramente el sí. Veníamos con bajas expectativas, no ha sido una lucha fácil”, explicó, desde las oficinas del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez. Junto a ella, Cesáreo Calvillo, Orlando Minjares y Alfonso Julián Martínez, familiares de mineros que se encontraban al interior del pozo durante la tragedia, y Stephanie Brewer, de la organización de derechos humanos.

Previamente, la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, había hecho pública la minuta suscrita entre el gobierno federal y los familiares de los mineros.

Según lo acordado, la Comisión Federal de la Energía iniciaría los trabajos de rescate, que serían costeados en parte por el carbón que se extraiga una vez terminados los trabajos. Se estima que podrían costar 75 millones de dólares. En el predio de la mina en el que tuvo lugar el siniestro se levantará un memorial. Habrá una reparación individual y colectiva.

Según los familiares, López Obrador se comprometió a mejorar las condiciones de vida de la comunidad, con pavimentación y la construcción de una universidad. Los trabajos deberían comenzar en enero de 2021. Previamente, a través de la secretaría de Gobernación, deberá liquidarse la indemnización, que en un encuentro anterior se fijó en 3,7 millones de pesos para cada familia.

Los representantes de las familias afectadas se mostraron muy agradecidas con el presidente López Obrador. “Nos dijo que el rescate se va a hacer. Y esto cambió las expectativas”, dijo Iglesias.

Alfonso Julián Martínez González es otro de los afectados por la tragedia. Tenía 25 años cuando su padre Julián murió sepultado. “Aquel golpe fue algo que no se esperaba nadie. Ese día que pasó la tragedia estábamos esperando para ir a trabajar, haciendo la casa de uno de los hermanos. Mi hija también lo estaba esperando, pero nunca llegó”, explica.

“Se nos avisó, nos enteramos por los medios. Y yo y mis hermanos fuimos para allá. Nadie se espera nada así”, explica. Han pasado 14 años desde aquello, pero para el hombre sigue siendo difícil revivir aquella tragedia.

Para él resulta importante el cambio mostrado por la actual administración en el trato hacia las familias. “Ningún gobierno nos había recibido. Nunca tuvimos respuesta de ellos, siempre era que el rescate no era viable. Con este, quedamos sorprendidos de verdad con la resolución que dio”, dice. Anteriormente, tanto Felipe Calderón como Enrique Peña Nieto les cerraron las puertas, asegura.

“Es una alegría, un descanso. Estamos muy contentos de que se vaya a dar”, explicó el hombre, minero como su padre. Ahí en Nueva Rosita trabajar perforando la tierra es un orgullo que se pasa de padres a hijos. Lo sabe Martínez, que siguió con el oficio a pesar de la tragedia. También sus tres hermanos. Todos siguieron los pasos del padre fallecido en el siniestro.

“No da miedo. Lo que pasa es que la región, como su nombre lo dice, es una región carbonífera. La fuente de empleo casi es minera. Desde que estás chico, quieres ser como tu papá. Es un trabajo riesgoso, pero puede ser bonito”, afirmó.

A pesar de la alegría, las familias mantienen la cautela porque queda todo por hacer. “Esto no termina. Termina hasta que tengamos el rescate. El origen es que nos digan que van a hacer el rescate. Estamos viviendo otro episodio mas”, dijo Iglesias.

Además, queda pendiente la justicia hacia los familiares. Según dijo la mujer, este es un punto al que el presidente también se comprometió. “Al hablar de justicia y de leyes tiene que haber responsabilidades”, dijo.

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