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Semarnat vía AFP
Gobierno federal carece de estrategia para apoyar a pescadores y conservar a la vaquita marina
Apenas este 13 de marzo, el equipo de la organización Sea Shepherd México, quien mantiene acciones de conservación en esta zona del Alto Golfo de California, encontró el cuerpo de una vaquita marina sin cabeza y en avanzado estado de descomposición.
Semarnat vía AFP
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El gobierno federal no ha definido una estrategia para atender la situación en el Alto Golfo de California, en donde prolifera la pesca ilegal, muere la vaquita marina víctima de esa actividad y se han suspendido los apoyos a los pescadores regulares que tienen prohibido salir al mar.  

Tras la cancelación de los apoyos a pescadores del Alto Golfo de California, Diego Ruiz Sabio, director operativo del Museo de la Ballena y Ciencias del Mar —que también realiza acciones de conservación—, consideró que las compensaciones sociales a pescadores no resolvían el problema de fondo, pero la cancelación de éste debe de ir acompañada de un programas de pesca alternativa en la región que, a la fecha, no existe.

El número de vaquitas marinas, especie endémica de México, se ha reducido en los últimos años debido a la pesca ilegal de la totoaba, un pez cuya vejiga es cotizada hasta en 100 mil dólares por kilogramo en Asia, de acuerdo con expertos del Comité Internacional para la Recuperación de la Vaquita Marina (CIRVA).

Esta situación provocó que en 2015, el gobierno del entonces presidente Enrique Peña Nieto decretara una veda total en la zona donde habita la vaquita marina, para evitar su extinción.

“Ahorita que está la restricción, (el Alto Golfo de California) está lleno de lanchas … si hubiera una pesca sensata se podrían hacer muchísimas cosas, inclusive con el tema de la totoaba”, dijo el directivo sobre la prohibición de redes de enmalle y agalleras.

Ruiz Sabio reconoció que hay constante comunicación con el gobierno federal sobre la situación de la vaquita marina, sin embargo, dice, “la estrategia final no la sabemos y no sabemos cuál es la línea”.

En tanto, los pescadores regulados exigieron al gobierno federal que se les presente una alternativa de pesca “comprobada comercialmente” que les permita sustituir el tipo de redes (que ponen en riesgo a las especies del Alto Golfo de California), para mantener una fuente de ingresos.

Sin embargo, han insistido en que sus técnicas de pesca no son las responsables de las muertes de vaquita, sino las que son operadas por la actividad ilegal.

“El problema no es la red de enmalle como tal, la red es el modelo…el problema no éramos nosotros, eso es lo que nosotros siempre hablamos con el gobierno de Enrique Peña Nieto, la intención de la veda era precisamente eso, demostrarle que nosotros no éramos los que estábamos matando a las vaquitas y se comprobó en el momento en que detuvimos la pesca en 2015”, explicó Alonso García, secretario de la federación de pescadores ribereños del puerto de San Felipe, en Baja California.

Para Diego Ruiz, el gobierno federal debe tomar en cuenta la situación de los pescadores comerciales, el embargo del gobierno de Estados Unidos a productos de pesca del Alto Golfo de California, y las condiciones en las que mueren las vaquitas marinas, antes de lanzar una nueva estrategia.

También mencionó que entre diciembre y mayo se intensifica la pesca de totoaba, por lo que el Museo de la Ballena continuará con la extracción de redes fantasma y redes activas en la zona del polígono de la vaquita.

Más muertes de vaquitas

Jorge Urbán, integrante del Comité Internacional para la Recuperación de la Vaquita Marina (CIRVA) publicó el pasado 6 de marzo que no más de 22 vaquitas marinas estuvieron presentes durante el verano del 2018, por lo que se reducía la esperanza de su conservación en la actual administración federal.

Apenas este 13 de marzo, el equipo de la organización Sea Shepherd México, quien tiene mantiene acciones de conservación en esta zona del Alto Golfo de California, encontró el cuerpo de una vaquita marina sin cabeza y en avanzado estado de descomposición.

Este mismo día, federaciones de pescadores de Baja California y Sonora advirtieron que volverán a retomar sus actividades comerciales —pese a la veda— el próximo 22 de marzo, si el gobierno no paga los subsidios prometidos.



Con el reciente hallazgo, suman al menos 10 vaquitas muertas documentadas por las autoridades desde 2016.

De acuerdo con información de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), en 2016 se hallaron dos ejemplares sin vida; seis casos en 2017 y uno más en abril de 2018.

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El "ataúd nuclear" que gotea material radioactivo en el océano Pacífico
El estado de una estructura de concreto que encapsula material radioactivo dejado por las pruebas nucleares realizadas por Estados Unidos entre 1946 y 1958 preocupa tanto a los habitantes de las Islas Marshall como al Secretario General de Naciones Unidas.
18 de mayo, 2019
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La campanada de alerta la volvió a hacer sonar el propio secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, mientras hablaba con un grupo de estudiantes en Fiyi.

“Acabo de estar con la presidenta de las Islas Marshall (Hilda Heine), y está muy preocupada por el riesgo de que se filtre el material radioactivo contenido por una especie de ataúd que hay en el área”, dijo.

Guterres estaba describiendo así al llamado “domo de Runit” o “domo Cactus”, una estructura de concreto construida en la isla del mismo nombre para encapsular el material radioactivo dejado por las pruebas nucleares realizadas por Estados Unidos en el área entre 1946 y 1958.

Las 67 explosiones nucleares en los atolones de Bikini y Enewetak -al que pertenece Runit- incluyeron la detonación en 1954 de “Bravo”, una bomba de hidrógeno 1.000 veces más poderosa que la que cayó en Hiroshima y el arma más poderosa jamás detonada por EE.UU.

Y a finales de la década de 1970, más de 4.000 soldados estadounidenses pasaron tres años recogiendo los restos radiactivos depositados en seis de las islas del atolón de Enewetak para colocarlos en el cráter dejado en Runit por la llamada prueba “Cactus” -la explosión de una bomba de superficie de 18 kilotones-, el que fue recubierto por el domo de concreto.

Explosión nuclear en el atolón de Bikini.

Getty Images
En total EE.UU. realizó 67 pruebas nucleares en los atolones de Bikini y Enewetak.

En total, se estima que la estructura que los locales llaman “la Tumba”, recubre al menos 73.000 metros cúbicos de material radioactivo, incluyendo plutonio-239, una de las sustancias más tóxicas del planeta.

Y la cúpula de concreto de medio metro de grosor que sobresale entre los arbustos y palmeras que renacieron en Runit no es el único recuerdo de las brutales detonaciones.

4 de las 40 islas de Enewetak fueron completamente vaporizadas por las pruebas, con cráteres de kilómetros de diámetro remplazando a algunas de ellas.

Y según la radiotelevisora pública australiana ABC, en la actualidad únicamente tres de las islas del atolón son consideradas lo suficientemente seguras para ser habitadas.

Secuelas

“Como todos sabemos, el Pacífico ya fue victimizado antes”, fue como Guterres se refirió a lo ocurrido en el territorio de las Islas Marshall, territorio que solo se independizó completamente de EE.UU. en diciembre de 1990.

“Y las consecuencias (de las pruebas nucleares) han sido bastante dramáticas, en relación con la salud, en relación con el envenenamiento de las aguas en algunas áreas”, reconoció en declaraciones recogidas por la agencia AFP.

Atolón de Enewetak

Getty Images
Muchos de los pobladores de Enewetak tuvieron que abandonar sus hogares y en la actualidad solo 4 islas son consideradas seguras para la presencia humana.

De hecho, según ABC, el mismo departamento de Energía de EE.UU. ha prohibido las exportaciones de pescado y pulpa de coco desde Enewetak, por causa de la contaminación.

Y eso también ha forzado cambios en la dieta de los habitantes del atolón, que ahora dependen casi exclusivamente de comida enlatada y procesada “que han generado problemas de salud como la diabetes”.

Parte del problema es que el domo de Runit -que fue concebido como una solución temporal– ya presenta grietas en la superficie, y charcos con líquidos salobres a menudo se forman en el anillo.

Pero EE.UU. también renunció a la idea de sellar el fondo del domo con concreto antes de almacenar el material radioactivo, por considerarlo demasiado costoso, lo que significa que la estructura nunca ha sido realmente capaz de evitar filtraciones.

Hilda Heine, la presidenta de las Islas Marshall

AFP
Hilda Heine, la presidenta de las Islas Marshall, le externó su preocupación al Secretario General de Naciones Unidas.

De hecho, aunque un reporte elaborado en 2013 por el departamento de Energía de EE.UU. encontró que “existe la posibilidad de que las aguas subterráneas contaminadas provenientes del Domo Runit fluyan hacia el entorno marino subterráneo cercano“.

También concluyó que eso no necesariamente se traduciría en un aumento significativo de los niveles de contaminación del área.

Pero esto es porque el área circundante ya está bastante contaminado, como producto de las filtraciones, y por el sencillo hecho de que la operación de limpieza en Enewetak después de las pruebas nucleares recogió menos del 1% del material radioactivo generado.

“El inventario radiológico enterrado debajo del Domo Runit palidece en comparación al inventario actual de radionúclidos en los atolones de la laguna”, se lee en el reporte.

Y aunque el Secretario General de Naciones Unidas no entró a valorar lo que se debe hacer con respecto al domo, Guterres reconoció en Fiyi que la historia nuclear del Pacífico todavía necesita ser debidamente abordada.

“Hay mucho por hacer mucho en relación con las explosiones que tuvieron lugar en la Polinesia Francesa y las Islas Marshall (…) con las consecuencias para la salud, el impacto en las comunidades y otros aspectos”, dijo, sin descartar compensaciones monetarias y otros “mecanismos para permitir que estos impactos se minimicen”.


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