ONG y académicos ayudarán a Sheinbaum a detectar casos de corrupción en su gobierno
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Cuartoscuro

ONG y académicos ayudarán a Sheinbaum a detectar casos de corrupción en su gobierno

El Laboratorio Anticorrupción será un espacio de experimentación para el diseño, evaluación e implementación de políticas públicas en la Ciudad de México.
Cuartoscuro
18 de marzo, 2019
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La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, anunció la creación del Laboratorio Anticorrupción, que tendrá como objetivo “realizar intervenciones basadas en evidencia para atender riesgos de corrupción y fomentar la integridad en el actuar de particulares y servidores públicos”.

El titular de la Agencia Digital de Innovación Pública (ADIP), José Merino, explicó que el laboratorio será un espacio “de experimentación para el diseño, evaluación e implementación de políticas públicas basadas en evidencia a partir de un esquema de colaboración entre el gobierno de la Ciudad de México, la sociedad civil y la academia, cuyo financiamiento será 100% externo”.

La participación de la ADIP se realizará a través del Centro de Gobierno Honesto, el cual pondrá a disposición de los socios estratégicos la información necesaria para el diseño de las intervenciones, la implementación de estas, en conjunto con entidades de la administración pública competentes, y promoverá la adopción como política pública de los experimentos exitosos.

Los primeros proyectos

Para 2019, el Laboratorio Anticorrupción trabajará cuatro proyectos, con la organización Transparencia Mexicana, el Colegio de México (COLMEX), el Poverty Action Lab (J-PAL) y el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

El primer proyecto es el combate a la evasión fiscal vehicular, que el gobierno capitalino realizará con Transparencia Mexicana, el cual tendrá como objetivo medir el tamaño del problema, generado porque la tenencia vehicular no está homologada en los distintos estados del país y que el mercado legal de emplazamiento es mayor a los 250 mil pesos.

De acuerdo con sus diagnósticos, esto genera evasión fiscal y uso intensivo de servicios urbanos por personas de los deciles de ingreso más alto.

Como segundo proyecto, el académico del COLMEX Fernando Nieto y las autoridades capitalinas realizarán una evaluación de impacto de la Ventanilla Única de Construcción, encargada de trámites asociados a edificaciones en la Ciudad de México, que han encontrado asociados a actos de corrupción.

Esta corrupción “implica un incremento de los costos de transacción entre ciudadanos y gobierno. Además, genera un impacto medioambiental y urbano al no aplicarse la norma vigente”, abundaron.

El tercer proyecto es sobre vigilancia ciudadana de servicios de la Ciudad de México. El gobierno y el J-PAL generarán una plataforma que permita, de manera objetiva, reportar la calidad y las fallas de la provisión de servicios públicos.

Actualmente, señalaron, el tamaño territorial y el número de habitantes de la Ciudad de México dificultan el monitoreo de la calidad de servicios públicos y no se tienen canales de comunicación que permitan a los ciudadanos reportar las fallas, por lo que “no pueden corregirse las deficiencias”.

Finalmente, con el IMCO, las autoridades crearán un identificador de riesgos de corrupción en contrataciones públicas.

Esta herramienta de prevención analizará las compras realizadas en el Tianguis Digital, pues actualmente no existe un sistema que identifique riesgos de corrupción en procesos de contratación pública y estos solo pueden identificarse ex post, a través de auditorías.

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"El COVID no es una pandemia": científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

El hecho de que la enfermedad se exacerba cuando interactúa con otras condiciones de salud que prevalecen en grupos desfavorecidos social y económicamente ha llevado a algunos científicos a pensar que estamos frente a una sindemia.
10 de octubre, 2020
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Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh

Getty Images
El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades”.

“El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”, le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer

Merrill Singer
Singer acuñó el término “sindemia” en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, “vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas“, explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia

Getty Images
La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

“Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla”.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

“Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia”, opina Singer.

“Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada”, agrega.

“El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación”.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: “No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará”.

Y concluye: “A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19”.


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