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Cuartoscuro Archivo

Un proveedor acaparó 35% de las compras de medicamentos del IMSS y el ISSSTE en sexenio de EPN

10 empresas concentraron el 80% de las compras de medicinas y equipo médico, hechas por el gobierno anterior para el IMSS y el ISSSTE, indicó Presidencia.
Cuartoscuro Archivo
Por Itxaro Arteta
12 de marzo, 2019
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Un solo proveedor de medicamentos acaparó el 35.2% de las compras consolidadas hechas el sexenio pasado por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y el de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE): Grupo Fármacos Especializados SA de CV.

Esta empresa ganó 106 mil 813 millones de pesos, del total de 303 mil que se pagaron, de acuerdo con un documento de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) difundido por Presidencia, sobre las 10 empresas que concentraron el 80% de las compras de medicinas y equipo médico, hechas por el gobierno.

Ese monto fue el triple de lo que ganaron los dos siguientes proveedores en la lista: Maypo y Distribuidora Internacional de Medicamentos y Equipo Médico (Dimesa), con 35 mil y 34 mil millones, respectivamente.

La mayor parte de los contratos de Fármacos Especializados fue para proveer al IMSS de medicinas y vacunas, 72 mil 214.5 millones en siete años. Tan solo en 2018, sus ventas a esta dependencia alcanzaron los 12 mil 393 millones, cuando en 2012 apenas venía 8 mil millones.

Una revisión hecha por Animal Político con base en datos del Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO) sobre las compras del IMSS hasta 2017, mostró que esta empresa ganó durante el sexenio 2 mil 372 contratos, de los cuales, mil 678 fueron adjudicaciones directas y sumaron 2 mil 426 millones de pesos, 8% de lo que ganó.

El segundo mayor proveedor del IMSS durante el sexenio anterior fue Dimesa, que en total le vendió medicamentos por 28 mil 772.3 millones y material de curación por mil 749.4 millones. Sus contrataciones subieron de representar 2 mil millones al inicio del gobierno, a 6 mil 526 al terminar.

Esta empresa había ganado 2 mil 278 contratos hasta 2017. Mil 666 de ellos fueron adjudicaciones directas y le significaron 2 mil 426 millones de pesos, el 11% de sus ganancias totales.

Junto con su gran volumen de ventas, Dimesa también se convirtió en el peor proveedor del IMSS, al fallar reiteradamente en el surtido de sus pedidos, según se puede constatar en el listado de Incumplimiento de Proveedores del portal de compras del Instituto.

En 2018, la impresa incumplió con 500 millones de pesos de lo que se le había pedido, entre medicinas y material de curación, la cantidad más alta para un solo proveedor. En 2017 habían sido 202.6 millones, la mayor parte, en medicamentos.

El otro proveedor que concentró las compras de medicamentos y materiales es Farmacéuticos Maypo SA de CV. Al IMSS le vendió 25 mil 428.2 millones de pesos, con un crecimiento del más del doble, ya que pasó de proveer 2 mil 448 millones a 5 mil 253.

La revisión de sus contratos en la base creada por el IMCO a partir de Compranet, arroja que en los primeros cinco años del sexenio obtuvo mil 249 contratos, de los que 871 fueron adjudicaciones directas que alcanzaron los mil 357 millones de pesos, el 7.5% del valor total.

Esta farmacéutica también estuvo entre los proveedores incumplidos del IMSS, con 72 millones de pesos en medicamentos y materiales que no entregó en 2018.

La lista de proveedores de medicamentos favoritos en el sexenio pasado, que concentraron otro 21.3% de adquisiciones, la completan las farmacéuticas Ralca SA de CV, Comercializadora de Productos Institucionales (CPI), Savi Distribuciones, Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México (Birmex) —la empresa paraestatal de vacunas—, Compañía Internacional Médica, Comercializadora Pentamed y Vitasanitas.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) había advertido desde enero pasado que en el IMSS prevalecía la concentración de contratos en proveedores, que en algunos años, como 2014, llegó a ser hasta del 82% en sólo 10 empresas.

El lunes pasado, en el informe por los primeros 100 días de gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador había criticado la concentración en las compras de salud y aseguró que eso cambiaría.

“Tan sólo el gasto en medicamentos y material de curación adquirido por el ISSSTE y el Seguro Social significó en 2018 una erogación de 54 mil 940 millones de pesos, que fue suministrado en un 63 % por sólo tres proveedores. Pero lo peor es que en los centros de salud y hospitales no existe abasto suficiente de medicamentos”, señaló.

Una semana antes, la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda dio a conocer que investigan 50 casos de corrupción en el sector salud, sin especificar a qué empresas se tiene bajo la lupa.

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#YoSoyAnimal
The Hattori family

Yoshihiro Hattori: cómo tocar la puerta equivocada acabó con la vida de un adolescente japonés en EU

Un estudiante japonés de intercambio se perdió en Louisiana en Halloween de 1992 y murió tras recibir un balazo. El accidente desató toda una campaña para cambiar las leyes de control de armas en Estados Unidos.
The Hattori family
21 de octubre, 2019
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En octubre de 1992, Yoshihiro Hattori tocó la puerta equivocada.

Yoshi, como se le conocía, era un estudiante japonés de intercambio de 16 años que iba a una fiesta de Halloween en Baton Rouge, Louisiana, en el sur de Estados Unidos.

Estaba con su amigo Webb, y estaban perdidos.

Los dos muchachos cometieron un error inocente que le costó la vida a Yoshi.

Al accidente le siguió un frenesí mediático y luego una campaña masiva para cambiar las leyes de armas de EE.UU.

Los padres de Yoshi, su familia anfitriona en EE.UU. y un abogado de Louisiana hablaron con la BBC sobre aquel día de hace 27 en el que cambió sus vidas.

“Lo amaban”

En el verano de 1992, Yoshi viajó a EE.UU., donde iba a pasar un año de intercambio, a través de American Field Service (AFS), una organización mundial de intercambio para jóvenes.

Fue recibido en Dallas, Texas, por sus anfitriones, los Haymaker, que lo llevaron a su casa en Baton Rouge.

Yoshihiro Hattori pescando en 1989.

The Hattori family
Yoshihiro Hattori (en una imagen de 1989, posando con dos pescados) llegó a EE.UU. en 1992 para pasar allí un año como estudiante de intercambio.

Holley Haymaker, médica, y su esposo, Dick Haymaker, físico teórico, habían recibido estudiantes de intercambio antes. Pero Hattori les causó una impresión inmediata, dijeron.

“Yoshi era un extrovertido total”, recordó Holley. “Los alumnos de McKinley High School lo amaban porque era un espíritu muy libre”.

El hijo de los Haymakers, Webb, que tenía 16 años en ese momento, le dice a la BBC que Yoshi tenía un “enorme apetito por la vida y la experiencia” y que trataba de hacer amigos donde quiera que fuera.

“Estamos aquí para la fiesta”

La noche del sábado 17 de octubre, Yoshi y Webb iban a una fiesta de Halloween al noreste de Baton Rouge, en la ciudad de Central.

Yoshi estaba disfrazado del personaje de John Travolta en “Fiebre de sábado por la noche”, y Webb, de víctima de un accidente.

“Llegamos a una calle y vimos una casa que tenía decoraciones de Halloween, tres autos en la entrada y la dirección era 10311, aunque nosotros que queríamos ir al 10131. Pero vi la dirección y dije ‘¡aquí es!'”, cuenta Webb.

Webb Haymaker (centro) hablando con reporteros japoneses en un viaje a Japón en 1994.

AFP/Getty
Webb Haymaker (centro) hablando con reporteros japoneses en un viaje a Japón en 1994.

Webb y Yoshi tocaron la puerta, pero no obtuvieron respuesta. Luego vieron a una mujer abrir la puerta lateral del garaje y mirar hacia afuera antes de cerrarla abruptamente.

“Nos estábamos yendo algo confundidos, y yo preguntándome si era otra casa”, señala Webb. “Pero alguien abrió la puerta, Rodney Peairs”.

Peairs, un carnicero de supermercado de 30 años, sostenía un revólver Magnum .44, y Yoshi se volvió hacia él.

“Supongo que no entendió que tenía un arma. Tal vez pensó que era algo de Halloween”, recuerda Webb.

“Simplemente dijo, a todo volumen y feliz, ‘¡Estamos aquí para la fiesta! ¡Estamos aquí para la fiesta!'”.

Peairs gritó “¡Quieto!”, pero Yoshi parecía no entender y siguió avanzando. Peairs disparó una vez, le dio a Yoshi en el pecho y cerró la puerta.

“Un vecino cualquiera”

Al otro lado de la ciudad, los Haymakers salían del cine después de ver “El último mohicano”.

La policía ubicó a Holley en su buscapersonas y cuando los contactó, le dijeron que Webb estaba bien, pero que Yoshi no.

Los padres de Yoshi, Masa y Mieko Hattori, se enteraron de la noticia a través de un trabajador de AFS.

Dos días después del asesinato, los Hattori volaron a Nueva Orleans. “Estaba aterrorizada”, recordó Holley. “Yo debía que cuidar a su hijo y lo mataron”.

Pero según Holley, “las primeras palabras que dijo la madre de Yoshi fueron: ‘¿Cómo está Webb?'”.

Cajas llenas con peticiones enviadas a EE.UU. en una campaña para acabar con el acceso fácil a armas organizada por los Hattoris.

The Hattori family
Los Hattori lanzaron una campaña para acabar con el acceso fácil a las armas en EE.UU.

La muerte de Yoshi conmocionó a la gente en Japón, donde las armas de fuego están prohibidas.

Masa y Mieko lanzaron inmediatamente una campaña en Japón pidiendo el fin del acceso fácil a las armas de fuego en EE.UU.

De vuelta en Baton Rouge, la policía inicialmente liberó a Peairs sin cargos, asumiendo que tenía derecho a dispararle a un intruso. Pero después de las quejas del gobernador de Louisiana y el cónsul de Japón en Nueva Orleans, fue acusado de homicidio involuntario.

Sus abogados argumentaron que actuó en defensa propia. Dijeron que Peairs “no era un asesino”, simplemente “un vecino cualquiera” que había reaccionado a la “forma extremadamente inusual de moverse” de Yoshi.

Bonnie Peairs, la esposa de Rodney, le dijo a la corte que Yoshi la había asustado y le había pedido a su esposo que “cogiera el arma”.

En mayo de 1993, Rodney Peairs fue absuelto después de una deliberación del jurado de solo tres horas.

Rodney Peairs saliendo de una prisión de Baton Rouge, en noviembre de 1992.

Getty Images
Los abogados de Rodney Peairs aseguraban que el muchacho podía ser “cualquiera de tus vecinos”.

Sin embargo, Masa y Mieko Hattori no desistieron de su activismo por el control de armas.

“Un viejo compañero de cuarto de Bill Clinton”

Unos 1,7 millones de japoneses firmaron la petición de los Hattori.

Dick Haymaker también decidió reunir firmas en EE.UU. y consiguió alrededor de 150.000.

Ambas familias estaban en Washington en noviembre de 1993 como parte de su campaña cuando lograron que Mieko le enviara una nota a un amigo de la familia que se encontraba en la Casa Blanca. “Un viejo compañero de cuarto de Bill Clinton”, recordó Dick.

El presidente Clinton habló con los Haymaker y los Hattori en el Despacho Oval. “Sentimos que fuimos bienvenidos”, dijeron Mieko y Masa. “Creemos que entendió nuestra posición. Deseaba fuertes leyes de control de armas”.

Mieko (centro) y Masa (derecha) poniéndole un adhesivo relacionado con el control de armas al entonces presidente Bill Clinton.

White House/Courtesy of Richard Haymaker
Mieko (centro) y Masa (derecha) poniéndole un adhesivo relacionado con el control de armas al entonces presidente Bill Clinton.

Los Hattori y los Haymaker reconocen que pese a su apoyo en privado, había poco que el presidente pudiera hacer en la práctica.

Pero la campaña de ambas familias y también el 30 aniversario del asesinato del presidente John F. Kennedy ese mes ayudaron a crear conciencia sobre el tema.

El Congreso aprobó la Ley Brady, para la prevención de la violencia con armas de fuego, que ordena la revisión de los antecedentes de los compradores de armas y un período de espera de cinco días para todas las compras.

Clinton promulgó la norma unas semanas después de reunirse con los Hattori y los Haymaker.

El embajador de EE.UU. en Japón, Walter Mondale, se reunió con los Hattori en diciembre de 1993 y les dio una copia de la ley, diciendo que habían tenido un “impacto muy claro en la aprobación del proyecto”.

La norma se había propuesto por primera vez en 1991, pero no se sometió a votación hasta unos meses después de la muerte de Yoshi.

El verano siguiente, en septiembre de 1994, el Congreso aprobó una moratoria de 10 años sobre la fabricación de ciertas armas semiautomáticas para uso civil.

Dick Haymaker dijo que era un momento en que el control de armas parecía posible.

“Las cosas podían cambiar, y sí cambiaron. La Ley Brady fue un primer paso importante en la verificación de antecedentes”, señaló.

James Brady (izquierda) observa a Bill Clinton firmando la Ley Brady.

AFP/Getty
Bill Clinton firmando la Ley Brady en noviembre de 1993, al lado de James Brady, que recibió un disparo en 1981 durante el intento de asesinato de Ronald Reagan.

Pero la lucha de los Hattori no acabó con esa ley. Iniciaron una demanda civil contra Rodney Peairs, su esposa Bonnie y su compañía de seguro de vivienda.

Se pusieron en contacto con Charles Moore, un abogado con experiencia en estos casos y que había renunciado a sus honorarios.

“Pensé que el seguro se negaría a pagar porque había sido un acto intencional y no hay cobertura para los actos intencionales”, dijo Moore en una entrevista telefónica.

Para su sorpresa, la aseguradora pagó US$100.000. El juez William Brown le dijo al tribunal que la autodefensa “no era aceptable”.

“No había justificación para que un asesinato fuera necesario para que Rodney Peairs se salvara”, dijo el juez Brown.

Los Hattori donaron el dinero para financiar medidas de control de armas en EE.UU.

Mieko y Masa siguen siendo activistas. Recientemente, hablaron con estudiantes que sobrevivieron al tiroteo de Parkland en febrero de 2018 y participaron en la “Marcha por nuestras vidas” en marzo de 2018.

Masa y Mieko (centro) en la "Marcha por nuestras vidas" en Nagoya, en marzo de 2018.

The Hattori family
Masa y Mieko (centro) en la “Marcha por nuestras vidas” en Nagoya, en marzo de 2018.

Los Haymaker donaron cientos de miles de dólares a grupos de control de armas y crearon el Fondo Conmemorativo Yoshihiro Hattori, que busca ayudar a cubrir los costos de los jóvenes japoneses que estudian en la universidad de Dick, Carleton College, en Minnesota.


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