En 2018, ningún estado usó recursos para buscar desaparecidos; Comisión Nacional gastó 1.4% de presupuesto
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Cuartoscuro Archivo

En 2018, ningún estado usó recursos para buscar desaparecidos; Comisión Nacional gastó 1.4% de presupuesto

El dinero etiquetado para los estados, y que era más de la mitad del presupuesto para búsqueda de personas, se quedó sin repartir el año pasado por la falta de comisiones locales.
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4 de marzo, 2019
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La Comisión Nacional de Búsqueda de personas desaparecidas sólo ejerció el año pasado 6.6 millones de pesos de los 468.9 que se le habían asignado, es decir, el 1.4%, y casi todo fue para el pago de personal eventual, según el reporte de gasto del Presupuesto de Egresos al último trimestre del año pasado.

Más de la mitad de lo presupuestado, que era para dar subsidios a las entidades, se quedó intacto por la falta de Comisiones de Búsqueda estatales. Nadie solicitó el dinero.

Leer: Expertos de la ONU exhiben fallas y contradicciones del Estado mexicano en la búsqueda de miles de desaparecidos

La Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) se instaló en marzo de 2018. Por ello, en el Presupuesto de Egresos (PEF) de ese año apenas se estipulaba su creación, y el dinero para ello se consignó en un artículo transitorio del decreto de PEF. Se asignaron 186.3 millones de pesos para que la Secretaría de Gobernación creara un órgano nacional encargado de realizar acciones de búsqueda de personas, y otros 282.6 millones, a cargo de la misma Secretaría, para otorgar subsidios a búsquedas en los estados.

A un año de distancia y con un nuevo gobierno, el actual subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, acusó al gobierno pasado de hacer una simulación en el tema de desaparecidos por el poco dinero que usó realmente. Aunque todavía faltan las cifras definitivas de la Cuenta Pública 2018, el avance de gasto al cuarto trimestre, publicado por la Secretaría de Hacienda, confirma que la Comisión gastó únicamente 6 millones 649 mil 615 pesos.

La mayor parte de este dinero se destinó a la partida de “remuneraciones al personal eventual”: 6 millones 322 mil 978, y en “Impuestos sobre nómina” se pagaron 186 mil 405 pesos. Todo el personal de la Comisión fue eventual, ya que nunca se crearon las plazas ni se definieron los perfiles, una tarea que correspondía tanto a Segob como a la Secretaría de Función Pública (SFP) para dejar claro qué nivel salarial y de responsabilidades tendría cada servidor público contratado.

Incluso esta cantidad usada en remuneraciones, es la mitad de lo que se tenía presupuestado originalmente, cerca de 12 millones de pesos, y se pagó hasta el último trimestre del año. Un exfuncionario de Gobernación que pidió no ser citado confirmó que los primeros seis meses desde que se instaló la Comisión, la gente que llegó a trabajar ahí no cobró, ni siquiera el propio comisionado.

La actual titular de la CNB, Karla Quintana, explicó en entrevista que cuando ella llegó al cargo, el 9 de febrero pasado, se encontró con sólo 12 personas trabajando, y que aunque ya estaban definidas 43 plazas, ella ha tenido que buscar a la gente para ocupar esos puestos.

El reporte de gasto de Hacienda también muestra que el año pasado hubo una partida con 3.1 millones asignados a materiales y útiles de oficina, que se quedó completamente sin gastar. Los primeros dos meses de creada la Comisión, no tuvo oficinas, y hasta mayo de 2018 le asignaron un espacio del edificio del Consejo Nacional de Población (Conapo), donde actualmente está ubicada, aunque sigue sin haber letreros o insignias de que ahí funciona la CNB, que a la fecha tampoco tiene página de internet.

El único rubro que aparece con gastos constantes es el de pasajes aéreos de servidores públicos en el desempeño de comisiones y funciones oficiales. Al segundo trimestre tiene un ejercicio de 62 mil pesos; al tercero, de 68 mil; y al cuarto, de 140 mil.

Nada de gasto para búsquedas en campo

En el Presupuesto había dinero asignado a pasajes y viáticos “para labores en campo y de supervisión”, pero no se gastó ni un solo peso. En el segundo y tercer trimestres del año estaban etiquetados un total de 53.1 millones a ese propósito, pero el reporte de ejercicio de este dinero se quedó en ceros. Para el último trimestre del año, esas partidas habían sido modificadas a la baja en la Cámara de Diputados a solo 320 mil pesos, que tampoco se usaron.

De acuerdo con un exfuncionario que pidió el anonimato, el cambio de titular en Gobernación, en enero de 2018, y el hecho de que fuera un año electoral, provocó que la dependencia no diera seguimiento a la creación de la CNB y estuviera más enfocada en cerrar la administración y pasar la estafeta a un nuevo gobierno, por lo que no gestionó ante la Secretaría de Hacienda que se liberaran los recursos.

Además, todo el dinero que estaba etiquetado para los estados y que era más de la mitad del presupuesto para búsqueda de personas, 282 millones 592 mil 800 pesos en total, se quedó sin repartir.

De acuerdo con los “Lineamientos para el otorgamiento de subsidios a las entidades federativas para realizar acciones de búsqueda de personas”, publicados el 31 de enero de 2018, los estados tenían que elaborar un proyecto de búsqueda, presentarlo ante la Comisión Nacional, y solicitar este dinero para recibir financiamiento de la Federación, además del presupuesto que la propia entidad fuera a destinarle.

Sin embargo, ningún estado solicitó dinero. Uno de los problemas, es que no sólo la CNB arrancó lenta, sino que a nivel local no se crearon la mayoría de Comisiones de Búsqueda que por ley tendrían que existir para contar con un Sistema Nacional de Búsqueda. Al terminar 2018, sólo había ocho instituciones locales, y ninguna Secretaría de Gobierno estatal buscó tampoco hacer acciones de búsqueda.

Animal Político preguntó a la nueva comisionada sobre el subejercicio el año pasado, a lo que Quintana contestó que no puede confirmar qué pasó, pero que desde luego faltó voluntad política y el presupuesto se ejerció “ínfimamente”. Se comprometió, no obstante, a impulsar la creación de las comisiones locales para que en cuestión de meses ahora sí se envíen los subsidios para búsquedas en los estados.

Para este 2019, la CNB tiene un presupuesto de 400 millones: 193 millones 215 mil 472 etiquetados en la partida “Servicios profesionales, científicos y técnicos integrales”, y otros 207 millones 576 mil 512 pesos para “Subsidios a Entidades Federativas y Municipios”.

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Cuánta gente se necesita que salga a protestar para derrocar a un gobierno (según la ciencia)

¿Cuán grande tiene que ser una protesta para forzar la salida de un líder político? Un equipo de expertos de la Universidad de Harvard analizó lo ocurrido desde 1900 hasta el presente para hallar una respuesta.
20 de septiembre, 2020
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Protestas en Bielorrusia

Getty Images
Las protestas no violentas tienen más posibilidades de éxito.

La lucha de los sindicatos agrupados en Solidaridad en Polonia en la década de 1980; el movimiento anti-apartheid en Sudáfrica; el derrocamiento del presidente serbio Slobodan Milosevic; la Revolución del Jazmín que forzó la salida del presidente tunecino Zine al-Abidine Ben Ali y desencadenó la Primavera Árabe…

Todos estos son ejemplos de movimientos populares que culminaron con un cambio político sustancial.

Y el último en ser noticia está en Bielorrusia, donde decenas de miles de personas han salido a las calles en las últimas semanas tras unas polémicas elecciones en las que el presidente Alexander Lukashenko se adjudicó la victoria.

Las autoridades han reaccionado con brutalidad: muchos manifestantes han sido arrestados y hay numerosas denuncias de torturas a manos de la policía.

Protestas en Bielorrusia

Reuters
Las protestas en Bielorrusia han movilizado a mucha gente. ¿En cantidades suficientes?

A pesar de esto, sin embargo, el movimiento de momento se ha mantenido fundamentalmente pacífico.

Pero, ¿cuán probable es que tenga éxito?

Lecciones de la historia

Una buena forma de evaluarlo es mirando la historia.

Que es lo que ha hecho la politóloga de Harvard Erica Chenoweth.

La profesora Chenoweth ha centrado su trabajo sobre todo en protestas contra dictaduras, no democracias.

A diferencia de los demócratas, los dictadores no pueden ser destituidos mediante el voto popular. En una democracia, si una política es impopular, otros políticos pueden ser elegidos con la promesa de abolirla. No existe tal mecanismo en una dictadura.

Erica Chenoweth

Kris Snibbe / Harvard Gazette
La politóloga de Harvard Erica Chenoweth ha estudiado la efectividad de las protestas.

Estas definiciones, sin embargo, son a menudo cuestionadas. ¿Dónde está la frontera entre democracia y dictadura? A menudo, de hecho, hay todo un espectro: un sistema político puede ser más o menos democrático.

Y también está el problema de cómo se clasifica la violencia y la no violencia.

¿Los ataques a la propiedad deben considerarse “violentos”? ¿Qué pasa con las personas que gritan insultos racistas pero sin agresión física? ¿Qué pasa con los actos de autosacrificio, como la autoinmolación o las huelgas de hambre? ¿Son violentos?

Las ventajas de la no violencia

A pesar de estas dificultades de categorización, existen algunas formas de protesta que son claramente no violentas y otras que son claramente violentas.

El asesinato es claramente violento. Las manifestaciones pacíficas, las peticiones, los carteles, las huelgas y los boicots, las sentadas y las huelgas no son violentas.

De hecho, según una clasificación bien conocida, existen 198 formas de protesta no violenta.

Y al analizar cada movimiento de protesta sobre el que había datos suficientes, desde 1900 hasta 2006, Erica Chenoweth y Maria Stephan llegaron a la conclusión de que un movimiento tenía el doble de probabilidades de éxito si no era violento.

La siguiente pregunta entonces es: ¿por qué?

La respuesta parece ser que la violencia reduce la base de apoyo de un movimiento, mientras que mucha más gente se une activamente a las protestas no violentas.

Protestas en Bielorrusia

Getty Images
La no violencia atrae a mucha más gente a las manifestaciones.

La no violencia es generalmente de menor riesgo, requiere menos capacidad física y ningún entrenamiento avanzado.

Y, por lo general, también requiere menos tiempo.

Por todas estas razones, los movimientos no violentos tienen mayores tasas de participación de mujeres, niños, ancianos y personas con discapacidad.

Pero, ¿por qué importa esto?

Bueno, tomemos la llamada Revolución Bulldozer contra Slobodan Milosevic. Cuando los soldados fueron entrevistados sobre por qué nunca apuntaron con sus armas a los manifestantes, explicaron que conocían a algunos de ellos. Se mostraban reacios a disparar contra una multitud que contenía a sus primos, amigos o vecinos.

El 3,5%

Obviamente, cuanto mayor sea el movimiento, más probable es que los miembros de la policía y las fuerzas de seguridad conozcan a algunos de sus participantes.

Y Erica Chenoweth ha dado una cifra muy precisa de cuán grande debe ser una manifestación antes de que su éxito sea casi inevitable: esa cifra es el 3,5% de la población.

Puede parecer un número pequeño, pero no lo es.

La población de Bielorrusia, por ejemplo, es de poco más de nueve millones, por lo que el 3,5% supera los 300.000. Y se estima que en las grandes manifestaciones en la capital, Minsk, participaron decenas de miles, quizás hasta 100.000 (aunque la agencia Associated Press una vez las estimó en 200.000).

La regla del 3,5% tampoco es estricta.

Muchos movimientos tienen éxito con tasas de participación más bajas que esta, y uno o dos fracasan a pesar de contar con el apoyo de las masas: el levantamiento de Bahréin de 2011 es uno de esos ejemplos que cita Chenoweth.

Menos efectivas

Los datos originales de Chenoweth llegan hasta 2006, pero la académica acaba de completar un nuevo estudio que examina los movimientos de protesta más recientes.

Y aunque sus últimos hallazgos generalmente refuerzan la investigación inicial, que muestra que la no violencia es más efectiva que la violencia, también ha identificado dos nuevas tendencias interesantes.

La primera es que la resistencia no violenta se ha convertido, con mucho, en el método de lucha más común en todo el mundo, mucho más que la insurrección armada o la lucha armada.

De hecho, entre 2010 y 2019 hubo más levantamientos no violentos en el mundo que en cualquier otra década de la historia registrada.

Argelia

Getty Images
Las protestas de Argelia en 2019 obligaron a dimitir al presidente Bouteflika.

La segunda tendencia es que la tasa de éxito de las protestas ha disminuido.

Ha caído drásticamente en lo que se refiere movimientos violentos: actualmente alrededor de nueve de cada diez movimientos violentos fracasan, dice Chenoweth.

Pero la protesta no violenta también tiene menos éxito de lo que solía.

Antes, alrededor de una de cada dos campañas no violentas tenía éxito; ahora es alrededor de una de cada tres.

Aunque, por supuesto, también se han producido algunos éxitos desde 2006.

Por ejemplo, el presidente sudanés Omar al-Bashir fue depuesto en 2019. Y unas semanas más tarde, el malestar popular obligó a dimitir al presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika.

Pero estas salidas son cada vez más raras.

¿Por qué? Bueno, podría haber muchas explicaciones, pero una parecería ser el impacto de doble filo de las redes sociales y la revolución digital.

Durante unos años, parecía que Internet y el auge de las redes sociales habían proporcionado a los organizadores de protestas una nueva y poderosa herramienta, facilitando la transmisión de información de todo tipo: por ejemplo, dónde y cuándo reunirse para la próxima marcha.

Pero los regímenes despóticos ahora han encontrado formas de darle la vuelta a esa arma y de usarla contra sus oponentes.

Policía en Bielorrusia

Reuters
Los gobiernos despóticos también utilizan la tecnología.

“La organización digital es muy vulnerable a la vigilancia y la infiltración”, dice Erica Chenoweth.

Y los gobiernos también pueden utilizar las redes sociales para hacer propaganda y para difundir desinformación.

Lo que nos lleva de regreso a Bielorrusia, donde los teléfonos de los manifestantes detenidos son examinados de forma rutinaria para establecer si siguen los canales de la oposición en la aplicación de mensajería Telegram.

Cuando las personas que manejan estos canales han sido arrestadas, Telegram se ha apresurado a cerrar sus cuentas con la esperanza de hacerlo antes de que la policía haya podido verificar la lista de seguidores.

¿Podrá el presidente Alexander Lukashenko aferrarse al cargo? ¿Realmente conseguirá sobrevivir ahora que está tan claro que existe una oposición tan generalizada a su gobierno?

Tal vez no. Pero si la historia sirve de guía, es demasiado pronto para descartarlo.


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