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Cuartoscuro

Reglas de operación de la pensión para adultos mayores no condicionan a tener cuenta con un banco específico

De acuerdo a lo publicado este jueves, los beneficiarios podrán tramitar una cuenta bancaria en la institución de su preferencia.
Cuartoscuro
1 de marzo, 2019
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En las Reglas de Operación del programa Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores para el ejercicio fiscal 2019, publicadas este jueves en el Diario Oficial de la Federación (DOF), quedó asentado que los beneficiarios no están obligados a tener una tarjeta de un determinado banco.

Entre las obligaciones estipuladas para quienes recibirán el apoyo está la de tramitar ante la institución financiera de su preferencia una cuenta Básica y proporcionar la información de ésta a la oficina de representación correspondiente.  

De acuerdo a información proporcionada en enero por la Secretaría del Bienestar a Animal Político, Banco Azteca sería la institución encargada de emitir las llamadas Tarjetas del Bienestar para los beneficiarios de los programas sociales del gobierno federal, entre los que está el de pensión para adultos mayores.

La Secretaría afirmó entonces que solo se depositarían los apoyos en plásticos de otros bancos en el caso de las personas que ya contaban con uno de alguna otra institución. Pero las reglas de operación del programa no contemplan que las personas no bancarizadas estén obligadas a aceptar la de algún banco en particular.

En lo publicado este jueves en el DOF se asienta que el mecanismo de entrega se realizará por medio de las Delegaciones de Programas para el Desarrollo, en coordinación con la unidad responsable (la Subsecretaría de Desarrollo Social y Humano, a través de la Dirección General de Atención a Grupos Prioritarios), y que éste será mediante tarjeta bancaria.

Pero a los beneficiarios que no cuenten con ese medio de cobro se les realizará el pago en efectivo, a través de las oficinas de representación o de algún medio idóneo. Lo que sí se estipula es que la unidad responsable podrá realizar las acciones tendientes para lograr la bancarización de los beneficiarios.

Ni lo uno ni lo otro

En enero, durante la presentación del programa Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores en el municipio de Valle de Chalco, en el Estado de México y en Iztapalapa, en la CDMX, el presidente Andrés Manuel López Obrador prometió que para mediados de febrero se tendrían que haber entregado ya las 8 millones 500 mil tarjetas bancarias en las que todos los potenciales beneficiarios del programa recibirían su apoyo.

Animal Político llamó este jueves a tres adultos mayores que se encontraban en la presentación del programa, en Valle de Chalco, en el Estado de México, y en Iztapalapa, en la CDMX, y confirmaron que aún no han recibido ni la tarjeta bancaria ni la pensión.

“A mi papá no le ha llegado nada. Ya hemos ido a preguntar hasta la oficina de Morena y no nos saben decir para cuándo llegará. Solo nos dicen que no nos desesperemos. Pero tampoco nos han pedido ya ningún trámite de sacar alguna tarjeta ni nada. Nos dijeron que llegará la tarjeta acá al domicilio”, aseguró Cristina Armas, hija de Casimiro Armas, adulto mayor de 71 años, quién reside en Valle de Chalco y ya está en espera de su pensión desde diciembre.

En la misma situación está Gregoria Estrada Pérez, de 71 años, habitante de la colonia San Antonio Culhuacán, en la alcaldía de Iztapalapa. “No me han pedido que haga ningún trámite en ningún banco. Me dijeron que la tarjeta llegaría aquí a mi casa, pero no me ha llegado, ni tampoco la pensión, yo sigo en la espera”.

Quiénes serán beneficiarios

De acuerdo a las reglas de operación del programa publicadas este jueves, los beneficiarios serán las personas indígenas (que habiten en un municipio catalogado así) adultas mayores de 65 años o más. Para el resto de la población el beneficio se les entregará hasta cumplir los 68 años.

Aunque las personas de 65 a 67 años que ya estén inscritas en el Padrón Activo de beneficiarios del Programa a diciembre del 2018 seguirán recibiendo la pensión, siempre y cuando hayan recibido antes ya algún pago. Los beneficiarios recibirán 1,275 pesos mensuales mismos que se entregarán en forma bimestral. La pensión tendrá cobertura en territorio nacional, por lo que no se entregarán a personas que residan en el extranjero.

La instancia ejecutora y responsable de la pensión es la Secretaría de Bienestar, a través de la Subsecretaría de Desarrollo Social y Humano, la Dirección General de Atención a Grupos Prioritarios (DGAGP) y las Delegaciones de los Programas para el Desarrollo, así como las oficinas que se establezcan para esto.

Las Delegaciones de Programas para el Desarrollo serán las responsables de incorporar a los nuevos beneficiarios al padrón, atender a quienes reciben el apoyo, hacer las visitas domiciliarias y del mecanismo de entrega del subsidio, mediante tarjeta bancaria.

La pensión se suspenderá en caso de que se identifique a personas duplicadas en el Programa, en caso de cobro de apoyos simultáneos o cuando se hayan realizado dos visitas al domicilio del beneficiario y no sea posible ubicarlo, y no se presente él o su representante en la oficina de la representación. Entre las bajas definitivas se considera la renuncia voluntaria, que se debe solicitar mediante escrito.  

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Cómo sobrevivió una mujer transgénero a las terapias de conversión

Durante años, el sistema de sanidad británico llevó a cabo terapias agresivas con el fin de "curar" a homosexuales y transexuales. Carolyn Mercer, sobreviviente de estos tratamientos, cuenta su historia.
24 de agosto, 2019
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Otoño de 1964. Dos doctores atan a un joven de 17 años a una silla de madera en una habitación oscura, sin ventanas, y le cubren el cuerpo con electrodos.

Le electrocutan durante horas mientras le enseñan fotos de ropa de mujer.

Es parte de una terapia.

En un café en el Soho de Londres, Carolyn Mercer, ahora de 72 años, sonríe al ver las fotografías de ese niño. “Esa persona ha crecido y se ha desarrollado”, dice.

“Pero sigue siendo yo”.

Carolyn – quien prefiere no mencionar su nombre de niño – recuerda la primera vez que se dio cuenta de que era diferente.

Con 3 años, jugando en las calles de Preston, al noroeste de Inglaterra, persuadió a su hermana menor para intercambiar sus ropas.

Carolyn, vistiendo el uniforme de preescolar de su hermana, se situó frente a la tienda de su madre esperando que las personas vieran una niña pequeña ahí parada.

“Jamás se trató de la ropa… era algo dentro de mí”, cuenta.

Era un niño, y yo no quería serlo”.

Carolyn Mercer, a la izquierda, junto a su hermana pequeña en 1950.

Carolyn Mercer
Carolyn Mercer, a la izquierda, junto a su hermana pequeña en 1950.

La ropa de su hermana

Cuando Carolyn nació en 1947, la actitud de la sociedad hacia el colectivo homosexual y transgénero era muy poco tolerante.

Inglaterra y Gales se hallaban lejos de legalizar las relaciones homosexuales o de incluso usar la palabra “transgénero”.

Vestida con la falda de su hermana, Carolyn no tuvo palabras para describir sus sentimientos. Pero sabía que era una niña transexual con disforia de género.

Su sexo asignado al nacer no se correspondía con su identidad de género.

“Me fui a dormir con el deseo de que alguien inventara un trasplante para poner mi cerebro en un cuerpo más apropiado”, recuerda Carolyn.

Durante la infancia, su deseo secreto de vivir como mujer se transformó en un autodesprecio que le consumía.

Fotos de Carolyn como niño

Carolyn Mercer
“Sabía lo que quería ser, y ese pensamiento se consolidó desde los 3 años en adelante”

“Ese desprecio a mí misma se trataba de que yo quería algo muy absurdo”.

Carolyn se sentía “sucia” porque la sociedad veía a las personas transgénero como algo “incorrecto” y “malévolo”. “Si era incorrecto y malévolo, debía ser porque yo era mala y estaba equivocada”, dice que pensó entonces.

Creció en el cuerpo de un fuerte adolescente y se dedicó a ser “un buen tipo”, jugando deportes “masculinos” como rugby o boxeo. Aún así, no podía desplazar el profundo e incómodo sentimiento de pretender ser alguien que no era.

Descargas eléctricas

Carolyn comenzó a sentirse deprimida y suicida. Pensaba que “sería más fácil” para su familia y amigos si muriese antes que contarle a alguien cómo se sentía.

Pero los 17 años, compartió su secreto con un vicario. La llevó a ver a un médico en un hospital psiquiátrico y se organizaron “cinco o seis” sesiones de terapia de aversión en un hospital de Blackburn.

“Pedí eso porque quería curarme”, afirma.

Terapias de descargas eléctricas

Getty Images
Terapias de descargas eléctricas de diversos tipos se han utilizado en medicina desde la década de 1930.

Carolyn estaba atada a una silla de madera en una habitación oscura mientras los doctores le adherían electrodos previamente sumergidos en salmuera. A la vez, le proyectaban imágenes con ropa de mujer en la pared de enfrente.

A cada cambio de fotografía, un corrientazo a través de los electrodos le propinaba un doloroso shock eléctrico. Carolyn recuerda vívidamente el naciente shock desgarrando con dolor desde su mano hacia arriba mientras su brazo permanecía adherido a la silla.

A pesar de su agonía, los doctores siguieron presionando. Estaban convencidos de que si ella “aprendía” a asociar sus pensamientos con los recuerdos de dolor, dejaría de pensar que era una mujer.

Meses de tratamiento después, Carolyn decidió no recibir más. Para entonces el trauma era tan grande que la experiencia de los temblores y los recuerdos le atormentó por los siguientes 40 años.


¿Qué es una terapia de conversión?

La llamada terapia de conversión o “cura de gays” asegura ayudar al cambio de la sexualidad o identidad de género de una persona. Los métodos incluyen hipnotismo, exorcismo y tratamientos de aversión como choques eléctricos y fármacos para vomitar.

Este tipo de terapias estuvieron disponibles en el sistema nacional de sanidad británico (NHS, por sus siglas en inglés) hasta los años 70. El sistema y el gobierno sostienen que no hay archivos sobre el número de pacientes que fueron tratados o que murieron como consecuencia del tratamiento.

A pesar de que la evidencia científica indica que son dañinas e inefectivas, varias terapias continúan llevándose a cabo alrededor del mundo.

Organizaciones trabajan para poner fin a estos tratamientos, pero las complejas y arraigadas creencias que fomentaron su propagación dificultan su erradicación.


Durante un tiempo, Carolyn pensó que la terapia había funcionado.

Llevó la vida tan “masculinamente” como era posible. A los 19 años tenía esposa e hija, se había convertido en profesora de matemáticas y había sido promovida rápidamente, convirtiéndose pronto en una de las más jóvenes directoras en su provincia.

Pero su disforia no había sido sofocada.

Carolyn Mercer con 19 años

Carolyn Mercer
Carolyn, con 19 años, en su primer día como profesora, dos años después de la terapia.

Su depresión empeoró y le sacudían temblores incontrolables cada vez que pensaba en el tratamiento recibido.

“¿Funcionó la terapia con respecto a mi cuerpo? Sí”, dice Carolyn. “¿Funcionó con respecto a mi mente? Solo para odiarme más”.

Después de años lidiando con la disforia, Carolyn comenzó a tomar hormonas para que se le desarrollaron los senos a comienzos de los 90.

Fue el inicio de un proceso descrito por muchos en la comunidad transgénero como “transición” o, como Carolyn prefiere, “alinear mi expresión de género con mi identidad de género”. Es “un poco pretencioso, pero se ajusta a mi realidad”.

Su familia no apoyó su decisión de forma activa. “Les gustaba la persona que veían, una diferente a la que yo me reflejaba“, reconoce.

Mastectomía doble

En el trabajo, Carolyn se vendaba sus senos en desarrollo para ocultar los efectos de su tratamiento.

Pero, en 1994, un periodista se enteró de que estaba tomando hormonas y la vida personal de Carolyn se reprodujo en los tabloides alegando que era de “interés público” informar del secreto de una maestra de alto perfil.

El episodio hizo que Carolyn se replanteara su consumo de hormonas y, al verano siguiente, le extirparon sus senos en una cirugía normalmente reservada a pacientes con cáncer.

Una vez más, un vacío infranqueable se había alojado entre quién era Carolyn y quién quería ser.

Pero varios años difíciles después, y a pesar del apoyo de amigos, alumnos, familiares y colegas, Carolyn se jubiló para someterse a la operación que soñó durante décadas.

Tenía entonces 55 años.

Carolyn Mercer

Carolyn Mercer
Carolyn, a los 67 años, disfrutó en Estados Unidos de unas vacaciones donde finalmente era quien siempre soñó ser.

Ahora la vida es mucho mejor. Ya no tengo ese secreto oculto todo el tiempo”.

Algunos miembros del colectivo transexual afirman que la persona antes de la cirugía ya está muerta. Pero para Carolyn, el niño pequeño vistiendo la ropa de su hermana menor sigue vivo.

“Sigo siendo la misma persona con las mismas experiencias”.

Sin embargo, sigue con dificultades para ser feliz. Siguiendo su terapia de conversión, se acostumbró tanto a enterrar sus más profundos deseos que ahora le cuesta abrirse a la felicidad.

“Cuando me enseñan el menú de un restaurante y preguntan qué prefiero, no sé qué responder”.

“Muchos lo encuentran triste, pero es algo que he asimilado… ya no tengo esa luz o ese tipo de emociones por haberme reprimido durante tanto tiempo”, concluye.


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