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Nayeli Roldán

Nuevas universidades afectan a estudiantes extranjeros y maestros de Centro latinoamericano en Michoacán

Tras el cambio en el enfoque de investigación del Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe (Crefal), empeoraron las condiciones para estudiantes extranjeros y maestros.
Nayeli Roldán
22 de marzo, 2019
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Para decenas de extranjeros estudiar la maestría en Educación en el Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe (Crefal), que se localiza Pátzcuaro, Michoacán, era una oportunidad ideal, por tratarse de un organismo reconocido por los países del continente, con una excelente plantilla docente y los gastos de manutención y matrícula asegurados, pero con la llegada de su nueva administración las condiciones cambiaron a tal grado que hasta los alimentos que reciben los alumnos son limitados.

Además, el Crefal cambió su enfoque de centro de investigación y consultoría por el de administrador de las 100 nuevas universidades que creará el Gobierno de México, pese a que se trata de un organismo internacional y, por tanto, es ajeno a la administración pública.

Este último cambio no solo implica hallar un instrumento legal para que el Centro reciba y opere mil millones de pesos presupuestado para el programa Universidades para el Bienestar Benito Juárez García que están etiquetados en la Secretaría de Educación Pública (SEP), sino que también impacta a los estudiantes de la institución.

El Crefal es un organismo internacional, autónomo con personalidad jurídica y patrimonio propios, “al servicio de los países de América Latina y el Caribe”, y que fue creado mediante el Convenio de Cooperación Regional entre la UNESCO, la Organización de Estados Americanos y 12 países de América Latina y el Caribe en 1951.

El Consejo de Administración, conformado por los embajadores de los países miembro es el máximo órgano de decisión, pero es administrado por un director general. Hasta noviembre de 2018, el cargo era ocupado por Sergio Cárdenas, cuyo mandato concluiría en 2020, pero en diciembre de 2018 salió de manera abrupta y Raquel Sosa, lo sustituyó para que desde ese organismo coordinara la creación de las 100 nuevas universidades del Gobierno Federal. 

En mayo de 2018, el Crefal lanzó la convocatoria para participar en la segunda edición de la Maestría en Aprendizaje y Políticas Educativas (MAPE), dirigida para estudiantes mexicanos y extranjeros, para formar especialistas con “conocimientos y habilidades para contextualizar y analizar las políticas educativas de su país y la región”, y creada durante la administración de Sergio Cárdenas.

Los seleccionados recibirían una beca que cubría los costos de inscripción al programa, colegiaturas, servicio médico, hospedaje y alimentación de lunes a viernes en las instalaciones del Crefal. Además de un apoyo mensual de 2 mil 500 pesos para solventar gastos adicionales durante la estancia por un año.

Después de aprobar el proceso de selección que incluyó un ensayo, carta de exposición de motivos y entrevistas, además de documentación académica, y la aprobación del Comité Académico, los estudiantes se enteraron que fueron aceptados en septiembre de 2018.

A partir de entonces, iniciaron los trámites en su país para conseguir la estancia en México como estudiante del Crefal, que entonces estaba dirigido por Sergio Cárdenas, quien se encontraba en el primero de tres años de gestión.

Sin embargo, el abrupto cambio en la administración en diciembre pasado, que colocó a Raquel Sosa como directora general, trajo consigo diferentes condiciones para los estudiantes que ni siquiera habían llegado a territorio mexicano, pues el curso comenzaría en enero de 2019.

Todos los seleccionados recibieron un mail de Gabriela Vázquez, la nueva directora académica,  el 22 de diciembre de 2018 en el que les informaban las nuevas condiciones sin mayor explicación: se cancelaba la entrega del apoyo económico y solo se mantendría una comida entre semana como parte de la beca.

Para entonces, muchos ya habían realizado los trámites en su embajada, habían renunciado a empleos o pedido permiso para estudiar en México. Recibieron la noticia como balde de agua fría.

Estaban a unos días de llegar al Crefal y el mail no contenía ni siquiera un sello institucional, por eso es que algunos estudiantes entrevistados que prefieren mantenerse en anonimato por temor a represalias, hasta dudaron que esa comunicación fuera real.

Por ello es que de los 18 seleccionados, apenas 10 aceptaron las nuevas condiciones y viajaron como lo tenían planeado, aunque el primer incumplimiento fue que los alumnos tuvieron que pagar sus vuelos, pese a que los haría el Crefal.

La segunda diferencia fue en la reunión de recibimiento, la nueva administración les informó que el Centro solo se haría cargo de la comida, pero no del desayuno ni cena, lo cual era contrario a la promesa de la anterior administración de hacerse cargo de toda la manutención.

Dicho compromiso incluso estaba asentado en la documentación que entregaron a sus respectivas embajadas y a la representación consular de México para que les otorgaran una visa de estudiante, lo que, además, les prohibiría trabajar.

“Cómo íbamos a pagar el resto de alimentos si no podemos trabajar y renunciamos a nuestros empleos en nuestros países”, dice uno de los alumnos mientras narra esa primera reunión. “Intentamos negociar, les dijimos que podríamos pagar nuestra comida con trabajo en sus nuevas universidades, pero Gabriela respondió que ‘aquí no se estaba negociando nada’.

Después de un intenso debate, los alumnos recién llegados consiguieron que las nuevas autoridades cedieran y otorgaran la alimentación completa de lunes a viernes, pero la cancelación del apoyo económico no tenía marcha atrás.

La batalla no estaba ganada del todo: por el argumento de austeridad, la dieta de los alumnos es limitada. Apenas incluye “lechugas y tortillas, no hemos comido carne en los últimos 15 días. De proteína nos dan medio huevo o un pedazo de queso”, cuenta otro de los alumnos.

Esto es otra diferencia notable en el trato con respecto a la anterior generación que en cada alimento tenía servicio tipo buffet con variedad de carnes, verduras y frutas. Por eso es que algunos han bajado de peso en estos dos meses. “A veces siento que nos tratan peor que reclusos, dándonos puras tortillas”, dice otro alumno.

En otra de las reuniones donde algunos estudiantes confrontaron a Gabriela Vázquez, quien les dijo que la educación “deberían pagarla nuestros países”, por eso es que algunos creen que ese correo del 24 de diciembre era una señal de que a la nueva administración ya no le interesaba que extranjeros estudiaran en la joven maestría.

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Los maestros despedidos

Otra diferencia que vivieron en cuanto llegaron es que la plantilla docente había cambiado. Ya no tendrían como maestros a doctores formados en el extranjero y expertos en investigación educativa y ni siquiera les entregaron el nuevo plan de estudio para las primeras clases.

La coordinadora académica era Eugenia Garduño, doctora en Educación por Harvard, quien además de dedicarse a la investigación, dirigió el Centro de la Organización para el Desarrollo Económico (OCDE) en México para América Latina y fue coordinadora general de @prende.mx, órgano desconcentrado de la SEP, responsable de coordinar el Programa de Inclusión y Alfabetización Digital (piad).

Los salarios oscilaban entre 35 mil y 50 mil pesos mensuales, más vivienda en Pátzcuaro, pero la nueva administración, encabezada por Raquel Sosa, no estaba dispuesta a sostener esa cifra, por eso es que fueron despedidos.

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A mitad de noviembre, los investigadores y docentes tuvieron una primera reunión con Raquel Sosa, Gabriela Vázquez y Fidencia Luna, quienes encabezaban la administración, donde les informaron que el Crefal coordinaría la aplicación del programa Universidades para el Bienestar Benito Juárez García, pero serían bienvenidos al nuevo proyecto siempre y cuando no estuvieran “detrás de un escritorio, sino en campo”.

Pero tras la toma de protesta del presidente Andrés Manuel López Obrador, la situación cambió. En otra reunión del 13 de diciembre, Sosa les informó que el área de investigación desaparecería y, por tanto, “no los iban a requerir” y no importó que algunos eran profesores de la Maestría en Educación y los alumnos de la primera generación terminarían curso hasta febrero de 2019. Es decir, despedían a la plantilla académica dos meses antes de concluir.

Entre las molestias de Raquel Sosa con la plantilla docente estaba que parte de la bibliografía para la maestría era en inglés o que los académicos eran jóvenes y con poca experiencia en el aula, aunque varios de ellos tuvieran doctorados en el extranjero, dice en entrevista uno de ellos que prefiere el anonimato para evitar represalias.

Pese a que los nuevo docentes e investigadores les dieron dos días para salir de la vivienda que tenían como prestación, la comunicación oficial de su despido llegó hasta el 26 de diciembre a través de una carta firmada por Gabriela Vázquez, directora académica, y después de la mediación de un abogado.

“Nos permitimos informarle que no nos será posible renovar su contrato como personal académico del CREFAL. Tal como le hemos manifestado, estaremos en condiciones de plantearle las bases para un acuerdo de separación a partir del 15 de enero próximo. La propuesta de convenio deberá estar lista a más tardar el día 10, fecha en que le solicitamos haya desocupado la casa que el CREFAL ha puesto bajo su resguardo durante el tiempo en que ha laborado para la institución”, decía la carta que recibió prácticamente toda la plantilla.

Los docentes e investigadores recibieron el finiquito de ley en enero de 2019 y aún no entienden por qué tuvieron que salir pese a que estaban dispuestos a colaborar en la nueva administración, aunque de hacerlo hubieran tenido que aceptar que su sueldo bajara a 20 mil pesos como parte de las nuevas políticas de austeridad.

 

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Atentados del 11S: la icónica foto de la "dust lady" cubierta de polvo tras los ataques a las Torres Gemelas

Marcy Border fue fotografiada cuando logró refugiarse en un edificio cercano a las torres. Te contamos su historia.
11 de septiembre, 2019
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En agosto de 2015 fallecía a consecuencia de un cáncer Marcy Borders, recordada como la “dust lady” (dama del polvo) y cuya fotografía se convirtió en una de las más icónicas de los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York del 11 de septiembre de 2001.

Fue fotografiada cuando logró refugiarse en un edificio cercano a las torres.

Tenía su rostro y todo su cuerpo cubierto por el polvo que envolvió la Zona Cero después de que los edificios se vinieron abajo.

Dieciocho años después de los atentados, recordamos la historia detrás de esta emblemática imagen.

La fotografía

El 11 de septiembre de 2001, Borders recién cumplía su primer mes de trabajo en el Bank of America, cuyas oficinas se encontraban en el piso 81 de la Torre Norte del World Trade Center.

Lady Dust

Getty Images
En 2002 Marcy Borders posó con el fotógrafo que tomó su imagen cubierta por el polvo en la Zona Cero.

“El edificio comenzó a temblar y balancearse. Yo perdí todo el control. Luché a mi manera por salir de ese lugar”, dijo Borders al diario Daily Mail en 2011.

Desafiando las instrucciones de su jefe de que no debían salir, huyó por las escaleras y se refugió en el vestíbulo de un edificio cercano. Allí su imagen fue capturada por el fotógrafo Stan Honda.

El autor de la instantánea recordó aquel momento en una publicación de Facebook en el décimo aniversario de los ataques.

“Una mujer entró completamente cubierta de polvo gris. Se notaba que estaba muy bien vestida para el trabajo y por un segundo se detuvo en el lobby. Pude hacer una toma de ella antes de que un agente de policía comenzara a dirigir a la gente hacia las escaleras”, escribió Honda en 2011.

Borders, nacida en Nueva Jersey, no se dio cuenta que había sido fotografiada hasta que su madre vio la imagen al día siguiente y se puso en contacto con Stan Honda.

Complicaciones

Ataques del 11 de septiembre de 2001

Getty Images
Miles de personas que se encontraban en la Zona Cero el 11-S fueron diagnosticadas con cáncer en años posteriores,

En los años posteriores a los ataques, Borders sufrió cuadros de depresión severa y adicción a las drogas. Incluso perdió la custodia de sus dos hijos.

“No trabajé en casi 10 años y en 2011 era un completo desastre”, le dijo a The New York Post en ese entonces. “Cada vez que veía un avión me entraba el pánico”.

Sin embargo, después de una temporada en rehabilitación, logró desintoxicarse y recuperó la custodia de sus hijos.

En noviembre de 2014 se conoció que padecía de cáncer de estómago.

Borders afirmó que su mal fue el resultado de lo que vivió en 2001. “Definitivamente lo creo porque no tenía ninguna enfermedad”, dijo al diario estadounidense New Jersey Journal.

“Yo no tengo la presión arterial alta, ni el colesterol alto, ni diabetes”.

Miles de personas que se encontraban en la Zona Cero el 11-S fueron diagnosticadas con cáncer en años posteriores, particularmente los rescatistas que trabajaron en los escombros de los edificios en los días y semanas posteriores a los atentados.

Eso llevó a la creación de un fondo compensatorio durante el gobierno de Barack Obama.

Smoke from the burning World Trade Center towers fills up the downtown Manhattan skyline

Getty Images
Muchas personas sufrieron las consecuencias físicas y psicológicas de los ataques del 11S.

Fallecimiento

En entrevistas en los años que siguieron al ataque, Borders culpó de su cáncer al polvo y las sustancias contaminantes que aspiró mientras escapaba del World Trade Center.

Tras su fallecimiento en 2015, Juan Borders, primo de Marcy, la llamó “heroína” y aseguró que “sucumbió a las enfermedades que cargó en su cuerpo desde el 11-S”.

“Además de la pérdida de tantos amigos, compañeros de trabajo y colegas durante y después de ese trágico día, los dolores del pasado han encontrado una manera de resurgir”, dijo.

Noelle, hija de Marcy Borders, le dijo al diario estadounidense New York Post que su madre “peleó una batalla increíble”.

“Ella no sólo es la ‘dust lady’, es mi heroína y vivirá para siempre a través de mí”, concluyó.

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