El Complot Mongol: la nueva película que busca ganarse “a codazos” un espacio en cartelera
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Manu Ureste

El Complot Mongol: la nueva película que busca ganarse “a codazos” un espacio en cartelera

Llega a la cartelera El Complot Mongol, la nueva película del director de Cantinflas.
Manu Ureste
19 de abril, 2019
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En un cantina de la calle Dolores, en el corazón del barrio chino de la Ciudad de México, donde los letreros de neón todavía anuncian entre dragones y coloridas sombrillas de papel los nombres exóticos de restaurantes y mercados, Sebastián del Amo, director de la película Cantinflas que fue nominada en 2015 al Oscar como mejor cinta extranjera, toma asiento en una mesa, y pide al mesero que le sirva un agua mineral.

Se trata de una cantina añeja. De esas de películas del cine de oro mexicano. Con su larga barra de madera con forma de ‘L’, una caja registradora del siglo pasado, anuncios de marcas de coñac que dejaron de existir, y un cantinero que ríe con desgana cuando responde que en ese lugar no sirven café.

En definitiva, una cantina de barrio. Popular. Que Sebastián eligió para rodar aquí varias de las escenas de su última película: El Complot Mongol. Una “pinche intriga internacional”, como la cinta se autodefine en el tráiler, basada en la novela del mismo nombre que Rafael Bernal publicó en 1969, y con la que Del Amo, después del éxito de Cantinflas, busca abrirse de nuevo un espacio en la cartelera compitiendo “a codazos” contra los Avengers de la todopoderosa industria Marvel.

O como el propio Del Amo los define con sorna: “los superhéroes en mallitas y mamados de gimnasio, que avasallan todas las salas de cine”.

Para ello, el también director de El fantástico mundo de Juan Orol asegura que cuenta con dos armas potentes.

La primera, una trama delirante y vertiginosa situada en los años 60 en la Ciudad de México, en la que, en plena Guerra Fría, estadounidenses y soviéticos están convencidos de que China trata de aprovechar una inminente visita del presidente estadounidense a México para asesinarlo.

Para impedirlo, la policía judicial tiene al hombre indicado: Filiberto García, detective de la vieja guardia, que, apoyado por un tándem imposible de agentes de la CIA y el KGB, aprovechará sus contactos en el misterioso barrio chino de la capital mexicana para frustrar el atentado.

Y la otra, un gran elenco actoral, en el que figuran Bárbara Mori -en el papel de ‘Martita’-, Eugenio Derbez -como el villano-, Roberto Sosa -como ‘El Licenciado’-, Xavier López ‘Chabelo’ -como El Coronel-, y Damián Alcázar dando vida a Filiberto García, el clásico anti-héroe del género de gabardina y sombrero de ala ancha, cuya imagen de tipo duro y gatillero con charola contrasta con  su sentido del humor, y con una visión ácida la sociedad mexicana, de la que se expresa con frases tan vigentes hoy como: “En México no importan las leyes, importan los cuates que tienes”.

A lo House of Cards

Ya es mediodía, y las mesas de la cantina están aún vacías. El mesero, un tipo que lleva 30 años de oficio, trae con desgana una bandeja y deja el agua mineral sobre la mesa de madera vieja por el paso de las décadas.

-¿Por qué hacer una película basada en una novela de los años 60? 

-Porque es un clásico de la novela negra mexicana -responde Del Amo, mientras se acomoda los lentes redondos sobre la nariz, y luego se atusa ligeramente la playera negra que viste-. Mi madre me regaló el libro cuando tenía 13 años, y me cambió la vida porque me descubrió el placer de la lectura. Además, el ambiente que recrea es mucho mi historia personal. Porque a toda esta zona no solo llegó el exilio chino, sino también el exilio español de la Guerra Civil, en el que está incluido mi familia.

-Pero a largo de los 50 años que va a cumplir la primera edición de El Complot Mongol, ya salieron películas, obras de teatro, cómics, e incluso radio novelas. ¿Qué va a aportar ahora tu película?

-A diferencia de otras adaptaciones, como la del 78 protagonizada por Pedro Armendáriz, esta película busca rescatar el espíritu tragicómico del personaje central, Filiberto García. Para quien aún no conozca la novela, hay que decir que tiene todos los rasgos típicos de la literatura negra, como el antihéroe otoñal, la mujer fatal, la intriga, y un desenlace trágico. Pero lo que la hace una gran historia es que te partes de la risa leyéndola, porque lo que el personaje piensa de muchas cosas no coincide con su apariencia dura y áspera. Te das cuenta de que, en realidad, es un ñoño cursi. Y ese carácter tragicómico es parte fundamental en esta nueva adaptación.

Para lograr lo anterior, Del Amo explica que hizo “una apuesta en cámara más lúdica”, a partir de la cual buscó crear una “intimidad” con el público, para que el espectador camine por la trama de la mano del detective García.

-Para tener esa intimidad tenía dos caminos -plantea el cineasta-. Uno, recurrir a la voz en off, que es un recurso clásico del cine negro, pero también recontravisto, y que, además, sentía que le daba mucha solemnidad al personaje. Ya sabes: “la noche fría caía lentamente sobre la ciudad -dice entre risas imitando una voz en off grave-”. Pero, claramente influenciado por la serie House of Cards, me pareció mucho más interesante que el personaje central le hablara al espectador sin nada de por medio. Y elegí esa opción.

-Es decir, que es un thriller de espías, pero también una película para reír…

-Es para un público muy amplio -recalca Del Amo-. La gente que quiera ir al cine a divertirse, comer palomitas, y ver a los actores más populares en papeles muy diferentes a los que están acostumbrados, se va a divertir. Y la que quiera ir al cine para hacer una análisis más profundo de la adaptación al cine de este clásico de la novela negra, de las decisiones estéticas, y de la actuación, también van a tener mucha tela de donde cortar.

Pero, además de pasar un buen rato, la película también busca otros objetivos, añade Del Amo. Por ejemplo, “revitalizar la novela” de Bernal, y que los jóvenes se acerquen a ella, como lo hizo él cuando tenía 13 años.

-Y claro, la gran esperanza es que le vaya bien a la película -dice y encoge los hombros-. Porque si le va bien, lo que puede suceder es que se abra el thriller como género a los señores del negocio del cine en México.

-¿Por qué? -se le inquiere para cambiar ligeramente el tema de la entrevista-. ¿Cree que no se está apostando lo suficiente en este tipo de películas?

-Está claro que la apuesta es a la comedia romántica, y un poco al terror, que puede ser más barato y chapucero, aunque hay gente que le gusta eso.

Sobre este punto, se plantea a Del Amo que, tal vez, es complicado que los productores en México le apuesten a películas arriesgadas, o a géneros que no venden tanto, por la competencia que existe en la industria con la llegada cada semana de producciones faraónicas de Hollywood.

El director escucha el comentario. Se mesa el bigote y la barba de chivo y cruza las manos sobre la mesa, mientras rechaza amablemente al enésimo vendedor de lotería que atraviesa la puerta de la cantina, que está franqueada por dos leones chinos, en busca de unos pesos.

-A mí lo que me molesta es el discurso victimista de: ‘es que no nos ponen en cartelera’. Pues sí, wey, el espacio en los cines se gana a codazos. Porque siempre vas a tener un pinche blockbuster gringo en la cartelera. Entonces, ¡claro que vas a salir a cartelera en una situación de desventaja! Pero ese espacio, insisto, hay que ganárselo a codazos.

-Sí, ¿pero cómo se hace eso? 

-En mi modesta opinión, debe haber un balance en el cine mexicano. Lo que no es sustentable es tener este cine mal llamado de autor, que, vale, gana festivales en Tombuctú, pero que no tiene ningún impacto en su mercado natural, que es México. Porque muchas de esas películas no tienen casi distribución. Y por mucho que el gobierno apoye con fondos, pues no es sostenible que una película que, en promedio cuesta 26 millones de pesos en México, regrese cero pesos, o casi nada, a la inversión.

Del Amo toma del vaso y se ajusta la gorra negra sobre la cabeza.

-Y por otro lado -continúa-, en cuanto al cine comercial, pues hay que hacer apuestas un poco más arriesgadas en lo estético, lo visual, y en lo temático, para ir haciendo cada vez películas más inteligentes, y no quedarnos con el pastelazo fácil, tipo La boda del perico. Porque, si no, acabará pasando lo que ya sucedió con géneros que fueron muy exitosos, como el melodrama ranchero, que a base de abusar una y otra vez de él se terminó agotando.

Y añade más.

-Te pongo un ejemplo: yo celebro el éxito en taquilla de No manches Frida. Pero este mismo año va a salir otra película donde, otra vez Omar Chaparro, se enamora de nuevo de Martita Higareda. Por eso digo que no está habiendo apuestas arriesgadas en el cine mexicano. Todas son: la boda de mi amigo, del primo, o de la secretaria de la oficina -suelta un carcajada-.

Pero, claro, matiza el cineasta, tampoco se trata de irse a los extremos con eso de arriesgar. Porque si no se hace ninguna concesión con el público, recalca, y la película se filma muy bonita en blanco y negro, pero la historia es “una diarrea mental”, pues nadie irá al cine a verla.

-Es cosa de encontrar un balance -redondea la argumentación-. Porque ahí es donde va a estar el crecimiento del cine mexicano.

-¿A pesar del éxito de Cantinflas, ha tenido que seguir abriéndose paso a ‘codazos’?

-Cantinflas fue un éxito de taquilla en todo el mundo. Pero después de eso no es que vengan corriendo a buscarme. Lo que me permitió es que, si voy a una productora, por lo menos me escuchan, aunque luego me batean igual -ríe-. El éxito de Cantinflas estuvo muy bien, pero la lucha por sacar adelante cualquier proyecto continúa igual.  

Un golpe de suerte

Bien, volvamos a El Complot Mongol. Una obra a la que Sebastián Del Amo introdujo algunos cambios de la original. Como, por ejemplo, cambiar el año de la trama de 1969 a 1962, cuando el presidente Kennedy visitó en la realidad México, donde, muchos años después, varios medios publicaron que sí hubo un intento de conspiración para matar al presidente estadounidense que, trágicamente,  fraguó meses después en Texas.

-Damián Alcázar, Eugenio Derbez, Bárbara Mori, Chabelo… ¿Qué les ofreció para convencerlos a todos de estar en El Complot Mongol?

-Creo que el éxito que tuve en la convocatoria con los actores fue ofrecerles papeles muy distintos a lo que suelen hacer, ya que eso les supuso un reto que los obligó a implicarse de manera muy personal en este proyecto.

Por ejemplo, Del Amo cuenta que cuando buscó a Chabelo para ofrecerle el papel de El Coronel, lo primero que le dijo fue que quería que fuera Xavier López y no Chabelo. Propuesta que éste aceptó encantado y hasta aliviado por la oportunidad de interpretar un papel distinto al de niño eterno.

Aunque si alguien le sorprendió, dice el cineasta, es la actriz urguaya-mexicana, y de origen japonés, Bárbara Mori, quien interpretó a ‘Martita’.

-La puse seis meses a hacer taichí, para que agarrar el rollo gestual chino. Incluso, tomó clases de chino, y también de español pero con una maestra china, para agarrarle la onda a cómo hablaría español una china. Y el trabajo que hizo fue exquisito, de aplauso de pie.

-¿Y cómo convenció a Eugenio Derbez, uno de los actores mexicanos más cotizados del momento?

Del Amo confiesa que fue gracias a un “golpe de suerte”.

-Yo estaba en los Premios Latino en Marbella, España, por la película Cantinflas. Al día siguiente estaba en el hotel, en la tumbona descansando, cuando volteo y veo que junto a mí está Eugenio, y, literal, me le aviento desde la tercera cuerda -ríe a carcajadas-. Le propuse ser el villano de El Complot y le gustó la idea, aunque me dijo que estaba ocupadísimo con una producción de Disney. Pero me dijo: mira, te doy tres días de rodaje… dentro de ocho meses. Inmediatamente le dije que sí.

Luego pasó el tiempo y la producción tenía que empezar a rodar. Y una de las tareas de Del Amo como productor fue repartir los salarios del elenco.

-Cuando estaba en eso, me dije: Uta… Eugenio. Le escribí un mail y le dije que solo le podía ofrecer tanto. Y de pronto, no me contestaba. Pasaron semanas, y nada. Y claro, pensé: pues ya valió madres, ya lo ofendí. Debe pensar, este pinche director qué se cree, si yo cobro diez veces eso. Así que le escribí otro mail lloriqueando, diciéndole Eugenio disculpa si te ofendí.

-¿Y qué pasó entonces?

Sebastián Del Amo se apoya de nuevo en el respaldo de la silla de la cantina y concluye la anécdota entre carcajadas.

-Pasó que me llamó cagado de la risa, diciéndome que estaba cazando cocodrilos en Australia, y que, por supuesto, le entraba a la película. Es más, hasta pagó su boleto de avión, porque me dijo que sabía lo difícil que es hacer una película con poco presupuesto en México. La verdad es que es un tipo increíble. Antes yo era su fan. Pero ahora lo quiero.

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¿Por qué muchas mujeres aún se cambian el nombre para usar el apellido de sus maridos?

Tomar el apellido del esposo tiene un origen patriarcal histórico, ¿por qué entonces tantas mujeres mantienen esta tradición?
27 de septiembre, 2020
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Novia con brazo apoyado en el de su novio.

Getty Images
En Estados Unidos, la mayoría de mujeres adoptan el apellido de sus maridos cuando se casan.

Planear una boda en tiempos de pandemia es algo lleno de incertidumbres, pero Lindsey Evans, de 30 años, tiene clara una certeza: “cuanto más se acerca la fecha, más segura estoy de que quiero adoptar su apellido”.

La boda entre esta californiana y su pareja está prevista para julio de 2021.

En Estados Unidos, la mayoría de mujeres adoptan el apellido de sus maridos cuando se casan. En concreto un 70%, según uno de los análisis de datos más exhaustivos en los últimos años.

En Reino Unido, esa cifra asciende a casi un 90%, según datos de 2016. Y el 85% de esas mujeres tiene entre 18 y 30 años.

Aunque la tendencia es menor que hace una generación, queda claro que esta norma cultural aún persiste con fuerza en varios países del mundo occidental. Incluso a pesar de que hoy vivimos en una era más individualista y con mayor conciencia de género.

Aunque las definiciones de feminismo pueden variar, un 68% de mujeres menores de 30 años se definen como feministas en EE.UU. y alrededor del 60% en Reino Unido.

“Es bastante sorprendente, ya que esta tradición viene de la historia patriarcal, de la idea de que una mujer casada se convertía en una de las posesiones del hombre”, dice Simon Duncan, profesor de la Universidad de Bradford, en Reino Unido, quien ha estado investigando esta práctica.

Lindsay Evans

Lindsay Evans
Lindsey Evans, de 30 años, quiere adoptar el apellido de su futuro marido.

Es una tradición arraigada en la mayoría de países de habla inglesa, aunque el concepto de “adueñar” esposas hace más de un siglo que no se usa en Reino Unido y actualmente no hay ningún requerimiento legal para adoptar el nombre del marido.

Gran parte de Europa occidental sigue el mismo patrón, con las excepciones de España e Islandia, donde las mujeres mantienen sus apellidos y Grecia, que estableció un requerimiento legal en 1983 para que las mujeres retuvieran su apellido de por vida.

Incluso en Noruega, categorizado como uno de los países líderes en igualdad de género y con una historia patriarcal menor, la mayoría de mujeres siguen tomando el apellido de sus maridos. Allí, sin embargo, alrededor de la mitad de las mujeres que adoptan otros nombres mantienen su apellido de solteras como segundo nombre, que funciona como apellido secundario.

“¿Es esto solo una tradición inofensiva o hay algún tipo de significado que se filtra desde esos tiempos hasta ahora?”, se pregunta Duncan, quien recientemente se asoció con académicos de la Universidad de Oslo y la Universidad del Oeste de Inglaterra para ahondar en por qué persiste esta tradición.

Tradiciones patriarcales

Por supuesto, hay numerosas razones por las que una mujer puede querer cambiar su apellido de soltera, ya sea porque le disgusta o por desasociarse de padres ausentes o abusivos miembros de la familia.

Pero a través de un intenso análisis de investigaciones y entrevistas con parejas recién casadas o comprometidas en Reino Unido y Noruega, el equipo de Duncan identificó dos motivos especiales.

El primero fue la persistencia del poder patriarcal. El segundo, el ideal de “buena familia”; la creencia de que compartir el nombre de tu pareja simboliza el compromiso y te une a ti y a tus posibles hijos dentro de una unidad.

Algunas parejas aceptan el cambio de nombre simplemente por ser una tradición, mientras que otras adoptan con entusiasmo la idea de transmitir los apellidos del hombre.

“Algunos hombres todavía insisten en mantener ese tipo de suposición patriarcal que viene del pasado. Algunas mujeres están de acuerdo con eso y lo tienen internalizado. Hay mujeres realmente ansiosas en asumir el apellido de su esposo”, explica Duncan.

Hombre proponiendo matrimonio.

Getty Images
Cambiar al nombre del esposo está asociado con otras tradiciones como que sea el hombre el que pide matrimonio.

La investigación de su equipo expone que el hecho de que las mujeres cambien su nombre está vinculado a otras tradiciones patriarcales como que los padres entreguen a sus hijas antes de la boda o que los hombres sean los que proponen matrimonio.

Estos elementos, dice Duncan, forman parte del “paquete de matrimonio” para muchas parejas.

“Es parte del romance”, coincide Corinna Hirsh, alemana de 32 años residente en Estocolmo, Suecia, quien tomó el apellido de su marido al casarse el año pasado.

“Dormimos en habitaciones separadas la noche anterior. Mi padre y mi marido dieron un discurso, pero yo no”, agrega.

Hirsh cree que estas tradiciones le ayudan a ella y su pareja a desarrollar un vínculo más profundo, a pesar de ya llevar más de ocho años juntos. “No esperábamos sentirnos más cerca tras la boda, pero el hecho de haberla organizado a lo grande y tener un solo apellido hicieron el truco”.

La “buena familia”

El segundo motivo que Duncan y su equipo indagaron se basa más en percepciones públicas. Concluyeron que tomar el apellido de tu pareja se percibe como una forma de mostrar compromiso y unión hacia el exterior.

“Siento que nos da una identidad como familia y no como individuos”, concuerda Lindsey Evans en California.

Familia.

Getty Images
Muchas mujeres eligen tener el mismo apellido que sus parejas para dar más sentido de unidad familiar.

La investigación de Duncan concluyó que esta narrativa de “buena familia” era especialmente fuerte entre las mujeres que ya habían tenido hijos. Incluso algunas de las que no adoptaron el nombre de sus parejas lo hicieron después de dar a luz.

“Quise hacerlo para tener una mejor conexión con mi hijo, no solo en nuestra relación, sino también sobre el papel”, dice Jamie Berg, bailarina y gimnasta estadounidense de 36 años residente en Oslo, Noruega.

Tras mantener su nombre de nacimiento durante varios años, sobre todo porque era importante para su identidad profesional, añadió el nombre de su marido a su pasaporte y otros documentos cuando su hijo nació para “así tener los tres el mismo apellido”. Esto, esperaba, evitaría líos administrativos, por ejemplo, al viajar fuera del país.

El estudio de Duncan destacó otro sentimiento común entre muchos padres, y es que los niños pueden terminar confundidos o infelices como resultado de que los padres tengan nombres diferentes.

Pero argumenta que si bien esto puede crear incomodidad en los adultos, la investigación sociológica sugiere un impacto limitado en los niños, y la mayoría no se confunde en absoluto sobre quién conforma su familia, independientemente de su apellido.

¿Tradición contra el feminismo?

Los académicos están divididos sobre cómo esta norma juega en contra de los esfuerzos para conseguir la igualdad de género.

Duncan describe como “bastante peligroso” si las parejas lo hacen porque adoptan la tradición o simplemente la asumen por defecto.

“Perpetúa la idea de que el marido es la autoridad… reproduciendo la tradición de que el marido es el líder de la casa”, explica el investigador.

Ese argumento es fuertemente apoyado por mujeres como Nikki Hesford, de 34 años y propietaria de un negocio en el norte de Inglaterra. Ahora está divorciada, pero se negó a tomar el nombre de su exmarido cuando se casaron, y dice que le sorprende ver que pocas esposas hacen lo mismo.

Mujer con mano extendida.

Getty Images
Algunas mujeres piensan que asumir el apellido de la pareja masculina no ayuda al movimiento feminista.

“Las mujeres se quejan de que siempre terminan siendo las cuidadoras, las que dejan de lado el trabajo cuando se enferma el niño, lo llevan al hospital o la que sufren con sus carreras profesionales. Pero es que desde el principio sientan el precedente (con el cambio de nombre) al decir ‘tú eres más importante que yo, tú el principal y yo la secundaria'”, argumenta Hesford.

“Algunas personas me dicen que lo estoy pensando demasiado y que no significa nada, pero yo no estoy de acuerdo”, amplía.

Sin embargo, Hilda Burke, una terapeuta de parejas irlandesa, cree que las mujeres que eligen conservar sus apellidos no deberían juzgar tan rápido a las otras. La especialista apunta que estos conceptos de “romance retro”, reforzados por el cine y la literatura, se han amplificado con las redes sociales.

Esto significa que las mujeres seguirán influenciadas por este tipo de mensajes, a pesar de que el feminismo cuenta con una mayor plataforma hoy en día.

“Mucha parte del contenido de las influencers gira en torno a tener un novio, una gran fiesta de matrimonio y luna de miel. Incluso aunque esas mujeres se identifiquen como feministas, el estilo de vida que representan es el del ideal romántico”, dice Burke.

La especialista opina que, para muchas, cambiar al apellido de sus maridos es una opción pragmática y no necesariamente tiene que ver con ser más o menos feminista.

Pareja de casados en la playa.

Getty Images
“Mucha parte del contenido de las influencers gira en torno a tener un novio, una gran fiesta de matrimonio y luna de miel. Incluso si esas mujeres se identifican como feministas, el estilo de vida que representan es el del ideal romántico”.

Otro argumento es que, a fin de cuentas, el feminismo también se trata de dar a las mujeres libertad de decisión. Esto significa que siempre y cuando sean ellas las que decidan qué nombre tomar, no debería importar si va a favor o no de las normas patriarcales.

“Mi novio jamás me ha dicho que debo adoptar su apellido. Como feminista, soy capaz de tomar la decisión que es mejor para mí sin preocuparme por los roles de género“, dice Evans.

¿Seguirá así en el futuro?

Los investigadores debaten acaloradamente cuán prevalente será la tradición de tomar el apellido de los maridos en el futuro. Hay poca investigación académica predictiva, aunque hay indicios de que, a pesar del lento progreso hasta la fecha, tanto mujeres como hombres están cada vez más abiertos a alternativas.

En Reino Unido, una encuesta de 2016 a más de 1.500 personas mostró que al 59% de las mujeres todavía les gustaría tomar el apellido de su cónyuge al contraer matrimonio, y el 61% de los hombres todavía quiere que lo hagan así.

Aunque estas cifras son altas, son alrededor de un 30% más bajas que la proporción de británicos que actualmente siguen la tradición.

Otra encuesta mostró que el 11% de los jóvenes de 18 a 34 años en Reino Unido ahora están usando apellidos compuestos cuando se casan. Se trata de un práctica que tradicionalmente hacían las familias más adineradas.

“Lo hablamos antes y decidimos que como íbamos a compartir todo en nuestras vidas, también tenía sentido compartir los nombres”, explica Nick Nillsson-Bean, un británico de 36 años residente en Suecia, quien tiene el mismo apellido compuesto de su esposa.

Hombre poniendo anillo a su mujer.

Getty Images
Muchas parejas, por otra parte, optan por llevar apellidos compuestos.

“Se sentía un poco arcaico que tomara mi apellido”, explica.

En Estados Unidos, un número cada vez mayor de mujeres también está optando por apellidos compuestos sin guiones para ser más visibles online por motivos profesionales.

Mientras tanto, algunas parejas mezclan sus nombres o inventan otros nuevos para compartir y los hombres adoptan los apellidos de sus esposas, aunque ambos fenómenos siguen siendo inusuales.

“No estaba obsesionado con toda la masculinidad y la patriarcal y sabía lo importante que era conservar la identidad para mi esposa“, dice Ciaran McQuaid, un ingeniero británico de 39 años que cambió su nombre y se puso el apellido de su esposa.

Dado que las mujeres tienden a casarse más tarde (la edad promedio es ahora de 35 años o más en países europeos, incluidos Reino Unido, Italia y España, y alrededor de 28 en EE.UU.) esto también puede tener un impacto en la elección de nombres futuros.

Una investigación conjunta de Noruega y EE.UU. expone que las mujeres mayores, más educadas y económicamente independientes tienen más probabilidades de mantener sus nombres de nacimiento, mientras que la práctica es menos popular entre las más jóvenes, con salarios más bajos y dentro de la comunidad afroestadounidense.

Pareja casada.

Getty Images
Las mujeres de la comunidad afroestadounidense son menos propensas a conservar sus apellidos tras casarse.

“Ya tenía casa, título, automóvil…si cambiaba de nombre tendría que cambiar todos esos documentos y licencias”, explica America Nazar, una dentista de 50 años residente en Noruega que no cambió su nombre tras casarse el año pasado.

Otros investigadores destacan la influencia de la comunidad LGBTIQ, donde ya hay tendencia a ser más flexibles a la hora de cambiar de nombres.

La doctora Heath Schechinger, psicóloga y terapeuta de la Universidad de Berkeley en California, predice que se puede alentar a las parejas heterosexuales a mantener sus propios nombres a medida que “el concepto de ‘familia’ se expande”.

Es hora de que esto se convierta en una discusión abierta dentro de las asociaciones y no en algo que se asuma o esté predeterminado”, coincide la gerente de marketing Verity Sessions, de 35 años, de Inglaterra, que mantuvo su propio nombre cuando se casó con su esposa.

“Algunos de mis amigos han decidido tomar el apellido de su esposa”, dice.

Sin embargo, dice que entiende que otras parejas “simplemente aman una tradición” o podrían optar por nombres que simplemente “hacen que un árbol genealógico sea un poco más fácil de elaborar”.

En Londres, la psicoterapeuta Burke también cree que las nomenclaturas convencionales van a cambiar, aunque ahora con la batalla contra la covid-19 están teniendo lugar otras prioridades,

Los fanáticos de la tradición de los nombres masculinos como Corinna Hirsch, sin embargo, esperan que no se extinga. “Sería bueno si continúa, pero solo si no es forzado”, opina.


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