El Complot Mongol: la nueva película que busca ganarse “a codazos” un espacio en cartelera
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Manu Ureste

El Complot Mongol: la nueva película que busca ganarse “a codazos” un espacio en cartelera

Llega a la cartelera El Complot Mongol, la nueva película del director de Cantinflas.
Manu Ureste
19 de abril, 2019
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En un cantina de la calle Dolores, en el corazón del barrio chino de la Ciudad de México, donde los letreros de neón todavía anuncian entre dragones y coloridas sombrillas de papel los nombres exóticos de restaurantes y mercados, Sebastián del Amo, director de la película Cantinflas que fue nominada en 2015 al Oscar como mejor cinta extranjera, toma asiento en una mesa, y pide al mesero que le sirva un agua mineral.

Se trata de una cantina añeja. De esas de películas del cine de oro mexicano. Con su larga barra de madera con forma de ‘L’, una caja registradora del siglo pasado, anuncios de marcas de coñac que dejaron de existir, y un cantinero que ríe con desgana cuando responde que en ese lugar no sirven café.

En definitiva, una cantina de barrio. Popular. Que Sebastián eligió para rodar aquí varias de las escenas de su última película: El Complot Mongol. Una “pinche intriga internacional”, como la cinta se autodefine en el tráiler, basada en la novela del mismo nombre que Rafael Bernal publicó en 1969, y con la que Del Amo, después del éxito de Cantinflas, busca abrirse de nuevo un espacio en la cartelera compitiendo “a codazos” contra los Avengers de la todopoderosa industria Marvel.

O como el propio Del Amo los define con sorna: “los superhéroes en mallitas y mamados de gimnasio, que avasallan todas las salas de cine”.

Para ello, el también director de El fantástico mundo de Juan Orol asegura que cuenta con dos armas potentes.

La primera, una trama delirante y vertiginosa situada en los años 60 en la Ciudad de México, en la que, en plena Guerra Fría, estadounidenses y soviéticos están convencidos de que China trata de aprovechar una inminente visita del presidente estadounidense a México para asesinarlo.

Para impedirlo, la policía judicial tiene al hombre indicado: Filiberto García, detective de la vieja guardia, que, apoyado por un tándem imposible de agentes de la CIA y el KGB, aprovechará sus contactos en el misterioso barrio chino de la capital mexicana para frustrar el atentado.

Y la otra, un gran elenco actoral, en el que figuran Bárbara Mori -en el papel de ‘Martita’-, Eugenio Derbez -como el villano-, Roberto Sosa -como ‘El Licenciado’-, Xavier López ‘Chabelo’ -como El Coronel-, y Damián Alcázar dando vida a Filiberto García, el clásico anti-héroe del género de gabardina y sombrero de ala ancha, cuya imagen de tipo duro y gatillero con charola contrasta con  su sentido del humor, y con una visión ácida la sociedad mexicana, de la que se expresa con frases tan vigentes hoy como: “En México no importan las leyes, importan los cuates que tienes”.

A lo House of Cards

Ya es mediodía, y las mesas de la cantina están aún vacías. El mesero, un tipo que lleva 30 años de oficio, trae con desgana una bandeja y deja el agua mineral sobre la mesa de madera vieja por el paso de las décadas.

-¿Por qué hacer una película basada en una novela de los años 60? 

-Porque es un clásico de la novela negra mexicana -responde Del Amo, mientras se acomoda los lentes redondos sobre la nariz, y luego se atusa ligeramente la playera negra que viste-. Mi madre me regaló el libro cuando tenía 13 años, y me cambió la vida porque me descubrió el placer de la lectura. Además, el ambiente que recrea es mucho mi historia personal. Porque a toda esta zona no solo llegó el exilio chino, sino también el exilio español de la Guerra Civil, en el que está incluido mi familia.

-Pero a largo de los 50 años que va a cumplir la primera edición de El Complot Mongol, ya salieron películas, obras de teatro, cómics, e incluso radio novelas. ¿Qué va a aportar ahora tu película?

-A diferencia de otras adaptaciones, como la del 78 protagonizada por Pedro Armendáriz, esta película busca rescatar el espíritu tragicómico del personaje central, Filiberto García. Para quien aún no conozca la novela, hay que decir que tiene todos los rasgos típicos de la literatura negra, como el antihéroe otoñal, la mujer fatal, la intriga, y un desenlace trágico. Pero lo que la hace una gran historia es que te partes de la risa leyéndola, porque lo que el personaje piensa de muchas cosas no coincide con su apariencia dura y áspera. Te das cuenta de que, en realidad, es un ñoño cursi. Y ese carácter tragicómico es parte fundamental en esta nueva adaptación.

Para lograr lo anterior, Del Amo explica que hizo “una apuesta en cámara más lúdica”, a partir de la cual buscó crear una “intimidad” con el público, para que el espectador camine por la trama de la mano del detective García.

-Para tener esa intimidad tenía dos caminos -plantea el cineasta-. Uno, recurrir a la voz en off, que es un recurso clásico del cine negro, pero también recontravisto, y que, además, sentía que le daba mucha solemnidad al personaje. Ya sabes: “la noche fría caía lentamente sobre la ciudad -dice entre risas imitando una voz en off grave-”. Pero, claramente influenciado por la serie House of Cards, me pareció mucho más interesante que el personaje central le hablara al espectador sin nada de por medio. Y elegí esa opción.

-Es decir, que es un thriller de espías, pero también una película para reír…

-Es para un público muy amplio -recalca Del Amo-. La gente que quiera ir al cine a divertirse, comer palomitas, y ver a los actores más populares en papeles muy diferentes a los que están acostumbrados, se va a divertir. Y la que quiera ir al cine para hacer una análisis más profundo de la adaptación al cine de este clásico de la novela negra, de las decisiones estéticas, y de la actuación, también van a tener mucha tela de donde cortar.

Pero, además de pasar un buen rato, la película también busca otros objetivos, añade Del Amo. Por ejemplo, “revitalizar la novela” de Bernal, y que los jóvenes se acerquen a ella, como lo hizo él cuando tenía 13 años.

-Y claro, la gran esperanza es que le vaya bien a la película -dice y encoge los hombros-. Porque si le va bien, lo que puede suceder es que se abra el thriller como género a los señores del negocio del cine en México.

-¿Por qué? -se le inquiere para cambiar ligeramente el tema de la entrevista-. ¿Cree que no se está apostando lo suficiente en este tipo de películas?

-Está claro que la apuesta es a la comedia romántica, y un poco al terror, que puede ser más barato y chapucero, aunque hay gente que le gusta eso.

Sobre este punto, se plantea a Del Amo que, tal vez, es complicado que los productores en México le apuesten a películas arriesgadas, o a géneros que no venden tanto, por la competencia que existe en la industria con la llegada cada semana de producciones faraónicas de Hollywood.

El director escucha el comentario. Se mesa el bigote y la barba de chivo y cruza las manos sobre la mesa, mientras rechaza amablemente al enésimo vendedor de lotería que atraviesa la puerta de la cantina, que está franqueada por dos leones chinos, en busca de unos pesos.

-A mí lo que me molesta es el discurso victimista de: ‘es que no nos ponen en cartelera’. Pues sí, wey, el espacio en los cines se gana a codazos. Porque siempre vas a tener un pinche blockbuster gringo en la cartelera. Entonces, ¡claro que vas a salir a cartelera en una situación de desventaja! Pero ese espacio, insisto, hay que ganárselo a codazos.

-Sí, ¿pero cómo se hace eso? 

-En mi modesta opinión, debe haber un balance en el cine mexicano. Lo que no es sustentable es tener este cine mal llamado de autor, que, vale, gana festivales en Tombuctú, pero que no tiene ningún impacto en su mercado natural, que es México. Porque muchas de esas películas no tienen casi distribución. Y por mucho que el gobierno apoye con fondos, pues no es sostenible que una película que, en promedio cuesta 26 millones de pesos en México, regrese cero pesos, o casi nada, a la inversión.

Del Amo toma del vaso y se ajusta la gorra negra sobre la cabeza.

-Y por otro lado -continúa-, en cuanto al cine comercial, pues hay que hacer apuestas un poco más arriesgadas en lo estético, lo visual, y en lo temático, para ir haciendo cada vez películas más inteligentes, y no quedarnos con el pastelazo fácil, tipo La boda del perico. Porque, si no, acabará pasando lo que ya sucedió con géneros que fueron muy exitosos, como el melodrama ranchero, que a base de abusar una y otra vez de él se terminó agotando.

Y añade más.

-Te pongo un ejemplo: yo celebro el éxito en taquilla de No manches Frida. Pero este mismo año va a salir otra película donde, otra vez Omar Chaparro, se enamora de nuevo de Martita Higareda. Por eso digo que no está habiendo apuestas arriesgadas en el cine mexicano. Todas son: la boda de mi amigo, del primo, o de la secretaria de la oficina -suelta un carcajada-.

Pero, claro, matiza el cineasta, tampoco se trata de irse a los extremos con eso de arriesgar. Porque si no se hace ninguna concesión con el público, recalca, y la película se filma muy bonita en blanco y negro, pero la historia es “una diarrea mental”, pues nadie irá al cine a verla.

-Es cosa de encontrar un balance -redondea la argumentación-. Porque ahí es donde va a estar el crecimiento del cine mexicano.

-¿A pesar del éxito de Cantinflas, ha tenido que seguir abriéndose paso a ‘codazos’?

-Cantinflas fue un éxito de taquilla en todo el mundo. Pero después de eso no es que vengan corriendo a buscarme. Lo que me permitió es que, si voy a una productora, por lo menos me escuchan, aunque luego me batean igual -ríe-. El éxito de Cantinflas estuvo muy bien, pero la lucha por sacar adelante cualquier proyecto continúa igual.  

Un golpe de suerte

Bien, volvamos a El Complot Mongol. Una obra a la que Sebastián Del Amo introdujo algunos cambios de la original. Como, por ejemplo, cambiar el año de la trama de 1969 a 1962, cuando el presidente Kennedy visitó en la realidad México, donde, muchos años después, varios medios publicaron que sí hubo un intento de conspiración para matar al presidente estadounidense que, trágicamente,  fraguó meses después en Texas.

-Damián Alcázar, Eugenio Derbez, Bárbara Mori, Chabelo… ¿Qué les ofreció para convencerlos a todos de estar en El Complot Mongol?

-Creo que el éxito que tuve en la convocatoria con los actores fue ofrecerles papeles muy distintos a lo que suelen hacer, ya que eso les supuso un reto que los obligó a implicarse de manera muy personal en este proyecto.

Por ejemplo, Del Amo cuenta que cuando buscó a Chabelo para ofrecerle el papel de El Coronel, lo primero que le dijo fue que quería que fuera Xavier López y no Chabelo. Propuesta que éste aceptó encantado y hasta aliviado por la oportunidad de interpretar un papel distinto al de niño eterno.

Aunque si alguien le sorprendió, dice el cineasta, es la actriz urguaya-mexicana, y de origen japonés, Bárbara Mori, quien interpretó a ‘Martita’.

-La puse seis meses a hacer taichí, para que agarrar el rollo gestual chino. Incluso, tomó clases de chino, y también de español pero con una maestra china, para agarrarle la onda a cómo hablaría español una china. Y el trabajo que hizo fue exquisito, de aplauso de pie.

-¿Y cómo convenció a Eugenio Derbez, uno de los actores mexicanos más cotizados del momento?

Del Amo confiesa que fue gracias a un “golpe de suerte”.

-Yo estaba en los Premios Latino en Marbella, España, por la película Cantinflas. Al día siguiente estaba en el hotel, en la tumbona descansando, cuando volteo y veo que junto a mí está Eugenio, y, literal, me le aviento desde la tercera cuerda -ríe a carcajadas-. Le propuse ser el villano de El Complot y le gustó la idea, aunque me dijo que estaba ocupadísimo con una producción de Disney. Pero me dijo: mira, te doy tres días de rodaje… dentro de ocho meses. Inmediatamente le dije que sí.

Luego pasó el tiempo y la producción tenía que empezar a rodar. Y una de las tareas de Del Amo como productor fue repartir los salarios del elenco.

-Cuando estaba en eso, me dije: Uta… Eugenio. Le escribí un mail y le dije que solo le podía ofrecer tanto. Y de pronto, no me contestaba. Pasaron semanas, y nada. Y claro, pensé: pues ya valió madres, ya lo ofendí. Debe pensar, este pinche director qué se cree, si yo cobro diez veces eso. Así que le escribí otro mail lloriqueando, diciéndole Eugenio disculpa si te ofendí.

-¿Y qué pasó entonces?

Sebastián Del Amo se apoya de nuevo en el respaldo de la silla de la cantina y concluye la anécdota entre carcajadas.

-Pasó que me llamó cagado de la risa, diciéndome que estaba cazando cocodrilos en Australia, y que, por supuesto, le entraba a la película. Es más, hasta pagó su boleto de avión, porque me dijo que sabía lo difícil que es hacer una película con poco presupuesto en México. La verdad es que es un tipo increíble. Antes yo era su fan. Pero ahora lo quiero.

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500 años de la Conquista México- Tenochtitlan: ¿una traición indígena?

La caída de México-Tenochtitlan, ocurrida justo este viernes hace 500 años, el 13 de agosto de 1521, cambió todo en el mundo prehispánico. ¿Cómo se fraguó y por qué dejó a una facción como "traidora"?
13 de agosto, 2021
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Hace 500 años ocurrió uno de los episodios más transformadores de la historia de México.

El 13 de agosto de 1521, hace justo ahora 500 años, la ciudad indígena de México-Tenochtitlan -hoy Ciudad de México- fue capturada luego de un estado de sitio y batallas encarnizadas que se prolongaron durante tres meses.

Era la conquista de México, la cual fue protagonizada por miles de guerreros con rostro y color de piel familiar para los mexicas que gobernaban aquella imponente urbe.

Y es que tal hazaña fue obra de un ejército 99% indígena.

El otro 1% era un contingente de hispanos, esclavos africanos e indígenas caribeños encabezados por un hombre, el español Hernán Cortés.

“Lo que los une es un enemigo común, los de México-Tenochtitlan”, dice a BBC Mundo el historiador Miguel Pastrana, un investigador sobre el periodo indígena-colonial de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Cortés fue el gran articulador de una alianza que los indígenas en ese momento, subraya Pastrana, entendieron de otra manera. Entonces desconocían que desembocaría en el poder hispano en América.

“Hasta la caída de Tenochtitlan, los indígenas ven a los españoles como un grupo más de tantos. No concibieron la magnitud del cambio que se avecinaba. No son del todo conscientes de las implicaciones de la presencia española”, advierte el investigador.

Una ilustración de Tenochtitlan

DEA PICTURE LIBRARY/De Agostini via Getty Images
Hernán Cortés describió Tenochtitlan como una urbe palaciega. Esta ilustración, del año 1900 aprox., muestra la plaza central y el Templo Mayor en el siglo XVI.

Eso ha dejado a pueblos mexicanos con origen indígena, como Tlaxcala, bajo el estigma de “traición”.

Pero una revisión fiel de los hechos muestra que lo ocurrido hace 500 años no fue ni una gesta épica de los hispanos ni una traición indígena, sino el producto de una alianza muy pragmática.

Los indígenas no eran un pueblo único

Una cosa hay que tener clara para comprender lo que ocurrió, explican los historiadores: los pueblos indígenas de la región eran muchos y cada uno actuaba conforme a sus propios intereses.

Había señoríos, los atépetl, cada uno de las cuales tenía su propio gobernante (tlatoani), su pueblo y su territorio.

Altépelt, o ciudad-Estado. La organización política de aquella época estaba conformada por los "altépetl", o ciudad-Estado [ México-Tenochtitlan Era la principal ciudad-Estado de la Triple Alianza, junto a los señoríos de Texcoco y Tacuba. ],[ Tlaxcallan Era la unión de cuatro altépetl: Tepeticpac, Tizatlán, Ocotelulco y Quiahuiztlán. Se aliaron con los europeos. ] , Source: Fuente: UNAM, Image: Códice Osuna.

En la práctica funcionaban como ciudad-Estado, cada uno de los cuales construía alianzas para expandirse y defenderse.

La más poderosa era la Triple Alianza, conformada por los señoríos de México-Tenochtitlan, Texcoco y Tacuba, que controlaban a decenas de pueblos de los alrededores, en algún momento más de 50.

Los señoríos bajo su dominio debían pagar tributo y servirles de apoyo militar, administrativo y hasta religioso, explica Pastrana.

Y había pueblos rivales de los mexicas, como la Confederación de Tlaxcallan (donde hoy se ubica el estado de Tlaxcala), con quienes tuvieron guerras y conflictos mucho antes de la llegada de los europeos.

“Hay muchos pueblos que estaban resentidos con los mexicas por la política expansionista y las reformas de Moctezuma”, el gobernante de la Triple Alianza.

Hernán Cortés y Moctezuma II

Getty Images
La diplomacia entre Hernán Cortés y el rey Moctezuma II duró muy poco tiempo.

Los hispanos habían tenido un primer encuentro con Moctezuma en 1519, pero en junio del año siguiente fueron expulsados de la ciudad tras el enfrentamiento de la “Noche Triste”.

Entonces vino una recomposición de fuerzas que dio fin al dominio mexica un año después.

Cortés se dio cuenta de que debía regresar con una gran alianza indígena para avanzar sobre un objetivo común: la poderosa Triple Alianza.

“Lo que los une es un enemigo común, los tenochcas, y la mutua necesidad”, enfatiza Pastrana.

Los pueblos que se aliaron con Cortés

La alianza que establecieron los pueblos indígenas con los hispanos fue clave para asediar entre mayo y agosto de 1521 a la ciudad de México-Tenochtitlan, la cual vivía momentos de debilidad.

Además de contar con un número de combatientes a caballo y armamento europeo, la fuerza principal del ejército invasor eran los miles de indígenas -principalmente tlaxcaltecas– para combatir la resistencia mexica.

Pero también había fuerza indígena de muchos otros pueblos: Cempoala, Quiahuiztlan, Texcoco, Chalco, Xochimilco, Azcapotzalco y Mixquic.

Una ilustración de la expedición de Cortés

Getty Images
Las fuerzas de Cortés tenían apoyo militar y logístico de los pueblos indígenas, incluso traductores.

“Era un ejército enorme e imponente, con muchísimos efectivos, sobre todo indígenas. Por cada español habría 10 o 15 indígenas, además de las fuerzas de apoyo”, explica Pastrana.

La victoria hispano-indígena fue gradual, con avances y retrocesos jornada tras jornada a partir de mayo de 1521.

Los españoles mandaron construir 13 bergantines, unas embarcaciones que fueron clave para vencer a las canoas que los mexicas usaron exitosamente en el pasado para defender el lago que rodeaba a México-Tenochtitlan.

Luego de varios enfrentamientos, se lograron posicionar en tres de las calzadas que contactaban la isla de Tenochtitlan y su ciudad hermana, Tlatelolco, con tierra firme, cortando así todo suministro de comida y apoyo militar.

Cuadro de Tomás J. Filsinger,

Cortesía de Tomás J. Filsinger
La ciudad de México-Tenochtitlan era una isla conectada por canales a los pueblos vecinos. Cortés huyó hacia Tacuba.

También cortaron el agua potable, haciendo que lentamente cayeran las bajas -calculadas en decenas de miles- y la moral de la ciudad mexica.

Los mexicas tuvieron algunas victorias en las que capturaron españoles a los que les dieron muerte y colocaron sus cabezas en sitios notorios para intimidar a los enemigos, según el relato del cronista Bernardino de Sahagún.

La caída de Cuahtémoc y la Triple Alianza

Cansados del lento avance, y las bajas producto de las pequeñas batallas que ganaban los mexicas, las huestes de Cortés exigieron un ataque final.

Aun dubitativo, el líder del ejército hispano-indígena optó entonces por una ofensiva devastadora y desmoralizante contra el enemigo.

“Para minar la confianza de los mexicas nuevamente, que ahora ya sabían la forma de combatir de los españoles, consideró que debía mostrar una crueldad nunca antes vista“, explica el historiador Julio Arriaga en “La Caída de Tlatelolco”.

En la calzada de Iztapalapa, según relató el propio Cortés en sus “Cartas de Relación”, encontró a mujeres y niños buscando comida.

“Casi sin dudarlo, se lanzó sobre ellos junto con los tlaxcaltecas, matándolos en cantidades que, según él mismo, superaron el número de ochocientos”, señala Arriaga.

La defensa del Templo Mayor

Getty Images
Los mexicas no pudieron defender durante mucho tiempo su ciudad.

Primero cayó Tenochtitlan. Después los españoles avanzaron hasta Tlatelolco, el último reducto donde estaba Cuauhtémoc, el último gobernante mexica.

El 13 de agosto de 1521, el tlatoani fue capturado y llevado ante Cortés.

“Cuauhtémoc le pide al conquistador que lo mate con su daga, a lo que Cortés se muestra compasivo y lo perdona”, señala Arriaga.

“Y allí, en esa fecha tan importante para el mundo mesoamericano, el 13 de agosto de 1521 (…), la Triple Alianza es capturada por Cortés y sus aliados tlaxcaltecas”.

¿Una traición indígena?

Los pueblos indígenas que se aliaron a los europeos han cargado con el señalamiento de traición desde que la toma de México-Tenochtitlan se cuenta desde el punto de vista nacionalista mexicano.

Pero los historiadores señalan por qué es erróneo pensar que había una causa indígena que fue traicionada.

“No había una idea de ‘lo indígena’ como tal. Esa idea es producto de la conquista, no es anterior a ella”, explica Pastrana.

“Definitivamente no se puede hablar de una traición porque no eran pueblos amigos. No eran grupos que tuvieran una alianza pacífica, una relación de iguales. Tenían una serie de conflictos. No puede hablarse en ningún sentido de traición”, sostiene el historiador.

La Malinche junto a Hernán Cortes en un códice

Getty Images
Indígenas como “La Malinche” (mujer al centro), una traductora de las filas de Cortés, han sido denostadas durante siglos como traidores.

De hecho, la alianza originalmente fue una propuesta de los indígenas de Cempoala y Quiahuiztlan, reforzada por los tlaxcaltecas, pero la entendían en distintos términos.

“Para Cortés, los pueblos indígenas se dan por vasallos a la Iglesia católica por intermedio de él. Para los indígenas, es una relación entre iguales, entre amigos que establecen un pacto de mutuo apoyo político-militar. Ellos no saben qué es un rey ni mucho menos qué es ser católico”, continúa.

La historia muestra que al apoyar la conquista hispana, los indígenasperdieron todo podercon el establecimiento de la colonia española.

Pero eso no lo podían saber en ese momento, subraya Pastrana.

“Los indígenas vieron a un grupo de gente rara que podría ayudarle a sus intereses. Pero no eran conscientes de lo que venía. Nadie podría haberlo estado”, sostiene el historiador.

“En la política de ayer y de hoy, todo plan se hace con malicia. No lo veamos en términos morales, veámoslo en términos culturales. Los españoles de esa época no tenían que ser hermanas de la caridad, ni los indígenas, que eran explotadores”.

Una ilustración de la casta mestiza

INAH/Museo Nacional del Virreinato
Con el tiempo se estableció todo un sistema jerárquico social en la que los indígenas ocupaban los estratos inferiores.

El 13 de agosto de 1521 terminó la era de la Triple Alianza en el poder, pero no ocurrió un cambio de la noche a la mañana.

Pasaron décadas para que se consolidara un nuevo orden de la vida en el territorio de dominio mexica que pasó a ser el de la Nueva España.

“No es solo la sustitución de un grupo de poder por otro: fue un cambio cultural, político, económico, lingüístico, biológico radical“, explica Pastrana.

A partir de la captura de México-Tenochtitlan, la empresa hispana en América se extendería hacia una enorme expansión por Centro y Sudamérica en las décadas siguientes.

“El 13 de agosto de 1521 fue el primer gran capítulo de la construcción del mundo moderno“, considera Pastrana

“Los pueblos de la región de Mesoamérica -a la que pertenecía México-Tenochtitlan- no acaban en 1521, sino que empiezan a transformarse. Y es el inicio de una enorme experiencia cultural que es Nueva España”, concluye.


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