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Estudiantes de Escuela Normal de Morena rechazan integrarse a Universidades de AMLO

Si la Normal se integra al Programa de Universidades Benito Juárez tendrían que iniciar de cero sus estudios. El gobierno solo les ha dado la opción de entregarles su historial académico.
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10 de abril, 2019
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Los estudios de una centena de alumnos de la Escuela de Educación Normal José Santos Valdés, creada por Morena en 2016, están en vilo. Sin explicación alguna, no iniciaron el semestre previsto para febrero, y el 14 de marzo simplemente no les permitieron la entrada al plantel.

Días después, Raquel Sosa, coordinadora del Programa de Universidades Benito Juárez García del gobierno federal, informó a la comunidad que la escuela sería uno de los 100 planteles de dicho programa, pero debido a que el plan de estudios cambiaría, debían empezar de cero, aún cuando había alumnos en sexto, cuarto y segundo semestre.

La Normal llevaba el mismo plan de estudios emitido por la Dirección General de Educación Normal y Actualización del Magisterio de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y los egresados serían licenciados en Educación Preescolar o Educación Primaria, Raquel Sosa advirtió que ya no sería así.

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“Esos planes (de estudio) eran neoliberales”, por eso serían sustituidos por unos con “verdadero enfoque sociocultural”, dijo Sosa en una reunión con la comunidad de la Normal. Por tanto, la licenciatura cambiaría el nombre a “Educación Básica”, aunque no hay ninguna licenciatura con ese nombre reconocida ante la Dirección de la SEP.

“No queremos pertenecer al Programa de Universidades Benito Juárez. A nosotros nos prometieron una educación de Normal, reconocida por la SEP”, dice Marisol Martínez, representante estudiantil en entrevista con Animal Político.

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En busca de una solución

Para instalar cualquiera de los planteles del Programa Escuelas Universitarias, financiadas por legisladores del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y coordinado también por Raquel Sosa, primero personajes allegados al partido constituían ante notario una Asociación Civil, con el nombre de cada escuela. En este caso el nombre oficial fue Escuela de Educación Normal José Santos Valdés A. C.

La presidenta de la AC era Etelvina Sandoval, la secretaria, Raquel Bárcenas y la tesorera Irma Ballesteros. Ésta estructura era la máxima autoridad de decisión en la escuela, incluso por encima del director, Juan Leove Ortega Pérez.

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Así comenzó a operar desde febrero de 2016 y hasta 2019, sumaban 30 alumnos de sexto semestre, de la primera generación; 36 de cuarto y 45 de segundo. Con una plantilla de 30 docentes.

Aunque la escuela hizo dos trámites para el reconocimiento de validez de estudios ante la Dirección General de Educación Normal y Actualización del Magisterio de la Secretaría de Educación Pública (SEP), no lo consiguió debido a que el terreno donde se encuentra el plantel, en Xochimilco, no tiene permiso de uso de suelo para impartir educación. 

Sin embargo, de acuerdo con maestros, los planes de estudios eran tomados de la SEP y regían las labores conforme al calendario oficial también. Confiaban en que una vez que Andrés Manuel López Obrador ganara la elección, podrían regularizar el terreno y conseguirían la validación de la escuela. 

Pero justo después de la elección las cosas empezaron a fallar. Los pagos a maestros se atrasaron desde la campaña electoral a tal grado que algunos de ellos aún tienen adeudos.  

Justo por esta situación, desesperados por la falta de salario, acudieron a la Normal del Mexe en Hidalgo, cuando se enteraron que el presidente López Obrador anunciaría el programa de Universidades en diciembre pasado. Con pancartas reclamando el pago a maestros, intentaron abordarlo sin éxito.

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En enero de este año, a través de una videollamada realizada entre docentes y Raquel Sosa, ésta les reclamó por aquella manifestación. “No son las formas”, dijo, mientras anunciaba que la escuela tendría modificaciones en su administración y planes de estudio porque se incorporaría al Programa de Universidades Benito Juárez.

Y los maestros, si querían incorporarse al nuevo proyecto, debían inscribirse en la página de internet como el resto para ser seleccionados. Incluso, en el listado de escuelas, ya no aparece con el mismo nombre sino como Normal de Educación Básica.

Las semanas siguientes todo fue caos, relata una de las maestras entrevistadas que prefiere el anonimato por temor a represalias

El 25 de febrero Raquel Bárcenas y Gabriela Vázquez, directora académica del Programa de Universidades, acudió a las instalaciones de la escuela para informar que el director quedaba destituido y el 19 de marzo entregarían el nuevo plan de estudios.

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Pero antes de que llegara esa fecha, el 14 de marzo, “la escuela fue sellada y no nos dejaron entrar”, comenta otro profesor en entrevista, y “nadie les explicó nada”.

A partir de entonces, maestros y estudiantes se han manifestado afuera de Palacio Nacional con la esperanza de que el Presidente los escuche. También entregaron cartas a Atención Ciudadana de la Presidencia y a la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, sin que hubiera alguna respuesta.

Quienes sí los recibieron fue el subsecretario de Educación Superior, Luciano Concheiro, y el titular de la Dirección General de Educación Superior para Profesionales de la Educación, Mario Chávez, quienes se comprometieron a ayudarlos.

La propuesta es que la Normal José Santos sea reconocida por la SEP y su funcionamiento financiero dependa de la Autoridad Educativa Federal en la Ciudad de México, pero primero debían “negociarlo” con Raquel Sosa. Animal Político solicitó la versión oficial de la SEP respecto al tema, pero no hubo respuesta.  

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Este martes, Raquel Sosa y representantes de estudiantes y maestros se reunieron en Palacio Nacional para encontrar una solución. Por primera vez les dio una razón de haber decidido cerrar la escuela: supuestas irregularidades cometidas por el director Leove y presunta utilización de la escuela para movilización electoral, por lo que advirtió que iniciaría una auditoría sobre las finanzas.

La comunidad universitaria asegura que la gestión del director Leove fue correcta y nada se decidía sin el aval de los integrantes de la Asociación Civil, de hecho las facturas de honorarios de los maestros salían a nombre ésta.

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La única opción que Sosa ofreció a los estudiantes fue entregar su historial académico, la principal demanda de los alumnos puesto que toda la documentación se encuentra al interior del inmueble, y que si optaban por no reiniciar la carrera, podrían ser transferidos a la Benemérita Escuela Nacional de Maestros, ubicada en Calzada México-Tacuba.

Sin embargo, para muchos de los estudiantes no es opción debido a la falta de recursos. “Somos de bajos recursos y algunos no podríamos pagar ni los pasajes desde la demarcación hasta la Benemérita”, dice Marisol. Por eso es que la Normal en Xochimilco significaba una oportunidad educativa y de superación para los jóvenes de esa alcaldía y los alrededores y lo que piden es que permanezca ahí.  

Después de la reunión de este martes, aún está pendiente la decisión de los estudiantes y, sobre todo, la respuesta de la SEP. 

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#YoSoyAnimal
Foto: Cortesía José Reyes

Las razones por las que muchos latinos no hablan español en EU

Muchos estadounidenses de origen mexicano que crecieron en EU durante la década de 1960 fueron discriminados e incluso castigados por hablar español en las aulas de clase, lo que hizo que muchos abandonaran el idioma para siempre. José Reyes vivió uno de estos traumas pero decidió luchar por ser bilingüe.
Foto: Cortesía José Reyes
4 de noviembre, 2019
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El español ha tenido una fuerte presencia en Estados Unidos desde hace siglos, pero no siempre ha sido bienvenido.

Pese a que el país norteamericano no tiene designado el inglés como idioma oficial, este ha dominado en las escuelas públicas, instituciones y demás ámbitos de la sociedad.

Y aunque el español es el segundo idioma más hablado en el país, en diferentes épocas su uso ha sido marginado y sus hablantes discriminados por su acento y apariencia.

En el caso de José Reyes, incluso llegó a ser castigado en el aula de clases.

Reyes vivió una serie de traumas en torno a su idioma nativo en la década de 1960 y decidió transformarlas en experiencias constructivas que lo llevaron a convertirse en profesor bilingüe.

Esta es su historia.


La foto escolar

Cortesia Jose Reyes
Reyes, el primer niño en la segunda fila de izquierda a derecha, no sabía inglés cuando entró a la escuela primaria.

Nací en Estados Unidos en julio de 1959, en un pequeño pueblo llamado Ysleta, en la frontera con México.

Mi madre es de Jalisco y mi padre de Parral, Chihuahua. Por alguna fortuna se conocieron en Ciudad Juárez en 1956 y mi padre, siendo persistente, la conquistó.

Inmediatamente después de nacer nos mudamos a Juárez de nuevo y viví allí hasta los 3 años. Cuando mi padre perdió a su madre, decidieron volver a Estados Unidos y como en 1962 llegamos de nuevo aquí.

Alquilamos y nos movimos entre casas de parientes hasta finalmente tener nuestra propia casa en El Paso.

El Paso era un lugar amigable, donde la frontera no nos separaba ni nos marcaba.

Creo que el ambiente era más tolerante porque el que hablaba español o venía de México venía a trabajar, a servir. Mi abuela cuidaba una casa y mi padre hacía trabajos en una cocina.

Mi madre se quedaba en casa cuidando de mí y mis otros cinco hermanos.

Mapa de Ysleta, El Paso, Texas

BBC
Reyes se crió en Ysleta, en la ciudad tejana de El Paso.

A los 5 años, alguien le puso a mi mamá en la cabeza que yo ya necesitaba ir a la escuela así que me inscribieron en un programa especial de verano.

Fue una experiencia muy positiva. Mi abuela materna iba por mí, me compraba mi soda y mi helado, íbamos a su casa y luego ya me regresaban a mi casa.

En el otoño del 65, entré en primer grado en la escuela Houston. Me tocó una maestra muy bonita llamada Ms. Love.

Mis padres me decían que tenía que ser obediente y respetarla mucho.

Pero pronto aprendí que el lenguaje no era el mío y no me sentía muy a gusto. Batallaba mucho porque el inglés era un idioma que no conocía.

En esa época, no había tolerancia con el español.

En el aula teníamos grupos de lectura y a los que sabían leer les llamaban los yellowbirds y bluebirds (azulejos).

Los que no sabíamos leer íbamos al grupo de los blackbirds, es decir, los buitres.

Nos dijeron en la escuela que no podíamos hablar español. No Spanish, repetían.

La boleta escolar de José Reyes

Cortesia Jose Reyes
Reyes obtuvo la calificación de “insatisfactorio” en su boleta de notas del primer grado.

Y nos advirtieron que si nos pillaban hablando español, habría consecuencias.

A muchos de los estudiantes incluso les ponían a escribir planas con la frase I will not speak Spanish (“No hablaré español”).

A otros compañeros los castigaban poniéndolos aparte.

Una vez el castigo me tocó a mí después de que hablé español.

Ms. Love me llevó al lavabo, abrió la llave, tomó una toalla de papel y la embarró con un jabón muy áspero que se llamaba Borax.

Empezó a lavarme la boca.

Creo que pensó que, simbólicamente, así borraría el español de mí.

De ahí en adelante me convertí en un estudiante muy silencioso y avergonzado. Tenía unos 6 o 7 años.

La familia Reyes

Cortesia Jose Reyes
Reyes (abajo a la izq) junto a sus hermanos.

Les platicaron a mis padres del incidente y ellos me dijeron que debía acatar.

Me sentí defraudado, fuera de lugar. Lo bueno es que mi abuela y mi tía me invitaban a leer con ellas en español y vivía momentos muy tiernos a su lado.

Durante el segundo año de la escuela, nos tocó una maestra nueva llamada Ms. Justice que nos tenía bien disciplinados.

Nos tenía sentenciados en cuanto al uso del español y exigía que fuésemos eficaces con el inglés.

Mi relación positiva con el inglés vino a través de lo que veía en la televisión. Caricaturas, el programa de Johnny Carson… lo que pudiese consumir.

También aterrizamos en la biblioteca de la escuela con un compañero y entre él y yo empezamos a descubrir la literatura infantil en inglés.

Ya en el cuarto grado, cuando tenía unos 11 años, me tocó una maestra hispana por primera vez, la señora De la Torre.

Ella era inclusiva y nos ayudaba, nos enseñaba en inglés y en español.

El profesor José Reyes

Cortesia Jose Reyes
José Reyes ha sido maestro bilingüe en Texas y Nuevo México durante décadas.

Teníamos un libro de texto llamado “Paco en el Perú” y leyéndolo me fui dando cuenta de cómo mis amigos americanos empezaban a jugar con el idioma.

“Hola, Paco, qué tal are you?”, decían.

Me fascinaba que si ellos podían manipular el español, entonces yo podía hacer lo mismo con el inglés.

El gran dilema de nuestro tiempo es que había un gran anhelo por parte de los padres de que los niños dominaran el inglés.

Mi padre me tenía como su intérprete; muchas veces me ponía a traducirle el correo y eso me daba gran frustración.

Ni de aquí ni de allá

Luego vino el trauma de recibir el apodo de “pocho” que usan para llamar a los que no somos ni de aquí ni de allá, los semilingües, los que mezclan idiomas.

Nuestros familiares en Juárez se burlaban de mi forma de hablar y eso hizo que quisiera dejar de ir.

La experiencia me hizo pensar en mi identidad como algo que siempre estaba en proceso.

Pasaron los años y llegué al high school, donde me tocó un gran maestro de español, un cura que nos pidió que rezáramos el Padre Nuestro.

Ponía a la derecha a los que no sabían español y pensé que me pondría en el lado opuesto.

Graduación de la universidad de José Reyes

Cortesia Jose Reyes
Reyes se graduó como profesor bilingüe en 1981.

Pues no. Al ver que recitaba un Padre Nuestro obsoleto que me enseñó mi abuela, se dio cuenta de que era pocho.

Nos dijo que hablábamos español pero no leíamos ni escribíamos, entonces quería desarrollar nuestro conocimiento de gramática y sintaxis.

De ahí empecé a forjar la idea de convertirme en maestro.

Me enteré que se habían firmado las leyes de derechos civiles y aprendí que como estudiante tenía algunos derechos. Y que en la universidad existía una certificación de maestro bilingüe.

Me gradué de la universidad en 1981 y de ahí empecé a trabajar como maestro de inglés como segundo idioma y luego como maestro bilingüe en Nuevo México.

Después di clases de noche durante 29 años en El Paso. Decidí enseñar de noche por justicia a mi padre, que asistió a escuelas de inglés para adultos y luchó por aprender.

Mi historia no es para causar pena. De hecho, todavía aprecio mucho a Ms. Love y Ms. Justice.

El que se sintió oprimido por un sistema puede reconciliarse con la idea de que mucho de eso se hizo por ignorancia.

En la actualidad, seguimos peleando un idioma sobre otro y no nos preguntamos por qué no podemos tener dos o más o por qué nos limitamos solo a uno.

Como maestro, lucho con algunos padres que vienen a inscribir a sus hijos y ya vienen con una idea preconcebida de que el inglés es mejor que el español.

Pero el español tiene su lugar en Estados Unidos, ¿por qué no celebrarlo?


https://www.facebook.com/BBCnewsMundo/posts/10158129017419665


*Esta nota es parte de la serie “¿Hablas español?”, un viaje de BBC Mundo por Estados Unidos para mostrar el poder de nuestro idioma en la era de Trump.


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