Estudiantes de Derecho del ITAM promueven amparo contra la consulta del NAIM
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Estudiantes de Derecho del ITAM promueven amparo contra la consulta del NAIM

Uno de sus argumentos es que pese a que no fue una consulta popular bajo las normas que establece la Constitución, sí tuvo un efecto legal.
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20 de abril, 2019
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Cuatro estudiantes de Derecho del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) promueven un amparo contra la consulta realizada en octubre pasado para cancelar el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAIM) que se construía en Texcoco y las consecuencias que se hayan derivado de ésta.

El recurso, con número de expediente 1215/2018, está en trámite desde octubre ante el juzgado quinto de distrito en materia administrativa de la Ciudad de México, que primero negó la suspensión de la consulta, pero luego admitió la demanda y a finales de este mes tendrá que resolverlo.

Uno de sus argumentos es que pese a que no fue una consulta popular bajo las normas que establece la Constitución, sí tuvo un efecto legal, que fue la orden de suspender las obras del aeropuerto una vez que el entonces equipo de transición, que organizó el sondeo entre la población, asumió el poder.

Como parte de la presentación de pruebas en el proceso legal, Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México (GACM), la empresa de participación estatal encargada del NAIM, entregó copia del acta de la sesión extraordinaria de su Consejo de Administración realizada el 2 de diciembre de 2018, un día después de iniciar el nuevo gobierno.

En esa sesión se instaló el nuevo Consejo de Administración de la empresa, para colocar como presidente al secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú; como su suplente al subsecretario de Transporte, Carlos Morán Moguel; y como consejeros a diferentes secretarios y subsecretarios de Hacienda y Crédito Público, Gobernación, Economía, Turismo, Medio Ambiente y Recursos Naturales, y de Turismo.

Lee: Cancelación del NAIM en Texcoco no costará más de 100 mil mdp: Jiménez Espriú

En el acta consta que justo tras su nombramiento, el cuarto punto de la sesión fue para “evaluar y, en su caso, replantear el Programa Estratégico Institucional” del Nuevo Aeropuerto. Y en ese punto, subrayan los promoventes del amparo, queda claro que no se usaron argumentos técnicos, sino la consulta.

“Como es del conocimiento, durante el mes de septiembre y octubre hubo una amplia discusión de grupos académicos, el Colegio de Ingenieros Civiles, la Academia de Ingeniería, la Unión Mexicana de Asociaciones de Ingenieros y un sinnúmero de Cámaras, así como los medios de comunicación dieron de igual manera un espacio muy amplio al tema de la discusión del NAICM en Texcoco, así como a finales del mes de octubre se llevó a cabo un proceso de consulta ciudadana durante cuatro días y como resultado de ello, el entonces Presidente Electo señaló que el resultado sería vinculante a las decisiones que él como Presidente de la República tomaría una vez que asumiera el cargo; de tal manera que el 70% de los participantes en dicha consulta determinaron optar por apoyar la atención de la demanda de vuelos en la Ciudad de México manteniendo el aeropuerto actual”, señala el documento.

Pese a esto, Jiménez Espriú ha asegurado, como lo hizo el pasado 9 de abril en comparecencia ante el Senado, que la decisión de cancelar el aeropuerto fue por razones de carácter técnico y la inviabilidad económica de la obra, que multiplicaría su costo original de 300 mil millones de pesos.

A pregunta expresa de Animal Político sobre la contradicción con lo expuesto en el acta de la sesión extraordinaria del GACM y la solicitud de amparo contra la consulta, comunicación social de la SCT reiteró:

“Las razones son estrictamente de orden técnico. (…) El Secretario de Comunicaciones y Transportes, ingeniero Javier Jiménez Espriú, hará en próximos días una declaración al respecto de la cancelación de las obras del nuevo aeropuerto en Texcoco”.

Roberto Borbolla, uno de los impulsores del amparo, afirma en entrevista que el documento proporcionado por GACM deja claro que no fue así.

“Es ahí donde se acuerda que se va a reanalizar y modificar el Plan Estratégico, y dicen que ahí van a señalar las razones financieras, pero realmente de lo que se habla es de que hubo una consulta pública donde la población determinó que había que cancelarlo, palabras más, palabras menos. Ahí se esgrime claramente esa razón y no se da otra de carácter financiero. Expone solamente los escenarios de la cancelación en términos económicos, entonces claramente iban sobre la cancelación”, detalló.

Lee: AMLO desmiente a Jiménez Espriú: “Sí hubo corrupción en proyecto del NAIM”, asegura

 En un intento de amparo precedente se desestimó la consulta

El de los estudiantes de Derecho no es el primer intento de amparo contra la cancelación del NAIM. El 30 de octubre de 2018, días después de realizada la consulta, fue desechado otro recurso legal, con número de expediente 1083/2018, promovido por el abogado Alberto Rocha ante el juez cuarto de distrito en materia administrativa.

Pero en la resolución, el juez negó la autoridad de Andrés Manuel López Obrador para tomar decisiones, ya que aún era presidente electo y no en funciones, y negó también la legitimidad del sondeo organizado sobre el Aeropuerto.

“Si el acto que se reclama al Presidente electo (…) no se hizo en ejercicio de una facultad constitucional o legalmente reconocida y, por ende, escapa a un control constitucional, por la misma razón no puede tener consecuencia jurídica alguna y menos aún, un efecto vinculante, al menos en términos estrictamente constitucionales.

 

”Lo anterior quiere decir que el resultado de la Consulta Nacional referida no será el acto que determine si continuará la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco, sino que ello dependerá de un acto concreto de autoridad, una vez que el Presidente electo asuma su encargo”, señaló entonces el juez.

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Para Borbolla, esto es un precedente para lo que ahora sus compañeros y él pretenden demostrar, respecto a que la consulta sí fue la razón central para suspender la obra y que a López Obrador sí se le debe reconocer que ya en octubre ejercía una autoridad que materializó a partir de diciembre.

“Nosotros decimos que el presidente electo es una autoridad porque tiene una partida presupuestal para la transición, porque participa en la elaboración del Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación, y tendría que seguir lo que la Constitución dice. Esa es la argumentación”, explicó.

El 24 de abril termina el periodo para que ambas parten presenten pruebas y el juzgado convoque a la audiencia constitucional tras la cual se resolverá si procede o no el amparo.

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El experimento de confinamiento que terminó con sus participantes casi muertos

En 1991, un ambicioso proyecto encerró a ocho científicos en un ecosistema artificial. El objetivo era replicar las condiciones de vida en la Tierra, pero por poco acaba en tragedia.
18 de julio, 2020
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La aventura casi termina en tragedia. En 1991, un grupo de ocho investigadores voluntarios se encerró durante dos años en una estructura de cristal y acero dentro de la que científicos habían recreado varios ecosistemas del planeta Tierra.

Aquel experimento formaba parte del proyecto Biosfera 2 y el objetivo era comprobar si, en un futuro, los humanos podrían vivir en circunstancias similares en colonias en otros planetas.

Gran parte de la rutina de los ocho participantes, llamados “biosferianos”, se redujo a labores agrícolas. Debían cultivar sus propios vegetales, recolectar granos del suelo y obtener proteínas de animales de granja y peces criados en estanques de acuicultura.

El experimento, presentado como como una “misión espacial” dentro de la Tierra, acaparó la atención mediática..

Pero la aventura no acabó como se esperaba.

Los cultivos no crecían al ritmo estimado, la comida empezó a escasear, el oxígeno era insuficiente y la tensión afloró en la convivencia de los participantes.

Un “Jardín del Edén”

El diseño original del complejo Biosfera 2 fue idea de John Polk Allen, un ingeniero graduado por la Universidad de Harvard en Estados Unidos.

Biosfera 2 en Arizona.

Getty Images
El complejo se sitúa en Oracle, en pleno desierto de Arizona.

Allen era también el director de la empresa Space Biospheres Ventures, que en 1984 compró la propiedad donde se localizó el ecosistema artificial cerrado en Oracle, en el desierto de Arizona en Estados Unidos.

La construcción se completó en 1989 y consistía en tres edificios. El primero, un gran domo de cristal y acero; el segundo un área subterránea de tecnología y el tercero una zona destinada al hábitat humano.

Interior del edificio principal de Biosfera 2.

Getty Images
Biosfera 2 reprodujo varios ecosistemas terrestres como un bosque tropical y un océano con arrecifes de coral.

El domo medía casi 28 metros en su punto más alto y contenía cinco ecosistemas: un bosque tropical, un desierto, una sabana, un manglar y un océano con arrecifes de coral. Dentro se encontraba, además, la zona dedicada a la agricultura.

En el interior del edificio tecnológico se alojaban los componentes que mantenían la climatología interior, con controladores de temperatura y humedad.

El objetivo principal era determinar si una biosfera artificial podía funcionar, incrementando reservas de energía y biomasa, preservando un alto nivel de biodiversidad y biomas, estabilizando su agua, suelo y atmósfera”, según escribieron el director del proyecto, John Polk Allen, y uno de sus participantes, Mark Nelson, en un documento con el resultado de la investigación en 1997.

Los investigadores involucrados querían saber si una biosfera autosostenible, con todos los ecosistemas de vida de la Tierra, podía “proveer una vida creativa y saludable para humanos que trabajaron como naturalistas y científicos”, según dicho documento.

Zona de agricultura de Biosfera 2.

Getty Images
“Era como crear una especie de Jardín del Edén en interiores”.

Básicamente,se trataba de comprobar si el ser humano sería capaz de mudarse a otro planeta llevándose un trozo del nuestro. Para ello, los científicos viajaron por el mundo y recopilaron recursos y conocimientos para crear el ecosistema artificial.

Llenaron Biosfera 2 de animales, vegetación y la tecnología necesaria para mantener las condiciones adecuadas.

Era como crear una especie de Jardín del Edén en interiores“, dijo Linda Leigh, una de las científicas que estuvo confinada, en un documental reciente sobre el experimento llamado Spaceship Earth.

Y así, en septiembre de 1991 cuatro hombres y cuatro mujeres: Roy Walford, Taber MacCallum, Mark Nelson, Sally Silverstone, Silke Schneider (quien después sería sustituida por Abigail Alling), Mark Van Thillo, Jane Poynter y Linda Leigh.

Impacto mediático

“Me llamaron por teléfono proponiéndome que me uniera al equipo voluntario y antes de que terminaran la oración ya había dicho que sí”, recuerda Nelson, uno de los biosferanos, en el documental.

Sally Sylverstone y Jane Poynter.

Getty Images
Sally Sylverstone y Jane Poynter fueron dos de las involucradas en el proyecto.

“Éramos pioneros, los primeros biosferanos. Nos habían dado un nuevo mundo para cuidar de él”, agregó Nelson.

Mientras, el mundo se enteraba del proyecto gracias al eco de los medios de comunicación, hasta el punto en que necesitaron contratar un equipo de relaciones públicas para lidiar con la presión mediática.

Poco después de empezar el confinamiento, el entusiasmo inicial de los integrantes comenzó a disiparse. Aumentaron los roces y las discusiones.

“Nunca se sabe lo que puede pasar cuando te encierras a convivir durante dos años con otras siete personas”, recuerda Nelson.

Los turistas se paseaban por fuera de las instalaciones, en visitas guiadas donde veían trabajar a los investigadores a través del cristal, como si se tratara de una visita al zoológico.

Dentro, cada uno de los participantes tenía una misión específica. Debían ocuparse de la ganadería, la preservación de los arrecifes de coral, la cría de peces y los cultivos, por ejemplo.

Además, evaluaban el comportamiento de los gases, sobre todo del oxígeno y el dióxido de carbono.

Interior del edificio principal de Biosfera 2.

Getty Images
Para recrear el ecosistema artificial, los científicos recolectaron recursos de varias partes del mundo.

Roy Walford era médico, y su trabajo era vigilar los efectos del confinamiento en la salud de los ocho voluntarios.

“Si podemos trasplantar un arrecife de coral, gestionar una granja, no contaminar la atmósfera ni el agua y reciclar nutrientes, se pueden aprender grandes lecciones aquí”, pensaba Nelson durante su confinamiento experimental.

Hambre, tensión y falta de oxígeno

Los biosferanos concuerdan en que la escasez de comida no ayudó a tener un ambiente sano.

De todos los cultivos, uno de los más exitosos, según revelaron Allen y Nelson en los resultados de la investigación, fue el plátano. De esta forma, los confinados tuvieron que utilizar dicho fruto para múltiples recetas. Hasta intentaron producir vino de plátano, pero sin éxito.

“Tuvimos que tomar decisiones importantes, porque algunos cultivos se daban mucho mejor que otros. Así que terminábamos comiendo un mismo producto, como la remolacha, en forma de sopa o en forma de ensalada”, dijo durante el documental Sally Sylverstone, otra de las biosferanas.

Pero los alimentos no fueron el único recurso que empezó a escasear. Tanto los participantes en el confinamiento como otros científicos que monitoreaban el experimento desde fuera, detectaron un aumento en los niveles de dióxido de carbono y una disminución del oxígeno.

“No podía terminar una oración sin que me faltara el aire”, dijo Nelson.

Participantes de Biosfera 2.

Getty Images
Los ocho participantes salieron del confinamiento a los dos años estipulados, a pesar de las dificultades ocurridas.

“Subía un par de escalones y ahí me detenía para volver a tomar aliento”, recuerda Linda Leigh.

La falta de suficientes alimentos hizo que los biosferanos perdieran peso, y de mantenerse los bajos niveles de oxígeno existía el riesgo de daño cerebral.

“Respirábamos el aire del otro, estábamos sofocados y muertos de hambre”, dijo Leigh.

“Estar peleándonos, además, no ayudaba a que consiguiéramos el objetivo por el que nos habíamos encerrado aquí”, lamentó Nelson.

El experimento se desmoronaba y la primera idea de sobrevivir dos años solo con lo que había dentro de Biosfera 2 no funcionó. Se introdujeron alimentos extra y extractores de dióxido de carbono y bombas de oxígeno desde fuera.

La prensa tildó al proyecto como un “fracaso”.

No más confinamientos

A pesar de necesitar ayuda del exterior y no poder llevar una vida autosuficiente, el proyecto consiguió durar los dos años estipulados.

Biosfera 2 en Arizona.

Getty Images
El complejo pertenece hoy a la Universidad de Arizona y se usa como centro de investigación.

En 1994, una segunda expedición regresó a los interiores de Biosfera 2, pero se canceló antes de que terminara la misión.

Hoy, Biosfera 2 pertenece a la Universidad de Arizona y se utiliza como centro de investigación sobre los ecosistemas de la Tierra.

Casi tres décadas después, ya no hay más confinamientos ni experimentos en los interiores del domo gigante de cristal.


https://www.youtube.com/watch?v=8urGTdEioOQ

https://www.youtube.com/watch?v=JwghZEmvmb8

https://www.youtube.com/watch?v=qd1YehNpbV4

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