¿Qué tan importante es el libro de texto gratuito en las escuelas? Esto dicen los maestros
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¿Qué tan importante es el libro de texto gratuito en las escuelas? Esto dicen los maestros

"Si no llegaran, el alumno se sentiría desprotegido, porque los niños son muy visuales y de verdad aprecian sus libros", dijo una profesora de Guanajuato, ante el retraso en el proceso de elaboración de los libros de texto.
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30 de abril, 2019
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Este febrero, la Comisión Nacional del Libro de Texto Gratuito (Conaliteg) cumplió 60 años de operación. Fue una política creada en 1959 por el entonces secretario de Educación, Jaime Torres Bodet, durante la presidencia de Adolfo López Mateos, cuando la población tenía altos niveles de analfabetismo y pobreza.

La Conaliteg nació con la visión de que el libro de texto gratuito, “además de un derecho social, fuera un vehículo que facultara el diálogo y la equidad en la escuela”, por eso es que comenzó el diseño y producción de los libros que han recibido decenas de generaciones en escuelas públicas.

Desde entonces el libro de texto gratuito ha estado en las aulas y significa una herramienta indispensable para la comunidad estudiantil que hasta el ciclo escolar pasado sumaba 26.2 millones de alumnos, y 1.5 millones de maestros. Es por ello que la impresión y distribución ha sido un mecanismo perfectamente probado y repetido con exactitud cada año, en la Conaliteg.

Sin embargo, este ciclo escolar 2019-2020 existe el riesgo de que los libros no lleguen en agosto próximo, cuando inicia el año lectivo, debido a que el retraso ya suma casi cinco meses, debido a la falta de contratación de proveedores y empresas impresoras.

Generalmente en mayo salían los vehículos cargados de libros para distribuirlos al país, pero esta vez ni siquiera se han concretado los contratos con los proveedores y empresas impresoras para lograr que se entreguen los 192 millones de libros como ocurrió el año pasado.

Leer: Sin fechas claras para los participantes, lanzan nueva convocatoria para impresión de libros de texto

El exsubsecretario de Educación Básica, Lorenzo Gómez Morín, asegura en entrevista que el libro de texto es la base del sistema educativo mexicano y este retraso impactará sobre todo a maestros y alumnos. La afectación, dice, se verá inmediatamente en el aprendizaje de los estudiantes.

“Los maestros no desarrollan todos sus ejercicios. Aunque ahora les dan más libertad, siguen llevando al pie de la letra los libros. Y los que más van a perder son los más pobres, quienes no tienen más herramientas”.

Ante esta situación, Animal Político preguntó a maestros de distintos estados del país respecto a exactamente cuánto ocupan y qué tan importantes son los libros de texto gratuito. Esto fue lo que dijeron:

Antonio Virgilio Ruiz

Maestro de 2do. de primaria

Baja California Sur

Siete años de práctica

Los libros de texto son muy importantes porque es la materia prima con la que se trabaja dentro del salón. Preparamos clase con base en los libros, apegado al programa de estudios que se está manejando. En los libros vienen las actividades con las que se trabajan las materias y la dosificación.

Se trabaja en manera general adentrando al alumno a las lecciones, aunque se trabajan ejercicios en el cuaderno, se completa con las actividades del libro.

Incluso los niños se emocionan cuando les das su material. Uno ve cómo los empiezan a hojear, y no recibirlos les impactaría hasta anímicamente. Además de que merma en el nivel académico de los alumnos, es un efecto dominó.

En caso de que no se tenga al inicio del ciclo escolar se tendrían que estar fotocopiando de años interiores o imprimiendo del digital de la página de la Conaliteg. Sería un gasto extra para la escuela y padres de familia, si no se tuviera el libro en físico.

Nunca ha pasado un retraso en mis años de docencia. Los alumnos siempre han recibido los libros a tiempo.

Tania Velázquez

Maestra de 5to. de primaria

Guanajuato

25 años de práctica

Hay varias razones por las que sí es importante el libro de texto. Es una herramienta del proceso enseñanza aprendizaje, es una guía para los niños y ellos los leen, los subrayan, le hacen apuntes. Los alumnos a nivel primaria tienden a ser más visuales y al manipular el libro, al leerlo, al trabajarlo, tienen mejor desempeño.

Las materias donde funcionan aún más los libros son Formación cívica y ética, Geografía, Ciencias Naturales e Historia porque vienen buenas actividades, te proporcionan páginas de internet para que los niños investiguen. De esas materias sí me baso mucho para mis clases.  

En las materias de Pensamiento matemático y Lenguaje y comunicación, me baso en los contenidos, pero siempre les pongo algo de ejercicios prácticas que yo busco.

Nunca, en mi carrera docente que empecé en 1994 los libros se han retrasado. Y si no llegaran, el alumno se sentiría desprotegido, porque los niños son myu visuales y de verdad aprecian sus libros. Si no llegan, sería un fraude más de nuestro gobierno.

Vanessa de los Santos

Maestra de 2do. y 6to. de primaria

Durango

Tres años de práctica

Considero que son una herramienta base para la práctica docente, pues fungen como una fuente de información viable. En lo personal, trato de sacarle el mayor provecho posible utilizando los distintos tipos de texto que el mismo maneja, así como el uso de las imágenes que, en la mayoría de los casos, suelen ser ignoradas como recurso didáctico.

Por otro lado, el libro de texto actual sería de más utilidad si estuviese correctamente diseñado, vinculado a las necesidades actuales, pues si bien sirve como transmisor de conocimientos fundamentales, también le hace falta la parte en la que se manejen conceptos de relevancia social: la implementación de las nuevas tecnologías para el futuro del planeta, la (in)estabilidad política, diversidad cultural, equidad e igualdad de género, prácticas para la conservación del medio ambiente, entre muchos otros.

La cantidad de libros de texto que se nos otorgan al inicio de cada ciclo escolar siempre es insuficiente y es complicado acceder a los mismos por medio de Internet, pues no todos los alumnos tienen la posibilidad de buscarlos o contar con ellos por vía Internet, así que es necesario considerar que el material se debe entregar en cantidades justas y en tiempo oportuno (no a mitad de ciclo, como en algunos casos sucede).

Aun así, sé que existen maestros que contestan el libro como puro requisito, pues lo primero que piden los supervisores para evaluar el trabajo del maestro es el libro de texto del alumno contestado.

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'Arriesgo mi vida para tratar a pacientes de covid-19 pero mañana puedo ser deportado a México'

Como enfermero en una unidad de cuidados intensivos en un hospital de Carolina del Norte, Jonathan Vargas Andrés trata a pacientes con covid-19 todos los días. Pero pronto puede encontrarse con una orden de deportación.
13 de mayo, 2020
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Guillermo y Jonathan Vargas Andrés

Jonathan Vargas
Guillermo y Jonathan Vargas Andrés llevan 18 años en Estados Unidos.

La Corte Suprema de Estados Unidos está revisando un caso que podría poner en riesgo de deportación a miles de personas que llegaron de forma ilegal al país cuando eran niños.

La Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, aprobada en 2012) les dio a estos jóvenes la oportunidad de trabajar y estudiar legalmente en EE.UU., pero el presidente Donald Trump quiere revocarla.

Y muchos de los que están en riesgo son trabajadores de la salud que se enfrentan a la pandemia de coronavirus.

A principios de abril, una larga fila de autos de policía rodeó un hospital en Winston-Salem, en Carolina del Norte, con sus luces azules parpadeando.

Era un tributo, dijeron, a los trabajadores sanitarios que arriesgan sus vidas para tratar a los pacientes de covid-19.

Pero al mexicano Jonathan Vargas Andrés, un enfermero de la unidad de cuidados intensivos que trata a pacientes de coronavirus en ese hospital, le parecen, de alguna manera, gestos vacíos.

Lleva cuatro años trabajando en la misma unidad que su esposa y su hermano, también enfermeros, y la semana pasada ha visto un aumento en el número de casos.

Jonathan también es indocumentado y en las próximas semanas sabrá si el país por el que está arriesgando su vida decidirá deportarlo.

“Trato de no pensar en eso, porque si lo pienso mucho me canso”, dice Jonathan en su suave acento sureño. “Básicamente, tuve que desconectar por mi propia salud”.

“Es el miedo más que nada”.

El programa DACA

Jóvenes protestando frente a la Corte Suprema en apoyo al programa DACA.

Getty Images
La mayoría de los beneficiados por el programa DACA son de América Latina, pero también hay de otras partes del mundo.

Jonathan se benefició del programa DACA, una norma de la era Obama que protegía de la deportación a los jóvenes que fueron traídos ilegalmente a Estados Unidos cuando eran niños y que les proporcionó permisos de trabajo y estudio.

Jonathan llegó de México cuando tenía 12 años.

En 2017, Donald Trump detuvo el programa y actualmente está siendo revisado por la Corte Suprema estadounidense.

En cualquier momento, a Jonathan se le podría decir que ya no tiene derecho a trabajar o vivir en Estados Unidos.

Hay aproximadamente 800.000 beneficiarios de DACA en Estados Unidos. El Centro para el Progreso Americano, un think tank de izquierda, estima que 29.000 de ellos son trabajadores de atención médica en primera línea (médicos, enfermeros, paramédicos) y otros 12.900 se desempeñan en otros sectores de la industria de la salud y el cuidado.

Jonathan describe su trabajo como una vocación.

Le encanta ser enfermero a pesar de enfrentar una pandemia a los cuatro años de haber iniciado su carrera.

“Obviamente, da miedo cuando estás allí”, dice. “Te vuelves muy, muy, muy paranoico con lo que tocas”.

“Pero tienes que dejar ese pensamiento de lado, porque estás allí para ayudar a estas personas. No se trata de ti”.

Su hospital tiene suficientes equipos de protección personal. Los están usando con moderación, lo que lo pone nervioso, pero lo que es más difícil, cuenta, es tener que ver a la gente morir sola.

“Es muy triste, muy deprimente ver a las familias tener que despedirse a través de un iPad”, dice.

“No solo es estresante, sino emocionalmente agotador“.

Al menos en la unidad hay solidaridad, pero a veces siente que está viviendo una doble vida.

“Cuando voy a trabajar y hablo con mis compañeros de trabajo, ellos no saben sobre mi estatus”, dice.

“Pero luego regreso a casa y me doy cuenta de que, ya sabes, estoy viviendo fuera del radar”.

“Ni siquiera sabes si algo de lo que estás haciendo para ayudar a tu país será apreciado. Y en un par de meses, podría ser deportado“.

Cambio de vida

Protesta de "Dreamers" afuera de la Corte Suprema en noviembre.

Getty Images
El programa DACA está actualmente bajo revisión por la Corte Suprema de EE.UU.

Jonathan nació en México, en un pequeño pueblo cerca de Puebla, en 1990.

Su padre manejaba un autobús para ganarse la vida, pero apenas podía mantener a la familia.

Él recuerda la casa en la que vivían: no tenía ventanas, el piso era de tierra, y no había agua corriente.

Su padre se fue primero a Estados Unidos, en el año 2000, y trajo a su familia dos años después.

Junto con su hermano y su madre, Jonathan cruzó el río que separa a México de Estados Unidos y el desierto, entrando a territorio estadounidense ilegalmente.

Hasta 2012, toda la familia vivía fuera del radar. Como niños indocumentados, podían asistir a la escuela pública, pero no a las universidades públicas ni a las universidades privadas, que eran demasiado caras.

Cuando terminó la escuela secundaria, consiguió trabajos ocasionales. Trabajaba reparando neumáticos cuando se anunció el programa DACA.

“Fue un cambio de vida”, dice. “No sé cómo describirlo. Saber que iba a tener la oportunidad de trabajar legalmente y tener la posibilidad de ir a la universidad”.

Llevaba en Estados Unidos 10 años en ese momento y aunque dice que se sentía estadounidense, no tenía la documentación para demostrarlo.

Cuando se aprobó el programa DACA, él y su hermano inmediatamente intentaron inscribirse en el ejército, pero fueron rechazados por su estatus de ciudadanía.

Su deseo de servir los llevó a la enfermería.

“Vuelve a cruzar el río”

Aunque le encanta su trabajo, los últimos cuatro años han sido un período de mucha ansiedad.

Jonathan ha comenzado a apretar la mandíbula mientras duerme. A veces lo hace tanto que la articulación se hincha y le duele cuando come o habla. Es una condición que generalmente está vinculada al estrés.

“He estado lidiando con este estrés desde 2015, cuando Donald Trump anunció que se postulaba para presidente y lo primero que hizo fue atacar a los mexicanos“.

“Se volvió muy, muy real cuando asumió el cargo”.

Desde entonces, dice que ha sentido más animosidad hacia él y ha experimentado un racismo manifiesto. Cree que algunas personas ahora se sienten con el derecho a mostrar intolerancia.

Describe un incidente fuera de su gimnasio, antes de la cuarentena, en el que un hombre le gritó improperios racistas y le dijo que “volviera a cruzar el río” porque había estacionado incorrectamente.

Una joven con la solicitud para el programa DACA en 2012.

Getty Images
El derecho a trabajar de Jonathan depende del programa DACA.

Camuflaje

Jonathan se casó hace dos años y su esposa es ciudadana estadounidense. Ha solicitado una green card -residencia temporal-, pero no es un hecho que se la vayan a dar.

Su entrada ilegal al país siendo niño podría jugar en su contra.

Si un niño indocumentado no abandona Estados Unidos en el año antes de cumplir su mayoría de edad, asume la responsabilidad legal de su ingreso.

Y si la decisión de la Corte Suprema detiene el programa DACA, podría perder su derecho a trabajar.

Jonathan está tratando de no pensar en lo que sucederá si la decisión va en su contra. Dice que no volverá a México, ya que no cree que la profesión de enfermería sea valorada allí, pero él y su hermano han estado investigando para mudarse a Canadá.

Tendría que dejar a sus padres y su vida de los últimos 18 años atrás. Actualmente está estudiando a tiempo parcial para obtener una calificación adicional en enfermería, y es posible que también tenga que dejarlo.

Aunque el miedo a la covid-19 y la decisión de la Corte Suprema se ciernen sobre él todos los días, tiene una sensación de seguridad dentro de su uniforme de color azul oscuro.

“A veces siento que mi uniforme de trabajo es un tipo de camuflaje”, dice.

“La gente me ve con la bata y asumen que soy de los ‘buenos’ o que estoy aquí legalmente”.

“Pero tan pronto como me cambio, no hay forma de que sepan que soy enfermero, así que me vuelvo un ‘espalda mojada’ como suponen sobre todos los demás que parecen hispanos”.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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https://www.youtube.com/watch?v=3FlrsNfKguk&t=35s

https://www.youtube.com/watch?v=85PHSOeDz2Y

https://www.youtube.com/watch?v=QZ9JbrioTiw

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