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Cuartoscuro Archivo

Menores pierden la percepción de igualdad de género conforme van creciendo

El 53.6% de los menores de 14 a 17 años contestó en una consulta del INE que solamente los hombres pueden salir de noche; solo el 3.1% consideró tal conducta como "adecuada" para las mujeres.
Cuartoscuro Archivo
25 de abril, 2019
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La Consulta Infantil y Juvenil 2018 realizada por el Instituto Nacional Electoral demuestra que los estereotipos de género y la percepción sobre lo que pueden hacer o no hombres y mujeres cambia conforme los menores cumplen más edad.

Para esta consulta el INE entrevistó a 5 millones 671 mil 384 menores de entre 6 y 17 años. Un millón 562 mil 141 de entre 6 y 9 años; 2 millones 109 mil 979 de 10 a 13 años, y un millón 770 mil 476 de entre 14 y 17 años.

El 64% de los encuestados entre 6 y 9 años consideró que niños y niñas pueden ser igual de inteligentes; el 46% contestó que ambos pueden realizar las mismas tareas en el hogar, y el 39% cree que los dos géneros tienen la misma fortaleza.

Hay un cambio cuando la pregunta se dirige al uso de los juguetes. El 63.3% cree que solo las niñas pueden jugar con muñecas, y el 53.9% dicen que únicamente los niños pueden jugar con muñecos de acción.

En el rango de los 10 a los 13 años, el 78.3% contestó que niños y niñas pueden ser igual de inteligentes, y el 71.2% que ambos géneros pueden hacer las mismas tareas en el hogar.

Es decir, desde los 6 hasta los 13 años, la mayoría de los menores señala igualdad de condiciones para ambos géneros, al considerar que hay la misma fortaleza e inteligencia entre niños y niñas.

La percepción sobre la igualdad se modifica conforme a la edad. El 53.6% de los menores de 14 a 17 años contestaron que solamente los hombres pueden salir de noche; a diferencia del 3.1%, que consideró tal conducta como “adecuada” para las mujeres. El 32.5% contestó que mujeres y hombres pueden salir de noche por igual.

A la pregunta: ¿Quién puede dormir fuera de casa?, el 34.1% de 14 a 17 años dijo que solo los hombres; solo el 3.9% que las mujeres, y el 31.5% que ambos por igual.

En este mismo rango de edad, el 39.3% cree que solo los hombres pueden fumar; el 1% contestó que esta conducta es aceptada para las mujeres, y el 28.9% cree que ambos géneros pueden fumar por igual.

Misma situación ocurre con el consumo de alcohol y de alguna droga ilegal. El 38.3% cree que solo los hombres pueden tomar alcohol; el 1% que las mujeres, y el 32% que ambos géneros. En tanto que el 31.5% opinó que únicamente los hombres pueden consumir drogas, y el .9% que las mujeres.

A la pregunta: ¿En quién son más aceptadas las relaciones sexuales? El 33% de entre 14 y 17 años dijo que en los hombres, y el 1.9% que las mujeres.

En cuanto a la percepción sobre la responsabilidad en la prevención de embarazos y ETS, hay una visión mayoritariamente igualitaria, de que recae en ambos sexos.

¿Quién debe cuidarlos?

Al ser interrogados sobre quién debe cuidarlos después de la escuela, el 71.9% de menores de entre 6 y 9 años dijo que la mamá y solo el 38.6% contestó que el papá.

Respuesta similar se dio en el rango de 10 a 13 años, donde el 73.8% dijo que la mamá y el 38.2% que el papá.

Dichos resultados evidencian que el cuidado de niñas y niños recae fundamentalmente en la madre y solo un mínimo porcentaje es responsabilidad del padre. En tercer lugar se ubicó la figura cuidadora de la abuela, y en cuarto, la hermana.

Entre la población de 6 a 13 años con alguna discapacidad, los patrones son muy similares a la población total, aunque en este caso, la brecha entre madre y padre como cuidadores es menor (67% y 38% en promedio, respectivamente).

La percepción cambia en cuanto a quién debe dirigir en el hogar, el 50.9% de 6 a 9 años, creen que pueden hacerlo tanto papá como mamá; lo mismo opina el 63.3% de entre 10 y 13 años, así como el 73% de entre 14 y 17 años.

Percepción del trato escolar por género

En el grupo de 6 a 9 años, si bien son mayoritarias las percepciones de igualdad de trato, se distinguen algunos elementos importantes; como que el 20% de los docentes dicen que hay que cuidar más a las niñas, a diferencia del 9% que dice que se debe cuidar más a los niños.

El grupo de 10 a 13 años resalta que el 76% de sus maestros dicen que las niñas y los niños son igual de inteligentes.

Lugares donde se registra violencia

En los menores de 6 a 9 años, el 59.3% contestó que ha experimentado un tipo de agresión en su familia o casa, 36.9% en la escuela, y 15.8% en la calle.

La estadística cambia en el rango de 10 a 13 años: el 53.9% ha sufrido una agresión en la escuela, 37.7% en la casa, 20.9% en la calle y 7.8% en internet.

En lo que se refiere a la percepción de violencia, los menores entre los 6 y los 13 años representan el grupo con mayor percepción de experiencia de maltrato.

El maltrato físico es el tipo de violencia más acusado, aunque también se da de forma verbal.

Del grupo entre los 6 y 9 años, el 44.8% reportó golpes, y el 37.2 groserías. En tanto que el 48.4% de entre 10 y 13 años dijo haber sido agredido con groserías y el 34.15% con golpes.

En el sector de 14 a 17 años, el 66.9% dijo haber recibido violencia verbal; el 41.5% física, el 38.8% psicológica, y el 9.9% sexual.

Abandono de escuela por embarazo y necesidad de trabajar

Un dato preocupante es que el 49.2% de los menores de entre 14 y 17 años contestaron que el principal motivo de abandono de escuela de sus compañeras es por embarazo.    

El 25.3% dijo que por cuidado de hijas o hijos, el 9.3% dijo que por matrimonio, el 7.1% por violencia o maltrato en la escuela, y el resto por falta de recursos económicos, discapacidad o desinterés.

En cuanto al género masculino, los menores contestaron que sus compañeros abandonan la escuela por: Necesidad de trabajar (39.8%), desinterés (23%), falta de recursos económicos (10.9%), y violencia o maltrato (8.5%).

¿En quién confían los menores?

Finalmente, los tres grupos entrevistados dijeron sentirse con mayor seguridad dentro de sus casas; seguido de su escuela, en su calle, y en internet.

Sobre las personas en las que confían, la mayoría dijo que en su familia; seguido de su amigos, sus maestros, después en la policía, el ejército, en los gobernantes, y en último lugar en los partidos partidos políticos.

Y sobre la discriminación…

En las boletas dirigidas a los grupos de 10 a 13 y 14 a 17 años se obtuvo el dato de que, en casi todo el país, alrededor de un tercio de los menores han sido víctimas de  algún tipo de discriminación.

En total, 10 entidades superan 35%, alcanzando hasta 37.7% en Jalisco, en contraparte, el estado con el menor índice es Chiapas, con 28.1%.

La discriminación suele darse con base en la condición de la persona. Es decir, el porcentaje de percepción de discriminación, es mayor entre los menores que se reconocen como indígenas y quienes viven con alguna discapacidad, también puede aumentar con la edad.

Mientras el porcentaje es similar para niñas y niños en el rango de 10 a 13 años, en el rango de 14 a 17 años las mujeres indígenas o con alguna discapacidad refieren ser más discriminadas que los hombres.

Las personas que manifiestan otra identidad de género también reportan un porcentaje más elevado que el promedio.

La escuela, la casa y la calle son los entornos donde más se presentan estos actos de discriminación, según los entrevistados.

La Consulta Infantil y Juvenil 2018 se realizó en todo el país del 17 al 25 de noviembre pasados con el objetivo de funcionar como una herramienta que impulsa la familiarización de las prácticas de la democracia entre las personas más jóvenes de nuestro país.

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IFAAS/USF

Qué son las "granjas de cadáveres" donde los cuerpos humanos se descomponen a la intemperie

Se trata de los cementerios forenses, donde los cadáveres se dejan a la intemperie durante semanas o meses porque ayudan a resolver crímenes, aunque algunos científicos tienen sus reservas respecto a ellos.
IFAAS/USF
18 de junio, 2019
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ADVERTENCIA: Este artículo contiene imágenes y descripciones explícitas que pueden herir la sensibilidad de algunas personas.

En medio de un pasto verde y uniforme, sobresalen unos arbustos de aproximadamente un metro de altura. Son más altos que el resto, porque el pedazo de tierra en el que crecen se alimenta de las sustancias que liberaron cadáveres humanos que se pudrieron ahí durante varias semanas. De lejos parece una pradera ideal para dar un paseo, pero al adentrarse en los matorrales un fuerte hedor a muerte hace llorar los ojos. El día es soleado y se sienten más de 30º de temperatura, el aire es húmedo y pesado.

En este terreno de poco más de una hectárea hay 15 cuerpos humanos desperdigados. Están todos desnudos, algunos encerrados en jaulas metálicas, otros cubiertos con un plástico azul, otros enterrados y otros directamente a la intemperie. Cada cuerpo forma una silueta de hierba muerta, pero luego, en esa misma porción de terreno, crecerá un arbusto vigoroso, más alto que los demás.

Erin Kimmerle 015
BBC

La doctora Kimmerle estudia los cuerpos desde el momento de la muerte hasta que son solo huesos. Este lugar es un laboratorio de antropología forense a campo abierto de la Universidad del Sur de la Florida (USF), que opera desde 2017 en el condado de Pasco, a 25 minutos de la ciudad de Tampa. Está ubicado en una zona campestre, a un costado de la cárcel del condado. Comúnmente la gente lo llama una “granja de cadáveres”, aunque los científicos prefieren llamarle cementerio forense o laboratorio de tafonomía, que es el área que estudia lo que ocurre con un organismo luego de su muerte. Es un lugar dedicado a la ciencia, pero regar cadáveres humanos a cielo abierto desafía los ritos que comúnmente tenemos respecto a la muerte. De hecho, esta “granja” inicialmente iba a estar ubicada en el condado de Hillsborough, a unos 80 km de Pasco, pero los vecinos se opusieron al proyecto por temor a la llegada de animales carroñeros, a que sus propiedades perdieran valor y a que tuvieran que soportar el hedor de los cuerpos en descomposición. Las reservas frente a este tipo de laboratorios no solo vienen por parte de las personas que no quieren vivir cerca de gente muerta, incluso dentro de la comunidad científica hay quienes son escépticos respecto a la necesidad y el valor científico de las granjas de cadáveres.

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BBC
Algunos de los cuerpos están protegidos por jaulas para evitar que sean presa de los animales de carroña.

¿Cómo son estas granjas, para qué sirven y por qué generan controversia?

Cuerpos en descomposición

La granja de cuerpos de la USF es una de las siete que hay en Estados Unidos. También hay en Australia, y en países como Canadá y Reino Unido hay planes de abrir sus primeras granjas este año. Los cadáveres que hay en la granja de la USF fueron personas que antes de morir decidieron donar voluntariamente su cuerpo a la ciencia. En otros casos, son los familiares del difunto quienes deciden entregarle el cuerpo a los forenses. El principal objetivo de estos lugares es entender cómo se descompone el cuerpo humano y qué ocurre en el ambiente que lo rodea durante ese proceso. Entender ese proceso brinda datos clave para resolver crímenes o de mejorar las técnicas de identificación de personas.

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BBC
Los datos que recolectan los forenses son útiles en la reconstrucción de cadáveres sin identificar.

“Cuando alguien muere hay muchas cosas ocurriendo al mismo tiempo”, le dice a BBC Mundo Erin Kimmerle, directora del Instituto de Antropología Forense de la USF. “Ocurre desde la descomposición natural, hasta la llegada de insectos y cambios en la ecología“.

Kimmerle y su equipo consideran que la mejor manera de entender todo eso que ocurre es observarlo en tiempo real, con cuerpos reales en un ambiente real. Según explica Kimmerle, en general el cuerpo humano pasa por cuatro etapas después de la muerte. En la primera etapa, llamada “cuerpo fresco”, baja la temperatura del cadáver y la sangre que deja de circular se acumula en ciertas partes del cuerpo. Luego, durante la “descomposición temprana”, las bacterias comienzan a consumir los tejidos y se empiezan a notar cambios en el color de la piel. En la tercera etapa, la “descomposición avanzada”, se acumulan gases, el cuerpo se hincha y se rompen los tejidos.

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BBC
La descomposición de los cuerpos afecta la tierra done yacen.

Finalmente, comienza la “esqueletonización”, que se hace primero evidente en el rostro, las manos y los pies. Bajo algunas condiciones de humedad y otros factores, el cuerpo puede quedar momificado. Estas etapas, sin embargo, se ven influenciadas por el ambiente en el que esté cuerpo, y eso le interesa a los forenses.

Datos valiosos

En la granja de la USF algunos cuerpos están rodeados por jaulas de metal para protegerlos de animales carroñeros. La jaula evita que sean devorados por zarigüeyas y buitres, así que los forenses pueden estudiar cómo ocurre la descomposición de los tejidos. También observan la acción de los gusanos, que se alimentan de los órganos internos del cadáver, pero no de la piel. Otros cuerpos, por el contrario, sí están totalmente expuestos, a merced de los carroñeros que llegan en bandadas de hasta 50 ejemplares. Hacen huecos en la piel, arrancan músculos y tejidos y hasta voltean el cuerpo para comer todo lo que puedan.

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BBC
Los investigadores toman datos para ver cómo cambian los cuerpos durante varias semanas.

Mientras todo eso ocurre, los investigadores visitan la granja cada día para tomar fotos y videos, observar cómo evoluciona el cuerpo y comparar el proceso de cada uno según cómo y dónde esté ubicado, ya sea enterrado, en la superficie o incluso en el agua. Junto a los forenses también trabajan geólogos y geofísicos que analizan el suelo, el agua, el aire y la vegetación. Les interesa saber de qué manera las sustancias que libera el cuerpo inerte cambian las propiedades del lugar donde se descomponen. “Tratamos de obtener la mayor cantidad de información de cada individuo”, dice Kimmerle. Cuando los cuerpos ya son solo esqueletos, son transportados a lo que los forenses llaman “laboratorio seco”, donde limpian los huesos y los almacenan para que queden disponibles para estudiantes e investigadores.

Crímenes sin resolver

Los datos que recolectan los investigadores de tafonomía son útiles para investigaciones forenses y de medicina legal. La forma en la que se descompone un cuerpo sirve para refinar la estimación de cuánto tiempo lleva una persona muerta o si el cuerpo fue movido o enterrado. Las sustancias que libera y el estado del cadáver también dan pistas sobre el origen de la persona. Eso, sumado a otros datos genéticos y el análisis de los huesos, brinda información que puede aplicarse en casos criminales que han quedado sin resolver. Por eso, parte de la misión de estas granjas es prestarle servicios a autoridades que intentan esclarecer homicidios. Para muchos puede resultar chocante trabajar a diario con la crudeza de la muerte y ver cuerpos humanos en un estado que normalmente preferimos ocultar.

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BBC
Los geólogos toman muestras del suelo para saber cómo cambia su composición con las sustancias que liberan los cadáveres humanos.

Para Kimmerle, sin embargo, eso no es lo que le causa mayor perturbación. “Como profesional de la ciencia uno aprende a separarse de esa conexión”, dice refiriéndose al tabú que muchas veces acompaña al tema de la muerte. “Trabajamos con muchas investigaciones de homicidios, así que lo más retador es enfrentarnos a historias realmente trágicas“, dice. “Para mi lo más horroroso es (ver) lo que una persona es capaz de hacerle a otra”. También menciona que es un reto enfrentarse a historias de familias que perdieron a sus hijos hace 20 o 30 años y aún están buscando sus restos. Para ella, su labor tiene sentido en la medida que ayude a esclarecer alguno de los cerca de 250.000 crímenes sin resolver que hay en Estados Unidos desde 1980. ¿De quiénes son estos cadáveres? Desde su apertura en octubre de 2017, el cementerio forense ha recibido 50 cuerpos de donantes y tiene una lista 180 predonantes, es decir, personas vivas que ya decidieron que al morir quieren entregarse, literalmente, a la ciencia. Los donantes son en su mayoría personas ancianas que ya comienzan a planear sus últimos años de vida. “Es como planear tu profesión post-mortem“, dice Kimmerle. Es como si los donantes ayudaran a resolver crímenes después de muertos. Entre las restricciones que hay para donar el cuerpo está no padecer una enfermedad infectocontagiosa que pueda poner en riesgo a las personas que luego estudiarán el cadáver.

Una ciencia emergente

Las granjas de cuerpos aportan datos a la ciencia, pero también tienen limitaciones. Patrick Randolph-Quinney, antropólogo biológico de la Universidad de Lancashire Central en Reino Unido, dice que de manera general está a favor de este tipo de laboratorios, pero afirma que aún es una ciencia emergente.

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BBC
Algunos científicos expresan sus reservas sobre los cementerios forenses.

“El problema con estas instalaciones a campo abierto es que tienen una tremenda cantidad de variables que no pueden controlar, sino simplemente monitorear”, le dice Randolph-Quinney a BBC Mundo. “Eso hace que los datos que producen sean mucho más difíciles de interpretar, porque no se prestan fácilmente para hacer predicciones“. Para el antropólogo, el reto de los cementerios forenses es pasar de los datos anecdóticos a encontrar formas más estandarizadas de recolectar la información y compartirla con otros investigadores para lograr resultados de mayor relevancia estadística. Sue Black, antropóloga forense de la Universidad de Lancaster en Reino Unido, también expresa sus reservas. Un artículo de la revista Nature menciona que Black cuestiona el valor científico de estas campos, ya que sus estudios se basan en pequeñas muestras y resultados altamente variables. Nature también cita un libro que Black publicó en 2018, en el que se refiere a las granjas de cuerpos como “un concepto espantoso y macabro“. Kimmerle, por su parte, ve un futuro promisorio para estos laboratorios, cree que en los próximos años habrá más de ellos en varias partes del mundo. “Cualquier persona que entienda este tipo investigaciones, la profundidad que tienen y su importancia en aplicaciones prácticas, verá que son muy necesarias“, concluye Kimmerle.


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Posted by BBC News Mundo on Thursday, May 2, 2019


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