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Cuartoscuro

Muerte de usuaria del Metro fue por falta de protocolos y capacitación de policías, acepta Sheinbaum

La jefa de gobierno y el titular de la Policía capitalina justificaron que no hubo dolo en la actuación de los policías, solo fue una falta de protocolos para atender ese tipo de emergencias.
Cuartoscuro
23 de abril, 2019
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La falta protocolos definidos sobre qué hacer en caso de que un usuario del Sistema de Transporte Metro presente una enfermedad o sufra un percance causaron la falta de atención de una de sus usuarias y finalmente su muerte.

María Guadalupe Fuentes Arias sufrió un infarto cerebral el sábado 16 de febrero en el andén de la estación Tacubaya de la Línea 1 del Metro. Elementos de la Policía Bancaria la trasladaron en camilla hasta la oficina de la jefa de estación; ahí permaneció al menos tres horas, reportó este martes el diario Reforma.

Aún en mal estado físico, los policías sacaron a la mujer de las instalaciones del metro. Permaneció en la calle 26 horas sin recibir atención, hasta que fue auxiliada y trasladada a un hospital, donde murió tres días después.

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Este martes, la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum y el Secretario de Seguridad Pública, Jesús Orta dijeron que la falta de protocolos impidió la correcta atención de la mujer, pero que no hubo dolo en las acciones de los policías ni de la encargada de la estación.

“Parte del problema es que no había una capacitación, no habían protocolos y fue una decisión de la persona que estaba encargada de la estación del Metro”, dijo Sheinbaum, según Reforma.

Añadió que tras conocer los hechos pidió a las autoridades del Metro “que cambiaran los protocolos, que buscaran otros mecanismos, porque no puede ocurrir en la ciudad”.

Por su parte, el titular de la policía capitalina dijo que la falta de capacitación de los elementos causó la muerte de la mujer, pues fue una mala práctica el sacarla de las instalaciones del Metro sin darle atención médica, aunque afirmó no hubo dolo en la acción.

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“No hay dolo pero lo que hay es una mala práctica y que tiene que ver con una falta de capacitación hacia los agentes, además de falta de protocolos, instrucciones que algún mando dio, pero son áreas de oportunidad en las que debe trabajar la policía”, justificó Orta.

El Metro informó que la jefa de estación fue despedida, mientras que los policías son investigados por la Fiscalía de Servidores Públicos; la Procuraduría capitalina inició una indagatoria por negar el servicio a la mujer.

Sheinbaum dijo que ya “hay denuncias penales, y tiene que haber investigación por parte de la Procuraduría”.

Sin embargo, el exdirector del Metro, Jorge Gaviño, dijo que sí hay protocolos de atención ante estas emergencias y que están descritos en el Manual Administrativo del Metro.

“El protocolo de inmediato es trasladar a la persona a un centro especializado de medicina. Pero además de inmediato”, dijo Gaviño a Reforma.

Explicó que el Metro cuenta con un seguro de responsabilidad civil para atender a las personas que sufran un accidente dentro de las instalaciones. Si el percance es ocasionado por una enfermedad, como en el caso de María Guadalupe, se le debe trasladar de inmediato a un centro de Salud del gobierno capitalino o federal.

Con información de Reforma (suscripción necesaria).

 

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Getty Images

¡Deja de tratar de ser feliz! No estamos diseñados para serlo

La industria de la felicidad ha contribuido a crear la fantasía de que la felicidad es un sueño que todos podemos alcanzar. Pero, como reflexiona el psiquiatra Rafael Euba, los humanos no evolucionamos para ello. Es más, el estado de ánimo fluctuante es lo que nos hace ser humanos.
Getty Images
22 de julio, 2019
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Una gigantesca industria de la felicidad y el pensamiento positivo, valuada en cerca de US$11,000 millones al año, ha contribuido a crear la fantasía de que alcanzar la felicidad es un objetivo realizable.

Perseguir el sueño de la felicidad es un concepto muy estadounidense, exportado al resto del mundo mediante la cultura popular.

De hecho, la “búsqueda de la felicidad” es uno de los “derechos inalienables” de los estadounidenses.

Desafortunadamente, esto ha contribuido a crear una expectativa que la vida real se niega obstinadamente a cumplir.

Porque incluso cuando todas nuestras necesidades materiales y biológicas estás satisfechas, el estado de felicidad sostenida sigue siendo una meta teórica y elusiva, tal y como lo descubrió Abderramán III, Califa de Córdoba, en el siglo X.

Él era uno de los hombres más poderosos de su época que había hecho grandes logros militares y culturales, y que disfrutaba también de los placeres terrenales que le proporcionaban sus dos harenes.

Hacia el final de su vida, sin embargo, decidió contar el número exacto de días en los cuales se sintió feliz. Sumaban exactamente 14.

La felicidad, como decía el poeta brasileño Vinicius de Moraes, “es como una pluma llevada por el viento. Vuela liviana, pero no por mucho tiempo”.

La felicidad es una construcción humana, una idea abstracta que no tiene equivalente en la experiencia humana.

Los afectos positivos y negativos residen en el cerebro, pero la felicidad sostenida no tiene una base biológica. Y, quizás esto sorprenda, creo que esto es algo de lo que hay que estar felices.

Naturaleza y evolución

Los humanos no están diseñados para ser felices o incluso estar contentos. En cambio, estamos diseñados primordialmente para sobrevivir y reproducirnos, como cualquier otra criatura en el mundo natural.

Mujeres con distintas expresiones faciales.

Getty Images
Al menos si no eres feliz, no es por tu culpa.

La naturaleza desalienta el estado de satisfacción porque bajaría la guardia contra posibles amenazas a nuestra supervivencia.

El hecho de que la evolución haya priorizado el desarrollo de un lóbulo frontal grande en nuestro cerebro (lo cual nos da capacidades analíticas y ejecutivas excelentes) por sobre la capacidad natural de ser felices, nos dice mucho sobre las prioridades de la naturaleza.

Distintas ubicaciones geográficas y circuitos en el cerebro están asociados con ciertas funciones neurológicas e intelectuales, pero la felicidad, al ser una mera construcción sin base neurológica, no se encuentra en el tejido del cerebro.

De hecho, expertos en este campo argumentan que el fracaso de la naturaleza en desterrar la depresión del proceso evolutivo (a pesar de sus obvias desventajas en términos de supervivencia y reproducción) se debe precisamente al hecho de que la depresión como adaptación juega un rol útil en tiempos de adversidad, ayudando al individuo deprimido a no involucrarse en situaciones riesgosas e imposibles en las que él o ella no pueden ganar.

Los pensamientos depresivos pueden también cumplir la función de resolver problemas en momentos difíciles.

Moralidad

La industria actual de la felicidad tiene parte de sus raíces en códigos de la moral cristiana, muchos de los cuales nos dirán que hay una razón moral por cada momento de infelicidad que podamos experimentar.

Dirán, con frecuencia, que se debe a nuestras propias carencias morales, nuestro egoísmo y nuestro materialismo.

Cerebro

Getty Images
Distintas ubicaciones geográficas y circuitos en el cerebro están asociados con ciertas funciones neurológicas e intelectuales, pero la felicidad, al ser una mera construcción sin base neurológica, no se encuentra en el tejido del cerebro.

Abogan por un estado de virtuoso equilibrio psicológico mediante la renuncia, el desapego y el control del deseo.

Pero estas estrategias solo tratan en realidad de encontrar un remedio a nuestra inhabilidad innata de disfrutar de la vida de forma consistente, por eso debemos consolarnos con el conocimiento de que la infelicidad no es nuestra culpa. Es la culpa de nuestro diseño natural. Está en nuestros genes.

Los defensores de un camino moralmente correcto hacia la felicidad también desaprueban el tomar atajos con la ayuda de drogas psicotrópicas.

George Bernard Shaw dijo: “No tenemos más derecho a consumir felicidad sin producirla que a consumir riqueza sin producirla”. Aparentemente, hace falta ganarse el bienestar, lo que prueba que no es un estado natural.

Los habitantes de la novela de Aldous Huxley “Un mundo feliz” viven perfectamente felices con la ayuda de “soma”, una droga que los mantiene dóciles y contentos.

En su novela, Huxley da a entender que un ser humano libre debe inevitablemente sentirse atormentado por emociones difíciles.

Si nos dan la opción entre tormento emocional y placidez feliz, sospecho que muchos elegirían la última.

Pero el “soma” no existe, por tanto el problema no es que el acceso a la satisfacción confiable y constante por medios químicos sea ilegal, sino que es imposible.

Las sustancias químicas alteran la mente (lo cual a veces puede se bueno), pero como la felicidad no está vinculada a un patrón de función cerebral en particular, no podemos replicarlo químicamente.

La infelicidad que te hace humano

Aldous Huxley

BBC
En la novela “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley, la gente vive perfectamente feliz con la ayuda de una droga que los mantiene dóciles y contentos.

Nuestras emociones son mixtas e impuras, desordenadas, enredadas y, a veces, contradictorias. Investigaciones han mostrado que las emociones y afectos positivos y negativos pueden coexistir en el cerebro y ser relativamente independientes el uno del otro.

Este modelo muestra que el hemisferio derecho procesa preferencialmente las emociones negativas, mientras que las emociones positivas son procesadas por el lado izquierdo.

Cabe recordar que, entonces, no estamos diseñados para ser consistentemente felices. En cambio sí lo estamos para sobrevivir y reproducirnos.

Estas son tareas difíciles, por eso estamos preparados para luchar y esforzarnos, buscar gratificación y seguridad, combatir amenazas y evitar el dolor.

El modelo de emociones en competencia planteado por la coexistencia del placer y el dolor se acomoda a nuestra realidad mucho mejor que la dicha inalcanzable que nos quiere vender la industria de la felicidad.

Es más, pretender que cualquier grado de dolor es anormal o patológico solo generará sentimientos de que somos inadecuados y frustración.

Postular que no hay algo tal como la felicidad puede parecer un mensaje puramente negativo, pero el lado positivo, el consuelo, es el conocimiento de que la insatisfacción no es un fracaso personal.

Si a veces eres infeliz, esto no es una falta que exige una reparación urgente, como pregonan los gurúes de la felicidad.

Lejos de ser así. Esta fluctuación es, de hecho, lo que te hace humano.

*Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Rafael Euba es epecialista y profesor de psiquiatría de la tercera edad en el King’s College London. Está afiliado al Oxleas NHS FT y al London Psychiatry Centre.


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