Pacientes con VIH Sida advierten sobre falta de medicinas; Salud asegura que hay abasto suficiente
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Foto: Favia Lucero

Pacientes con VIH Sida advierten sobre falta de medicinas; Salud asegura que hay abasto suficiente

El gobierno federal no ha finalizado aún la licitación para elegir a proveedores, con su nueva estrategia de compra de tratamientos retrovirales.
Foto: Favia Lucero
Por César Reveles y Favia Lucero (YoCiudadano)
5 de abril, 2019
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Pacientes con VIH Sida que reciben atención en hospitales de la Secretaría de Salud federal denunciaron que el nuevo mecanismo para la compra de medicinas, por parte del gobierno de México, está generando desabasto de tratamientos retrovirales.

La licitación y compra de estos medicamentos anteriormente era responsabilidad del Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH/sida (Censida), pero ahora, por mandato del presidente Andrés Manuel López Obrador, el proceso depende de la Secretaría de Salud en coordinación con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

El nuevo proceso consiste en hacer la compra de medicamento en dos partes: primero se adquirirá el 20% de éstas y meses después el 80% restante, como una medida para evitar la corrupción.

De acuerdo con Organizaciones Civiles de VIH Sida, esta modalidad está provocando un desabasto de medicina a nivel nacional, toda vez que la administración federal no ha finalizado aún la licitación para elegir a los proveedores y adquirir el 20% del abasto total.

Si el proceso avanza conforme a lo esperado, la compra del 20% de medicamentos se haría el presente mes de abril, mientras que el 80% restante se adquiriría hasta julio.

Esa situación provocó una movilización en Ciudad Juárez, Chihuahua. Integrantes de diversas organizaciones cerraron el paso en una de las principales avenidas a manera de protesta, en tanto en Tabasco el presidente de la asociación civil Tabasqueños Unidos por la Diversidad y la Salud Sexual (TUDYSEX), José Cruz Guzmán, dijo a medios locales que a consecuencia de una “mala planeación” en los tiempos de contratación alrededor de 4 mil 500 pacientes con VIH Sida “se quedarán sin retrovirales a partir del segundo trimestre del año”.

En el caso de Chihuahua, los afectados aseguran que el medicamento existente en el Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención de Sida e infecciones de transmisión sexual (Capasits) de Ciudad Juárez, que atiende alrededor de mil 300 pacientes, cuenta con 40 frascos en el caso de algunos medicamentos, los cuales no son suficientes para la demanda que hay.

De acuerdo con el Sistema de Administración, Logística y Vigilancia de ARV (SALVAR), hasta el 25 de marzo, en el Capasits de Ciudad Juárez había 42 frascos de Atazanavir de 300 MG para 170 pacientes que lo requieren. Mientras que del medicamento antirretroviral Darunavir de 400 MG, solo hay seis frascos y 47 pacientes que lo necesitan.

De los 38 medicamentos antirretrovirales que aparecen en la plataforma, solo 26 son requeridos por los pacientes del Capasits de Ciudad Juárez y, de éstos, 20 ya se encuentran en desabasto desde el 25 de marzo de 2019.

“Yo creo que a los pacientes que están citados para esta semana y la próxima les van a dar su medicamento, pero los pacientes que están citados para el fin de mes, no van a tener medicamento y eso es una amenaza muy real”, advirtió María Elena Ramos, directora de la asociación civil Programa Compañeros, que trabaja con personas diagnosticadas con VIH en Ciudad Juárez, y quien la mañana del jueves se manifestó en una de las principales avenidas de esa localidad fronteriza.

De acuerdo con la activista, no se trata de una cuestión de recursos, sino de formas de contratación. “Sí hay dinero para hacer la compra… porque el dinero lo dejó etiquetado la administración pasada, pero la decisión de gobierno federal pone en riesgo la salud y hasta la vida de alrededor de mil 300 pacientes que se atienden en el Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención en Sida e Infecciones de Transmisión Sexual (Capasits) de Ciudad Juárez”, dijo Ramos. 

Juan Carlos Medel, coordinador nacional de la asociación civil SISEX, explicó que es de suma importancia que las personas en terapia de antirretrovirales no suspendan su consumo, porque esto facilitaría que el virus se vuela resistente al medicamento. 

“El propósito del medicamento es bajar los niveles del virus en la sangre a niveles indetectables para que esta persona tenga una buena calidad de vida, para que de esa forma su carga viral no sea capaz de transmitir el VIH a otras personas”, dijo el activista, uno de los convocantes a la manifestación de este jueves, misma que inició frente a las instalaciones del  Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención en Sida e Infecciones de Transmisión Sexual (Capasits) de Ciudad Juárez,  para después avanzar a la avenida Adolfo López Mateos, donde cerraron los carriles por varios minutos.

“Sin medicamento me muero”; “La 4T nos está quitando la salud a todas las personas con VIH y Sida”;  “Sus malas decisiones nos pueden llevar a la muerte”, eran algunos de los mensajes que se podían leer en los carteles que portaban los manifestantes.  

Ramos y Medel explicaron que aun cuando las organizaciones enfocadas al tema del VIH Sida cuentan con un pequeño banco de medicamentos de donaciones, éstos no les permiten dar abasto a todos. 

Explicaron que aunque una persona que vive con el VIH puede comprar por su cuenta los medicamentos, después de que un doctor especialista lo diagnostica, el costo aproximado de un tratamiento mensual es de dos mil pesos. Es decir, que debería gastar alrededor de 24 mil pesos al año para tener una buena calidad de vida. 

Abasto de medicamentos en mes y medio

En entrevista para Animal Político, Luis Adrián Quiroz, vocal de Consejo Nacional para la Prevención y el Control del Sida (Conasida), y colaborador de ONG a través del programa Derechohabientes Viviendo con VIH, del IMSS, comenta que el desabasto podría replicarse en varios estados del país durante las próximas semanas.

“El gobierno acaba de iniciar la licitación, una vez que la termine el proceso de compra dura alrededor de mes y medio, es decir aunque terminen en tiempo la licitación, el medicamento tardaría demasiado y el desabasto será inevitable”, comentó Quiroz.

Además, dijo que los pacientes con VIH Sida están inconformes con la nueva estrategia del gobierno, pues además del atraso, el comprar los medicamentos en dos partes propiciará un desabasto tarde o temprano.

“El argumento del presidente para hacer este cambio fue el de evitar prácticas inadecuadas al momento de la compra, pero nunca mostró las pruebas de irregularidades con el modelo que usaba Censida; con ellos al frente nunca hubo estos problemas pues siempre compraban el 100% de los medicamentos y se almacenaban”, relató Quiroz.

El vocal de Conasida dijo que las protestas en todo el país comenzarán en los siguientes días. “En el caso de la Ciudad de México, los medicamentos solo alcanzan para un mes más, el caso de cada estado es distinto, entre los que menos tienen en este momento están Chihuahua y Tabasco”.

El activista comentó que en recientes días un grupo de pacientes con VIH Sida sostuvo una reunión con personal del área de vinculación de la Secretaría de Salud, para hablar del cambio de política de contratación de medicamentos y el desabasto que se va a generar, pero no hubo una respuesta concreta para el tema.

“En caso de que se llegue a agotar el medicamento, cada paciente se encargará de comprarlo y posteriormente veremos cómo podemos apoyar”, fue la respuesta del personal de la dependencia, según Luis Adrián Quiroz.

“Ellos saben que estos tratamientos son caros, pero hay pacientes que no pueden atenderse de manera particular”, finalizó.

“Hay suficientes atirretrovirales”

En respuesta a las denuncias, la Secretaría de Salud federal emitió un comunicado donde asegura que sus unidades médicas “cuentan con abasto suficiente para el tratamiento con antirretrovirales de las personas que viven con VIH Sida”.

Sobre el proceso de licitación informó que “están en curso los mecanismos para para mantener el abasto de los antirretrovirales en todo el país, ya sea mediante compras por adjudicación directa, la licitación pública internacional abierta o el apoyo por parte de otras instituciones públicas de salud”.

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El gas usado para "desinfectar" a mexicanos en EU que sirvió como ejemplo a la Alemania nazi

Durante décadas, trabajadores mexicanos que cruzaban a Estados Unidos fueron inspeccionados y fumigados con pesticidas para prevenir enfermedades infecciosas. Décadas después, cientos describieron la experiencia como humillante y vergonzosa.
4 de septiembre, 2021
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En 1956, los braceros eran fumigados con DDT como parte del proceso de entrada a Estados Unidos.

CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU

Muchos no sabían qué les estaban rociando, pero era tan extendido su uso que le apodaron “el polvo”.

La fotografía que abre esta nota es especialmente destacada por historiadores en Estados Unidos y algunos describen la escena capturada como “un momento atroz”.

En ella un funcionario enmascarado fumiga la cara de un joven mexicano desnudo con el pesticida DDT en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas, mientras que otros esperan en fila detrás mientras sujetan sus pertenencias.

La tomó el neoyorquino Leonard Nadel en 1956 mientras documentaba el programa Bracero, bajo el que al menos 4 millones de mexicanos migraron temporalmente a Estados Unidos para trabajar entre 1942 y 1964.

El esquema fue inicialmente establecido para compensar la ausencia de trabajadores estadounidenses debido al reclutamiento militar durante la Segunda Guerra Mundial.

Un trabajador se registra en el programa Bracero.

Getty Images
Millones de mexicanos campesinos y obreros participaron en el programa Bracero en Estados Unidos.

El DDT se empleó hasta mediados de los 60 en los inmigrantes para prevenir la propagación de malaria y tifus y su uso fue posteriormente prohibido en EE.UU. en 1972.

Hoy en día está clasificado por el gobierno de ese país y autoridades internacionales como un “probable carcinógeno humano”.

Pero este no fue el único pesticida empleado para “desinfectar” a inmigrantes mexicanos en la frontera entre México y EE.UU. por décadas.

Años antes de la implementación del programa Bracero, otro insecticida fue utilizado en centros de recepción de visitantes y pasaría a servir como ejemplo a funcionarios del nazismo en Alemania.

Zyklon B

David Dorado Romo, historiador y cronista de El Paso y Ciudad Juárez, dio con un artículo en una revista científica alemana de 1937 que lo dejó atónito.

El escrito incluía dos fotografías de “cámaras de despiojado” en El Paso, Texas.

Su autor, el químico alemán Gerhard Peters, destacaba las imágenes para ilustrar “la efectividad del Zyklon B (un pesticida a base de cianuro) como un agente para matar plagas indeseables”, escribe Romo en su libro Ringside Seat to a Revolution (“Asiento en primera fila a una revolución”).

“Peters se convirtió en el director de operaciones de Degesch, una de las dos firmas que adquirió la patente del Zyklon B en 1940 para producirlo masivamente”, describe.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis utilizaron el gas en dosis concentradas para matar a millones de judíos.

Un funcionario fronterizo estadounidense les habla a un grupo de refugiados mexicanos en el Puente Internacional de El Paso, en Texas. Año 1916.

Getty Images
Las inspecciones y requerimientos en la frontera entre EE.UU. y México en El Paso se endurecieron a partir de 1916.

Aunque en El Paso no se utilizó para el mismo fin, ya se estaba empleando desde 1929 por funcionarios fronterizos para fumigar la ropa y los zapatos de inmigrantes mexicanos en el Puente Internacional Santa Fe, que conecta esa ciudad con Ciudad Juárez.

Las inspecciones habían iniciado formalmente en 1917, amplía el historiador, cuando las autoridades estadounidenses empezaron a imponer restricciones sobre los cruces fronterizos en sectores como El Paso.

El alcalde de la ciudad en esa época, Tom Lea, se refería a los mexicanos como “sucios piojosos indigentes” que “sin duda, van a traer y propagar el tifus”.

Pero entre 1915 y 1917, menos de 10 residentes de El Paso habían muerto del tifus epidémico, recogió Romo en su libro.

Aún así, los mexicanos considerados de “segunda clase” eran sometidos a exhaustivos chequeos que incluían duchas con agua caliente y revisiones de los migrantes desnudos. A los que le encontraban piojos, “les rapaban la cabeza y les afeitaban todo el cuerpo”, señala Romo a BBC Mundo.

Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Tan solo en 1917, al menos 120.000 personas fueron examinadas en el centro de El Paso.

Romo y otros historiadores hablan de un contexto en el que las ideas eugenésicas cobraban fuerza y se manifestaban a través de nociones discriminatorias y racistas.

“No hay que comparar peras con manzanas, pero el Holocausto no fue un hecho aislado y la frontera entre EE.UU. y México sirvió como un centro de experimentación importante de esas ideas”, advierte Romo.

“¿Sabe qué es la vergüenza?”

Cuando inicia el programa Bracero en 1942 ya estaba extendido el uso de diferentes químicos como el kerosén en centros de inspección fronterizos.

Aunque el gobierno de EE.UU. alabó a los mexicanos que se enlistaban como “soldados de la producción” y de la tierra en ese tiempo, con los años surgieron cientos de testimonios de trabajadores que señalaron sus experiencias como vergonzosas y humillantes.

La historiadora Mireya Loza recuerda en conversación con BBC Mundo que la imagen del trabajador rociado con DDT en la cara era la que más afectaba a los antiguos participantes del programa con los que habló.

“Muchos decían que sentían los efectos del DDT en los ojos, que tenían reacciones alérgicas en la piel y entendieron que no era un tratamiento humano”, dice la profesora de la Universidad de Georgetown.

Un grupo de trabajadores del programa Bracero alzan los brazos y están alineados contra la pared mientras son inspeccionados en una habitación del Centro de Procesamiento en Monterrey, México.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores eran inspeccionados a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. Aquí, en un centro de procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

La académica inició su investigación entrevistando a decenas de braceros para un proyecto llamado Bracero History Archive (Archivo Histórico de los Braceros), impulsado por el Museo Nacional de Historia estadounidense Smithsonian.

“Muchos de estos trabajadores dijeron haber sentido algo feo porque era la primera vez que eran desnudados públicamente y frente a varias personas. Para ellos era un shock tremendo estar ahí y que los doctores les hicieran abrir las pompis, la boca; todo revisaban”, describe.

Los trabajadores eran generalmente inspeccionados en sedes administradas por Estados Unidos dentro de México y en ciudades fronterizas como Hidalgo, en Texas.

Además de las fumigaciones, los vacunaban contra la viruela, les hacían exámenes de sangre y de rayos X y les revisaban las manos en busca de callos que demostraran que tenían experiencia en el campo.

Un bracero es vacunado mientras otros esperan en la fila en el Centro de Procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores también eran vacunados contra la viruela.
Un funcionario de gobierno revisa las manos de un aspirante al programa Bracero.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Era común que las manos de los trabajadores fueran revisadas en busca de callos como prueba de que ya trabajaban la tierra.

José Silva, un campesino oriundo de Michoacán que empezó a trabajar desde los 6 años, describió en 2005 con cierto enfado la experiencia que vivió mientras fue bracero durante una entrevista disponible en el Archivo Bracero:

“Por una parte sí fue un buen programa (…) No tuve problema, me ayudé económicamente. Lo que no me gustaba era que nos fumigaron. Sentí vergüenza. ¿Sabe qué es la vergüenza? Todos formados así, sin ropa, y salíamos así caminando y allá en la puerta estaba el hombre con el fumigador. Muy mal. No éramos animales, éramos cristianos, ¿por qué nos fumigaban?“.

Víctor Martínez Alemán, originario de Tlaquiltenango, en Morelos, se enlistó en el programa en 1956 y trabajó en California:

“Nos pasaron, encuerados, delante de todas las muchachas, ya no más nos tapábamos acá pero encuerados para pasar donde nos iban a fumigar, bien fumigados así y todo… A nosotros nos daba vergüenza porque teníamos que pasar como con 20 mujeres (…) Eran todas secretarias. Y con manos atrás, nada de taparse, nada… Nos quería hasta pegar (…) Nunca había yo pasado esas penas pero como yo lo que quería era llegar a Estados Unidos para hacer algo…”.

“Injusticias y abusos”

A través del Archivo Bracero, el gobierno de EE.UU., mediante el Museo Nacional de Historia y diferentes instituciones académicas, reconocen que los trabajadores fueron sometidos a una serie de “injusticias y abusos”.

“Muchos se enfrentaron a alojamiento deficiente, discriminación e incumplimiento de contratos, incluso fueron estafados al recibir sus salarios”, indica el sitio web.

Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Pese a estas investigaciones, ningún presidente o autoridad de alto cargo a nivel nacional en EE.UU. ha ofrecido disculpas públicas ni reparaciones por los efectos negativos que desencadenó el programa, indica la historiadora Mireya Loza.

Tampoco existe una investigación exhaustiva sobre el impacto de pesticidas, incluido el DDT, en la salud de millones de braceros que fueron fumigados.

Aunque el programa culminó hace casi seis décadas, aún queda una generación que vive para contarlo.

Carlos Marentes, activista por los derechos de los campesinos en El Paso, recogió también cientos de testimonios y denuncias de abusos laborales, y las fumigaciones sobresalían entre los recuerdos más amargos de los trabajadores.

“Naturalmente existía un miedo de que trajeran enfermedades contagiosas, pero eso conllevó a una estigmatización“, dice a BBC Mundo.

Para Marentes, el programa Bracero fue un ejemplo claro de “la contradicción en la política de inmigración” de Estados Unidos.

“Por una parte sabemos que los necesitamos (a los inmigrantes), para que hagan todo lo que no podemos o no queremos hacer, pero por otra parte nos han metido en la cabeza que hay que tenerles miedo”, sentencia.



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