Gobierno ofreció agua, desarrollo e inversión a cambio de apoyo al aeropuerto en Santa Lucía
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Foto: Itxaro Arteta

Gobierno ofreció agua, desarrollo e inversión a cambio de apoyo al aeropuerto en Santa Lucía

Como parte de las negociaciones, el gobierno prometió al pueblo solucionar definitivamente su problema del agua, según cuentan sus pobladores.
Foto: Itxaro Arteta
6 de mayo, 2019
Comparte

Leopoldo Arellano y Felipa Sánchez tienen dos tinacos en su banqueta, en San Miguel Xaltocan, Estado de México, para que se los llenen las pipas que ha estado mandando la Comisión Nacional del Agua (Conagua). El pozo que abastecía al pueblo dejó de funcionar, pero como parte de las negociaciones para que acepten la construcción del nuevo aeropuerto Felipe Ángeles, el gobierno ha prometido a este pueblo, ubicado junto a la base aérea de Santa Lucía, solucionar definitivamente su problema del agua, según cuentan pobladores.

Esa no fue la única promesa. De hecho, se formaron cuatro mesas de trabajo con el gobierno, sobre agua, tierras, infraestructura, y desarrollo social y económico, como parte del acuerdo alcanzado en una asamblea realizada el 10 de marzo pasado en el auditorio ejidal que duró más de seis horas. Esa reunión sirvió como consulta a los pueblos indígenas cercanos al proyecto, según reveló el presidente Andrés Manuel López Obrador el lunes pasado, mientras que la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) confirmó que sólo se le preguntó a esa comunidad, de menos de cuatro mil habitantes.

Animal Político habló con varios habitantes de San Miguel Xaltocan, municipio de Nextlalpan, que confirmaron que prácticamente todos los asistentes a la reunión votaron a mano alzada a favor del aeropuerto, porque el gobierno ofreció muchas ayudas para el pueblo, y porque consideraron que, de todos modos, el proyecto ya está en marcha.

La propiedad de la tierra, una vieja disputa

Desde la última calle de San Miguel Xaltocan al noreste, se alcanza a ver la torre de control de la Base Aérea de Santa Lucía. La pista de aterrizaje está a 2.5 kilómetros. Pero también se ve una amplia extensión de terreno que es necesario para el proyecto de construcción de dos pistas más.

Ahí se siembra maíz, avena, cebada, alfalfa, trigo, calabaza, y en época de lluvias, rábano y betabel, según explican algunos campesinos. Aseguran que son el pueblo más productivo de la región, ya que otros no tienen tierras fértiles o no las trabajan como ellos, y que esa es una de las razones por las que el gobierno tenía que consultar a Xaltocan, más que a otras comunidades.

El problema es que esas tierras son tanto ejidales, compartidas entre alrededor de 150 ejidatarios que tienen cuatro hectáreas (40 mil metros cuadrados) cada uno, como comunales, es decir, parcelas individuales y que no tienen títulos de propiedad. Por lo tanto, el gobierno ha ofrecido repartir otros terrenos y regularizar los que existen al sur del pueblo, a cambio de la venta de los que necesita.

En la papelería que está frente a la escuela primaria, unas cartulinas alertan a los vecinos de que comprueben si están en el “censo”. El dueño del negocio, Leopoldo Arellano, explica que desde los años 70 se ha pedido al gobierno que les reconozca la propiedad de esas tierras que los pobladores han trabajado, pero nunca ha ocurrido, por lo que ahora que tienen la posibilidad de negociar, es importante que todos salgan beneficiados. Pero no está claro cuántos son: muestra un documento de un censo levantado en 2001, en donde hay 349 inscritos, pero dice que ahora quien se ostenta como líder comunal tiene otro con más de 700 personas.

“En la asamblea vinieron a plantearnos el proyecto, con un mapa que, bueno, era una fotografía aérea de mala calidad, pero nosotros tenemos idea bien de cómo está la cosa, dónde están los límites actuales y lo que quieren. Y nos dijeron que a cambio de eso, de esa expropiación, a cambio de esos terrenos que vamos a ceder, ellos nos podían dar escrituras de los terrenos que siempre hemos peleado. Y ahí es donde está la manzana de la discordia, porque los que han hecho los censos, ya van como tres censos, y cada uno que hacen eliminan a unos y meten a sus favoritos. Entonces ahora nos prometen darnos la titulación de los terrenos que están ahí, para toda la comunidad indígena de Xaltocan”, relata.

Por ello, una de las mesas de trabajo que se formó el día de la consulta, con 17 personas involucradas, es la que va a negociar cuánto se paga por los terrenos y cómo se reparten otros nuevos.

Una ejidataria que prefiere no dar su nombre, se queja de que los comuneros son los que más están exigiendo en la negociación, mientras que ellos no tienen la certeza de que les vayan a dar tierras que sí sean fértiles, y a estas alturas ni siquiera les han dicho cuánto les van a pagar.

“¿No decía López Obrador que no quiere campesinos pobres?, y nos quitan nuestras parcelas… ¿Qué vamos a hacer después, si nosotros de esto vivimos?”, se pregunta.

Rodeados de pozos, pero sin agua

Xaltocan fue fundado por otomíes en una isla que estaba en un lago del mismo nombre, y del que ya no queda más rastro que el agua que permanece bajo la tierra. En la carretera que pasa junto al pueblo se pueden ver constantemente pozos de la cuenca Pachuca-Cuautitlán, que sirven para abastecer a la Ciudad de México. Sin embargo, esta comunidad tiene que abrir sus propios pozos y constantemente sufre desabasto.

“Es que somos independientes y la misma población mantiene los pozos, o sea, si se descompone la bomba, el pueblo paga la reparación. El que teníamos ya dejó de producir, se secó, tiene como dos meses, por eso ahorita están mandando pipas. Hay un segundo pozo que no estaba sacando agua y ya nos lo van a habilitar”, cuenta la encargada de un negocio de tacos, que no quiere ser mencionada con su nombre.

“Aquí nos dañaron con esa red de pozos que lleva agua a la Ciudad de México. O sea, ya ahorita seríamos dañados como por cuarta vez como pueblo”, agrega su mamá. “Lo que quisiéramos es que nos conecten a esa red, porque cómo puede ser que se llevan el agua a la Ciudad, y aquí luego no tenemos”.

Los pobladores temen, además, que una obra de la magnitud de la que será el aeropuerto vuelva peor el desabasto de agua si no les garantizan la conexión a la red.

Además del agua, lo siguiente que más preocupa a los habitantes de esta comunidad es el ruido. Ya de por sí tienen el paso del tren y sobrevuelos cada tantas horas de pequeños aviones militares, pero saben que un aeropuerto de las magnitudes del que se está planteando, con capacidad inicial para 20 millones de pasajeros anuales, implicará ese sonido mucho más fuerte y constante.

“Pues no va a ser un avión el que pase al día, o cada dos horas, sino que va a ser constante. Pero el pueblo estuvo de acuerdo, siempre y cuando tengamos algún beneficio. Económicos quizá no, pero de progreso del pueblo”, dice otra mujer que es originaria de ahí.

Por ello, en la reunión en la que se hizo la consulta, se hicieron varias propuestas. Entre ellas, referentes a infraestructura, surgió la de construir un hospital, ya que solo hay un pequeño centro de salud. También hubo sugerencias como cambiar de lugar la secundaria, que está en una orilla del pueblo, construir un mercado público, mejorar el sistema de alumbrado o arreglar la plaza central.

Otra oferta del gobierno, según los dueños de la papelería, dentro de la mesa de trabajo sobre desarrollo económico y social, fue ayudarlos a crear pequeñas empresas para dar servicios al aeropuerto, como trabajar en el reciclaje de los desechos que genere, o encargarse del mantenimiento de las instalaciones.

La consulta

Cuando el equipo de transición, en octubre de 2018, realizó la consulta para preguntar en todo el país si se cancelaba el proyecto de Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) en Texcoco y en cambio se construían dos pistas más en la base aérea de Santa Lucía, aquí no hubo casilla para votar. Ni siquiera en la cabecera municipal de Nextlalpan, a donde pertenece este pueblo, sino solo en las de Zumpango y Tecámac, los otros dos municipios que rodean la terminal.

Pero la semana pasada, López Obrador despertó la polémica en el acto de inicio de trabajos del aeropuerto al asegurar que ya se había hecho una consulta con los pueblos aledaños, que no se dio a conocer públicamente. Horas después, la Sedatu precisó en un comunicado que este era el único pueblo consultado “porque dentro del área de ampliación del aeropuerto se ubican las tierras de propiedad colectiva de la comunidad de Xaltocan, cuestión que no ocurre con otras comunidades aledañas”.

De acuerdo con habitantes de San Miguel Xaltocan, a partir de enero empezaron a venir funcionarios del gobierno, sobre todo de la Secretaría de la Defensa, así como de Gobernación (Segob), Sedatu y Conagua.

También llegaron del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), ya que aunque en los alrededores de Santa Lucía no hay pueblos donde más del 40 % de la población hable una lengua originaria, criterio para ser catalogados así, Xaltocan tiene un museo de vestigios arqueológicos teotihuacanos, olmecas y aztecas que fueron recuperados en la zona, y cada año se organiza un concurso latinoamericano de oratoria en lenguas originarias.

“Primero vinieron los de Pueblos Indígenas, fue el primer acercamiento, y nos preguntaron si nos considerábamos como pueblo indígena, como ustedes quieran, nos dijeron, pero como pueblo indígena tienen ciertas ventajas, ciertos beneficios, de instancias internacionales, de un convenio internacional para las decisiones que ustedes quieran tomar. Y todos dijimos que sí. Nos dijeron que después tenían que venir de la Defensa a plantear el proyecto, dijimos sí, pero también queremos que vengan de Conagua y Sedatu”, recuerda Arellano.

El 10 de marzo a las 7 de la tarde fue la cita establecida para la gran asamblea, en el auditorio ejidal, ubicado a unos pasos de la plaza central, y donde se suelen realizar eventos importantes del pueblo. No solo asistieron ejidatarios y comuneros, sino que la convocatoria era para todos los habitantes de Xaltocan. Según Sedatu, llegaron 626 ciudadanos, aunque algunos de los asistentes dijeron a Animal Político que primero eran más de 600 pero al final quedaba la mitad, ya que la reunión se prolongó hasta pasada la 1 de la madrugada.

Foto: Itxaro Arteta

Por parte del gobierno, llegaron de las dependencias mencionadas, además de otras como Bienestar, Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en calidad de observadores.

No hubo urnas, sino que se terminó con una votación a mano alzada en la que prácticamente por unanimidad, aseguran quienes fueron testigos, se aprobó la construcción del aeropuerto Felipe Ángeles sobre la ya existente base militar de Santa Lucía. A cambio, se creó una comisión de seguimiento con más de 50 miembros, organizados en mesas de trabajo.

“Ellos se llevaron las propuestas que hicimos, pero no es que ya lo van a hacer; dijeron que iban a estudiar si son viables. Vamos a ver”, expresa aún con dudas una habitante de Xaltocan.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Por qué una calle en Carolina del Norte se llenó de banderas mexicanas

La familia Zambrano, de Wilmington, Carolina del Norte, obtuvo una inesperada muestra de solidaridad de sus vecinos después de recibir una nota amenazante contra la bandera mexicana en su porche.
12 de octubre, 2020
Comparte
Casas de Wilmington con banderas mexicanas

Familia Zambrano
Los vecinos de la familia Zambrano se solidarizaron con un emotivo gesto.

La carta estaba dirigida al “jefe del hogar” y en cuatro líneas (cargadas de insultos) expresaba su propósito.

“Cuando hijos de p*** como ustedes izan su m***** de bandera mexicana, eso significa guerra. La segunda enmienda da el derecho y el deber de usar armas para eliminar de mi país a personas como tú y tu familia”.

BAJEN LA BANDERA O SENTIRÁN MI IRA“.

Jessica Zambrano dijo que tuvo que releerla para “no malinterpretar el propósito” de lo que decía.

Pero la carta era muy clara: alguien no estaba de acuerdo con que hubiera una bandera mexicana izada al lado de una estadounidense en la entrada de su casa en Wilmington, Carolina del Norte.

En esa ciudad del sureste de Estados Unidos, donde más del 75% de la población es blanca, menos del 10% de sus habitantes son latinos. El estado ha sido un bastión conservador desde la década de 1960.

La casa de la familia Zambrano.

Familia Zambrano
Jessica Zambrano dice que las banderas frente a su casa están para honrar el origen binacional de su familia.

Los Zambrano son mexicano-estadounidenses y, orgullosos de ello, decidieron mostrarlo en su porche.

Tras conocerse la amenaza, sus vecinos dieron una muestra de solidaridad que llamó la atención en redes sociales y en medios locales y nacionales de EE.UU.

La calle se llenó de banderas mexicanas.

Una casa en Wilmington con una bandera mexicana

Familia Zambrano
Una casa en Wilmington con una bandera mexicana

Familia Zambrano

“Vecinos solidarios, haciéndole saber a esta persona que sus creencias no son bienvenidas aquí. Nos lo expresaron en un momento de necesidad y estamos eternamente agradecidos“, escribió Jessica Zambrano en Facebook.

Investigación en marcha

La estadounidense Jessica Zambrano está casada con Gustavo Zambrano, un hombre originario de Michoacán, México, que tiene la doble nacionalidad.

“Aunque también es ciudadano estadounidense, eso no borra de dónde viene”, explica la mujer en un mensaje con miles de reacciones en Facebook.

“Tenemos una bandera mexicana en nuestro porche. Bueno, a la persona que envió esta carta claramente no le gustó eso. Y sintió que era su ‘deber’ informárnoslo”, añade.

Una casa en Wilmington con una bandera mexicana

Familia Zambrano
Una casa en Wilmington con una bandera mexicana

Familia Zambrano

La Oficina del Alguacil del condado de New Hanover le dijo a BBC Mundo que, tras recibir la denuncia de la amenaza, se inició una investigación junto al Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) y el Servicio Postal de EE.UU.

Jessica Zambrano le contó a BBC Mundo que la semana pasada habló con un detective: “Todavía están investigando”.

El derecho a tener armas

La Segunda Enmienda de la Constitución de EE.UU., a la que hace referencia la carta, garantiza el derecho de los estadounidenses a poseer y portar armas, pero su significado ha sido motivo de debate durante décadas.

Trump con simpatizantes en Wilmington

Reuters
El presidente Trump estuvo en Wilmington, Carolina del Norte, en septiembre, donde encabezó un mitin. El estado es clave para su reelección.

“Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas“, dice el texto constitucional.

El sentido de “milicia bien ordenada” que procure la “seguridad de un Estado libre” ha sido debatido históricamente entre quienes consideran que es un deber personal cuidar la soberanía de EE.UU., y otros que opinan que eso era reflejo de una época que ha quedado superada.

Una casa en Wilmington con una bandera mexicana

Familia Zambrano

“Debemos exponerlo y enfrentarlo”

Para Zambrano, las “acciones y comentarios” de líderes de EE.UU. en los últimos tiempos han sido “gasolina” para “grupos extremistas que se sienten validados en sus creencias”.

“El racismo y la xenofobia corren por las venas de este país. Están incrustados profundamente en nuestros vecindarios, escuelas, lugares de trabajo, en todas partes. Debemos exponerlo y enfrentarlo”, agregó Zambrano, que considera que el remitente de la carta “no representa a la mayoría de los verdaderos estadounidenses“.

Una casa en Wilmington con una bandera mexicana

Familia Zambrano

Unos días después de su publicación, a comienzos de octubre, la calle donde vive la familia Zambrano se llenó de banderas mexicanas.

“El gran apoyo que recibimos de nuestros amigos y familiares nos dio paz. Nos dio la esperanza de que algún día haya un lugar donde no exista un comportamiento como este. Donde nuestros niños no se sentirán amenazados por el color de su piel, de dónde vienen, el idioma que eligen hablar en público o simplemente por quiénes son”, expresó Zambrano.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=FqPEZGKchE4

https://www.youtube.com/watch?v=CX5AgQ5QDYk

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.