¿Tos, ojos llorosos y sangrado? Afectados por contingencia lanzan encuesta para saber su impacto
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¿Tos, ojos llorosos y sangrado? Afectados por contingencia lanzan encuesta para saber su impacto

Un equipo de la UNAM desarrolló una encuesta para determinar qué afecciones provoca la contaminación y en qué lugares se concentran. El origen de la iniciativa está en los síntomas que los propios alumnos detectaron con la contingencia ambiental.
Cuartoscuro
Por Alberto Pradilla
16 de mayo, 2019
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Regina García tiene 23 años de vivir en Ciudad de México y saber que el aire que respira lleva algo de tóxico. Reside en un séptimo piso junto a la avenida Revolución y está acostumbrada a ver la megalópolis oculta tras una neblina gris. A pesar de la experiencia, el sábado percibió que algo iba peor de lo habitual. “Me asusté porque toda mi casa olía mucho a humo, como si hubiera una fogata en la sala”, dice la joven, estudiante de Ciencias de la Tierra en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Desde que comenzó la contingencia ambiental extraordinaria provocada por los altos niveles de partículas 2.5 y ozono, García también sufre diversas afecciones: “Tengo varios días en los que me está sangrando la nariz, fuerte sequedad, me duele la garganta, la cabeza”.

En la facultad se dio cuenta de que no era la única.

Omar Arellano Aguilar, de 43 años, conoce bien los efectos de la contaminación. Es profesor titular en la Licenciatura de Ciencias de la Tierra de la UNAM, la que cursa Regina García, y sufre alergia provocada por el mal estado del aire. “Desde siempre, en la época de invierno, sufro la alergia al polvo y el polen. Pero los últimos dos años ha ido a peor. Este diciembre tuve problemas en la garganta, se cerró muy fuerte, los ojos se inflamaron por el polvo”, dice. El sábado, manejando su carro, notó el olor a humo provocado por los incendios y se dio cuenta de que el ambiente estaba pesado. “Para el domingo era insoportable”, afirma.

El profesor conoce sus síntomas, pero decidió consultar a la comunidad educativa en la página de Facebook de la licenciatura. Quiso saber hasta qué punto sus alumnos y colegas sufrían los mismos padecimientos. Las primeras respuestas corroboraron su sospecha: los males estaban generalizados.

La mayoría de los que respondió sufría irritación en los ojos, estornudos, problemas en las vías aéreas. Un pequeño grupo reportaba padecimientos más fuertes: sangrado nasal, dolor de cabeza, fatiga. Quienes padecen asma relataban un panorama todavía más sombrío, ya que la mala calidad del aire empeoró la enfermedad.

Cuando Regina García vio la pregunta en Facebook se dio cuenta de que los síntomas asociados a la contaminación se habían convertido en el principal tema de conversación de la semana. Aunque, según dice, todavía no ha acudido al médico para saber por qué sangra de la nariz cuando no tiene enfermedades previas, vio que no era la única que notaba daños en su cuerpo. Algunos compañeros le hablaron sobre las dificultades añadidas al asma. Otros, sobre las arritmias o los latidos de corazón irregulares al subir unas escaleras. La mayoría hablaba sobre irritación en los ojos o dolores de cabeza.

La pregunta de Facebook formulada por el profesor era un pequeño paso. La alumna lo amplió a una encuesta. Cuestiona sobre el lugar en el que la persona reside y los síntomas que padece: irritación de ojos, dolor de cabeza, dificultad para respirar. También interroga acerca de los sentimientos que esta situación le genera (miedo, angustia, estrés, nada) y si tiene en mente alguna solución.

Puede responderse aquí.

Incluyó el cuestionario en sus cuentas de Facebook e Instagram. Y percibió una gran respuesta. La gente tiene ganas de hablar de lo que está notando en su cuerpo. Así que las preguntas pasaron de estar dirigidas a la comunidad educativa a ampliarse a toda la población.

“Utilizamos la metodología de la bola de nieve. Lanzas una pregunta y dejas que se vaya dispersando”, dice Arellano Aguilar. “Queremos saber cómo se están distribuyendo los síntomas en la población”. Por ahora su objetivo es alcanzar una cifra representativa. En su opinión, el valor de este trabajo es que se está preguntando a los afectados justo en el momento en el que está teniendo lugar la crisis ambiental.

Cardiopatías, enfermedades pulmonares y respiratorias: las afectaciones ligadas a la mala calidad del aire

El profesor explica que sí que existen estudios que evalúan el impacto de la mala calidad del aire en las personas que lo respiran. Menciona, por ejemplo, un libro de la UNAM publicado en 2014 con el título “Efectos de la contaminación atmosférica en la salud” y algunos otros informes del Instituto Nacional de Salud. “Siempre son estudios muy puntuales, con poblaciones representativas pero bajas, y no en situaciones excepcionales como esta”, dice. Ahí está, en su opinión, la virtud de esta encuesta: que se realiza en el momento en el que la crisis se ha desatado.

“Está diseñada para tener una idea de en qué zona de la ciudad vive y a que parte se relacionan ciertos síntomas. Se toma en cuenta el género y todos los síntomas son los que todas las personas me comentaron que sentían”, dice García.

“Abrimos la consulta a mucha población que no está asociada a la población de ciencias, ni a la facultad. Veremos dónde nos lleva, ya que podremos ver la dimensión de las afectaciones dentro de un evento extraordinario como el actual”, sostiene Arellano Aguilar.

La encuesta abrió un primer corte desde el martes 14 de mayo y cerrará este viernes 17. Será entonces cuando puedan evaluar si el muestreo es lo suficientemente amplio. Todo ello, condicionado por la evolución de la contingencia. Hasta ahora la climatología ha sido adversa por la falta de viento y lluvia, aunque estaban previstas tormentas para el jueves y el viernes.

Las autoridades sanitarias, tanto federales como estatales, apenas han ofrecido datos sobre el efecto de la contaminación en los pacientes. La secretaría de Salud de la Ciudad de México emitió su último boletín el lunes 13, en el que aseguraba que no se habían incrementado el número de atenciones debido a la contaminación.

Sufren mareos, alergias. Esta es la lucha legal de ciudadanos afectados por la contaminación de CDMX

La doctora Patricia Sierra Vargas, subdirectora de Investigación Clínica del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), señala que en su institución tampoco han percibido un incremento en el número de atenciones. Explica que hay un grupo de población,  quienes ya padecen enfermedades respiratorias o cardiovasculares, que tiene el riesgo de agravar su mal o incluso puedan fallecer.

En el caso de las personas sanas, indica que el organismo es capaz de contrarrestar la agresión externa. “Todos sentimos sequedad, ardor ojos, nariz, dolor de cabeza y nos sentimos cansados. Todo esto es respuesta del cuerpo”, explica.

Que ahora no haya datos sobre un incremento en el número de hospitalizaciones o de atenciones provocadas por la contaminación no implica que esta no vaya a producirse. “El efecto de estos contaminantes no es inmediato. Hay un tiempo entre exposición y manifestación de los efectos. Hablamos de tres a cinco días”, dice Sierra Vargas.

Los segmentos de población más afectados por la contaminación son los adultos mayores y los niños, quienes tienen menos acceso a contestar esta encuesta. Sin embargo, Regina García pone en valor la importancia de cuantificar lo máximo posible el impacto de la contingencia en la salud de miles de personas. “Se trata de visibilizar que estamos pasando por un estado común físico en toda la ciudad. No está bien vivir en estas condiciones”, afirma.

No solo en CDMX hay mala calidad del aire; en un año murieron 14 mil 288 personas por esta causa en 20 ciudades

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Insomnio por el coronavirus: el fenómeno que nos está impidiendo dormir durante la pandemia

Las rutinas interrumpidas y la constante incertidumbre están contribuyendo a un aumento del insomnio. ¿Qué podemos hacer al respecto?
27 de enero, 2021
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Hombre con insomnio.

Getty Images
Muchos de nosotros ahora somos insomnes a causa de la pandemia.

El año nuevo viene con resoluciones. Uno de los objetivos más populares es, como era de esperarse, dormir más.

Pero hay un problema: la actual crisis del coronavirus ha hecho que descansar bien por la noche sea mucho más difícil.

Algunos expertos incluso tienen un término para ello: “coronasomnia” o “Covid-somnia(insomnia significa insomnio en inglés).

Este es el fenómeno que afecta a personas de todo el mundo cuando experimentan insomnio relacionado con el estrés de la vida durante la covid-19.

En el Reino Unido, un estudio de agosto de 2020 de la Universidad de Southampton, mostró que la cantidad de personas que experimentan insomnio aumentó de una de cada seis a una de cada cuatro, con más problemas de sueño entre las madres, los trabajadores esenciales y los grupos de minorías étnicas.

En China, las tasas de insomnio aumentaron del 14,6% al 20% durante el confinamiento más estricto.

En Italia se observó una “prevalencia alarmante” de insomnio clínico, y en Grecia, casi el 40% de los encuestados en un estudio de mayo demostraron tener insomnio.

La palabra “insomnio” se buscó en Google más en 2020 que nunca antes.

En resumen, muchos de nosotros ahora somos insomnes.

Con la pandemia en su segundo año, meses de distanciamiento social han sacudido nuestras rutinas diarias, borrado los límites de la vida laboral y traído una incertidumbre constante a nuestras vidas, con consecuencias desastrosas para el sueño.

A causa de ello nuestra salud y productividad podrían enfrentar serios problemas.

Mujer en la cama con insomnio.

Getty Images
Debido a la falta de sueño nuestra salud y productividad podrían enfrentar serios problemas.

Sin embargo, la magnitud del problema podría generar cambios. Podría introducir nuevos elementos en la forma en que tratamos los trastornos del sueño para volver a encarrilar nuestras vidas.

Vidas trastornadas

Es difícil vivir con insomnio, ya sea en una pandemia o no.

Tener problemas constantes para conciliar el sueño o tener un sueño de mala calidad puede provocar impactos a largo plazo en la salud, como obesidad, ansiedad, depresión, enfermedades cardiovasculares y diabetes.

La insuficiencia de sueño -que muchas autoridades sanitarias clasifican como menos de siete horas por noche- también afecta tu trabajo.

Muchos estudios han demostrado que aumenta las probabilidades de cometer errores, arruina tu concentración, aumenta los tiempos de reacción y afecta tu estado de ánimo.

El hecho de que muchos de nosotros experimentemos insomnio se debe a la actual configuración de difíciles circunstancias, “casi bíblicas”, dice el Dr. Steven Altchuler, psiquiatra y neurólogo que se especializa en medicina del sueño en la Clínica Mayo, una de las organizaciones de investigación médica más grandes de EE.UU.

“Si tienes insomnio, no eres el único. Gran parte del mundo también lo sufre. Es una consecuencia de todos los cambios que estamos experimentando con la covid “, señala.

Hay múltiples factores en juego. En primer lugar, nuestras rutinas y entornos diarios se han visto alterados, lo que dificulta mantener intacto nuestro ritmo circadiano.

Mujer con celular en la cama.

Getty Images
“El insomnio es una consecuencia de todos los cambios que estamos experimentando con el coronavirus”.

Normalmente, nuestros días se llevan a cabo en un horario de despertadores, viajes diarios, descansos y horas de dormir, pero el coronavirus ha cambiado todo eso.

“Perdimos muchas de las señales externas que están presentes en las reuniones de la oficina o los descansos programados para el almuerzo”, dice Altchuler.

“Lo que estás haciendo es interrumpir el reloj de tu cuerpo”.

“Tu cerebro está condicionado: siempre que estás en tu lugar de trabajo estás trabajando, y luego cuando estás en tu casa, te estás relajando. Hay una diferenciación ahí. Ahora, estamos todos en casa todo el tiempo “, dice Angela Drake, profesora de salud clínica en la Universidad de California Davis, que trata a pacientes con trastornos del sueño y que ha escrito sobre el “coronasomnio”.

También señala el hecho de que cuando trabajamos desde casa, podemos hacer menos ejercicio y potencialmente menos exposición a la luz natural, los cuales contribuyen a dormir mejor.

También está la cuestión del rendimiento laboral.

Muchos países tienen el más alto desempleo en años, por lo que no sorprende que quienes están empleados quieran trabajar duro para mantener sus trabajos.

El problema es que trabajar desde casa puede difuminar las líneas que solían estar marcadas, y muchas personas informan que trabajan más horas u horas irregulares.

“Tendemos a tener límites mucho menos claros entre el hogar y el trabajo”, dice Altchuler. “La gente tiende a quedarse despierta más tarde”.

Mujer

Getty Images
Nuestra sensación general de incertidumbre y falta de control también puede alimentar los problemas del sueño.

Para muchos de nosotros, dejar el “trabajo en el trabajo” es ahora completamente imposible, y desconectarse de las listas de tareas pendientes y el estrés diario de la jornada laboral es más difícil que nunca.

A esto se suma el hecho de que extrañamos nuestros pasatiempos y amigos, canales vitales de relajación y alivio del estrés.

Muchos de nosotros estamos experimentando problemas de salud mental, que pueden contribuir a los problemas del sueño o viceversa.

Nuestra sensación general de incertidumbre y falta de control también puede alimentar los problemas del sueño.

Además, la longevidad de la pandemia también es un factor. Lo que comenzó como un período de “resguardarte” para jugar videojuegos y almacenar papel higiénico se ha convertido en un panorama de por vida que se siente como semipermanente.

“Al principio, la gente tendía a sentirse motivada para superar el estrés . Pero a medida que ésta continúa, la mayoría de las personas se vuelven menos capaces de afrontar la situación, lo que genera mayores problemas, incluido el insomnio”, señala Drake.

Algunos problemas de sueño se habrán vuelto “crónicos y duraderos”, agrega, porque la pandemia ha provocado en algunos casos retrasos en la obtención de tratamiento.

Esto debido a que las personas solo han buscado atención médica en emergencias, mientras que algunos centros de atención médica se han quedado cortos de personal o están abrumados con pacientes con covid-19.

De hecho, los trabajadores de la salud se han visto particularmente afectados por el insomnio durante los últimos 12 meses.

En diciembre, la Universidad de Ottawa analizó 55 estudios globales de más de 190.000 participantes para medir la relevancia del insomnio, la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático (TEPT) desde el comienzo de la pandemia.

Todos los trastornos aumentaron al menos 15% entre los trabajadores de la salud, y el insomnio registró el mayor aumento, de casi 24%.

Altchuler señala que el insomnio está “comúnmente asociado con el trastorno de estrés postraumático” y, ya sea que sea un trabajador de salud de primera línea o no, es común que el insomnio aumente después de eventos mundiales grandes y negativos.

En general, cada vez que alguien experimenta un trauma, ya sea una emergencia de salud generalizada como covid-19, un desastre público como el 11 de septiembre o algo más individual como un accidente automovilístico, puede experimentar problemas persistentes del sueño que acompañan al TEPT.

Cómo resolverlo

Los expertos dicen que es importante buscar ayuda cuando persisten los problemas para dormir, especialmente en estos días.

“Dado que la pandemia ha continuado durante un período de tiempo significativo, no solo un par de meses, existe una alta posibilidad de que las tasas de insomnio no disminuyan”, dice Lisa Artis, directora ejecutiva adjunta de Sleep Charity en el Reino Unido.

“Porque si las personas no buscan ayuda cuando comienzan a sufrir con el sueño, es probable que sus problemas de sueño se conviertan en un trastorno del sueño, es decir, insomnio, y desafortunadamente no hay una solución rápida … Es difícil romper los hábitos que se han formado”.

Mujer con celular y televisión.

Getty Images
Estar expuestos a luz azul antes de ir a dormir retrasa la llegada del sueño.

Pero hay buenas noticias. Doce meses después de la pandemia, algunos expertos creen que ésta ha provocado avances en el tratamiento de los trastornos del sueño.

Altchuler apunta a la “rápida expansión de la telemedicina: medicina virtual y visitas virtuales” vinculada a la cuarentena y nuestra incapacidad o desgana para visitar las instalaciones médicas en persona.

El tratamiento más común para los problemas de sueño es la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (conocida como TCC-I), que mejora tu “higiene del sueño” (no fumar ni beber antes de acostarse, por ejemplo) y entrena tu cerebro para asociar la cama con el sueño solo con cambios de comportamiento (no trabajar en la cama).

Un estudio de la Universidad de Michigan del año pasado mostró que los pacientes que buscaron TCC-I a través de la telemedicina recibieron un tratamiento tan efectivo como el que hubieran recibido en persona, lo que podría brindar un mejor acceso a la asistencia.

También hay cosas que las personas pueden hacer para tratar de abordar el problema.

“Una de mis grandes reglas es que no puedes trabajar en tu laptop en la cama”, dice Drake. “No me importa lo cómodo que sea”.

“Eventualmente, el cerebro asocia el trabajo con la cama, es una especie de refuerzo”.

También limita tu consumo de noticias para evitar la ansiedad que te mantiene despierto por la noche, no uses tu teléfono como reloj despertador (otro elemento asociado con el trabajo, además de que la “luz azul” que emiten los dispositivos es mala para su sueño) y voltea el reloj en tu mesita de noche para que no te estreses mientras intentas conciliar el sueño.

Y recuerda, estas circunstancias están lejos de ser ordinarias, por lo que no es sorprendente que estemos enfrentando desafíos.

“La última vez que hubo este tipo de evento fue hace más de 100 años”, dice Drake. “Esto no es algo que ninguno de nosotros haya experimentado antes”.


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