Aideé, la joven exploradora que soñaba con estudiar ciencias forenses en CU
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Foto: Claudia Altamirano

Aideé, la joven exploradora que soñaba con estudiar ciencias forenses en CU

Originaria de una comunidad indígena, Aideé se quedó a meses de cumplir su sueño de cursar una licenciatura. Fue asesinada en su salón de clases.
Foto: Claudia Altamirano
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Aideé estaba por cumplir uno de sus sueños: estudiar en Ciudad Universitaria, el campus de la “mejor universidad de América Latina”, como narraba a sus amigas. La carrera ya la tenía elegida: ciencias forenses. Sus calificaciones de excelencia le habían garantizado que avanzaría a la facultad que quisiera sin problemas.

Pero su sueño se truncó el pasado lunes 29 de abril. Aideé fue asesinada en un aula del segundo piso del edificio P del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Oriente. A la joven la mataron en su propia escuela, dentro del salón donde tomaba una clase.

Leer: Estudiantes de la UNAM marchan para exigir justicia por alumna del CCH Oriente y más seguridad

Su familia es originaria de la localidad de Tempexquixtla en el municipio de Huatlatlauca, Puebla, una comunidad indígena de unos 300 habitantes, y donde según datos oficiales casi la mitad de ellos tienen la educación básica incompleta.

Pero Aideé junto con sus hermanos y su padre vivían actualmente en Iztapalapa y ella, entre otras cosas, llevaba con éxito una trayectoria educativa que estaba a punto de colocarla en una facultad en Ciudad Universitaria.

Una de sus amigas del colegio, que pidió reservar su nombre, la definía como una estudiante “tranquila y aplicada, a la que no le gustaba llamar la atención ni meterse en problemas”. La consideraban una chica hogareña, y no le conocían algún novio. Recordó que la atención de ella, como de otros compañeros, estaba puesta en la graduación.

“Habíamos hablado de los trámites de graduación, de todo lo que venía después. De cuál iba a ser nuestra primera opción de carrera. Eran nuestros últimos días en el CCH… ella siempre estuvo muy segura que quería estudiar en CU a diferencia de otras amigas. Además nos platicaba que estaba en un club de boy scouts (niños exploradores)”, dijo la joven.

La tía de Aideé, Lourdes Cuautle, dijo que su sobrina ya había elegido su carrera: ciencias forenses. Y destacó que la joven, de 18 años de edad, no era una chica que estuviera inmersa en algún problema.

“Era una niña muy tranquila, muy estudiosa, muy buena hija y muy bella. Estamos desconcertados con lo que le sucedió. Era una niña muy linda y un ejemplo a seguir. Siempre fue una estudiante de excelencia académica”, dijo su tía.

El colegio era una de las tres actividades que ocupaban el tiempo de Aideé. Otra eran los clubes de chicos exploradores (boy scouts) a los que pertenecía desde hace años. Y la tercera era la religión que profesaba: la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocidos coloquialmente como mormones.

Andrea Cuenca, una amiga de Aideé que también pertenece a la misma congregación, señala que la joven asistía con mucha regularidad al templo ubicado en Ermita Iztapalapa (donde se realizó ayer la ceremonia luctuosa). Y entre las cosas que tenían en común, era que les gustaba el mismo grupo musical: One Direction.

Al igual que todas las personas que la conocían y hablaron con este medio, Andrea define a Aideé como una chica muy noble, a la que le gustaba participar en las actividades de la Iglesia y dar consejos “muy buenos”. Entre lágrimas, contó su último encuentro con ella apenas hace cuatro días en la Iglesia.

“Incluso la última vez que la vi fue el viernes pasado apenas, y ella me dijo que quería lo mejor para mí, que buscara alguien que me quisiera y que me quería ver feliz, que ella me quería ver bien. Ella no tenía novio, le gustaba más la Iglesia. Era una mujer muy virtuosa. Siempre que la veía era de abrazos muy largos, así era con ella. Nunca la quería soltar. Y si hubiera sabido que esa era la última vez que la veía, menos lo hubiera hecho…”

Más de 300 personas la despidieron

Aideé Mendoza fue despedida por familiares y amigos en la capilla mormona ubicado en la calzada Ermita Iztapalapa, que ella y su familia frecuentaban. La ceremonia, que inició a las 10 de la mañana y culminó pasadas las 7 de la noche, fue presenciada por más de 300 personas.

El cuerpo de la joven fue colocado en un ataúd descubierto de color blanco, rodeado por 15 arreglos florales. Encima del mismo se colocó una rosa junto a una pulsera con los colores azul y oro de la UNAM, y la leyenda “CCH Oriente”.

Entre los asistentes a la ceremonia estaban, además de los familiares de la joven, maestros de su escuela y sus compañeros, muchos de ellos notoriamente conmovidos. Además se pudo apreciar a jóvenes integrantes de diversas asociaciones de niñas y niños exploradores. Y también estaban presentes amigos de su congregación.

No se pudo apreciar, por lo menos visiblemente, a ninguna autoridad del gobierno de la UNAM. Se permitió el acceso a medios de comunicación pero sin cámaras, ello a petición de la familia.

Poco después de las 7 y media de la noche y tras una ceremonia de despedida la joven salió en una camioneta blanca acompañada por una numerosa caravana rumbo a Puebla, al pueblo natal de su familia. La caravana estuvo compuesta por más de 20 vehículos, entre ellos dos autobuses facilitados por autoridades capitalinas.

El feminicidio: dudas y sospecha de negligencia

Hasta la noche de ayer el motivo por el cual fue asesinada Aideé Mendoza dentro de su salón de clases continuaba sin esclarecerse, al igual que el arma utilizada. La autopsia que se le practicó confirmó que falleció a causa de una herida por arma de fuego, de un calibre bajo que recibió en un costado del cuerpo, pero el cartucho percutido no había sido localizado.

La procuradora Ernestina Godoy confirmó que no había elementos para sospechar que el disparo que recibió la estudiante vino de fuera del aula, por lo que la línea de investigación principal apunta a una agresión perpetrada por alguien que estaba dentro del aula. Ayer se continuaba tomando declaración a estudiantes que estaban dentro del salón de clases – entre ellos seis menores de edad-, así como al profesor y directivos del plantel.

Además la Procuraduría de la ciudad practicó diversos peritajes, entre ellos uno de reconstrucción de hechos, en las instalaciones del CCH Oriente.

Otros estudiantes del plantel expresaron en diversas entrevistas dudas respecto a la forma en cómo actuaron las autoridades del CCH para atender esta emergencia. Una de las compañeras de la joven, de nombre Zaira, dijo que pasaron al menos dos horas entre que ella vio a una camilla ingresar y a que se llevaron a Aideé.

Así narra lo sucedido:

“Del salón de clases donde estaba Aideé los compañeros dicen que se escuchó un ruido similar a cuando destapas un refresco, así lo describen, y que Aideé se tiró y comenzó a quejarse. Cerca de las 3 de la tarde yo vi pasar una camilla  un tanque de oxígeno lo cual me llamó muchísimo la atención. Pero pasaron de forma muy tranquila subiendo al edificio.

Y poco después de las 5 de la tarde es cuando se comenzó a desalojar el plantel pero no dijeron el motivo. Solo pidieron que desalojaran la escuela. Y nadie entendía. Se decía que era un supuesto ataque. Nos dijeron que nos fuéramos lo antes posible. Y cuando salimos ya había una ambulancia forense”, dijo la joven.

Familiares de la joven también expresaron dudas en torno a la forma en cómo actuaron en el colegio. Una tía de la víctima, Gilberta Mendoza, dijo en entrevista con la periodista Azucena Uresti que su sobrina estuvo 45 minutos en la enfermería del plantel sin que se permitiera su traslado a un hospital, y acusó a los directivos del colegio de ser los responsables de esta situación.

Un reporte policial interno difundido el día de los hechos, y consultado por Animal Político, refiere que, en efecto, se recibió el reporte de una emergencia a las 3 de la tarde en el plantel por lo que personal del ERUM se trasladó al sitio. Sin embargo, una tarjeta informativa de la Procuraduría local señala como hora de los hechos las 4 de la tarde con 45 minutos.

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#TheatreCapChallenge, la sencilla idea que "está salvando vidas" en las salas de operación

Cuando el británico Rob Hackett apareció en el quirófano con su nombre y profesión escrito en el gorro, recibió varias burlas. Pero esa sencilla medida ayuda a disminuir lo que es la tercera causa de muerte en Estados Unidos: los errores médicos.
31 de mayo, 2022
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“¿Acaso no puedes recordar tu nombre?”, solían decirle los colegas de Rob Hackett en broma.

Era fines de 2017 y el anestesista británico había decidido empezar a ingresar a las salas de operaciones con su nombre y profesión escritos en el gorro, algo tan vistoso que era ineludible para sus colegas.

Y esa era justamente la idea: que lo detectaran y leyeran con facilidad.

Un año y medio después, su iniciativa #TheatreCapChallenge (“desafío del gorro de quirófano”) se volvió viral y, según Hackett, ya está salvando vidas.

“Desde hace más de 10 años que me enfoco en mejorar la seguridad de los pacientes”, cuenta el médico a BBC Mundo desde Sídney (Australia), donde vive desde hace dos décadas.

Su interés en el tema comenzó tras presenciar la muerte de una madre joven por una serie de “peligros que aún existen”.

“Soy consciente de que otra gran cantidad de personas continúa muriendo innecesariamente por estos mismos problemas”, dice el anestesista.

Esos “peligros” o “problemas” se llaman errores médicos.

En Estados Unidos, por ejemplo, los errores médicos son la tercera causa de muerte, según un estudio realizado por la Universidad Johns Hopkins y publicado en la revista British Medical Journal en 2016.

Principales causas de muerte en EE.UU.. . .

Y, de acuerdo con la última guía para cirugías seguras de la Organización Mundial de la Salud, la comunicación es la raíz de 70% de los “miles de eventos adversos reportados (dentro de los quirófanos) entre 1995 y 2005” .

Hackett ha sido testigo directo o indirecto de todo ello.

Durante sus 12 años como anestesista, ha sabido de estudiantes a los que piden que terminen una operación porque los confunden con novatos en fase de entrenamiento.

O pacientes que sufren infartos porque no recibieron la compresión torácica (maniobra de primeros auxilios) a tiempo por la sencilla razón de que nadie en la sala quirúrgica se dio por aludido cuando se dio la orden.

Así que se propuso buscar medidas para cambiarlo.

#TheatreCapChallenge

“Conocí la llamada ciencia de los factores humanos a principios de 2015 y el tema me motivó aún más después de asistir a una serie de presentaciones del experto en seguridad médica (Rollin) ‘Terry’ Fairbanks”, cuenta Hackett.

Médicos operando.

Getty Images
La comunicación dentro de la sala de operaciones es la raíz del 70% de los “eventos adversos”, dice la OMS.

Fue en esa época que intentó introducir en la sala de operaciones lo que definió como “otra iniciativa obvia de seguridad”: “Fui sometido a intensas amenazas e intimidaciones por parte del personal de mayor jerarquía dentro de uno de mis propios hospitales”.

“Tal vez fue entonces cuando me di cuenta de que había pocas posibilidades de cambio y mejora dentro de los marcos de asistencia sanitaria existentes”, agrega.

Abandonó esa idea pero seguía pensando que algo debía cambiar.

La idea de los gorros con nombres llegó de una forma inesperada: leyendo el libro de autoayuda “Cómo ganar amigos e influir sobre las personasdel estadounidense Dale Carnegie.

“Cuanto más lo pensaba, más obvia y fantástica me parecía la idea”, confiesa. “Crea una mejora en la atención al paciente y expone los marcos de atención médica en los que nos basamos para resistirnos al cambio”.

Pero a la iniciativa le faltaba masificación.

La idea llegó de la entonces estudiante para partera Alison Brindle, quien propuso usar el hashtag #TheatreCapChallenge en redes sociales, cuenta Hackett.

En Twitter, en los últimos dos meses, el hashtag ha sido usado principalmente en Reino Unido y Estados Unidos, pero Australia, España y México le siguen en menciones, según la herramienta Hashtagify.

Además, organismos como las asociaciones de anestesistas de EE.UU. y Australia han apoyado públicamente la iniciativa.

La Asociación Estadounidense de Asistentes Médico Quirúrgicos, por ejemplo, lo agregó a su lista de políticas e informó: “Es una idea simple y gratuita que ayuda a mejorar la comunicación en una emergencia, especialmente en instituciones más grandes donde puede ser más difícil identificar a colegas y caras nuevas”.

“Experimento psicosocial”

Cuando Hackett comenzó con la iniciativa, creó un video donde explica que “saber los nombres de las personas y sus roles es una habilidad no técnica esencial para el trabajo en equipo”.

En situaciones de emergencia como un paro cardíaco, cuando el personal está corriendo hacia el quirófano, saber “quién es quién” marca la diferencia, continúa.

“Orquestamos al equipo con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir“.

Desde que se convirtió en “el loco” que lleva su nombre escrito en la frente hasta la actualidad, Hackett ha escuchado numerosas críticas.

Las principales, cuenta a BBC Mundo, son el costo, la falta de evidencia científica para llevar adelante la experiencia y la vergüenza de verse “poco profesional”.

Pero Hackett tiene argumentos para cada crítica.

Equipo médico.

Gentileza Rob Hackett
Rob Hackett junto a un equipo médico en Sídney, Australia, donde cada uno tiene su gorro con nombre y profesión.

Si bien hoy en día lleva un gorro con sus datos bordados, en un principio simplemente lo había escrito a mano. Por eso, agrega, el costo de implementación es cero.

Respecto a las pruebas, el británico cita una investigación de la Escuela Imperial de Anestesia de Reino Unido presentada en Londres el año pasado que afirma que los cirujanos saben el nombre de menos de la mitad (44%) del personal médico dentro del quirófano.

“Conocer y reconocer a los miembros del equipo por su nombre ha sido cuantitativa y cualitativamente asociado con una mayor confianza, compromiso laboral y resultados clínicos“, dice otro estudio publicado el año pasado por la revista British Journal of Anaesthesia.

El trabajo, que analizó el impacto de #TheatreCapChallenge en un hospital en Reino Unido, afirma que el recuerdo de nombres aumenta con los gorros, algo que no sucedió en otro estudio que incluyó una chapa identificatoria en el pecho.

Además, de acuerdo a ese mismo estudio, 94% de los anestesistas y enfermeros apoyaron la iniciativa.

“La reacción de los profesionales médicos ha sido fascinante”, confirma Hackett.

Médicos corriendo.

Getty Images
En las emergencias, saber quién es quién ayuda a organizar al equipo médico “con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir”, dice Hackett.

Según una encuesta realizada por PatientSafe Network, una organización sin fines de lucro sobre seguridad del paciente que Hackett dirige, 86% del personal apoya la iniciativa.

El apoyo fue unánime por parte de los estudiantes de enfermería y medicina, aquellos que son nuevos en la atención médica”, dice, agregando que lo mismo ha sucedido con los pacientes.

“Sin embargo, el apoyo fue menor entre quienes tienen la mayor influencia: el personal que ha estado en la industria durante más de 20 años”, reconoce.

Y es aquí donde entra el factor del profesionalismo y prestigio.

En palabras de Hackett, el #TheatreCapChalleng “es como un experimento psicosocial internacional masivo, que expone fácilmente dónde la cultura de la atención médica está fallando”.


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https://www.youtube.com/watch?v=6AMWU9EbdCU

https://www.youtube.com/watch?v=AYRg2DPj-FM

https://www.youtube.com/watch?v=UtuieuqZq7M

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