Científicos del Cinvestav deberán pedir permiso a AMLO para viajar al extranjero
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Científicos del Cinvestav deberán pedir permiso a AMLO para viajar al extranjero

La medida ha causado malestar en algunos científicos, sobre todo porque no está claro qué criterio va a usar el presidente para decidir si aprueba o no las solicitudes.
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30 de mayo, 2019
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Marcos Nahmad, científico mexicano especializado en biología cuantitativa, consiguió que lo aceptaran para hacer una estancia académica en un centro de investigación en Chicago, Estados Unidos. Negoció que le pagaran el hospedaje y él puso de su bolsa los boletos de avión. Ya estaba todo aprobado por el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), al que pertenece, pero ayer se enteró que ahora tendrá que conseguir la autorización firmada de puño y letra del presidente Andrés Manuel López Obrador.

A partir de ahora, los más de 600 científicos del Cinvestav tendrán que pedir la autorización presidencial para hacer viajes académicos al extranjero, derivado del memorándum de austeridad enviado por López Obrador el 3 de mayo pasado para toda la administración pública que en su punto 9 señala: “Toda comisión al extranjero deberá ser solicitada por escrito, justificada y autorizada por el Titular del Ejecutivo Federal”.

Lee: Ciencia en peligro: investigadores de Conacyt alertan afectaciones por recortes

Después de varias semanas en que las autoridades del Cinvestav estuvieron en contacto con la Secretaría de Educación Pública (SEP), de la que dependen, para ver si estas medidas para funcionarios públicos también les aplicaban, la semana pasada confirmaron que sí y este lunes el director convocó al Consejo Académico para hacerlo extensivo a todos los departamentos, cuenta Nahmad.

“Originalmente, a mí me habían dicho: tú no te preocupes porque seguramente esto va a aplicar para las nuevas comisiones. Pero hoy en la mañana me citó de nuevo mi jefe de departamento y me dijo: te tengo una mala noticia, me acaban de avisar  que sí te afecta. Entonces yo tengo ya comprometido mi boleto de avión con fondos propios, pero la reserva de hospedaje, que quedaría muy mal con otra institución si no voy”, señala.

Nahmad hace investigación multidisciplinaria en biología del desarrollo con modelos matemáticos y datos computacionales para analizar cómo crecen los órganos del cuerpo y el momento en que se detienen. Desde enero empezó a tramitar que lo aceptaran para este intercambio académico y ya tenía la aprobación del departamento de Fisiología Biofísica y Neurociencias, y de la dirección del Cinvestav para usar los 20 mil pesos que cada investigador tiene para hacer viajes cada año.

“Ahora no queda claro cuánto se puede tardar y si me lo van a aprobar o no. Y el monto es ridículo, no estoy solicitando 200 mil pesos, es una cantidad que de por sí ya la tenemos autorizada para eso, no hay que transferir dinero de otros lados para esos viáticos, ya está esa cantidad que es sumamente razonable”, dice.

El portal de la Administración del Cinvestav publicó el nuevo formato que los científicos deben llenar para solicitar autorización para una “comisión” al extranjero, en el que además de la autorización del director general, como era hasta ahora, hace falta la firma del titular de la Unidad Administrativa y Finanzas de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Héctor Martín Garza González; y la firma del mandatario federal.

La medida ha causado malestar en algunos científicos, que la consideran violatoria de la estructura del Centro de Investigación, al dejar por debajo la autoridad de su director, y sobre todo porque no está claro qué criterio va a usar el presidente para decidir si aprueba o no las solicitudes.

El mismo documento publicado por la Administración, titulado “Medidas adicionales a las que establece el dictamen que expide la Ley Federal de Austeridad”, tiene una carta muestra, con fecha del 27 de mayo, que el Cinvestav enviará a la unidad de Finanzas de la SEP para pedir el aval a los viajes de sus investigadores para participar en congresos o cursos fuera del país.

“Se somete a su consideración la aprobación de las comisiones al exterior que se adjuntan, siendo la Secretaría de Educación Pública, cabeza del sector educativo, se solicita que por su amable conducto se gestione la autorización correspondiente ante el señor Presidente Lic. Andrés Manuel López Obrador”, señala.

Animal Político solicitó al Cinvestav ampliar la información sobre esta medida pero el área de comunicación social respondió que ahí no habían recibido ningún oficio y que no canalizarían la petición con ninguna otra área.

¿Cómo era antes?

Los viajes al extranjero de estos científicos siempre han estado regulados, tienen limitaciones presupuestarias y todo tiene que comprobarse. Pero hasta ahora, solo hacía falta la firma del jefe de departamento y luego la del director general del Cinvestav.

Eugenia Roldán, investigadora del Departamento de Investigaciones Educativas (DIE), dice que la cantidad de 20 mil pesos incluso puede considerarse “generosa” comparada con otros Centros de investigación, donde los limitan más y hay discrecionalidad sobre a quién y cuánto se asigna, mientras que ahí hay transparencia. Pero en una década no se ha aumentado esa asignación y tiene que incluir los boletos de avión, por lo que en viajes al extranjero a veces no es suficiente.

“Eso puede servir para la mitad de un viaje, a veces. Lo único que nos pagaban adicional eran las inscripciones al congreso, para eso hay una partida diferente. Pero para boletos de avión, hotel, y gastos diarios, comida y eso, son 20 mil pesos”, detalla.

“Es muy poquito dinero para el nivel de internacionalización que tenemos y que nos exige el nivel de movilidad, que nos exigen las evaluaciones del Sistema Nacional de Investigadores (SIN) y del propio Cinvestav, es poco dinero. Entonces uno se administraba, uno decidía: voy a este, a este no, este me lo pago yo, pero uno sabe que tiene un monto limitado y uno decide en función de su carrera, de sus intereses, del proyecto que está haciendo, de los vínculos que tiene… decisiones muy orientadas por el trabajo, y todo se tiene que justificar, no hay manera de gastarse más dinero del aprobado”.

Ahora, además, está la orden presidencial de reducir 30 % los viáticos nacionales y 50 % los extranjeros, que no saben cómo se les va a aplicar porque ellos recibían esa única cantidad en total.

Lo primero para solicitarlos, es contar con una carta de invitación para ir a presentar una ponencia en un congreso, dar una conferencia o un curso; en ningún caso se podía salir del país solo para asistir como oyente.

Después, los boletos de avión tienen que comprarse en la agencia de viajes con las que tiene convenio el Centro, no hay opción de conseguirlos por otro lado. Luego, regresando del congreso, hay que entregar la constancia de asistencia, y llevar cada ticket, factura o recibo de los gastos hechos.

“Hay que presentar todos, todos los comprobantes a la vuelta. Si por obra y gracia del Espíritu Santo sobra dinero, hay que devolver hasta el último peso. Si te pasas, ya cada quién de su bolsillo”, agrega Roldán.

“Otro lugar de donde se podía sacar dinero para hacer viajes es los investigadores que tienen un proyecto con fondos de otra parte, con fondos Conacyt o de la Fundación Rockefeller, o la fundación lo que sea. Por ejemplo, para los fondos Conacyt, los proyectos de ciencia básica siempre tienen un rubro para viáticos. Esos viáticos se podían usar pero también siempre con aprobación de la dirección general, con los mismos requisitos de compra del pasaje por la agencia de viajes, y comprobar los gastos. Y hay un límite máximo que uno puede usar por día, que está fijado por Hacienda: en internacionales son realmente mucho, son 225 dólares, uno no se gasta eso; pero para nacionales son 850 pesos. Entonces aunque el dinero venga de Conacyt, no de Cinvestav, de un proyecto que el investigador se ganó, se tiene que ajustar a esos montos de Hacienda y se tiene que comprobar. Siempre estuvo acotado”.

Una opción más es que el investigador reciba dinero de otro país, que no son “recursos fiscales” (es decir, generados con impuestos mexicanos). En ese caso no hay necesidad de comprobar los gastos, pero de cualquier manera tienen que solicitar el permiso y comprobar que era únicamente un viaje de trabajo.

Sin claridad sobre las autorizaciones

Este miércoles en su conferencia de la mañana, López Obrador presumió que aprobó menos del 20 % de solicitudes hechas por funcionarios de todo el gobierno para salir del país.

“Si hace falta viajar al extranjero y se puede resolver con el teléfono, con las teleconferencias, hacerlo y ahorrar. Yo les decía, se pone la medida que se autorizan ahora los viajes al extranjero y apenas en una semana 120 solicitudes, en una semana, para viajar a todo el mundo. ¿Cuántas se autorizaron? Veinte”, dijo el mandatario.

Alma Maldonado, también del Departamento de Investigaciones Educativas, lamenta que por la estructura del Cinvestav, a los científicos les termine afectando esta idea de que no hace falta que viajen.

“La gran contradicción es que somos servidores públicos pero no somos burócratas, y para estos efectos nos están tratando así. O sea, lo de los cortes de los viajes es para que los burócratas no se vayan de viaje porque sí, entonces el presidente tiene que autorizar los viajes. Y en este caso, pues nos están aplicando la medida a todos”, señala.

A diferencia de las Universidades, los Centros de Investigación no son autónomos, lo cual deja a su comunidad científica a expensas de lo que se decida para toda la administración federal.

“La razón por la que los investigadores estamos sumamente molestos es no tanto por la reducción de viáticos, entendemos que en tiempos de crisis es algo que puede suceder, sino porque sea el Presidente del país el que tiene que autorizar. ¿Cuáles son las credenciales académicas del presidente para decidir si tal viaje se vale o no se vale, es autorizado o no? ¿Cómo él puede tener más autoridad que el jefe de departamento, el director del Cinvestav, los procesos de evaluación por pares?, o sea, todos estos mecanismos al interior de la comunidad científica a los que estamos acostumbrados en nuestras continuas evaluaciones. Sentimos que se pasa por encima de nuestra calificación académica”, reclama Roldán.

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11S: por qué la CIA no detectó los ataques contra las Torres Gemelas (pese a las señales que tuvo)

Cuando la CIA no logró evitar los ataques del 11 de septiembre de 2001, muchos se preguntaron si se pudo haber hecho más, pero este fracaso al parecer fue causado por un problema que va mucho más allá de las agencias de inteligencia.
Getty Images
11 de septiembre, 2021
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El fracaso de la CIA a la hora de detectar las señales que advertían de los ataques del 11 de septiembre de 2001 se ha convertido en uno de los temas más controvertidos en la historia de los servicios de inteligencia. Ha habido comisiones, revisiones, investigaciones internas y más.

Por un lado están los que dicen que la CIA no notó señales de advertencia obvias. Por el otro, aquellos que argumentan que es notoriamente difícil identificar las amenazas de antemano y que la agencia estadounidense hizo todo lo que era razonablemente posible.

Pero, ¿qué pasa si ambos lados están equivocados?

¿Qué pasa si la verdadera razón por la cual la CIA no pudo detectar la trama es más sutil de lo que cualquiera de las partes piensa?

¿Y qué si les digo que este problema se extiende más allá de los servicios de inteligencia y afecta en silencio a miles de organizaciones, gobiernos y equipos hoy en día?

Si bien muchas de las investigaciones se centraron en lo que la agencia hizo o dejó de hacer con la información disponible antes del 11S, pocos dieron un paso atrás para examinar la estructura interna de la propia CIA y, en particular, sus políticas de contratación.

Y desde una perspectiva tradicional, eran inmejorables: los potenciales analistas eran sometidos a una batería de exámenes psicológicos, médicos y de todo tipo. Y no hay duda de que contrataron personas excepcionales.

“Los dos exámenes principales eran uno del tipo de la prueba de acceso a la universidad para determinar la inteligencia de un candidato y un perfil psicológico para examinar su estado mental”, explica un veterano de la CIA.

“Las pruebas eliminaban a cualquiera que no fuera sobresaliente en ambos casos. En el año en que presenté mi solicitud, aceptaron a un candidato por cada 20.000 solicitantes. Cuando la CIA decía que contrataba a los mejores, estaba en lo cierto”, agrega.

Y, sin embargo, la mayoría de estos reclutas también se veían muy similares: hombres, blancos, anglosajones, estadounidenses, de religión protestante.

Este es un fenómeno común en el reclutamiento, a veces llamado “homofilia”: las personas tienden a contratar a personas que piensan (y a menudo se ven) como ellos mismos.

Y es que a uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias.

De hecho, los escáneres cerebrales sugieren que cuando otros reflejan nuestros propios pensamientos eso estimula los centros de placer de nuestros cerebros.

Un hombre cruza el lobby de la sede de la CIA

AFP
Para el momento de los ataques, la mayor parte de los analistas de la CIA eran muy similares.

En su estudio sobre la CIA, los expertos en inteligencia Milo Jones y Phillipe Silberzahn escriben: “El primer atributo consistente de la identidad y cultura de la CIA desde 1947 hasta 2001 es la homogeneidad de su personal en términos de raza, sexo, etnia y antecedentes de clase“.

Y un estudio del inspector general sobre prácticas de reclutamiento encontró que en 1964, una rama de la CIA, la Oficina de Estimaciones Nacionales, “no tenía profesionales negros, judíos o mujeres, y solo unos pocos católicos”.

Para 1967, según el informe, había menos de 20 afroamericanos de unos 12.000 empleados no administrativos de la CIA, y la agencia mantuvo la práctica de no contratar minorías desde la década de 1960 hasta la década de 1980.

Y, hasta 1975, la comunidad de inteligencia de Estados Unidos “prohibió abiertamente el empleo de homosexuales”.

Hablando de su experiencia con la CIA en la década de 1980, una persona con información privilegiada escribió que el proceso de reclutamiento “condujo a nuevos oficiales que se parecían mucho a las personas que los reclutaron: blancos, en su mayoría anglosajones; de clase media y alta; graduados universitarios de artes liberales”. Había pocas mujeres y “pocas etnias, incluso con antecedentes europeos recientes”.

“En otras palabras, ni siquiera tanta diversidad como había entre los que habían ayudado a crear la CIA”, destaca el escrito.

La diversidad se redujo aún más después del final de la Guerra Fría. Un exoficial de operaciones dijo que la CIA tenía una “cultura blanca como el arroz”.

Y en los meses previos al 11 de septiembre, la Revista Internacional de Inteligencia y Contrainteligencia comentó: “Desde su inicio, la comunidad de inteligencia integrada por la élite protestante blanca, no solo porque esa era la clase en el poder, sino porque esa élite se vio a sí misma como garante y protectora de los valores y la ética estadounidenses”.

La sede de la CIA en Langley, Virginia

AFP
La sede de la CIA en Langley, Virginia

¿Pero por qué es un problema esta homogeneidad? Si uno está conformando un equipo de relevos, ¿no quiere simplemente a los corredores más rápidos? ¿Por qué habría de importar si son del mismo color, género, clase social, etc.?

Pues porque esta lógica, aunque irrefutable cuando se aplica a tareas simples como correr, cambia cuando se aplica a tareas complejas como la inteligencia.

¿Por qué? Porque cuando un problema es complejo, ninguna persona tiene todas las respuestas. Todos tenemos puntos ciegos, lagunas en nuestra comprensión.

Y esto significa que si uno reúne a un grupo de personas que comparten perspectivas y antecedentes similares, es probable que compartan los mismos puntos ciegos.

Lo que a su vez significa que lejos de desafiar y abordar estos puntos ciegos, es probable que estos se refuercen.


La ceguera de perspectiva describe el hecho que a menudo no somos capaces de ver a nuestros propios puntos ciegos. Nuestros modos de pensamiento son tan habituales que apenas notamos cómo filtran nuestra percepción de la realidad.

La periodista Reni Eddo-Lodge describe un período en el que tuvo que ir en bicicleta al trabajo: “Una verdad incómoda se me ocurrió cuando cargaba mi bicicleta de arriba a abajo por las escaleras: la mayoría del transporte público no era fácilmente accesible… Antes de tener que transportar mis propias ruedas, nunca me había dado cuenta de este problema. Había sido ajena al hecho de que esta falta de accesibilidad estaba afectando a cientos de personas”.

Este ejemplo no implica necesariamente que todas las estaciones deban estar equipadas con rampas o ascensores. Pero sí muestra que solo podemos realizar un análisis significativo si somos capaces de percibir los costos y beneficios. Y esto depende de la diversidad de perspectiva, de personas que pueden ayudarnos a ver nuestros propios puntos ciegos y a quienes podemos ayudar a ver los suyos.


Osama bin Laden le declaró la guerra a Estados Unidos desde una cueva en Tora Bora en febrero de 1996. Las imágenes mostraban a un hombre con una barba que le llegaba hasta el pecho. Vestía una túnica debajo del uniforme de combate.

Hoy, dado todo lo que sabemos sobre el horror que desencadenó, la declaración parece amenazante.

Pero una fuente de la principal agencia de inteligencia de EE.UU. dijo que la CIA “no podía creer que este saudita alto y con barba, en cuclillas alrededor de una fogata, pudiera ser una amenaza para Estados Unidos”.

Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

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Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

En otras palabras, para una masa crítica de analistas, Bin Laden parecía primitivo y relativamente inofensivo.

Richard Holbrooke, un alto funcionario del gobierno del presidente Clinton, lo expresó de esta manera: “¿Cómo puede un hombre en una cueva superar a los líderes mundiales de la sociedad de la información?“.

Otro dijo: “Simplemente no pudieron justificar la necesidad de destinar recursos para averiguar más sobre Bin Laden y Al Qaeda porque el tipo vivía en una cueva. Para ellos, era la esencia del atraso”.

Ahora, considera cómo alguien más familiarizado con el islam habría percibido las mismas imágenes.

Bin Laden llevaba una túnica no porque fuera primitivo en intelecto o tecnología, sino porque trataba de parecerse al profeta Mahoma. Ayunaba los mismos días que Mahoma ayunó. Sus poses y posturas, que a un público occidental le parecían tan atrasadas, eran las mismas que la tradición islámica atribuye al más sagrado de sus profetas.

Como lo expresó Lawrence Wright en el libro sobre el 11 de septiembre que le valió el Premio Pulitzer, Bin Laden orquestó su operación “invocando imágenes que eran profundamente significativas para muchos musulmanes pero prácticamente invisibles para aquellos que no estaban familiarizados con esa fe“.

Jones escribe: “La anécdota de la barba y la fogata es evidencia de un patrón más amplio en el que los estadounidenses no musulmanes, incluso los consumidores de inteligencia más experimentados, subestimaron a Al Qaeda por razones culturales”.

Osama Bin Laden

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Los analistas de la CIA no dimensionaron la amenaza representada por el millonario saudita.

En cuanto a la cueva, esta tenía un simbolismo aún más profundo.

Como casi cualquier musulmán sabe, Mahoma buscó refugio en una cueva después de escapar de sus perseguidores en La Meca. Para un musulmán, una cueva es sagrada. El arte islámico está lleno de imágenes de estalactitas.

Y Bin Laden modeló su exilio en Tora Bora como su propia hijrah personal, utilizando la cueva como propaganda.

Como dijo un erudito musulmán: “Bin Laden no era primitivo; era estratégico. Sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Los analistas también fueron engañados por el hecho de que Bin Laden a menudo emitía pronunciamientos en forma de poesía.

Para los analistas blancos de clase media, esto parecía excéntrico y reforzaba la idea de un “mullah primitivo en una cueva”.

Para los musulmanes, sin embargo, la poesía tiene un significado diferente. Es sagrada. De hecho, los talibanes se expresan habitualmente en poesía.

La agencia estadounidense, sin embargo, estaba estudiando los pronunciamientos de Bin Laden utilizando un marco de referencia sesgado.

Como lo expresaron Jones y Silberzahn: “La poesía en sí misma no estaba únicamente en un idioma extranjero, el árabe; también provenía de un universo conceptual a años luz de la sede de la CIA”.

Islamistas pro Bin Laden

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“Bin Laden sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Para el año 2000, la “chusma antimoderna y sin educación” que seguía a Bin Laden había crecido hasta alcanzar unas 20.000 personas, en su mayoría con educación universitaria y con un sesgo hacia la ingeniería.

Yazid Sufaat, quien se convertiría en uno de los investigadores de ántrax de Al Qaeda, tenía un título en Química. Y muchos estaban listos para morir por su fe.

Mientras tanto, el alto funcionario de la CIA Paul Pillar (blanco, de mediana edad, educado en una universidad de élite), estaba descartando la posibilidad misma de un gran ataque terrorista.

“Sería un error redefinir el contraterrorismo como la tarea de lidiar con el terrorismo ‘catastrófico’, ‘grandioso’ o el ‘súperterrorismo’, cuando en realidad esas etiquetas no representan la mayor parte del terrorismo que Estados Unidos probablemente deba enfrentar“, dijo.

Y otro defecto en las deliberaciones de la CIA fue su renuencia a creer que Bin Laden iniciaría un conflicto con Estados Unidos.

¿Por qué comenzar una guerra que no podría ganar?

Póster de búsqueda de Osama Bin Laden

AFP
Cuando EE.UU. reconoció el peligro que representaba Bin Laden, ya era tarde.

Los analistas no habían dado el salto conceptual que permite entender que para los yihadistas la victoria no debe asegurarse en la tierra sino en el paraíso.

De hecho, el nombre en clave de Al Qaeda para la trama era “La gran boda”.

Y es que en la ideología de los suicidas, el día de la muerte de un mártir es también el día de su boda, cuando es recibido por vírgenes en el cielo.

La CIA podría haber asignado más recursos a investigar a Al Qaeda. Podría haber intentado infiltrar la organización. Pero en la agencia fueron incapaces de comprender la urgencia. No asignaron más recursos, porque no percibieron una amenaza.

No buscaron penetrar Al Qaeda porque ignoraban el agujero en su análisis. Y el problema no se limitaba (únicamente) a la incapacidad de conectar los puntos en el otoño de 2001, sino que remitía una falla en todo el ciclo de inteligencia.

La escasez de musulmanes dentro de la CIA es solo un ejemplo de cómo la homogeneidad debilitó a la principal agencia de inteligencia del mundo, da una idea de cómo un grupo más diverso habría posibilitado una comprensión más rica no solo de la amenaza que representaba Al Qaeda, sino también de los peligros en todo el mundo; de cómo diferentes marcos de referencia, diferentes perspectivas, habrían posibilitado una síntesis más completa, matizada y poderosa.

Por ejemplo, una proporción sorprendentemente alta del personal de la CIA había crecido en familias de clase media, soportado pocas dificultades financieras u otros signos de potenciales precursores de la radicalización, o numerosas otras experiencias que podrían haber enriquecido el proceso de inteligencia.

En un equipo más diverso, cada uno de ellos habría sido un valioso activo. Como grupo, sin embargo, tenían defectos.

Gente con traje

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“A uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias”.

El problema, sin embargo, no es solo de la CIA, como se nota al mirar a muchos gabinetes de gobiernos, bufetes de abogados, equipos de liderazgo del ejército, altos funcionarios públicos e incluso ejecutivos de algunas empresas de tecnología.

Y es que nos sentimos inconscientemente atraídos por personas que piensan como nosotros, pero rara vez notamos el peligro porque desconocemos nuestros propios puntos ciegos.

John Cleese, el comediante, lo expresó de esta manera: “Todo el mundo tiene teorías. Las personas peligrosas son aquellas que no conocen sus propias teorías. Es decir, las teorías sobre las que operan son en gran parte inconscientes”.

Obtener la combinación correcta de diversidad en los grupos humanos no es fácil. Reunir las mentes correctas, con perspectivas que desafían, aumentan, divergen y polinizan en lugar de loros, corroboran y restringen, es un verdadera ciencia.

Pero esto se convertirá en una fuente clave de ventaja competitiva para las organizaciones, sin mencionar las agencias de seguridad. Así es como los enteros se vuelven más que la suma de sus partes.

La CIA, por su parte, ha dado importantes pasos hacia una diversidad significativa desde el 11 de septiembre.

Pero el problema continúa persiguiendo a la agencia y un informe interno en 2015 fue bastante crítico.

Como dijo el entonces director, John Brennan: “El grupo de estudio analizó detenidamente nuestra agencia y llegó a una conclusión inequívoca, la CIA simplemente debe hacer más para desarrollar el entorno de liderazgo diverso e inclusivo que requieren nuestros valores y que nuestra misión exige”.

*Matthew Syed es el autor de Rebel Ideas: The Power of Diverse Thinking (“Ideas rebeldes: el poder del pensamiento diverso”).


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