Austeridad impuesta a Centros de Investigación limita hasta cargar el celular y provocará despidos
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Foto: CIATEJ

Austeridad impuesta a Centros de Investigación limita hasta cargar el celular y provocará despidos

Ante los recortes de entre 30 y 50 % ordenados en varias partidas, la red de institutos se enfrenta a no poder pagar la luz, y deberá anular contratos con personal temporal que participa en proyectos de investigación.
Foto: CIATEJ
27 de mayo, 2019
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A partir de este lunes, en el Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco (CIATEJ), está prohibido cargar celulares, hacer café en cafeteras eléctricas o prender el aire acondicionado si hace calor.

Las medidas de austeridad ordenadas por el presidente Andrés Manuel López Obrador han llevado a esta institución a calcular que podría no alcanzarle el dinero para pagar la luz, así que la semana pasada envió un oficio a su comunidad, para anunciar las nuevas prohibiciones y recomendaciones.

“Se solicita trabajar en áreas con luz natural disminuyendo al mínimo el uso de la red eléctrica institucional”, es otra de las sugerencias. “Para trabajar en horarios cuando la temperatura sube, se recomienda trabajar en lugares con sombra y ventilación. Para este fin se ofrecen las salas de juntas”.

Investigaciones, clases o cualquier trabajo deberá terminarse a las 5 de la tarde, pues a partir de ese momento ya no se permitirá la presencia de nadie y serán apagados todas las computadoras y equipos, agrega el documento.

El CIATEJ no es el único que tuvo que tomar estas medidas. En el Instituto de Ecología (Inecol), en Xalapa, Veracruz, la comunidad científica recibió este viernes un oficio muy similar, anunciando que las actividades diarias deberán terminar a las 6 de la tarde, y otras restricciones como que el agua potable ya no estará refrigerada, o que el aire acondicionado sólo estará encendido en laboratorios donde el control de temperatura sea esencial.

Estos son solo dos ejemplos de lo que está ocurriendo en los 27 Centros Públicos de Investigación (CPI), adscritos al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), y que conforman la segunda comunidad científica más grande del país, después de la de la UNAM, con alrededor de 10 mil integrantes.

El memorándum de austeridad firmado por López Obrador el 3 de mayo pasado ordena recortar a toda la administración pública entre 30 y 50 % las partidas presupuestarias para materiales de oficina, estudios e investigaciones, alimentos, asistencia a congresos y viáticos de todo tipo.

Por ello, el pasado miércoles más de tres mil científicos, estudiantes, técnicos y personal administrativo de los CPIs firmaron una carta que llevaron a Presidencia y al Senado de la República, para pedir que se reconsidere la aplicación de dicho memorándum a estos centros de investigación.

Advierten que la reducción de trabajadores eventuales y la disminución de presupuestos podrían poner en peligro proyectos de investigación, y la formación de nuevos investigadores.

Un grupo de estos científicos explicó a Animal Político que el problema, de inicio, es que ellos estén considerados como funcionarios públicos, pagados por el Conacyt, aunque hagan labores de investigación y no de administración pública. Esa es la razón por la que a ellos les impacta este memorándum que está pensado, según lo expresado por Presidencia, para evitar que “el gobierno realice gastos excesivos u onerosos en su operación”.

Recortes de personal sin contrato fijo

El viernes, trabajadores por honorarios del Instituto Mora, que forma parte de la red de CPIs, denunciaron un recorte del 40 % en el presupuesto que había para contratarlos. Aunque en un principio se habló de despedir a este porcentaje, un trabajador aclaró que en algunos casos se negoció reducirles 40% el sueldo a cambio de mantener el puesto.

En una carta pública, detallaron que una tercera parte del personal del Instituto trabaja bajo esta modalidad de “proveedores de servicios profesionales”, que además de ser precaria por sí misma, ahora los pone en riesgo de quedarse sin sus trabajos y sin recibir ningún tipo de compensación.

“En la práctica diaria del Instituto, nosotros cumplimos un horario de 8 horas, tenemos jefes directos a quienes rendimos cuentas, cumplimos tareas distintas y/o mayores a las asignadas en los contratos, etcétera, lo que nos convierte en trabajadores de facto sin reconocimiento como tales y, por lo tanto, sin derecho a prestación alguna”, denunciaron.

Se quejaron de que, además, la mayoría solo trabaja exclusivamente para el Mora, pero si ellos decidieran terminar sus contratos, tendrían que pagar una penalización del 20 % del total de su valor, mientras que el Instituto solo está obligado a avisar con dos semanas de anticipación que terminará la relación laboral. Algo que ni siquiera se cumplió.

En otros CPIs ven venir despidos similares. Uno de ellos es el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), de Puebla, que apenas el mes pasado fue noticia internacional porque participó en la creación de un telescopio virtual que permitió tomar la primera fotografía de un hoyo negro en el espacio. Ahí hay 300 trabajadores de base y 120 por honorarios, pero según dos de sus investigadores, el próximo mes ya no habrá dinero para pagarle a estos últimos.

En el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), que es el más grande, hay 530 trabajadores de base y 40 como “servicios profesionales” o como “proveedores”, el 7 %, que ahora está en peligro, a pesar de que forma parte de la plantilla habitual del Centro.

“Es un problema que se viene arrastrando desde hace mucho, que se jubila alguien, no nos reponen la plaza, y hay que contratar por outsourcing. O el personal de limpieza, todo es por outsourcing. Y es una cuestión de que no haga antigüedad en la empresa, y otras prestaciones. Y ahora están recortando esa parte, entonces nos mete en problemas serios de gente que viene trabajando así en la institución por años”, señaló en entrevista Sabino Chávez, del INAOE.

Reducción de sueldos, viajes y desarrollo profesional

La reducción de bonos y compensaciones ordenada por el gobierno federal también impacta directamente en lo que en los hechos es el sueldo de los investigadores.

Según Juan Esteban Martínez, del Inecol, el ingreso real de los trabajadores va a bajar entre 20 o 30 % por la eliminación de estímulos a la investigación. Mencionó que hay quienes empezando su carrera, aunque ya tengan maestría y doctorado, perciben 15 mil pesos netos, y otros investigadores con más de 20 años están por arriba de los 30 mil.

Además, ya no podrán aspirar a subir de categoría como investigadores, de asociados a titulares, por lo que indica el punto 5 del memorándum: “No se autorizarán renivelaciones de plazas al alza con el objeto de incrementar las percepciones de los funcionarios contratados”.

Esto a pesar de que en los reglamentos de los CPIs está establecido que hay comisiones externas que todo el tiempo evalúan al personal y recomiendan promociones, y que como parte del perfil de investigador está hacer carrera subiendo de nivel.

Los científicos consultados también lamentaron que esto es un desincentivo para las nuevas generaciones, ya que se enfrentarán a una peor calidad de su educación, y a que la idea de ser investigadores se vuelva poco atractiva.

“Recortas en operación, en insumos para compra de materiales, para salidas de campo, para asistencia a congresos, y eso demerita la calidad de nuestros estudiantes, incluso en los tiempos en que ellos tendrían para terminar sus tesis”, comentó Carmen Maya, del CICESE. “Los más desanimados en nuestra institución son los estudiantes, por las dificultades que tienen y porque ven hacia adelante que no hay perspectiva”.

En cuanto a viáticos, la orden presidencial dada el 3 de mayo es tajante: reducción de 30 % en los que se usen en territorio nacional, y de 50 % en el extranjero. Además, el punto 9 ordena que toda comisión fuera del país se tendrá que solicitar por escrito y ser autorizada directamente por López Obrador.

Estos viajes no implicaban un gasto mucho mayor en el caso del Conacyt, según consta en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2019. Lo etiquetado para viáticos nacionales eran 21.5 millones de pesos, que ahora serán solo 15 millones. Pero para el extranjero eran únicamente 8.4 millones, que con la reducción a la mitad quedarán en 4.2 millones, una tercera parte de lo que se pueda gastar dentro del país.

Los académicos del CICESE no se explican qué va a pasar con ellos. Este centro, presumieron, nació hace 45 años en Ensenada, Baja California, cuando toda la investigación en México se concentraba en la Ciudad de México y el centro del país, y creció gracias a la vinculación con otros institutos de investigación de California, Estados Unidos.

El Centro tiene un apartado postal en San Diego. Medio en Broma, medio en serio, los investigadores dicen que ya no podrán ir a recoger ni la correspondencia, si para hacer eso va a hacer falta permiso presidencial y la mitad de dinero para cruzar la frontera, como hacían habitualmente.

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Dominio público

El papa que decretó un confinamiento y salvó a Roma de la peste en el siglo XVII

Hace 400 años Alejandro VII ordenó unas medidas sanitarias que, según los investigadores, hizo que una epidemia de peste tuviera una baja letalidad en la que es hoy la capital de Italia.
Dominio público
18 de abril, 2021
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Era un intelectual, un aficionado al arte y la arquitectura, doctor en filosofía, teología y derecho. Cuando el italiano Fabio Chigi (1599-1667) se convirtió en el papa Alejandro VII, ni en sus peores presagios imaginó que tendría que enfrentarse a una epidemia de peste.

Su reacción, sin embargo, fue contundente.

Aunque la ciencia descubrió la bacteria causante de la peste en 1894 —gracias al bacteriólogo Alexandre Yersin—, el sumo pontífice decretó medidas sanitarias que, según investigadores, contribuyeron a que la letalidad en Roma fuera mucho menor que en otros lugares afectados por la misma epidemia.

Según un estudio del historiador italiano Luca Topi, profesor de la Universidad de Roma La Sapienza, entre 1656 y 1657 la peste mató al 55% de la población de Cerdeña, la mitad de los habitantes de Nápoles y al 60% de los residentes de Génova.

En Roma, en cambio, murieron 9.500 personas de un total de 120.000, menos del 8%. Estos datos fueron publicados en una revista científica italiana en 2017.

Se calcula que distintas olas de la peste arrasaron con cerca de la mitad de la población europea.

Cuando llegaron los primeros reportes de muertes por la epidemia en el entonces reino de Nápoles, Alejandro VII llevaba un año como pontífice.

Representación pictórica de la peste en Italia.
Getty Images

Diversas olas de la peste mataron a casi la mitad de la población europea.

El papa no era sólo el líder del catolicismo. Si hoy es el soberano del diminuto estado del Vaticano, en aquella época mandaba sobre los llamados Estados Pontificios, que comprendían Roma y buena parte de los alrededores; prácticamente todo el centro de la Italia actual.

Esta fascinante historia cuenta cómo muchas de las restricciones que se aplican hoy contra la pandemia de coronavirus dieron resultado en Roma contra la peste hace 400 años.

¿Cuáles fueron las medidas del papa?

Dentro de los dominios papales, el brote ocurrió entre mayo de 1656 y agosto de 1957.

Tan pronto como llegaron las primeras noticias de la peste a Roma, Alejandro VII puso en alerta al Congreso de la Salud, que había sido creado en un brote anterior.

Las medidas de contención se implementaron gradualmente, según la situación se volvía más peligrosa.

El 20 de mayo se promulgó un decreto que suspendía todo comercio con el reino de Nápoles, que ya se encontraba muy afectado.

Cuadro del siglo XVII de la Plaza de San Pedro en El Vaticano.

Getty Images
En el siglo XVII, el papa era la máxima autoridad en los Estados Pontificios, que comprendía la región de Roma y alrededores, prácticamente todo el centro de la actual Italia.

La semana siguiente, el bloqueo se extendió y se prohibió la entrada a Roma de cualquier viajero que viniese de allí.

El 29 de mayo, en la ciudad de Civitavecchia, ubicada en los Estados Pontificios, se registró la llegada de la peste e inmediatamente se impuso la cuarentena.

“En los días y meses siguientes, se aislaron muchas otras localidades de ese territorio”, detalla el historiador Topi en su artículo.

En Roma, la decisión fue radical: se cerraron casi todos los portones de acceso a la ciudad. Solo ocho permanecieron abiertos, pero eran protegidos las 24 horas del día por soldados supervisados por “un noble y un cardenal”.

A partir de entonces, cualquier entrada debía ser justificada y registrada.

El 15 de junio Roma tuvo su primer caso: un soldado napolitano que murió en un hospital. Las normas se endurecieron aún más.

El 20 de junio se implantó una ley que obligaba a los ciudadanos a informar a las autoridades en caso de conocer algún paciente.

Posteriormente, un nuevo dispositivo papal comenzó a obligar a cada párroco y sus asistentes a visitar, cada tres días, todas las casas de sus distritos electorales para identificar y registrar a los enfermos.

Luego corrió la noticia de otra muerte, esta vez un pescador de la región del Trastévere.

“Los familiares de la víctima también se infectaron y muchos murieron”, cuenta Raylson Araujo, estudiante de teología de la Universidad Católica Pontificia de Sao Paulo, Brasil, quien también investigó el asunto.

La primera idea fue intentar aislar la región.

Ilustración de Alejandro VII.

Dominio Público
Alejandro VII impuso medidas graduales hasta llegar al confinamiento total.

“El papa también era la autoridad civil. Conforme la epidemia comenzó a extenderse, implementó medidas de aislamiento. Tras prohibir el comercio con Nápoles, decretó otras reglas de distanciamiento social: prohibió reuniones, procesiones y todas las devociones populares”, dice Araujo.

El endurecimiento de las medidas fue gradual hasta llegar al confinamiento total.

“Conforme pasó el tiempo, el papa adoptó nuevas prohibiciones. Las congregaciones en la iglesia fueron suspendidas, las visitas diplomáticas también, al igual que encuentros religiosos y reuniones públicas, se vigilaron los caminos”, enumera Araujo. “Se suspendieron todas las aglomeraciones civiles”.

“Se prohibieron diversas actividades económicas y sociales. Se cancelaron las fiestas y ceremonias públicas, civiles y religiosas”, dice el seminarista Gustavo Catania, filósofo del Monasterio de São Bento de Sao Paulo.

Plaza de San Pedro vacía por las restricciones en Roma.

Getty Images
Al igual que con la pandemia de coronavirus, en el siglo XVII se prohibió asistir a celebraciones religiosas en Roma.

“Se suspendieron los mercados y se echó a algunas personas que vivían en la calle porque podían ser causa de contagio. Se prohibió el cruce nocturno del río Tíber”.

El papa también determinó que nadie debía ayunar, con el objetivo de que la población se alimentanse y mantuviese así más saludable por si se contagiaba.

A todos aquellos que tuvieran al menos una persona infectada en la familia se les prohibió salir de casa. Para garantizar la asistencia, Alejandro VII separó a los sacerdotes y médicos en dos grupos: los que tendrían contacto con los enfermos y los que no, quienes atenderían al resto de la población.

“Preocupaba que los sacerdotes se convirtieran en vectores de la enfermedad”, dice Araujo.

Los médicos tenían prohibido huir de Roma“, dice Catania, señalando que muchos temían infectarse.

Como los pacientes estaban aislados, se creó una red de apoyo a la población.

“Había una previsión de ayuda económica para las familias que no podían salir de casa y algunas personas recibían comida por la ventana“, dice el seminarista.

En los meses de octubre y noviembre, cuando la incidencia de la enfermedad era mayor, incluso se preveía la pena de muerte para quienes infringieran las normas.

Negacionistas y noticias falsas

Sin embargo, no todos admitían la gravedad de la situación.

Hubo quienes la desdeñaron y hasta difundieron bulos.

“Se acusó al papa de inventar la enfermar para su propio beneficio y para ganar popularidad”, comenta Mirticeli Medeiros, investigadora de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma.

Protestas negacionistas en Roma por la pandemia de coronavirus.

Getty Images
Como también ha sucedido en esta pandemia, hubo negacionistas en aquella época que no admitían la existencia de la enfermedad.

“Muchos no querían que el pontífice adoptara estas medidas para no alarmar a la población”, complementa.

Hasta sus colaboradores más cercanos le aconsejaron que no lo hiciera. Temían que, desde el momento en que se hizo pública la gravedad de la situación, a través de decretos y divulgaciones, la economía comenzara a sentir los efectos de este tipo de postura. Pero el papa fue firme y cumplió con su política de salud”.

Araujo compara esos hechos del siglo XVII con el “movimiento de hoy y la resistencia popular” para aceptar la gravedad de la pandemia de coronavirus.

“Comerciantes aconsejaron al papa que no adoptara las medidas, porque el cierre perjudicaba el comercio y la cosecha“, comenta el investigador.

“Hubo grupos que acudieron a él para pedirle que no promulgara más medidas de aislamiento. Querían maquillar y tapar la situación para que no se extiendera el pánico y cerraran los comercios”, continúa Araujo.

Hay informes de que un médico divulgó bulos sobre las verdaderas motivaciones del encierro.

“Hizo correr la voz de que tras las decisiones de este papa había intereses políticos”, dice el historiador Victor Missiato, profesor del Colegio Presbiteriano Mackenzie de Brasília.

“Fue acusado de difamación y terminó condenado a trabajar en un hospital, dedicado a curar la peste”.

Victoria contra la enfermedad

Cuando se resolvió el brote en 1657, la celebración estuvo a la altura.

Alejandro VII demostró el renacimiento de la Iglesia con monumentos que hasta hoy marcan El Vaticano, como el conjunto de columnas de la plaza de San Pedro, del escultor y arquitecto barroco Gian Lorenzo Bernini.

Columnas de Bernini en la Plaza San Pedro.

Edison Veiga
Las obras del papa Alejandro VII marcaron el aspecto de El Vaticano hasta hoy.

“En ese periodo era muy común que los papas visibilizaran su soberanía y poder. Los grandes monumentos de Roma de esa época fueron construidos con esa motivación”, contextualiza Medeiros.

“Como el caso de la Fuente de los Cuatro Ríos de la Piazza Navona, la Fontana di Trevi y otros”.

“Alejandro VII era un apasionado del arte y amigo de Bernini. Su comienzo como papa estuvo marcado por la peste”, explica.

“La forma que encontró de apagar aquel periodo sombrío fue invirtiendo en obras colosales. Las columnas de San Pedro representan los brazos abiertos de la Iglesia. La basílica de San Pedro fue restaurada como símbolo de poder temporal, no solo espiritual”.

Otros casos

Este no fue el único momento histórico en el que la Iglesia, en el pasado, cerró sus puertas por brotes y epidemias.

“Hubo otros casos en algunas diócesis de Italia, especialmente en el siglo XIX durante la epidemia de cólera”, recuerda Medeiros. “Entonces se tomaron medidas restrictivas similares”.

Grabado de un mercado durante la epidemia de cólera en Italia.

Getty Images
Durante la epidemia de cólera en el siglo XIX la iglesia tomó restricciones similares en Italia.

Por otro lado, la experta recuerda que en el brote de peste del siglo XIV ocurrió “todo lo contrario”.

“El papa Clemente VI, aislado en el palacio pontificio de Aviñón, en Francia, no parecía muy preocupado por lo que sucedía fuera de los muros de su casa”, apunta la investigadora.

“En esa época la enfermedad era un castigo divino y se producían procesiones y otras aglomeraciones para intentar, según la mentalidad religiosa, de superar el mal”.

En el siglo anterior, la región de Milán se vio muy afectada por la plaga. El cardenal arzobispo Carlo Borromeo también estableció estrictas medidas sanitarias en su circunscripción.

“Propuso una cuarentena general y se decretó a la gente a quedarse en casa hasta resolver la situación. Solo podían irse los que asistían espiritual y materialmente a la población.

El investigador dice que incluso las misas se celebraban “a distancia”.

“Un cura iba a la esquina y celebraba en la calle. Los fieles miraban desde sus ventanas”, explica.

Fe en la ciencia

Al analizar estos episodios del pasado, a menudo similares a los de hoy, hay que tener en cuenta que entonces la ciencia no se valoraba tanto como hoy y que la religión y la política estaban muy entrelazadas.

“En el siglo XVII, el absolutismo era muy fuerte en Europa y estaba ligado al poder de la Iglesia. El poder político y el poder religioso estaban muy mezclados“, explica Missiato.

“En ese momento, la revolución científica aún no se había extendido a las diferentes sociedades del mundo europeo. La creencia en lo divino como entidad definitoria de la paz y el caos todavía se veía como el camino hacia la salvación”.

Por eso el encierro impuesto por Alejandro VII es tan relevante.

“Lo que pasó muestra un alineamiento entre fe y ciencia, una fe con los pies en la tierra“, dice Araujo.


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