Familias de desaparecidos exigen atención de autoridades y presupuesto para búsquedas
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Familias de desaparecidos exigen atención de autoridades y presupuesto para búsquedas

Madres y familiares de desaparecidos compartieron sus exigencias tras manifestarse en la novena Marcha por la Dignidad.
Cuartoscuro
11 de mayo, 2019
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Karla Mariana Patiño Velázquez no tiene a quién festejar este Día de las Madres. La suya, Ana María Velázquez, desapareció en 2015 en Tlalpan, Ciudad de México, cuando iba a buscar trabajo, y no hay rastro de dónde puede estar. Por eso, se unió este 10 de mayo a la Marcha por la Dignidad que recorrió Paseo de la Reforma exigiendo encontrar a los más de 40 mil desaparecidos que hay en el país.

La madre de Karla tenía 48 años y se había quedado de ver con un hombre que le ofrecía un trabajo en Topilejo, al sur de la ciudad. Pero ninguno de esos datos ha servido para que el Ministerio Público avance en la averiguación y responda la pregunta: ¿dónde está?

“En investigaciones, pues nada. Simplemente quedó el formato ‘Se Busca’ y hasta ahí. Todo ha sido negativo, no tengo respuesta bien por parte de autoridades”, lamenta.

Sin fe en las autoridades, recurre a que alguien la haya visto. Marcha con lonas de más de un metro de alto con la fotografía de su mamá y los datos de su aspecto físico: “Estatura: 1.60 mts”, “Tez: blanca”, “Ojos: cafés claros”, “Señas particulares: cicatriz de cesárea”, “Ropa que vestía: pantalón blanco, blusa café”. Además, un teléfono al cual comunicarse.

Hay más de 40 mil desaparecidos y 36 mil muertos sin identificar en México, reconoce Gobernación

—¿Qué es lo que pides en un día como este? — se le pregunta.

“Justicia”, responde sin dudarlo, pero se quiebra. “Justicia porque son cuatro años… Yo soy mamá también y me hace mucha falta… Espero recibir justicia, que alguien vea esto, que alguien vea la foto de ella y mínimo me dé una pista… una pista, aquí está el teléfono”.

La historia de ineficacia de las autoridades se repite en casi cada una de las madres o hijas que caminan por Reforma. Cada una con un rostro impreso en la camiseta que visten, en un cartel visible a varios metros o en una modesta hoja de papel tamaño carta. Todas se presentan con su nombre seguido del “mamá de”, “hermana de”, y el nombre de su familiar desaparecido, como un apéndice ya de sí mismas.

Rocío Morales, mamá de Pedro Morales, lleva 11 años de búsqueda. Y en ese tiempo, la han cambiado de Ministerio Público al menos cinco veces, por lo que no ve que realmente se le dé seguimiento al caso.

 Dar nombre a desaparecidos en México, un trabajo de la sociedad para devolverles la identidad

Ella vio cuando se llevaron a su hijo. Vecinos de Nezahualcóyotl, Estado de México, fueron a visitar a la abuela en Contepec, Michoacán. De regreso los interceptó una patrulla, a ella y a su nuera las golpearon, y a Pedro se lo llevaron en vilo. Después recibieron una llamada pidiéndoles dinero, pero luego no volvieron a saber más.

Rocío cuenta que le han cambiado el delito de la denuncia de secuestro a extorsión; que en Morelia, donde pusieron la denuncia, en la Fiscalía ya ni la reciben, y que cuando ha ido ve sobre los escritorios tomos y tomos que supone que ni siquiera leen.

“Yo no tengo educación para leer el expediente de mi hijo. Hace falta un buen abogado para esto, pero se necesita dinero, que no tenemos”, se lamenta. Por ello se unió al colectivo Eslabones por los Derechos Humanos, buscando el apoyo que no ha tenido de las instituciones.

Piden presupuesto y un plan real para encontrarlos

Las madres comparten sus historias mientras se desarrolla el mitin en el Ángel de la Independencia. Algunas ya se conocen desde hace años. Aunque el sol cae a plomo al medio día, algunas resisten bajo alguna de las dos carpas instaladas frente al monumento o bajo un árbol hasta pasada la 1 de la tarde, aunque la marcha arrancó a las 10 de la mañana.

María Ángela Juárez toma el micrófono en la escalinata del Ángel. Ha dejado su festejo de Día de Madres con sus cuatro hijos en San Luis de la Paz, Guanajuato, para venir a la Ciudad de México a marchar por el papá de los niños.

Es menudita, pero habla con voz firme. Pide al nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador que realmente cumpla con la promesa que hizo en Palacio Nacional en marzo pasado de que la búsqueda de desaparecidos será prioridad sin “límite presupuestal”. Le parece indignante que para la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas se hayan asignado 400 millones de pesos, mientras que al fomento del béisbol, deporte favorito del mandatario, vayan 500 millones.

Reclama que hasta ahora, a cinco meses de gobierno, las víctimas no han visto que haya un plan real para buscar a los desaparecidos, como sí vieron actuar al gobierno contra el robo de huachicol, poniendo a policía y Ejército a cuidar instalaciones de Pemex.

“¿Qué es más importante, la gasolina o nuestros familiares?”, pregunta indignada.

Su historia es conocida: su esposo, Valentín Alamilla, salió de Guanajuato junto con otros 22 hombres a buscar trabajo en Estados Unidos, pero el autobús en el que viajaban desapareció cuando cruzaba Tamaulipas, y no se volvió a saber de ellos.

María Ángela y otros familiares de ese grupo recibieron asesoría de la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho. Ahí empezaron a acompañarlas, a darles talleres, a decirles cuáles son sus derechos, y pelear con citas con autoridades que tienen que atender la desaparición de personas, como la entonces Procuraduría General de la República o la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO).

“Pero aun así, ahorita cuando se abrió la nueva Fiscalía, tuvimos una reunión con Sara Irene Herrerías, que ella es la de Derechos Humanos de la Fiscalía, estuvimos con ella y con CEAV, pero cuando le dijimos que íbamos por lo de nuestros desaparecidos, nos dijo: ‘ay no, eso no me corresponde a mí, yo no puedo hacer nada’. Le dijimos que no, que íbamos con ella porque ella es la que puede dar órdenes a más abajo de que se haga algo”, asegura.

Durante el mitin posterior a la marcha, uno de los reclamos es contra el fiscal Alejandro Gertz Manero, ya que según los colectivos, no los ha recibido ni hecho nada por este problema, por lo que parece que el desaparecido es él.

Una marcha por la esperanza

Irma Lizbeth Ortega también ocupa un espacio en las escalinatas para extender una fotografía enorme de su hija Zumiko Félix Ortega, desaparecida en Los Mochis, Sinaloa, cuando tenía apenas 22 años. Ella y su cuñado Eduardo González desaparecieron en febrero de 2016, cuando iban a comprar un regalo.

“Yo estaba hablando con ella cuando me dijo que los estaban siguiendo unas patrullas, que se tenían que bajar para correr. Lo último que me alcanzó a decir es que me amaba, y me colgó”. Al recordar esas últimas palabras, una lágrima rueda por las mejillas de Irma.

Cuenta que después de eso pidieron las cámaras de la zona pero la respuesta fue que no servían, y desde entonces no ha avanzado la investigación.

Ella se unió al colectivo Fe y Esperanza para hacer búsquedas en Sinaloa, y como el nombre de la organización indica, mantiene el ánimo de encontrar una pista de su hija.

“Salimos a buscar a todos nuestros desaparecidos en montes, en canales, en ríos, ahí en la misma ciudad. Encontramos cuerpos, sí hemos encontrado, no de ninguno de los de nosotros, pero no importa. Lo que queremos es encontrar, sean de los nuestros o no”, afirma.

“Las autoridades nos ignoran, nos toman como locas, no investigan nada de nuestros casos. Ellos no tienen el dolor que tenemos nosotras, nada más nos dicen que sí, que están investigando, pero no dan resultados”.

—¿Y con el nuevo gobierno cree que eso cambie?

“Pienso, quiero pensar que sí, que este gobierno sí nos va a escuchar y nos va a poner atención”, dice optimista.

Aunque ya se ha ido vaciando la concentración, mientras integrantes de distintos colectivos toman la palabra para hablar sobre sus casos y sus exigencias, bajo una carpa hay todo un grupo de mujeres y hombres mayores en sillas.

Entre ellas, con una playera verde del colectivo Búscame, está Martha Galván, que sigue con atención los discursos. Ella busca a su hijo José Martín Morales Galván, desaparecido en Piedras Negras, Coahuila, a donde había ido por trabajo en 2012.

Su hija explica que llevan el caso ante el fuero común, en Coahuila, y ante el fuero federal, desde la capital, ya que ellas viven en la Ciudad de México. Sin embargo, no hay línea de investigación de qué le pasó a su familiar, levantado junto con otros cuatro hombres con los que viajaba, y han sufrido que les cambien de Ministerio Público y otra vez empiece el análisis del caso, sin ningún avance.

Mamá e hija pasan este Día de las Madres en pie de lucha. Pero Martha no lo lamenta. Esboza una sonrisa y dice que esta concentración de más de mil personas que buscan a alguien, como ellas, al menos le da esperanza.

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Navidad: 5 personajes míticos que “aparecen” durante las fiestas en distintas partes el mundo

En algunos países del mundo, además de Papá Noel, otros personajes protagonizan las fiestas de fin de año (y no necesariamente para dar regalos).
24 de diciembre, 2019
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En las fiestas de fin de año, Papá Noel -o Santa Claus, San Nicolás, Viejo Pascuero, Father Christmas, Sinterklaas, Baba Nöel- es una figura dominante y casi omnipresente en decenas de países.

Pero hay lugares en los que otros personajes le roban protagonismo al anciano barrigón y bonachón que hace felices a los niños.

Mientras que algunas de estas criaturas alternativas alegran las celebraciones, otras no necesariamente reparten regalos ni buenas noticias.

Por el contrario, tienen la tarea de aterrorizar a los que se cruzan en su camino. Especialmente a los más pequeños.

Aquí te contamos cuáles son algunos de estos personajes.

1. Krampus

Esta especie de cabra-demonio que tiene una lengua muy larga y puntiaguda y colmillos “aparece” en Austria, Alemania, República Checa, Eslovenia, Suiza, Croacia, Hungría y algunas partes de Holanda, cada fin de año, pero no precisamente para dar saludos navideños.

Su función es más bien castigar y meter en un saco a los niños que se portaron mal durante el año, para golpearlos con ramas de árbol o para “comérselos”.

Es como la contraparte maléfica de Papá Noel.

Desfile de los Krampus en Austria

Getty Images
Aterrador el Krampus…

El nombre “Krampus” viene de la palabra del alemán antiguo “krampen” y significa garra.

El origen de esta temible criatura es casi tan viejo como las celebraciones de Navidad.

Según la mitología nórdica, el Krampus es hijo de Hel, diosa del inframundo, y su figura ya estaba presente en rituales paganos germánicos de hace más de 1.500 años, practicados para espantar a los “fantasmas de invierno”, según la revista Smithsonian.

Hoy en día el Krampus protagoniza los desfiles del Krampusnacht (Noche del Krampus), que se celebra la noche del 5 de diciembre en Austria, en la víspera del Día de San Nicolás.

Además, el personaje ya dio el salto al cine (y con él a otro continente), con el estreno de la película estadounidense “Krampus”, basada en esta criatura, en 2015.

2. Jólakötturinn

Jólakötturinn

Rán Flygenring
Asegúrate de ponerte algo nuevo esta Navidad, para que no te encuentres con el temible Jólakötturinn…

Conocido también como el “Yule Cat” (gato navideño) de Islandia, este felino es la “mascota” de los trolls islandeses conocidos como Grýla y Leppalúði, que son caníbales, y de sus 13 hijos, conocidos como “Yule Lads” (“muchachos de Navidad”).

A los “Lads” les gusta comer mucho, hacerles bromas a la gente y les dejan regalos a los niños dentro de zapatos. Si se han portado mal, les dejan una papa, asegura James Cooper, autor del blog Why Christmas, sobre tradiciones de Navidad en todo el mundo.

Pero el Jólakötturinn es menos simpático. Esta fiera se come a las personas que no se ponen o no reciben ropa nueva para Navidad.

El temible gato ronda por los techos de las casas y se asoma por las ventanas para verificar quiénes han recibido prendas nuevas y quiénes no.

Gracias a esta función, varios autores lo describen como una especie de “policía de la moda”, pero el más despiadado que puedas imaginar.

https://www.facebook.com/thorewingbooks/photos/a.411488722395258/411488749061922/?type=3&theater

Jóhannes úr Kötlum, uno de los poetas más populares del siglo XX en Islandia, ayudó a difundir la imagen aterradora del gato.

En unos versos sobre la bestia, Kötlum dice que “abría los ojos de par en par / y ambos brillaban intensamente / no era para los débiles de corazón / enfrentar esta vista repugnante”.

“Sus bigotes eran afilados como anzuelos / su lomo, crispado en forma de arco / y las garras en sus patas peludas / eran aterradoras como para espiarlas”, describe el autor.

“Eran hombres los que cazaba, no ratones / de eso no había ninguna duda”, agrega.

El animal es tan “popular” que, además de inspirar este poema, la conocida artista islandesa Björk le dedica una canción con algunos de los versos de Kötlum.

3. Hoteiosho

A diferencia de las criaturas anteriores, Hoteiosho no es un personaje vengativo, sino que es uno de los dioses japoneses de la fortuna.

Aunque según algunas creencias, tiene ojos en la espalda con los que observa a los niños sin que estos se den cuenta, para que se porten bien.

Hoteiosho es representado como un monje budista con el vientre abultado, que va vestido con una especie de bata roja, abierta, que le deja el pecho descubierto.

“Según la leyenda, Hoteiosho fue monje budista real o sacerdote zen, llamado Kaishi, entre los siglos VIII y IX”, dice Cooper, de Why Christmas, a BBC Mundo.

Ahora es como un Papá Noel en la isla y entrega regalos en Año Nuevo (ya que en Japón no se celebra la Navidad oficialmente).

4. Tió de Nadal

En Cataluña y algunas zonas de Aragón, en el noreste de España, la tradición dice que los regalos para los niños salen de un tronco.

Tió de Nadal

Getty Images
Al Tió de Nadal hay que golpearlo para que suelte los regalos.

Este tronco es conocido como Tió de Nadal (Tronco de Navidad en catalán) en Cataluña y Tronca de Nadal en Aragón.

Las familias suelen colocar el tronco en casa a principios de diciembre, lo cubren con una manta, le dibujan un rostro y lo van alimentando con dulces hasta el día de Navidad.

En esta fecha, los niños le cantan canciones y le pegan con palos para que expulse los regalos (práctica que se conoce como “fer cagar el tió” o hacer cagar al tronco).

El ritual del tronco es una tradición pagana muy antigua, de hace más de cuatro siglos.

Se creía que el Tió representaba a la naturaleza dormida en invierno y que en su interior albergaba la abundancia. Golpearlo era una forma de despertar a la naturaleza generosa.

5. Olentzero

En el País Vasco, quien reparte los regalos es el Olentzero, un carbonero que lleva el traje tradicional vasco.

Olentzero

Getty Images
El Olentzero es un carbonero vasco que reparte regalos a los niños.

Generalmente se le representa como un hombre viejo o adulto mayor, barrigón y bonachón.

Se cree que el Olentzero es originario de Lesaka, un pueblo del norte de Navarra, y que se relaciona con rituales para celebrar el solsticio de invierno en la región, antes de la llegada del cristianismo a esta zona de Europa.

Según la Sociedad de Estudios Vascos (SEV), la leyenda cuenta que hace cientos de años, una tribu de “gigantes” vascos estaba celebrando el solsticio de invierno cuando una nube empezó a tapar el la luz del Sol, como anuncio del nacimiento de Jesús.

Esta nube mató a todos, menos al Olentzero, que se convirtió en una especie de “mensajero de la llegada de Cristo”.


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