'No tenemos dónde ir, dónde quedarnos': testimonios del desalojo en la colonia Juárez
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'No tenemos dónde ir, dónde quedarnos': testimonios del desalojo en la colonia Juárez

“No nos llegó ninguna notificación... nada más llegaron agresivos”, relató una de las personas desalojadas de la calle Londres.
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José Roberto Cleofas tiene 26 años y la cara magullada. En su cuerpo hay tres moretones, al menos uno producto del puñetazo de un policía, según consta en su denuncia ante la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México.

Con su esposa y sus dos hijas, conforma una de las cerca de 50 familias desalojadas en la mañana del jueves en el número 7 de la calle Londres, en la colonia Juárez.

Ahí se ubica la antigua embajada española, que sirvió de forma efectiva apenas ocho años, entre 1931 y 1939. Cinco años de República, tres de guerra civil y, después, muchísimos más de abandono.

México no reconoció el gobierno franquista, así que el edificio era algo más simbólico que otra cosa. Nunca más volvió a ser embajada, ni siquiera cuando en 1977 se restablecieron relaciones entre ambos países.

Por eso, el inmueble fue pasando al olvido. Tanto que el 1985, tras el sismo, quedó vacío, como buena parte de la colonia. Hasta que llegó Roberto, que durante 20 años no conoció otro hogar que el terreno alrededor de un edificio en ruinas que un buen número de familias ocupó ilegalmente. Es originario de Santiago Mexquititlán, estado de Querétaro, y de ahí llegó con sus padres porque “nos íbamos a morir de hambre”.

En 2017, después del terremoto, les dijeron que era inhabitable. Al año siguiente fueron desalojados del predio. Las autoridades les habían mostrado el camino de la calle y familias como la de Roberto se lo tomaron de forma literal: organizaron dos campamentos, uno en la calle Londres y otro en la calle Roma.

El primero, con 50 familias, fue desalojado en la mañana del jueves. Entre ellos hay personas que se identifican como otomíes, triquis y mazahuas. El segundo, con otras 80 familias, sigue en pie, aunque alerta. Todos ellos se identifican como otomíes. Tienen en marcha una mesa de diálogo con diferentes administraciones. Quizás por eso no fueron expulsados.

“Se llevaron los papeles, el dinero, no nos dejaron agarrar nada”, se queja Roberto. Pasan las 14:00 horas y menos de una decena de los antiguos inquilinos de la calle Londres se mantienen sentados ante el cordón policial.

En total, 250 policías adscritos a la Secretaría de Seguridad Ciudadana, que apoyan a otros 120 operarios de la alcaldía de Cuauhtémoc. El alcalde, Néstor Núñez, dice que se mantuvo diálogo en todo momento. Ellos lo niegan.

“No nos llegó ninguna notificación, un papel para que nos retirásemos. No nos enseñaron nada, nada más llegaron agresivos”, se queja Roberto.

Su hija mayor, de siete años, está en la escuela. La pequeña, de tres, con su madre. Él trabaja ayudando a otro hombre a vender tamales, pero el desalojo le sorprendió desayunando y se quedó sin acudir a su puesto.

Las calles Londres y Roma se dividen por una iglesia, el Templo del Sagrado Corazón de Jesús. A las 14:00 horas, la imagen es extraña. A la izquierda, en la Roma, no se puede acceder porque hay una gran barrera policial y se ve a los operarios limpiando/destruyendo lo que fueron tiendas de campaña, lo que estas familias llamaban casa. A la derecha, tres grandes vehículos policiales que cierran el paso. Por los huecos entre las camionetas se ven los toldos y los plásticos que forman otro campamento igual al que acaba de ser desalojado

“Estábamos desayunando y llegaron ‘sálganse’, ‘sálganse’. Luego llegaron los policías y no pudimos sacar nada”, se queja. Ahí recibió los golpes.

El desalojo comenzó a las diez de la mañana. A esa hora, hombres vestidos de civil fueron los que iniciaron la expulsión. Lo denunciaron periodistas que se encontraban en el lugar, que fueron amenazados por este grupo. Lo denuncia Roberto. También Victoria López, de 42 años, que llegó a lo que antes se llamaba Distrito Federal con seis, procedente de Oaxaca, y que se encara con los agentes que le impiden el paso. 

Se lo explicó un informador a Arturo Medina, subsecretario de Gobierno de la Ciudad de México.

“Unas 60 personas han superado el cordón, eran civiles con gorras, algunos con playeras cortas. Nos negaron documentar”, le dijo, señalando que llegaron a amenazar a un vecino que estaba grabando la actuación.

Preguntado por si habían contratado civiles para llevar a cabo la actuación, Medina dijo que “llevamos a cabo las acciones de gobierno con servidores públicos y las personas que intervienen o colaboran en la alcaldía o en la secretaria de gobierno o seguridad ciudadana”.

“Cada una de las dependencias aportó con personal y cada una sabe qué funcionarios públicos acompañaron”, añadió.

En las grabaciones de los primeros momentos del desalojo se observa a hombres que tratan de cubrirse el rostro ante la cámara. Ellos son, según Roberto, quienes llevaron a cabo la expulsión.

“Se han llevado la mercancía con la que trabajamos. No nos avisaron de que iban a venir”, denuncia Alfredo Lucas Maximiliano, que trabaja vendiendo artesanía en el mercado de la Ciudadela. Estos son los oficios de los desalojados: vendedor de artesanía, ayudante de un vendedor de tamales, vendedora de aguas.

El motivo del desalojo lo explica Medina: “Ha habido muchas demandas vecinales, hemos constatado que había una perforación en el piso. Tenemos demandas de vecinos, establecimientos y transeúntes por la ocupación del espacio publico. Además, refieren posibles conductas que pudieran constituir algún delito”.

Estas quejas están resumidas en un informe que vecinos de la calle hicieron llegar el 19 de febrero a la dirección territorial de Juárez.

En el lugar enumeran una serie de inconformidades, como el bloqueo de la puerta de un edificio, que podría “poner en peligro la seguridad en caso de temblor”; la suciedad, la presencia de un tanque de gas, los tendederos de ropa en la calle, la destrucción de las jardineras, la “inseguridad y el aumento de robos a transeúntes como consecuencia de la invasión” y la “insalubridad y el mal olor fecal”.

Ahí está el origen de la orden de desalojo, según un comunicado conjunto entre la alcaldía de Cuauhtémoc y el Gobierno de la Ciudad de México.

En él se asegura que el desalojo (“liberación”, en palabras de Arturo Medina) se produjo “sin violencia”. A falta de disponer del documento en el que se insta a desmontar el campamento, fuentes de la alcaldía de Cuauhtémoc señalan que fue esta institución la que tomó la iniciativa, apoyada por el Gobierno de la Ciudad de México.

Enedina Sánchez y Guadalupe Casillas forman parte del Comité Ciudadano de Juárez. Cerca de las 15.00 horas del jueves supervisaban los trabajos de los operarios en la calle Roma. Lo que antes eran tiendas ya habían sido destruidas, en las jardineras apenas quedaban un balón y algunos enseres personales y en el último camión, una letrina era enterrada en escombros.

“Hemos sufrido vandalismo, malos olores, han rayado la iglesia… No podemos asegurar que sean ellos”, dice Casillas. Sánchez dice tener miedo, aunque reconoce que ninguna de las dos, en los 20 años de ocupación del predio, sufrieron ataque o robo alguno. Sin embargo, reitera: “aquí pagamos impuestos, y no puede venir cualquiera a hacer cualquier cosa”.

Pasadas las 16:45 horas, los policías abandonaban la zona. Donde antes había un campamento ahora volvía a ser una calle limpia, con olor a desinfectante, ya que operarios municipales daban lustre al pavimento.

En una esquina, Filemón Sánchez, un hombre entrado en años que sigue trabajando en el mercado de la Ciudadela, se lamenta. “No alcancé a llegar. Estaba trabajando y, para cuando llegué, ya se habían llevado todo”. Está convencido de que no va a recuperar el dinero que tenía en el interior de la tienda de campaña. Aunque asegura que al día siguiente piensa plantarse en la bodega municipal en la que funcionarios de la alcaldía les dijeron que guardarían sus cobijas y sus colchas.

Al otro lado de la antigua embajada, otro campamento sigue en pie. Diego García, de la Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata de la Benito Juárez, dice que tras el desalojo del año pasado se entró en una mesa de diálogo. Que en ella están representados el Instituto de Vivienda, el Gobierno de la Ciudad de México, el Consejo Integral para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, la comunidad y su organización.

Afirma que ellos propusieron comprar el predio, pero que sus ofertas, de diez y cuarenta millones de pesos, fueron rechazadas. Y dice que la opción que les ofrecieron era marcharse a Tlalpan. “Esta gente lleva más de 20 años viviendo aquí, hay un arraigo”, asegura, mientras ofrece una solución. Dice que la ley contempla la opción de expropiar terrenos si estos han sido ocupados por indígenas y cedérselos como vivienda.

Mientras García habla, el campamento respira. Al ver el despliegue policial, sus habitantes comenzaron a sacar todas sus cosas, por si acaso. Para no perderlas, como le ocurrió a Roberto y su máquina de coser, o su televisor, o su DVD.

Cae la noche y medio centenar de personas aguarda en las inmediaciones de lo que antes fue un campamento.

“Vamos a esperar a ver qué nos dicen. Ahora llegaron de Vía Pública y no nos dejan quedarnos”, dice Roberto Cleofas, que viene junto a otros cuatro compañeros de interponer quejas ante la Comisión de Derechos Humanos capitalina. 

Su preocupación inmediata es dónde pasar la noche. En la alcaldía de Cuauhtémoc aseguran que la Secretaría de Inclusión, Bienestar y Desarrollo y la de Pueblos y Barrios están sobre el caso para ofrecer alternativas a los desalojados.

Pero Roberto está en la calle. “No nos dijeron nada y hasta ahora no nos dijeron nada de donde podemos quedarnos. No tenemos nada, ni cobijas ni nada. Ahora hace frío. No tenemos dónde ir, dónde quedarnos”.

 

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Coronavirus en India: un nuevo récord de muertes en el país epicentro mundial de la pandemia

India registró su mayor número diario de muertes por coronavirus desde que comenzó la pandemia, con 3 mil 689 casos en 24 horas, un día después de convertirse en el primer país en sumar más de 400 mil nuevos contagios.
EPA
2 de mayo, 2021
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India registró su mayor número diario de muertes por coronavirus desde que comenzó la pandemia, un día después de que se convirtiera en el primer país en sumar más de 400.000 casos nuevos.

El Ministerio de Salud informó que 3.689 personas murieron en 24 horas.

El primer ministro Narendra Modi se reunió con el ministro de Salud el domingo por la mañana para analizar la crisis.

Los hospitales están luchando para tratar a los pacientes en medio de una escasez crónica de camas y oxígeno médico.

En medio de la crisis, el domingo comenzó el conteo de votos de las elecciones celebradas en cinco estados: Assam, Bengala Occidental, Tamil Nadu, Kerala y Puducherry.

Los resultados están siendo analizados en busca de señales de cómo la pandemia ha afectado el apoyo a Modi y su partido nacionalista hindú, el BJP.

El mandatario ha sido criticado por permitir la organizaciones de mítines durante las elecciones de marzo y abril.

A última hora del domingo, los resultados provisionales en Bengala Occidental, donde Modi había estado buscando una victoria, sugerían que el partido TMC de la feroz crítica de Modi, Mamata Banerjee, retendrá el poder cómodamente.

Número de casos y muertes

BBC

¿Qué es lo último?

Hasta este domingo, India había registrado más de 19 millones de casos de coronavirus, sólo superada por Estados Unidos. También había confirmado más de 215.000 muertes, aunque se cree que la cifra real es mucho mayor.

Los expertos citan las bajas tasas de pruebas para detectar el covid y el número de personas que mueren en casa, especialmente en las zonas rurales, como factores que contribuyen a pensar que las cifras están subestimadas.

La anterior cifra más alta de muertes diarias en el país, también comunicada esta semana, era de 3.645.

Países como Brasil y EE.UU llegaron a registrar cifras diarias de más de 4.000 durante el transcurso de la pandemia.

En India, llevan más de 10 días apareciendo imágenes perturbadoras de familias mendigando camas de hospital y suministros vitales, mientras que las morgues y los crematorios siguen desbordados.

India

EPA
India ha registrado más de 19 millones de casos de coronavirus, pero los expertos creen que las cifras son mayores porque se realizan suficientes pruebas y mucha gent muere en casa.

Doce personas murieron el sábado en el Hospital Batra de Delhi después de quedarse sin oxígeno por segunda vez en una semana.

Y el periódico Times of India informó de 16 muertes en el estado sureño de Andhra Pradesh debido a la escasez de oxígeno en dos hospitales, y otras seis en el suburbio de Gurgaon, en Delhi.

Ante esta situación, el Tribunal Superior de Delhi dictaminó que empezará a sancionar a los funcionarios si los suministros necesarios para salvar vidas no llegan a los hospitales.

“Ya es suficiente”, aseguraron los jueces Vipin Sanghi y Rekha Patil.

Cómo va la vacunación en India

Todos los adultos del país pueden vacunarse contra el coronavirus. Pero el plan nacional de vacunación previsto para el sábado se tambaleó porque varios estados informaron de que no tenían suficientes dosis para empezar a vacunar a las personas de entre 18 y 44 años.

A pesar de ser el mayor productor mundial de vacunas, el país carece de ellas y ha suspendido temporalmente todas las exportaciones de AstraZeneca para satisfacer la demanda interna.

Vacunas

Reuters
A pesar de ser el mayor productor mundial de vacunas, el país sufre carestía de ellas y ha suspendido temporalmente todas las exportaciones de AstraZeneca.

El Ministerio de Sanidad anunció el domingo que 84.599 personas de la mencionada franja de edad habían recibido una primera dosis de la vacuna contra el coronavirus.

India ha estado utilizando dos vacunas: la de Oxford-AstraZeneca (conocida localmente como Covishield) y otra fabricada por la empresa india Bharat Biotech (Covaxin).

También se ha aprobado el uso de la vacuna Sputnik V, de fabricación rusa, cuyas primeras 150.000 dosis llegaron el sábado.

Cómo ayudan otros países

Países de todo el mundo han enviado una avalancha de suministros médicos de emergencia al país. Hasta el jueves, 40 naciones habían enviado cargamentos de ayuda.

El primero de varios aviones procedentes de EE.UU. que transportaban bombonas de oxígeno, máscaras y pruebas de diagnóstico rápido llegó a Delhi el viernes.

“El vínculo entre la democracia más antigua y la más grande sigue fortaleciéndose”, tuiteó Harsh Vardhan, ministro de Sanidad indio.

Anteriormente, el Ejecutivo estadounidense había sido criticado por imponer una prohibición al envío de materias primas para vacunas en el extranjero, lo que limitaba la capacidad de India para fabricar más vacunas de AstraZeneca.

La medida se levantó la semana pasada.

Del mismo modo, un avión militar alemán con 120 respiradores llegó a la India el sábado, mientras que Reino Unido también ha enviado cientos de piezas de equipo médico.

El ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Dominic Raab, declaró el domingo en el programa de la BBC Andrew Marr Show que “siempre estudiaría con mucho cuidado cualquier solicitud” de ayuda para que India pueda hacer frente a su aumento récord de casos de covid.

Pero cuando se le preguntó si Reino Unido debía interrumpir la vacunación de las personas más jóvenes y menos vulnerables para enviar dosis al extranjero, Raab sostuvo que no había recibido ninguna petición de la India “sobre esa cuestión específica”.

¿Por qué India no está confinada?

El gobierno central es reacio a imponer un confinamiento nacional, que el primer ministro calificó de “último recurso”.

Los altos cargos temen el impacto económico de la medida, después de que el año pasado la producción del país cayera un 24% entre abril y junio en comparación con el año anterior.

El coste humano también podría ser grave. El año pasado, el confinamiento de 68 días hizo que millones de trabajadores migrantes de India emprendieran arduos viajes de regreso a sus pueblos de origen al encontrarse sin empleo y sin dinero.

Los pobres, especialmente los niños desnutridos y las mujeres embarazadas que dependen de los programas gubernamentales, tuvieron dificultades para acceder a las prestaciones.

Los programas de vacunación se interrumpieron y quienes padecían enfermedades graves tuvieron dificultades para acceder a servicios sanitarios básicos.

Mitin Calcuta

Reuters
Las autoridades rechazan confinar al país, en el que se siguen celebrando eventos multitudinarios como este mitín en Calcuta en abril.

Sin embargo, varios estados y territorios están adoptando restricciones.

Odisha fue el último en anunciar un cierre de dos semanas, uniéndose a Delhi, Maharashtra, Karnataka y Bengala Occidental, que se han visto muy afectados.

Otros estados, entre ello Uttar Pradesh, que está muy poblado, tienen toques de queda nocturnos o confinamientos de fin de semana.

El periódico The Indian Express informa que el grupo de trabajo Covid-19 de India, que asesora al gobierno, está presionando para que se imponga un cierre en todo el país para ayudar a contener la devastadora segunda ola.

Algunas voces, como la del doctor Anthony Fauci, máximo experto en enfermedades infecciosas de EE.UU., afirman que un cierre “inmediato” durante unas “pocas semanas” podría romper la cadena de transmisión en la India.


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