Desplazados de Chenalhó exigen a AMLO justicia y seguridad para volver a casa
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Alberto Pradilla

Desplazados de Chenalhó exigen a AMLO justicia y seguridad para volver a casa

Los desplazados dicen que no dejarán el plantón que tienen en Palacio Nacional hasta que el gobierno de López Obrador atienda sus demandas.
Alberto Pradilla
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Han pasado tres años desde que la vida le cambió por completo a Aracely Cruz López, de 26 años, originaria del ejido Puebla, en el municipio de Chenalhó, en Chiapas. Aquel día, hombres armados asesinaron a su padre, Guadalupe Cruz Hernández, de 58 años.

La víctima recibió tres balazos en el costado, en su propia casa, durante una incursión de lo que su hija califica como “grupos paramilitares”. También resultaron heridos su esposa y otro de sus hijos. El crimen continúa impune. Desde hace tres años, Aracely no ha pisado su comunidad.

“Somos desplazados. Nos desplazaron por cuestiones de partidos políticos, por no haber votado por el Partido Verde Ecologista, por no haber votado por la presidenta Rosa Pérez Pérez”, afirma.

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Aracely Cruz forma parte de un grupo de 238 vecinos del ejido que abandonaron sus posesiones tras el ataque. En total, son 53 familias, con 123 niños y niñas que actualmente se encuentran refugiados en un campamento en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

“Queremos justicia, que los responsables vayan a la cárcel y poder regresar de forma segura a nuestra comunidad”, dice la joven.

Desde hace una semana, junto a otros compañeros, se ha sumado al plantón que la Coordinadora Nacional Plan de Ayala, Movimiento Nacional (CNPY-MN) – movimiento creado hace 28 años – mantiene en Palacio Nacional, sede de las oficinas del presidente, Andrés Manuel López Obrador.

Resguardados bajo unos toldos de plástico, acostados en colchones o cartones, exigen que se cumplan diversas reivindicaciones.

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Pero no son las únicos inconformes en el plantón de Palacio Nacional. Hay personas que llegaron desde Nayarit para exigirle al gobierno iniciar una negociación sobre el pago por los terrenos agrícolas en los que se construyó la autopista de Tepic a Nayarit.

Otro grupo procede del estado de Puebla y pide justicia por los casos de asesinatos de líderes sociales como Manuel Gaspar (activista de Cuetzalan que se oponía a proyectos de minería abierta y que fue ejecutado en mayo de 2018) o Antonio Esteban (defensor muerto a tiros en Cuauhtapanaloyan en 2014).

También está Aracely Cruz y otros representantes de su comunidad en Chiapas, que dicen que no van a marcharse hasta que el Ejecutivo acepte sus demandas: justicia, desarticulación de los grupos armados y retorno seguro.

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Por el momento, solo han mantenido un encuentro con el subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración, Alejandro Encinas. Según la propia Aracely, éste les prometió revisar su caso, aunque hasta el momento no han visto avances. Animal Político trató, sin éxito, de obtener la versión de la subsecretaría.

A Aracely Cruz no le tiembla la voz al recordar aquella jornada de hace tres años en la que la vida dejó de ser lo que había conocido hasta el momento. “Estaba en mi casa con mi familia cuando llegaron los grupos armados. Nos agredieron con piedras, palos, armas de fuego. Algunos lograron huir, otros no y nos quedamos encerrados en la casa”, dice.

Aquel día mataron a su padre en su propia casa. También a Adriana, una niña de 12 años. Aunque ella estaba ahí junto a otros familiares, dice que no pudieron sacar a su padre y llevarlo a un centro médico “porque los paramilitares habían tapado todos los accesos”.

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Las publicaciones de la época hablan de un “enfrentamiento” entre partidarios de la entonces presidenta municipal, Rosa Pérez Pérez; y seguidores de Miguel Santiz Álvarez, quien ejerció como alcalde sustituto de Chenalhó. La versión de Aracely, sin embargo, es diferente. “Era un grupo de entre 40 o 50 personas, armados, encapuchados”, dice.

La mujer señala a la antigua alcaldesa como responsable directa, pero también al exgobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, y a Eduardo Ramírez Aguilar, los dos senadores en activo.

“Los dos estaban en el comité del Partido Verde Ecologista y ese día estuvieron a favor de la presidenta”, afirma Aracely.

“Ese día, hace tres años, salimos de nuestras comunidades, robaron nuestras cosas, quemaron nuestras casas”, lamenta la mujer.

Recuerda además que, tras el ataque, los 238 desplazados se fueron a Chenalhó, donde se refugiaron en la casa de Cultura. Nueve meses aguantaron hasta que, nuevamente, se repitieron las amenazas. Desde entonces están en San Cristóbal de las Casas.

“No podemos salir de ahí, no podemos trabajar porque estamos amenazados por los grupos armados que operan en Chenalhó”. Según relata, viven en un campamento, “en casitas de granjas de pollo”.

Aracely Cruz lamenta el abandono por parte de las instituciones. Dice que la anterior administración, la liderada por Enrique Peña Nieto, siempre ignoró sus peticiones. “El gobierno anterior nunca nos tomó en cuenta. No tuvo la capacidad de apoyarnos. Somos gente indígena. No resolvió nuestros problemas”, afirma.

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Al hablar sobre sus viviendas abandonadas llega la nostalgia. “Allí crecimos, allí tenemos nuestra cultura, nuestras posesiones, hoy cumplimos tres años de nuestro desplazamiento forzado”, dice, mientras se suma a una marcha que este domingo 26 de mayo partió desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo.

“Tenemos nuestras comunidades abandonadas porque ahí siguen los grupos paramilitares. Exigimos cárcel para ellos”, afirma. “Es gente del pueblo. Siguen viviendo ahí felices con sus familias”, asegura.

La pregunta es obvia: ¿conoce los nombres de las personas que mataron a su padre? “Sí”, asegura.

No sólo eso. Dice que hay órdenes de captura en contra de esas personas pero, hasta el momento, no han sido cumplimentadas.

“No han sido detenidos, se ejecutaron órdenes de aprehensión, pero los asesinos no están en la cárcel”.

La joven dice no tener miedo por señalar a quienes, según su versión, apretaron el gatillo y mataron a su padre. “No tengo miedo. No hemos hecho nada. Son ellos los que nos hicieron el daño. Nos agredieron ese día, vamos a seguir luchando hasta encontrar justicia”, asegura.

Después de una semana, Cruz López afirma que no tiene intención de levantar el plantón hasta que no se resuelva su demanda. Y muestra su confianza en López Obrador y en el actual gobernador de Chiapas, Rutilio Escandón. “Les pedimos que nos apoyen, que resuelvan nuestros problemas. Confiamos en ellos, les dimos el voto, pedimos que nos resuelvan el problema”, insiste.

“Exigimos justicia para nosotros como desplazados. Tenemos derechos”, dice la mujer. Volver a casa sigue siendo su principal objetivo. Mientras, duerme bajo un toldo de plástico frente al palacio presidencial.

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"Neijuan": la generación que se rebela contra los ideales del trabajo duro y el éxito en China

Muchos en China están manifestando el deseo de liberarse de la definición estándar del éxito a través de nuevas expresiones que reflejan la frustración que sienten.
19 de junio, 2021
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En China, la loca carrera competitiva empieza casi desde el minuto en que naces y va desde poder entrar a una buena escuela hasta lograr un empleo prestigioso. Pero ahora, millones de personas quieren liberarse de ese ciclo, con dos palabras que dejan entrever la frustración que sienten las generaciones más jóvenes.

Cuando Sun Ke se graduó de la universidad en 2017, se fue a Shanghái en busca de un sueño compartido por muchos de su generación -una buena carrera, un auto y hasta una casa.

El joven de 27 años no esperaba que fuera muy difícil. Sus padres lograron empezar de cero por su cuenta y ahora son dueños de varias propiedades en su lugar de origen, un pequeño pueblo cerca de Shanghái.

Sin embargo, cuando empezó su propio negocio de restaurantes en 2018, Sun Ke pronto se dio cuenta de que las grandes franquicias y plataformas de servicio a domicilio ya dominaban el mercado. Había llegado tarde a esa competencia.

“Para competir con otros con aplicaciones de servicio a domicilio, mi socio y yo tuvimos que sacar dinero de nuestros propios bolsillos, no cobrar la tarifa de la entrega y darles descuentos a los clientes. Y los que siguen haciendo el dinero son esas grandes franquicias”.

Después de dos años, terminó perdiendo más de un millón de yuanes (poco más de US$155.000). A finales de año pasado, cerró el negocio por completo.

Trabajadores pendulares curzan una calle en Pekín durante la hora de alta congestión

Getty Images
China es un lugar donde unos 600 millones de personas tiene un ingreso mensual que escasamente llega a los 1.000 yuanes (US$154).

Dice que su experiencia es un caso típico de “involución” en la China actual.

La generación involucionada

El término antropológico original “involución” (o neijuan en chino, literalmente traducido como enroscar) se refiere a un concepto social según el cual el crecimiento de la población no resulta en productividad ni mejoras de innovación.

Hoy día, el término se usa ampliamente para expresar una sensación de agotamiento.

La tendencia empezó en los campus de las universidades de élite del país con la publicación de imágenes de estudiantes que llevaban el trabajo duro a tal extremo que se volvieron virales en internet el año pasado.

En una de las fotos, un estudiante de la Universidad Tsinghua utilizaba su computador portátil mientras montaba en bicicleta.

El estudiante fue coronado como el “rey involucionado de Tsinghua” y la idea de la involución empezó a calar en toda la joven generación de China, con especial eco en los millennials, en los nacidos después de los 90 y en la llamada generación Z.

En Weibo, la mayor red social del país, las etiquetas relacionadas a la involución se han visto más de mil millones de veces. También se incluyó en un popular ranking de las 10 palabras más en boga del año pasado.

Un estudiante de la Universidad Tsinghua opera su computador portátil mientras monta en bicicleta.

Weibo
En una de las fotos, un estudiante de la Universidad Tsinghua utilizaba su computador portátil mientras montaba en bicicleta.

“Los jóvenes siguen sintiendo que si no trabajan duro o participan en competencias serán rechazados por la sociedad, pero no ven un avance a pesar de sus repetidos esfuerzos”, indicó el profesor Biao Xiang, de la Universidad de Oxford.

“La generación de nuestros padres tuvo sus desafíos, pero también sus oportunidades. Todo era nuevo. Siempre y cuando tuvieran ideas y valor, tenían muy buenas probabilidades de éxito”, dice Sun Ke.

El concepto no es exclusivo de China. Se podría decir que la mayoría de países desarrollados tuvieron una generación que vivió durante un período de bonanza.

Pero la diferencia clave es que, en China, esa “época dorada” ha transcurrido tan rápido que todavía está fresca en el recuerdo de la gente.

Eso significa que los de la generación joven, como Sun Ke, han sido testigos del éxito de sus padres, viéndolos acumular su patrimonio de la nada.

“Sus padres o algunos vecinos que son apenas 10 años mayores que ellos podían cosechar todas esas ganancias simplemente entrando en este negocio, pero esa ventana ya se cerró, ya no les queda esa posibilidad”, indica la doctora Fang Xu, catedrática de la Universidad de California en Berkeley.

Frustración con los ricos

Actualmente, China tiene el segundo mayor número de multimillonarios en el mundo. Pero también es el hogar de unos 600 millones de personas cuyo ingreso mensual es a duras penas 1.000 yuanes (US$154).

Esa enorme disparidad ha generado un resentimiento creciente de los jóvenes hacia sus empleadores.

También ha aumentado la sensación entre la juventud de que los de arriba no entienden sus dificultades.

Su Mang, una empresaria y exeditora en jefe de la revista de moda Harper´s Bazaar China, fue duramente criticada después de decir que la involución es “la brecha entre el deseo propio y la pereza”.

Se disculpó después, pero el daño ya estaba hecho.

“Si los jefes pudieran solidarizarse con la gente que trabaja para ellos, el ‘996’ no existiría y tampoco la involución”, comentó un usuario, en referencia a la cultura en el mundo empresarial de China de trabajar de 9am a 9pm, 6 días a la semana..

“Los capitalistas deberían cerrar la boca”, escribieron otros.

El fundador de Alibaba, Jack Ma durante una conferencia el 5 de septiembre de 2018 en Hangzhou, China.

Getty Images
El multimillonario Jack Ma es un promotor de la cultura 996.

El multimillonario Jack Ma era un promotor de la cultura 996, la que llamaba una “bendición”. Esa postura, además de las investigaciones que le hicieron a su compañía Alibaba, hicieron caer su reputación.

“Acuéstate”, una opción prohibida

Pero ahora ha surgido un nuevo concepto: el de “acostarse” o tang ping en mandarín.

Empezó después de que el usuario de un foro dijera que aunque no había estado trabajando durante los últimos dos años, él no lo veía como un problema, en clara contradicción con la definición tradicional del éxito en China.

Sostuvo que no había necesidad de seguir los ideales de la sociedad.

“Solo acostándose se puede lograr ser la medida de todas las cosas”, escribió, y así nació el concepto de “acostarse”.

La idea detrás de tang ping -no trabajar demasiado, estar satisfecho con metas asequibles y permitirse el tiempo para relajarse- ha sido elogiada por muchos y ha inspirado numerosos memes. Ha sido descrita como un movimiento espiritual.

El profesor Xiang de Oxford sugirió que estas tendencias muestran el deseo de la joven generación de “abandonar competencias sin sentido” y la necesidad de reconsiderar los antiguos modelos de éxito.

Muchos jóvenes chinos se han hecho eco de la idea de abandonar esta carrera loca, pero los expertos indican que podría ser difícil que este concepto tenga una amplia aceptación, pues las autoridades podrían determinar que va en contra de los valores socialistas.

En un discurso de 2018, el presidente de China, Xi Jinping, dijo que la nueva era “pertenece a aquellos que trabajan duro” y que “la felicidad solo se puede lograr a través de grandes emprendimientos“.

Motociclistas que hacen despachos a domicilio esperan a que les lleguen los pedidos en una calle en Shanghái

Getty Images
Motociclistas que hacen entregas a domicilio esperan a que les lleguen los pedidos en una calle en Shanghái.

Los medios estatales también han reaccionado negativamente contra el concepto de “acostarse”.

En un artículo publicado en el Guang Ming Daily, un diario que se especializa en asuntos culturales, su autor criticaba a los “acostados” por el daño que le hacían a la economía del país y a la sociedad en general.

En otro comentario de opinión en el Danfang Daily, el columnista tildó la última tendencia de “injusta y vergonzosa”.

No obstante, la doctora Xu señala que no cree que estas tendencias vayan a desaparecer.

“Tristemente diría que en los próximos cinco a diez años será así, porque no hay grandes evoluciones tecnológicas en el ámbito industrial, de manera que no hay nuevos campos que puedan explorar”.

Metro en China

Getty Images

“El resultado es que la involución continuará”.


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