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Diagnostican caos en la extinta PGR: 95% de impunidad, 21 mil órdenes sin cumplir, 300 mil casos rezagados

Un diagnóstico oficial encontró posibles hechos de corrupción en la PGR, compras injustificadas o con sobrecostos y desorganización en áreas clave como la policía y los peritos.
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La Procuraduría General de la República (PGR), reemplazada en enero pasado por la Fiscalía General, terminó colapsada. Su función más elemental, investigar y resolver delitos, no la cumplió en el 95% de los casos que indagó. 

Tampoco cumplimentó más de 21 mil órdenes de aprehensión giradas por jueces en contra de posibles delincuentes, y dejó en el rezago 300 mil expedientes abiertos sin ningún tipo de resolución.

Un diagnóstico oficial encontró, además, posibles hechos de corrupción en la institución, compras injustificadas o con sobrecostos (entre ellas la de un avión de lujo con capacidad de vuelos trasatlánticos) y desorganización en áreas clave como la policía y los peritos. Por estos hechos se han iniciado ya auditorías internas que podrían derivar en acusaciones contra exfuncionarios.

Se trata de los principales resultados de la evaluación presentada por el fiscal General Alejandro Gertz Manero con motivo de los primeros 100 días de su gestión, los cuales se enmarcan dentro del periodo de un año que tiene el fiscal para diseñar un plan que permita transformar la antigua PGR en una Fiscalía General autónoma plenamente funcional.

A continuación Animal Político detalla los principales hallazgos del informe presentado por el fiscal general así como las primeras acciones que se están poniendo en marcha. Además se anunció la próxima presentación de un paquete de reformas cuyo objetivo es dar celeridad al sistema de justicia y favorecer la reparación del daño. Entre ellas la de la creación de un nuevo Código Penal donde no prescriban delitos graves.

Impunidad, rezago y desorganización

De acuerdo con el informe la PGR dejó un “rezago injustificado” de más de 300 mil averiguaciones previas y carpetas de investigación abiertas sin resultado alguno. Esta situación se vio favorecida por la falta de control y nulo seguimiento del progreso de las denuncias, y por una pésima distribución de casos al haber agentes del MP que tenían cada uno mil expedientes abiertas, mientras que otros no tenían asignada una sola investigación.

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Ello también explica el hecho de que apenas el 5% de todos los asuntos tramitados terminó en una sentencia definitiva. Dicho de otra forma: el 95% de los casos terminaron impunes.

“No había control alguno sobre los tiempos máximos para integrar las investigaciones, ni para identificar atrasos en las averiguaciones previas y carpetas, por lo que las denuncias podían quedarse meses o años, sin determinarse” señala el análisis.

A ello se suman 21 mil órdenes de aprehensión giradas por jueces federales que tampoco fueron cumplimentadas por la policía ministerial de PGR, así como tres mil dictámenes rezagados por parte del área de Servicios Periciales.

Para atender esta situación el fiscal dijo que se puso en marcha un modelo único de Oficialía de Partes para atender de forma estandarizada cada caso que llega a la institución y se puso en marcha un análisis de cargas de trabajo para redistribuir de forma más eficiente el rezago de asuntos.

“A partir de mayo todas las actividades del Ministerio Público en carpetas de investigación y en procesos tendrán nombre y apellido del responsable para así ser evaluados. Se creó exprofeso un programa de operación y seguimiento de la acción penal para detectar atrasos y desviaciones” dijo el fiscal Gertz.

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Animal Político solicitó al fiscal conocer una fecha estimada para abatir el rezago de las 300 mil expedientes abiertos pero no lo precisó.

Policías que no investigan y “anarquía administrativa”

El diagnóstico arroja que la PGR contaba con 4 mil elementos de policía federal ministerial, cifra que es insuficiente para la carga de trabajo. La situación es peor si se toma en cuenta que cerca de 800 de esos elementos no eran utilizados para investigar o cumplimentar órdenes judiciales, sino como escolta de funcionarios, exfuncionarios, políticos, entre otros.

Animal Político publicó en octubre del año pasado que la PGR había perdido a la mitad de los agentes con  los que llegó a contar para indagar delitos.

El diagnóstico destaca que en la dependencia existía una “evidente anarquía administrativa” con áreas no prioritarias con exceso de persona subutilizado o desperdiciado, mientras que había otras con “seria escasez de personal”. Había lo que califica como un “número desproporcionado de funcionario de alta jerarquía” y numerosas plazas eventuales con fines poco claros.

Para tratar de revertir estos problemas el fiscal dijo que 320 policías asignados como escoltas ya fueron reintegrados a tareas de investigación y en breve se hará lo mismo con el resto.

Por otro lado se suprimieron más de mil plazas de alto nivel categorizadas como “inútiles o injustificadas” y se reubicaron a servidores públicos en áreas prioritarias de atención a víctimas e investigación.

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Compras dudosas: sobrecostos y posible corrupción

El informe detalla que no había control alguno sobre el gasto corriente autorizado para la institución el cual se “aplicaba de forma anárquica y con un despilfarro evidente en gastos no justificados o inútiles en múltiples conceptos, desde viáticos hasta la adquisición de diversos bienes”. Ello además favoreció posibles hechos de corrupción.

Por ejemplo, se identificó que en octubre de 2013 la PGR adquirió un avión Bombardier Challenger 605 transcontinental con un precio de 19.5 millones de dólares, cuando su precio real señalado en sistemas de valuación internacional era de 15.5 millones. Ello sumado a su dudosa utilidad para funciones de la Procuraduría.

Se identificó una inversión de más de mil millones de pesos entre 2013 y 2015 para adquirir, operar y mantener aeronaves no tripuladas (drones) mediante adjudicaciones directas, sin estudios que justificasen su necesidad ni informes de resultados para medir su efectividad en tareas de investigación.

A ello se suma que la PGR contaba con una flota terrestre de más de 4 mil vehículos, muchos de ellos unidades blindadas para “uso de altos funcionarios y de sus allegados”. Y también la venta injustificada de seis edificios propiedad de la institución que terminaron siendo utilizados para otros fines, lesionando el patrimonio de la misma.

“Los gastos de Seguridad Pública se aplicaron de forma irracional y sospechosa, sin mecanismos de supervisión adecuados, lo que provocaba que el presupuesto se ejerciera de materia discrecional e inexplicable” señala el informe.

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Entre las acciones tomadas para revertir este punto se anunció la reducción del 74% de toda la flotea aérea de la PGR constituida por 35 helicópteros y 17 aeronaves. Se conservaron las aeronaves que son utilizadas únicamente para tareas sustantivas.

“Y en los casos de compras millonarias de aeronaves y drones sin justificar, o a altos precios, se han iniciado auditorías administrativas y técnicas a los contratos, analizado sus costos y legalidad. También se están revisando los contratos de adquisición de vehículos blindados a fin de determinar si existen irregularidades” dice el informe.

Código Penal nuevo con delitos graves que no prescriban

El informe presentado por el fiscal sostiene la necesidad de cambiar de forma “permanente e irreversible” las estructuras del sistema de procuración de justicia del país. Lo anterior a través de un paquete de reformas legales que próximamente se someterá a consideración del Congreso.

Entre ellas se anunció el proyecto de una nueva Ley Nacional de Cultura y Justicia Cívica cuya aplicación se encuentra en una fase de previa y que según el diagnóstico contribuiría a prevenir conductas delictivas de mayor gravedad, además de favorecer una rápida reparación del daño y por ende una justicia expedita.

Otra de los proyectos que se preparan está encaminado a la creación de un nuevo Código Penal para el país que, entre sus innovaciones, establezca que los delitos graves no tengan fecha de prescripción para favorecer su combate. No se precisó si sería un código penal único para todo el país o solo a nivel federal.

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#YoSoyAnimal

Así canalizamos nuestras obsesiones en redes sociales (y por qué se nos puede ir de las manos)

Los comportamientos compulsivos en las redes sociales pueden salirse de control cuando tienes acceso a internet las 24 horas del día. ¿Cómo podemos evitar perdernos en el empeño de observar a otros de forma compulsiva e incontrolada?
19 de julio, 2019
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¿Es una pasión o una obsesión? A veces, la delgada línea entre una y otra puede ser difícil de distinguir cuando se trata de internet.

Pero pregúntate: ¿has buscado alguna vez a un ex en las redes sociales y te has encontrado mirando la pantalla tres horas después, todavía viendo fotos de esa persona y de su nueva pareja?

Tener una computadora en el bolsillo y acceso a Twitter e Instagram las 24 horas, puede hacer difícil manejar nuestras compulsiones.

La psicóloga social y presentadora de la BBC, Aleks Krotoski, explora cómo los comportamientos obsesivos pueden salirse de nuestro control.

Celos retroactivos

Hombr triste mirando el teléfono

Getty Images
Las redes sociales pueden amplificar nuestras compulsiones.

Cuando Zach Stockill era adolescente se enamoró.

Pero pronto desarrolló una obsesión insana con el pasado de su novia, a pesar de que nunca se había obsesionado antes con nadie o nada.

No era una persona celosa ni tampoco le preocupaba que le engañaran en aquel momento, pero un simple comentario de pasada sobre un ex activaba un interruptor en su cerebro.

“Esto es lo que me hacía volverme loco”, dice Zach.

“Básicamente, me obsesioné con los pequeños detalles sobre su pasado; tenía mucha curiosidad sobre qué había pasado en su vida romántica antes de conocerme”.

“También acechaba su perfil de Facebook”, cuenta. “¿Dónde se enmarca esta persona? ¿Quién sale en esa foto? ¿Qué significa ese comentario?”.

Zach se encontró en un bucle de curiosidad sobre el pasado de su pareja del que le era enormemente difícil escapar.

Intentaba calmar sus celos retroactivos buscando compulsivamente respuestas online, pero esto no hacía más que alimentar a la bestia.

Acoso cibernético

Ojo humano

Getty Images
Espiar es siempre espiar, pero mucha gente puede sentir que es algo diferente si lo están haciendo online.

El acoso cibernético es la forma que toma el acoso (el seguimiento no buscado de alguien) en el mundo digital, que tiene lugar solo en Internet y se ve facilitado completamente por la tecnología.

Stina Sanders es una periodista que escribe sobre su uso de las redes sociales.

Cuando su pareja la dejó sin explicación alguna hace seis años, empezó a monitorear de forma obsesiva sus cuentas en las redes sociales para intentar entender el porqué.

“Nunca realmente pude cerrar el tema de por qué me dejó”, dice Stina. “Así que mi única forma de hacerlo era observar online su nueva vida con su nueva pareja”.

Esto se convirtió en una obsesión, y a pesar de que rompieron hace años, ella todavía visita sus perfiles de Instagram, Facebook y Twitter.

“Con frecuencia miro las redes sociales de mi ex para ver en qué anda, y también para ver con quién sale y ver qué tiene ella que yo no tenga”.

Este tipo de acoso cibernético es más común de lo que quizás piensas.

Según las investigaciones llevadas a cabo por Veronika Lukacs, de la Universidad de Toronto, nueve de cada 10 personas entran en el perfil de Facebook de su ex.

El ciberacoso es más fácil porque nadie te ve

Una mujer viendo una pantalla

Getty Images
¿Actuarías de la misma manera si no pudieras mantenerlo en secreto?

Estas investigaciones también revelaron que alrededor del 70% de las personas admitieron ver el perfil de sus ex a través del perfil de un amigo en común, incluso si los habían bloqueado o los habían borrado de la lista de amigos, encontrando una forma encubierta de hacerlo.

Stina dice que creó un perfil falso para poder seguir a su ex y a la nueva pareja de este, “y nunca lo sabrán”.

Emma Short, psicóloga y directora del Centro Nacional de Investigación sobre el Ciberacoso en la Universidad de Bedfordshire, explica cómo Internet nos permite mantenernos escondidos, viendo cómo todo lo demás va sucediendo sin ser parte de ello.

Este distanciamiento nubla nuestro juicio sobre los límites.

Observar a la gente no es malo en sí mismo, pero las redes sociales nos permiten observar más a la gente: más de lo que deberíamos y más de lo que admitimos.

Ahora es posible continuar con comportamientos obsesivos sin interrupción, de una forma que puede parecer obsesiva en otro contexto.

Puedes ver el perfil de un ex cien veces al día, y seguir con tu vida normal: encontrarte con amigos, actuar con normalidad, aparentar que te cuidas… no hay ninguna señal externa de que algo va mal.

Pero si aparecieras en la puerta de la oficina de tu ex y miraras por la ventana ocho oras al día, sería muy distinto.

Tenemos acceso a información como nunca antes

Cuatro jóvenes con sus teléfonos

Getty Images
¿Sabes quién sigue tu rastro en las redes sociales?

Las redes sociales brindan una ventana a la vida de otra persona y ofrecen una gran cantidad de información que simplemente no estaba disponible antes.

Los detalles que ponemos online, cuando decimos que vamos al cine con esta persona, o estamos “en una relación” con esta otra, crean una mina de oro de indicios y posibilidades.

Para alguien con celos retroactivos, la tentación de lanzarse al pasado de su pareja puede ser demasiado grande.

En el pasado, tras una ruptura, un ex no tenía las mismas oportunidades para vigilar a la otra persona, pero ahora es muy fácil.

La comediante Andrea Hubbert dice que cuando ella tenía veintitantos años, su compañero le hizo “ghosting”: la dejó y luego ignoró completamente sus intentos de establecer contacto, actuando como si ella nunca hubiera existido.

Ella se convenció de que él estaba viendo a alguien nuevo y, tras la ruptura, comenzó a acosarlo obsesivamente online; una y otra vez entraba en sus perfiles.

“Cuando no hay nada que te detenga, puedes mirar el perfil de otra persona sesenta, setenta veces al día”, dice Andrea.

“Una forma muy sutil de hacerse daño”

Una mujer triste con un teléfono

Getty Images
¿Por qué llevarías a cabo una actividad que te hace daño?

Andrea dice que podría no parecer particularmente dañino el mirar algo en internet, pero “te estás socavando a ti misma”. “Es una forma extremadamente sutil de hacerse daño”.

Ella tenía muy claro que la tristeza que sintió después de la ruptura estaba siendo magnificada por su comportamiento en las redes sociales.

“Estás buscando algún tipo de certeza para detener el dolor que sientes, pero nunca encontrarás las respuestas que estás buscando”, explica.

La psicóloga Emma Short está de acuerdo en que el ciberacoso y otros comportamientos obsesivos online tienen un efecto negativo en la salud de quienes los practican.

Introducen a la víctima en un comportamiento repetitivo que no tiene ninguna o escasa recompensa: “No estás obteniendo una comunicación recíproca positiva. Para seres sociales, eso no es bueno”, dice Emma.

Además, poner tanta energía en algo y no obtener nada a cambio “no va a aumentar tu autoestima”, concluye.

¿Qué podemos hacer si creemos que tenemos un problema?

Manos con teclado

Getty Images
Siempre es mejor hablar.

Una de las cosas importantes que se desprenden de las últimas investigaciones es que cuando las personas sienten que están perdiendo demasiado tiempo investigando a otros en internet, o si se sienten culpables por su comportamiento, deben hablar de ello.

“Habla con tus amigos”, dice Emma. “Hay ayuda profesional para la gente que siente que sus vidas se han visto tan interrumpidas que están atascadas”.

Zach asegura que se dio cuenta de que el problema era totalmente suyo y de que las redes sociales estaban haciendo las cosas “mucho, mucho peores…”.

“Si tenía alguna oportunidad de recuperarme, sabía que tenía que dejar de usar estas plataformas más temprano que tarde”, afirma.

Redujo su tiempo en internet y fue extremadamente disciplinado para no observar secretamente a sus ex en las redes sociales.

“Necesitas ser lo suficientemente fuerte como para resistir esa tentación”, dice.

Andrea asegura que sabía que en el futuro tendría que hacer las cosas de manera diferente: en las rupturas posteriores, cortó deliberadamente todo contacto online porque no quería que nunca más el sentimiento de rechazo la hiciera comportarse de manera obsesiva.

Ella dice que tras “reconocer que era una pendiente resbaladiza”, desde entonces nunca ha mirado el perfil de un ex en las redes sociales.


Esta pieza ha sido adaptada del programa de radio de la BBC “The Digital Human” (El humano digital), de Aleks Krotoski.

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