Diputados dan luz verde a las cuatro leyes para la operación de la Guardia Nacional
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Diputados dan luz verde a las cuatro leyes para la operación de la Guardia Nacional

Los legisladores ratificaron el paquete de leyes, previamente aprobado por los senadores, que incluye la ley orgánica de este nuevo cuerpo de seguridad, el uso de la Fuerza, el Registro Nacional de Detenciones y del Sistema de Seguridad Pública.
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23 de mayo, 2019
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El Pleno de la Cámara de Diputados aprobó en lo general las cuatro leyes reglamentarias para la operación de la Guardia Nacional en el país, por lo que pasará al presidente para su promulgación.

Los legisladores ratificaron el paquete de leyes, previamente aprobado por los senadores, que incluye la ley orgánica de este nuevo cuerpo de seguridad, sobre el uso de la Fuerza, del Registro Nacional de Detenciones y del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

La Ley de Uso de la Fuerza: ¿Qué reglas contiene y qué derechos deja fuera?

La ley orgánica, aprobada con 427 votos a favor, 3 en contra y 0 abstenciones, define a la Guardia como una institución de seguridad pública, de carácter civil, adscrita como órgano administrativo desconcentrado de la Secretaría de Seguridad y protección Ciudadana, y contempla funciones, estructura jerárquica, la creación de una carrera para ingresar, así como profesionalización y evaluaciones periódicas a los integrantes.

La del uso de la Fuerza, que obtuvo 397 votos a favor, 6 en contra y 26 abstenciones, regulará el actuar de las instituciones de seguridad pública, así como de las Fuerzas Armadas que participen en estas tareas. Establece normas para el uso de armamento, principios para el uso de la fuerza con perspectiva de derechos humanos, la prohibición de uso de armas en manifestaciones o reuniones pacíficas, así como protocolos de actuación.

En el caso de la Ley Nacional del Registro Nacional de Detenciones, que pasó con 425 votos a favor y 3 en contra, busca regular un banco de datos actualizado que permita identificar y localizar a las personas de manera inmediata tras su captura , ya sea por un delito o por una infracción administrativa; contempla que la Secretaría de Seguridad opere y administre este registro, que se documente cada detención realizada y que se inicie un sistema de consulta para la población.

En cuanto a la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública, aprobada con 421 votos a favor y 2 en contra, modifica las bases para un nuevo modelo de formación policial y precisa que la operación de la Guardia Nacional se base en una doctrina civil, que se inicie un Sistema Nacional de Información consultable y reconoce al 911 como el número único para denuncia de emergencias a nivel nacional.

Por mayoría, los legisladores desecharon reservas presentadas contra el paquete de leyes.

La diputada independiente Ana Lucía Riojas votó en contra de los cuatro dictámenes y propuso reservas a los artículos de todas las leyes, con el objetivo de “evitar que el régimen militarista no deje a la ciudadanía en completo desamparo”.

Xochitl Nashielly Zagal Ramírez, diputada de Morena, también presentó reservas al dictamen la Ley Nacional sobre el Uso de la Fuerza, para proponer que se eliminara la frase “con objeto lícito”, con el objetivo de no criminalizar las manifestaciones en el país, sin embargo fue rechazada para su discusión.

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Leyes atentan contra la libre manifestación: ONU

La representación de la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH) expresó a la Cámara de Diputados su preocupación por las leyes secundarias, pues considera que pueden atentar contra la libertad de manifestación.

En una carta enviada a la Mesa Directiva de la Cámara Baja, el organismo señaló que se mantiene una perspectiva de “control de multitudes”, y no la de garantizar el derecho a la manifestación y en caso de que haya violencia, proteger a las personas.

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Además, manifestó su preocupación sobre los dictámenes que pueden calificar a las protestas o manifestaciones de “objeto lícito”, lo que sería contrario al derecho a la libertad de expresión y reunión.

Insistió en que se puede poner en riesgo la vida e integridad de las personas al autorizar el uso de armas de fuego, cuando no se reúna el requisito de licitud de las manifestaciones.

Incluso señaló su inquietud por la regulación de supuestos de muerte derivada solopor el uso de la fuerza letal y no por el empleo de otros medios, como la fuerza física.

Calificó como una regulación “insuficiente e inconsistente del principio de proporcionalidad y uso diferenciado de la fuerza”, sin que quede claro cómo los agentes armonizarán o priorizarán la aplicación de todas las normas relativas al uso de la fuerza en sus funciones.

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Sobre la rendición de cuentas y vigilancia, dijo que la obligación de dar informes anuales limitados es contemplada en las leyes solo para personas fallecidas, pero no en caso de lesiones.

El organismo también cuestionó que se omita la inclusión de un observatorio independiente sobre el monitoreo del uso de la fuerza, medida ordenada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

También menciona que se omiten aspectos fundamentales, en cuanto a responsabilidad,  como la responsabilidad directa; por omisión y la que tienen los distintos mandos por las acciones de sus subordinados.

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Qué es el Síndrome de Ulises y cómo afecta a los migrantes

La sintomatología de este síndrome que padecen muchos migrantes puede confundirse con depresión o estrés postraumático y no tratarse bien.
6 de agosto, 2022
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“No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza”, decía el poeta argentino Juan Gelman.

Sin embargo, en el mundo hay alrededor de 281 millones de migrantes internacionales (el 3.6 % de la población), según los datos de 2020 de la ONU.

Hay quienes emigran porque así lo desean, pero también quienes se ven obligados a ello. A finales de 2019, las personas desplazadas a la fuerza eran más de 79.5 millones según ACNUR.

Sea algo elegido o no, los migrantes, con las raíces a miles de kilómetros, puede que nos sintamos como decía Gelman: como una “planta monstruosa”. Y habrá circunstancias en nuestra llegada a destino que suavizarán esa condición o la empeorarán.

Y esto, sin duda, puede repercutir en nuestra salud mental.

En la frontera entre la salud mental y el trastorno

El psiquiatara español Joseba Achotegui trabaja con temas relacionados con migración en la Asociación Mundial de Psiquiatría, de la que es secretario. A partir de 2002 empezó a ver que algo cambiaba. “Se cerraron las fronteras, empezaron políticas más duras contra la migración, la gente dejó de tener acceso a papeles, había una enorme lucha por la supervivencia”, cuenta a BBC Mundo.

Y esto se reflejó en cómo acudían los pacientes a su consulta: “Estaban indefensos, asustados, sin poder salir adelante”.

En concreto, vio que muchos migrantes que viven situaciones difíciles presentaban “un cuadro reactivo de estrés muy intenso, crónico y múltiple”.

Achotegui le puso nombre: Síndrome de Ulises.

Aclara el psiquiatra que esto no es una patología, ya que “el estrés y el duelo son cosas normales en la vida”, pero sí remarca la peculiaridad del síndrome que deja al migrante, de nuevo, en la frontera. Pero esta vez entre la salud mental y el trastorno.

Duelo migratorio vs. síndrome de Ulises

Normalmente asociamos la palabra “duelo” al sentimiento tras las muerte de un ser querido. Los psicólogos lo relacionan con cualquier pérdida que tenga el ser humano, como dejar un trabajo, la separación de una pareja o cambios en nuestro cuerpo.

“Cada vez que experimentamos un pérdida, tenemos que acostumbrarnos a vivir sin eso que teníamos y adaptarnos a la nueva situación. Es decir, hay que elaborar un duelo”, explica la psicóloga experta en duelo migratorio Celia Arroyo.

Así, el duelo migratorio está asociado a este gran cambio en la vida de una persona. Pero tiene características que lo hacen especial, ya que es un duelo “parcial, recurrente y múltiple”.

Paisaje de Caracas

Getty Images
Se puede sufrir duelo por el habla, las costumbres… O por el paisaje.

Parcial porque no es una pérdida total como ocurre con la muerte de alguien; recurrente porque con cualquier viaje, comunicación con el país o echar un simple vistazo a una fotografía en instagram puede reabrirse; y múltiple porque no es solo una cosa la que se pierde, sino muchas.

Joseba Achotegui agrupó estas pérdidas en 7 categorías. La más evidente suele ser la pérdida de la familia y los seres queridos. También está la pérdida de estatus social, algo que, dice Arroyo, suele pasar por la condición de migrante pero si, además, “el país de origen es xenófobo, supone una gran adversidad”.

Otro duelo que el migrante pasa es el de la pérdida de la tierra. Por ejemplo, extrañar un paisaje montañoso o los días llenos de sol.

Se suma el duelo del idioma, que será más fuerte en la medida en que se migre a un país con otra lengua. Puede ser una verdadera barrera para, por ejemplo, hacer un trámite burocrático y mandar un simple correo electrónico.

Por último, está la pérdida de los códigos culturales, que puede significar algo tan sencillo como no tener con quién “echar un pie” y bailar salsa o con quien compartir un mate.

Y, asociado a esto, y como último duelo, está la pérdida de contacto con el grupo de pertenencia, con aquellos con quien podemos hablar en los mismos códigos, que entenderán nuestros modismos y forma de ver la vida.

El síndrome de Ulises es cuando, además de tener que pasar estos siete duelos normales para un migrante, se hace en condiciones difíciles, explica Achotegui.

Ilustración persona migrante con preocupaciones a su alrededor.

BBC MUNDO
Hay varios detonantes que pueden estresar a una persona en el país de acogida.

Cuáles son los detonantes

“Cuando hay dificultades o se rechaza a la persona en la sociedad de acogida puede darse este síndrome”, explica Guillermo Fauce, profesor de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y presidente de Psicología sin Fronteras.

No es lo mismo llegar a un país nuevo con un trabajo ya estable que sin nada en firme; tener o no un techo y comida asegurados, entrar ya con visa o con un estatus legal por definir. Tener o no ciertas condiciones suma puntos y estrés.

El rechazo que puede tener más impacto es no tener papeles o no poder acceder a determinados recursos”, dice el psicólogo.

A su vez, Achotegui explica que esta situación hace que los migrantes no puedan salir adelante y genera tensión y problemas de supervivencia, otro detonante más.

Al coctel puede sumarse el no tener personas a nuestro alrededor que nos brinden apoyo, no solo material (donde vivir, comer, dormir), sino también emocional. “Muchos migrantes sufren situaciones de soledad, están aislados”, remarca Achotegui.

Fauce señala que también hay un apoyo simbólico que, de no darse, es otro detonante más. Se trata de que el entorno del migrante entienda y reconozca su condición, “que está pasando por un situación complicada, transitando muchos duelos y que se le permita un periodo de transición en la sociedad de acogida”.

Dos hombres en una fiesta.

Getty Images
Los expertos recomiendan hacer lazos con nuestra comunidad pero también con la sociedad de acogida.

A veces puede pensarse que “lo peor” ha pasado tras cruzar una frontera en malas condiciones, pero, en el país de acogida, la sensación de indefensión, de estar sin derechos y los posibles abusos laborales y sexuales pueden dar lugar a un cuarto detonante: el miedo.

Los expertos consultados añaden que esta situación de vulnerabilidad que puede dar lugar al síndrome de Ulises se hace mayor cuando se es mujer.

Qué nos puede pasar y cuándo estar alerta

Los síntomas pueden ser los mismos, dice Achotegui, que podemos tener cuando pasamos una mala época: dormimos mal, nos cuesta relajarnos, dolores musculares o de cabeza, enfado, nerviosismo, tristeza.

Fauce señala que, por un lado, se puede entrar en una suerte de estado depresivo y de tristeza, de encerrarnos en nosotros mismos y, por otro, estar hiperactivos y ansiosos, algo que al final nos va a quitar energía.

Esto puede hacer que el síndrome de Ulises se confunda con otras enfermedades mentales como depresión o estrés postraumático y que trate de medicalizarse.

Pero, en este caso, cuando se solucionan los obstáculos que dieron lugar al síndrome (hay trabajo, cierta estabilidad, menos estrés, etc,), desaparece.

“Si se sigue adelante, se consigue trabajo y hay una cierta estabilidad pero sigue habiendo síntomas, ahí hay algo más que evaluar y hay que intervenir de otra manera, porque puede que haya otra cosa ya del plano psiquiátrico, como un cuadro depresivo”, sostiene Achotegui.

Grupo de mujeres jugando al fútbol.

Getty Images
Hacer ejercicio y juntarse con la comunidad de origen pueden ayudar a bajar el estrés.

Así, cuando el malestar se convierte en permanente o impide que hagamos nuestra vida, hay que prender las alarmas. Otras muestras de alarma que señala Fauce son si aparecen ataques de ira, nuestras relaciones personales se ven afectadas o “se cogen atajos, como consumir drogas, alcohol, hay gastos desmesurados o se hacen deportes de riesgo”.

Qué hacer y qué no hacer

“Es fundamental crear una red de apoyo social, estar en contacto con otros inmigrantes y compartir vivencias”, señala Celia Arroyo. Para esto es bueno buscar migrantes de nuestra nacionalidad o grupos de apoyo específicos donde vivamos.

Al respecto, Achotegui dice que esto hace que haya “menos riesgo de trastorno mental”, pero quedarse muy anclado con nuestra comunidad puede hacer que se prospere menos. “Si no te metes en la sociedad de acogida, costará progresar. Es un equilibrio”.

Al final se trata de mantener “la raíz” con agua, pero no olvidarnos de nuestras hojas, del lugar donde reciben el sol.

También recomienda Achotegui hacer ejercicio y actividades que bajen el estrés.

Fauce remarca que “los cortes radicales no funcionan, ni las decisiones drásticas” ya sea respecto al país de origen o al de acogida y a las relaciones creadas en ambos.

Arroyo señala que, aunque es complicado dar un tiempo preciso, si tres meses después de haber conseguido una estabilidad el sufrimiento que sentimos no ha disminuido, es buen momento para pedir ayuda psicológica.

Qué pueden hacer los demás

La sociedad de acogida juega un papel importante, pero quien no ha vivido esta situación puede que no entienda qué implica el duelo migratorio ni el estrés sostenido que deriva en el síndrome de Ulises. Esto puede hacer que no sepamos cómo ayudar, qué decir o hacer.

Celia Arroyo recomienda que el entorno permita a quien esté esta situación que se exprese libremente y pueda hablar de qué le pasa y cómo se siente.

“Es importante no minimizar su sufrimiento ni generar falsas esperanzas” ante un futuro que es incierto cuando, por ejemplo, hay una visa o un trabajo que no llega.

Como en cualquier duelo, hay que evitar frases del estilo “ya se te pasará”, “no es para tanto”, “eso son miedos tuyos” o “todo saldrá bien”.

Achotegui sugiere ni compadecer ni victimizar: “Hay que acercarse con respeto, incluso con cierta admiración. El migrante es una persona fuerte, alguien que está yendo hacia adelante”.

A la vez, es importante respetar su cultura, mentalidad y cosmovisión.

Si nos cuesta conectar emocionalmente con alguien en esta situación, Fauce recuerda que todos hemos sufrido alguna pérdida y que es un buen ejercicio conectar con la emoción que tuvimos para empatizar con el migrante. Y pensar que, como escribió la uruguaya Cristina Peri Rossi, emigrar, partir al fin, es siempre partirse en dos.


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