Fiscalía va contra 3 altos exfuncionarios de Duarte por desvío de 400 mdp en fondos federales
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Cuartoscuro Archivo

Fiscalía va contra 3 altos exfuncionarios de Duarte por desvío de 400 mdp en fondos federales

Entre los implicados se encuentra el exsecretario de Finanzas Mauricio Audirac, que apenas en marzo pasado había librado un proceso local.
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27 de mayo, 2019
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La Fiscalía General de la República (FGR) solicitará a un juez federal la apertura de procesos penales en contra de tres altos exfuncionarios de la administración del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, por su presunto vínculo con el desvío de más de 400 millones de pesos, de fondos federales que estaban destinados a servicios de salud, educación y obras.

Los implicados son los exsecretarios de Finanzas Mauricio Audirac  y Gabriel Deantes (este último ya con un primer proceso penal federal abierto en marzo pasado), y el exsubdirector de operación financiera, José Francisco Díaz Valenzuela.

De acuerdo con autoridades federales, la FGR ha reunido evidencia inicial suficiente, a partir de denuncias presentadas por la Auditoría Superior de la Federación (ASF), para solicitar al juez la apertura de los procesos en contra de los involucrados por el delito de peculado, y otros que pudieran resultar de la indagatoria.

Estos casos se sumarían a cuatro procesos más que la Fiscalía General ha logrado promover exitosamente en contra de exfuncionarios del gobierno de Duarte. Uno de ellos es en contra de Gabriel Deantes – que hora sumaría su segundo juicio abierto -,  y los otros son en contra de los exsecretarios de Finanzas Tomas Ruiz y Fernando Charleston, y el exsubsecretario de Finanzas, Carlos Hernández.

Se trata del arranque de las acusaciones ante jueces de la Fiscalía como resultado de las múltiples denuncias presentadas por la ASF en contra de la administración de Javier Duarte, por hechos que los auditores calificaron en su momento como un “masivo e inédito desvío de recursos federales”, en el gobierno de Veracruz.

Los auditores han estimado en más de 62 mil millones de pesos el monto de dinero proveniente de 14 fondos federales que fue mal manejado y desaparecido en la administración de Javier Duarte, quien actualmente está preso y cumpliendo una condena por lavado de dinero en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México.

Cabe señalar que ninguno de los exfuncionarios mencionados se encuentra actualmente preso por acusaciones federales, toda vez que bajo las reglas del nuevo sistema penal podrían enfrentar sus procesos en libertad, si es que el juez así lo determina.

Las audiencias en las que la FGR solicitará la vinculación a proceso en contra de Audirac, Deantes y Valenzuela fueron programadas entre el 28 y el 30 de mayo próximos, en el Centro de Justicia Federal ubicado en Xalapa, Veracruz.

Dinero de salud, educación y obras… que no llegó

De acuerdo con las autoridades consultadas, los nuevos casos están relacionados con graves irregularidades en el manejo de dos fondos federales en específico.

En el caso de Gabriel Deantes y José Francisco Díaz Valenzuela, las investigaciones lo vinculan con la desaparición de 261 millones de pesos provenientes del Fondo Regional (Fonregion), que es un fondo que se entrega a algunos estados, con el objetivo de financiar programas y acciones que faciliten el acceso de servicios básicos de salud y educación, en zonas vulnerables.

Los malos manejos relacionados con este fondo corresponden al análisis de la cuenta pública 2012, que fue el segundo año del sexenio de Duarte en Veracruz. Por este mismo asunto se encuentra ya procesado Tomás Ruiz González.

En el caso del exsecretario de Finanzas Mauricio Audirac, la investigación federal lo relaciona con el presunto desvío en 2014 de 149 millones de pesos, pertenecientes a denominado Fondo Metropolitano, que es un fondo federal cuyo objetivo es apoyar a las entidades en la ejecución de obras de infraestructura que favorezcan la movilidad, transporte y protección ante riesgos naturales.

A partir de los dictámenes técnicos elaborado por la ASF y la verificación de diversos elementos de prueba, entre ellos testimonios de otros exfuncionarios con conocimiento de estos hechos, el Ministerio Púbico ha concluido que Deantes, Audirac y Valenzuela fueron probables responsables por acción y omisión en los malos manejos de los fondos federales.

“Lo que sucedía en Veracruz era un patrón. La Secretaría de Finanzas del estado recibía estos recursos, los cuales eran sacados de las cuentas bancarias autorizadas para su manejo. Se le movía de otras cuentas del gobierno de la entidad, de donde eran sacados nuevamente y ahí se perdía el rastro. El dinero no regresaba y tampoco se probaba que se hubiera usado para lo que estaba destinado”, dijeron fuentes de la ASF.

Cabe señalar que Audirac ocupó la titularidad de la Secretaría de Finanzas y Planeación (Sefiplan) de Veracruz a partir de julio de 2014, en sustitución de Fernando Charlestón, quien actualmente ya se encuentra bajo proceso federal también por presuntas irregularidades por casi 900 millones de pesos en el Fondo de Aportaciones Múltiples (FAM).

Apenas en marzo pasado, Mauricio Audirac había logrado que un juez de Veracruz cancelara un proceso penal abierto en su contra, que lo mantuvo casi año y medio en prisión. Dicha acusación había sido presentada por la Fiscalía local, y en la misma se responsabilizaba al exfuncionario de malos manejos de recursos del Seguro Popular.

Sin embargo dicho caso es distinto al que ahora se promueve a nivel federal en contra de Audirac y de otros exfuncionarios del gobierno de Duarte, quienes con independencia de si ya libraron o no las acusaciones a nivel local, ahora tendrán que enfrentar los procesos promovidos por la Fiscalía General de la República.

Y busca FGR una orden de aprehensión

Además de los casos anteriores, la FGR busca obtener de un tribunal federal una nueva orden de aprehensión en contra de otro alto exfuncionario del gobierno de Javier Duarte – cuyo nombre se mantiene en secrecía -, por su presunta responsabilidad en al menos tres denuncias de la ASF por desvíos en fondos federales.

De acuerdo con las autoridades consultadas, se trata de un caso relacionado con tres averiguaciones previas iniciadas bajo el viejo sistema penal, en los años 2015 y 2016, y las cuales fueron agrupadas en una sola al figurar la misma persona como probable responsable.

En una primera instancia, un juez negó conceder dicha orden bajo el argumento de que no se tenían los elementos suficientes; sin embargo, la FGR apeló la decisión y el caso está siendo revisado por un tribunal federal.

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'No volverá a poblarse jamás': los 5 años en los que CDMX desapareció

Una tragedia tan importante como desconocida marcó a una generación entera de habitantes de la capital de lo que hoy es México y llevó incluso a plantear el traslado de la ciudad.
15 de mayo, 2021
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Quien vive en Ciudad de México sabe que su ubicación no solo la hace especialmente susceptible de sufrir terremotos.

Su fundación sobre un lago hace que sea también tremendamente vulnerable ante inundaciones. Es por eso que, desde hace siete siglos, los habitantes de esta zona miran con cierto recelo al cielo cuando llueve con fuerza ante el temor de dramáticas consecuencias.

Este 13 de mayo, el gobierno mexicano conmemoró los 700 años de la fundación de Tenochtitlan, antigua capital mexica y actual Ciudad de México.

Y aunque hay grandes dudas sobre la veracidad de esta fecha —muchos historiadores creen que el aniversario se celebraría en 2025—, de lo que no hay duda es que la megaurbe se ha enfrentado a grandes inundaciones a lo largo de su historia.

Pero entre todas, destaca la registrada en 1629: un desastre que, aunque desconocido por muchos, fue sin duda una de las mayores tragedias de todos los tiempos para la ciudad.

La fuerza de la lluvia fue tal que la capital “desapareció” bajo las aguas durante nada menos que cinco años y se llegó a plantear su traslado a otro lugar. La ciudad tuvo que emerger, literalmente, y reconstruirse casi desde cero.

Aquella catástrofe que marcó a una generación entera es conocida como el diluvio o inundación de San Mateo.

Los problemas de vivir sobre un lago

Cuando los mexicas fundaron Tenochtitlan en el siglo XIV sabían el riesgo de ubicarla en medio del lago de Tezcuco. Por eso realizaron obras como diques y muros de piedra para controlar el nivel de las aguas que les rodeaban.

Mapa de Tenochtitlan

Getty Images
La ciudad de México-Tenochtitlan comenzó como una isla conectada por canales a los pueblos vecinos.

Cuando cayó ante los españoles dos siglos después, Hernán Cortés lideró la construcción sobre aquellas ruinas de una magnífica ciudad destinada a ser la capital del virreinato de Nueva España.

Entre lagos se levantaron palacios, iglesias, plazas y hospitales, pero no los sistemas de drenaje adecuados para aquel entorno.

A inicios del siglo XVII, Ciudad de México sufrió hasta cinco grandes inundaciones.

Las autoridades pensaron como solución en construir un gran desagüe que fuera drenando los lagos de la cuenca de México.

El proyecto le fue encomendado al ingeniero Enrico Martínez, que comenzó las obras del canal de Huehuetoca en 1607. Pero el desastre se veía cada vez más cerca.

“Enrico Martínez comprendió que la deforestación, el pastoreo sin discriminación y la expansión de los cultivos habían erosionado la capa de tierra. Año con año, las fuertes lluvias arrastraban más tierra a los lagos, elevando el nivel del agua”, escribió Richard Everett Boyer en su libro “La gran inundación”.

Monumento a Enrico Martínez

Marcos González
Una estatua junto a la catedral del Zócalo de Ciudad de México recuerda a Enrico Martínez. En su base, existen cuatro medidores que señalan los niveles de agua de otros tantos lagos.

Dos décadas después del inicio de su construcción, las constantes modificaciones y la falta de inversión hicieron que el canal aún no estuviera funcionando.

Una ciudad desierta

Cuando entre el 20 y 21 de septiembre de 1629 una gran tromba de agua azotó la capital, Martínez decidió bloquear la entrada del canal para evitar que el agua afectara a las reparaciones que se le estaban realizando.

Las consecuencias para los habitantes de la ciudad fueron dramáticas. La lluvia que cayó con furia durante 36 horas seguidas bajó imparable desde los montes hasta la ciudad, donde el nivel del agua superó los dos metros de altura.

El torrente arrasó con las frágiles casas de adobe de la población indígena que vivía en la periferia de Ciudad de México.

Mapa de la ciudad inundada

INAH
Este mapa representa la Ciudad de México anegada de agua tras la inundación de 1629.

Los muertos se contaban por miles, que flotaban entre animales y muebles llevados por la corriente que alcanzaba los pisos altos de las casas que habían quedado en pie.

Muchos de los habitantes de clases pudientes que sobrevivieron decidieron marcharse. Algunas fuentes apuntan a que de 20.000 familias que vivían antes de la inundación, quedaron solo 400.

“Aquella gran ciudad quedó casi abandonada, desierta. El panorama era desolador y las escenas que se veían eran apocalípticas”, le dice a BBC Mundo Enrique Ortiz García, escritor y cronista de Ciudad de México.

Una de ellas, destaca el divulgador cultural, es la procesión que se organizó sobre las aguas y en la que participaron unas 200 canoas encabezadas por la virgen de Guadalupe, a quienes los habitantes pedían que intercediera para que las aguas se disiparan.

O la llamada “isla de los perros”, un montículo en el desparejo suelo de la actual plaza del Zócalo a donde acudieron desesperados todos los perros callejeros de la ciudad para refugiarse y evitar ahogarse.

Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del llamado "Valle de México".

Getty Images
Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del valle de México sobre el lago.

Vivir inundados

Las aguas no bajaban, por lo que quienes se quedaron tuvieron que aprender a convivir con ellas.

Se colocaron puentes de madera en las azoteas y se recuperaron las canoas, como se usaban en la antigua Tenochtitlan, como única manera de desplazarse por la ciudad. A las casas solo se podía entrar por las ventanas del segundo piso.

Los sacerdotes celebraban misas en los techos de los conventos para tratar de confortar a los vecinos, que les escuchaban desde sus casas creyendo que estaban condenados, como aquella ciudad, a desaparecer.

Había carestía de alimentos y los saqueos eran continuos. La falta de higiene y el agua contaminada estancada en la ciudad inundada propagaron las enfermedades como la pólvora.

“Esta ciudad no volverá a poblarse jamás”, escribió fray Gonzalo de Córdoba, según destaca Héctor de Mauleón en su libro “La ciudad oculta”.

Dos años después de la inundación, e incapaces de descubrir un sistema para que las aguas desaparecieran, las autoridades discutieron sobre la posibilidad de trasladar la ciudad a otro lugar.

Rodrigo Pacheco y Osorio, marqués de Cerralvo y virrey de Nueva España, se planteó establecer la capital en Coyoacán o Tacuba.

Pero la idea fue finalmente desechada. La inversión para crear Ciudad de México había sido millonaria, por lo que reconstruir las obras y edificios afectados por el agua sería más barato que empezar una urbe desde cero.

Rodrigo Pacheco, virrey de Nueva España

Dominio público
Rodrigo Pacheco y Osorio, virrey de Nueva España, perdió a su hija dos años después de que la ciudad quedara inundada.

Una generación marcada

La ciudad siguió sufriendo lluvias torrenciales y permaneció bajo el agua nada menos que durante cinco años.

No fue hasta 1634 que una sequía disminuyó el nivel del agua. Muchos prefirieron pensar que fueron sus plegarias a la virgen de Guadalupe las que salvaron la capital.

Se estima que unas 30.000 personas murieron en total, ahogadas o por las enfermedades causadas por las inundaciones durante los años posteriores.

La catástrofe marcó, por lo tanto, a una generación entera de capitalinos. Los cimientos de todas las construcciones quedaron dañados y muchas acabaron colapsando tiempo después.

“En la Ciudad de México actual no quedan más de 10 construcciones anteriores a 1629. De tal grado fue la inundación, que prácticamente hubo que reconstruir con el tiempo toda la ciudad”, señala Ortiz García.

Cabeza de león en la calle Madero

Marcos González
En la concurrida calle Madero, en el centro histórico de Ciudad de México, una cabeza de león de piedra marca el nivel al que llegaron las aguas de las inundaciones de 1629.

Aquella decisión de mantener Ciudad de México en su emplazamiento original marca innegablemente el destino de quienes viven en ella siglos después. “Es un deporte extremo vivir en esta ciudad porque te cuidas de las inundaciones, de los temblores por ser zona sísmica…”, afirma el escritor.

Sin embargo, y pese a ser una de las tragedias más importantes en la historia de la capital con efectos y consecuencias hasta el día de hoy, la tragedia de la inundación de San Mateo no es ampliamente conocida.

Según Ortiz García, “el periodo virreinal en México es en general poco estudiado porque todavía, de algún modo, ‘cala’ en el ánimo de los mexicanos. Los gobiernos posrevolucionarios enaltecieron las culturas originarias y todo lo que marca el origen del México independiente”.

“Algunos incluso inculcaron un menosprecio hacia la ocupación española porque lo veían desde un contexto actual. Eso es entender la historia de mala forma, porque son hechos del pasado que también forman parte de nuestra existencia”, remata.


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