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Hevilla Wanderley/Agência Pública

El hambre vuelve a ensombrecer a Brasil

La recesión, sumada a los cortes de los programas, hace que Brasil esté regresando al Mapa del Hambre cinco años después de salir de él por primera vez, en 2014.
Hevilla Wanderley/Agência Pública
Por Por Hevilla Wanderley | Traducido por Diajanida Hernández / Agencia Pública
5 de mayo, 2019
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Cuando la parte de asfalto termina, es necesario seguir cien metros más por una calle llena de huecos para llegar a la sencilla casa del pescador Francielio Monteiro, o Hélio de Socorro, de 43 años, en la ciudad de Pombal, en el sertón de Paraíba, estado en el nordeste de Brasil que enfrenta siete años de sequía consecutivos.

Una casa de cinco habitaciones, pocos muebles y con la pintura ya desgastada abriga al padre y a dos de sus cuatro hijos. Del lado izquierdo de la puerta de entrada, una imagen de yeso de Jesús crucificado. De pie, al lado de la imagen, Hélio cuenta que acaba de llegar de la sede el Instituto Nacional del Seguro Social (INSS) de la ciudad vecina, donde recibió la noticia de que su pensión fue cancelada. Este era el segundo corte en dos meses. Él ya había perdido el beneficio de la Bolsa Familia de los hijos, quedando básicamente sin ingresos. Con la pesca, solo consigue reunir de 10 a 30 reales por semana, entre 3 y 8 dólares.

La situación de Hélio no es muy diferente de la de los vecinos de su barrio, o de otros barrios pobres de Pombal, tanto en la zona urbana como en la rural. Pero es una situación nueva, con cara de pasado.

La ciudad, que queda a 370 km de la capital João Pessoa y tiene aproximadamente 30 mil habitantes, ya fue escogida por la ONU para representar a los municipios brasileños en la 70° Asamblea General, que se celebró en Nueva York en septiembre de 2015, como ejemplo de desarrollo social y superación de la pobreza.

A Hélio le fue cancelada la pensión de invalidez. Con la pesca, solo consigue reunir de 10 a 30 reales por semana, entre 3 y 8 dólares. Hevilla Wanderley/Agência Pública

Uno de los principales motores de aquellos años de gloria fue la capacitación promovida para los beneficiarios de la Bolsa Familia, un programa social que fue iniciado por el gobierno de Luís Inácio Lula da Silva en 2003.

El programa impacta a más de 13 millones de personas. Los beneficiarios de la Bolsa Familia, considerados extremadamente pobres, reciben una base mensual de 89 reales (24 dólares). El valor es aumentado 41 reales (11 dólares) por niño (máximo cinco, de 0 a 15 años), 48 reales por joven, o cerca de 13 dólares, (de 16 a 17 años, limitado a dos). Para mantener el beneficio en las familias con hijos, es necesario comprobar la vacunación, el peso y la medición de los niños de hasta 6 años.

La Bolsa Familia fue responsable de sacar a 36 millones de personas de la línea de pobreza, según datos del propio gobierno. En 2014, Brasil salió del Mapa del Hambre, elaborado por las Naciones Unidas para medir a los países que tienen más de 5% de la población viviendo en inseguridad alimentaria.

Hoy, la realidad es otra. El equipo de la Agencia Pública visitó la ciudad de Pombal y escuchó historias sobre ayudas sociales canceladas sin justificación clara, pensión rural cada vez más difícil de obtener y la comida que comienza a faltar en la mesa de los brasileños.

El futuro quedó en el pasado

Hélio se apoya en la puerta, mira hacia la calle sin asfalto y cuenta que llegó a creer en un futuro mejor. “Yo vivo enfermo, pero vivo de la pesca, que no da dinero. La casa no es mía, es de un hermano mío que me la dio para vivir, pero yo pago el agua, la luz y el gas. Estoy comiendo porque mi mamá manda las cosas. Yo pensé que nosotros íbamos a tener un futuro mejor. Mi futuro es cazar una lugar para morir y listo”, dice. En aquel día él no tenía más que arroz y dos pedazos de mortadela para comer y dar a los hijos.

En septiembre del año pasado, su pensión por invalidez fue suspendida. En noviembre, la evaluación pericial, realizada en el propio INSS, recusó el apoyo financiero. Por la misma época, vino el corte de la Bolsa Familia —esta fue suspendida justamente por la pensión que él recibía, pues constaba en el sistema que no había necesidad de los dos apoyos.

Al explicar su situación al reportero, Hélio queda nervioso. Cae, desmayado, en el suelo. La escena es habitual en la casa del pescador, y después de ser socorrido por su hija y su sobrino él se niega a ir al hospital: “No pasa nada”.

A pobladores de Pombal les cancelaron diversos beneficios sociales. Hevilla Wanderley/Agência Pública

Política de gobierno iniciada por Michel Temer

El beneficio de Hélio fue solo uno de un total de 552 mil que fueron cancelados en los últimos dos años en todo Brasil, después de una revisión meticulosa del INSS. El proceso de revisión de las pensiones comenzó a ser realizado en agosto de 2016, mismo mes del impeachment a Dilma Rousseff, cuando el entonces presidente Michel Temer encaminó al Congreso la Medida Provisional (MP) 739, que acabó perdiendo la validez por no haber sido votada. En enero de 2017, él publicó la MP 767, con un texto prácticamente idéntico al anterior.

Esa medida restringió el acceso a los beneficios de previsión social, en especial los beneficios por incapacidad: el apoyo por enfermedad y la pensión por invalidez.

Cerca de 1, 1 millón de pruebas periciales fueron hechas por el órgano. Al final de la operación de revisión meticulosa (llamada en portugués operación peine fino), fueron cancelados 80% de los beneficios de apoyo por enfermedad revisados y 30% de las pensiones por invalidez, según el Ministerio de Desarrollo Social (MDS). En noviembre del año pasado, el MDS anunció que la revisión de los beneficios de apoyo por enfermedad y pensión por invalidez había generado una “economía” de 13,8 billones de reales, el equivalente a 3,7 billones de dólares.

La recesión, sumada a los cortes de los programas, hace que Brasil esté regresando al Mapa del Hambre cinco años después de salir de él por primera vez, en 2014. Es lo que dice el Informe Luz, elaborado por 20 entidades de la sociedad civil y publicado en 2018.

En noviembre la organización internacional Oxfam publicó un informe demostrando que, por primera vez en los últimos 15 años, la reducción de la desigualdad de ingresos paró en Brasil. El informe apunta que, en 2016, el espacio dedicado a los gastos sociales en la inversión federal retrocedió 17 años.

“Por lo menos 85% de los municipios brasileños no tienen prácticamente recaudación tributaria directa. Ellos viven de las transferencias del gobierno federal, principalmente del Fundeb , la Bolsa Familia, el SUS y el Fondo de Participación de los Municipios. Y los fondos de transferencias vienen disminuyendo en los últimos dos, tres años. La tendencia es que las recaudaciones de inversión caigan de nuevo en 2019”, esclarece Artigas.

El informe de la Oxfam muestra que, por primera vez en los últimos 15 años, la reducción de la desigualdad de ingreso paró en Brasil. Hevilla Wanderley/Agência Pública

En la ciudad de Pombal, 200 familias perdieron el derecho a la Bolsa Familia.

Para la auxiliar de servicios Joana Paula da Silva, de 37 años, que vive con el marido y dos de los tres hijos y gana apenas un salario mínimo, los 420 reales (113,5 dólares) que recibía de la Bolsa Familia eran esenciales. El corte ocurrió en el inicio del año pasado. “Yo lo estaba recibiendo, hasta que un día no llegó. Ahí, yo fui adonde se hace el registro , y me dijeron que faltaba la constancia de estudio de los niños para mandarla a Brasilia. Yo fui a la escuela, la solicité y la entregué. Pasé unos cinco meses yendo todos los meses y la muchacha que trabaja allá me decía que iba a llegar. Todos los meses era lo mismo y nada”, cuenta.

Hoy los hijos de Paula tienen 19, 17 y 11 años. Actualmente, solo la más pequeña estudia.

Para estar en la Bolsa Familia, es necesario tener un ingreso por persona de hasta 85 reales mensuales (23 dólares), incluso aunque la familia no tenga hijos menores de edad. Si la familia tuviera en su composición niños o adolescentes de hasta 17 años, el nivel salarial pasa a 170 reales por persona (45 dólares).

Pero, para Joana, el corte fue una gran sorpresa. La explicación de la constancia no la convenció, ya que los dos hijos más pequeños iban a la escuela todos los días, y lo podían probar. Tal vez sea el hecho de tener contrato firmado, cuestiona, pero ya hace cuatro años que trabaja y solo el año pasado fue suspendida la Bolsa Familia. “Son cuatro personas que viven en la casa y viven con un salario. Hace mucha diferencia para nosotros porque con el dinero yo pagaba el agua, pagaba la luz, compraba lo que hiciera falta”.

Sin dinero, el agua de la familia fue cortada. “Yo la estoy agarrando de la casa de la vecina. Con la luz, hago de todo para poder pagarla”. Joana contrajo deudas, como para pagar la bombona de gas, que cuesta 70 reales (19 dólares). “Ese mismo mes, compré los útiles escolares de ella fiados”, dice, señalando a la hija. “Sin Bolsa Familia, ¿no?”, suspira.

Otros habitantes de Pombal han enfrentado cortes de la Bolsa Familia por justificaciones variadas y poco lógicas.

Uno de los casos más tristes es el de Maria de Fátima dos Santos Souto, de 53 años. Ella es discapacitada auditiva y no escucha ni habla, por eso también nunca trabajó. El beneficio fue suspendido en octubre de 2017. El motivo fue porque Maria de Fátima hizo la solicitud de pensión por invalidez. Pero, incluso con la solicitud no aprobada, la Bolsa Familia fue suspendida. Desde entonces, ella y el marido dependen casi exclusivamente de la ayuda de la familia para comer.

Durante la entrevista con la Agencia Pública, quien ayuda con el lenguaje de señas es la cuñada, Maria do Socorro Guedes. Ella va conversando e informando mucho de lo que pasa en aquella casa. “Mi hermano trabaja en el sembradío con los dedos lisiados debido a un accidente de carro que tuvo, sufriendo mucho con los dolores, principalmente en la columna. Él ya intentó jubilarse, pero no lo consigue. Entonces, él trabaja para no pasar hambre, pero el ingreso de él no pasa de 200 reales (54 dólares). La mujer lo ayudaba con el dinero de la Bolsa Familia. El hijo los ayuda también, nosotros ayudamos, la familia de ella. Todo el mundo tiene que dar alguna cosa, sino ellos pasan hambre”, afirma.

El optimismo tampoco impera en el área rural del municipio. El secretario de la Asociación del Sítio Tabuleiro Redondo, Francinaldo José dos Santos, una especie de presidente de barrio, recuerda los principales cambios en el lugar en los 20 años en que él estuvo al frente de la asociación. El lugar tiene aproximadamente 40 casas.

Francinaldo José dos Santos es secretario de la Asociación del Sítio Tabuleiro Redondo. Hevilla Wanderley/Agência Pública.

“Cuando yo entré era muy difícil. Los años de sequía no tenían las facilidades que tienen hoy. Hubo un gran cambio de los gobiernos de Lula para acá. Es una convivencia con la sequía, a través de cisternas, abastecimiento de agua con tanques en camiones transportados por el Ejército, hubo construcciones de represas subterráneas, pequeños barreros, Garantia-Safra . Cosas que no tuvimos en los gobiernos pasados. Hay unos programas que todavía continúan, pero desfasados. Está comenzando a ser difícil”, relata.

La mayor preocupación de Francinaldo es cómo las personas van a conseguir sustentarse por su propia cuenta. Según dice, muchas familias de la comunidad sufrieron cortes en los beneficios y suspensiones de las pensiones y ya no reciben más ayuda para aguantar los años de sequía.

“Ya hay gente cocinando con leña. Jubilados a los que el ingreso no les da para cambiar la bombona de gas”.

Este texto es resultado del Concurso de Microbolsas de Reportagem Fome (Concurso de Microbecas de Reportaje sobre el Hambre), realizado por la Agencia Pública en alianza con la Oxfam Brasil.

 

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"English Only": el movimiento que quiere limitar la presencia del español en Estados Unidos

El movimiento "solo inglés" lucha por conseguir que este sea el idioma oficial de Estados Unidos. ¿Qué poder real tiene?
14 de noviembre, 2019
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“Este es un país en el que hablamos inglés. ¡Hay que hablar inglés!”, repitió Donald Trump durante la campaña para las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos.

El entonces candidato insistió en ese punto como parte de su discurso nacionalista y antiinmigración.

También lo usó como estrategia contra algunos de sus adversarios en la carrera por la nominación del Partido Republicano, en especial Jeb Bush, que en ocasiones se expresaba en español.

“Es un buen hombre. Pero debería dar ejemplo y hablar inglés mientras esté en Estados Unidos“, dijo Trump en referencia a Bush en una entrevista con el medio ultraconservador Breitbart News en septiembre de 2015.

Faltaba todavía más de un año para su victoria electoral.

La dureza de Trump a la hora de abordar la inmigración -con la construcción de un muro en la frontera con México como su principal promesa de campaña- le rindió frutos en sectores del electorado que en cierta medida comparten también su visión de que “en Estados Unidos hay que hablar inglés”.

Donald Trump y Jeb Bush en un debate por la nominación republicana en 2015

Getty Images
Donald Trump criticó a quien fuera uno de los favoritos para obtener la nominación del Partido Republicano, Jeb Bush, por expresarse en español.

Sin embargo, la exigencia de Trump no tiene fundamento legal: Estados Unidos no tiene idioma oficial.

¿Solo cuestión del idioma?

De un tiempo a esta parte se ha hecho común la aparición de videos en redes sociales en los que se ve a personas que instigan o critican a otras por hablar español en distintos lugares de EE.UU., ya sea por la calle, en medios de transporte o en locales públicos.

El mensaje es claro: si estás en este país, tienes que hablar su idioma.

El problema es que, como hemos apuntado, EE.UU. no tiene “un idioma”.

Cartel en un restaurante de Filadelfia que pide a los clientes que ordenen en inglés

Getty Images
“Esto es Estados Unidos. Por favor, cuando pida, hable inglés”, dice este cartel en un restaurante de Filadelfia.

Además, esos ataques que se vuelven virales generalmente no ocurren contra turistas que van hablando holandés, francés o italiano, por ejemplo.

Se suelen dirigir contra personas que hablan español y que, por la labor que desempeñan o simplemente por su apariencia física, son encasilladas como inmigrantes.

“Estas reacciones contra la gente que habla español probablemente no sean nuevas”, le dice a BBC Mundo Heidi Beirich, investigadora del Southern Poverty Law Center (Centro Legal de Pobreza Sureña, SPLC por sus siglas en inglés).

“Pero Donald Trump dio rienda suelta a sentimientos que antes no se expresaban públicamente con tanta frecuencia”, añade.

El SPLC monitorea la presencia en EE.UU. de grupos de odio, a los que define como “toda organización que -según sus comunicados oficiales o sus principios, las declaraciones de sus líderes o sus actividades- tiene creencias o prácticas que atacan o calumnian a todo un grupo de personas, normalmente por sus características inalterables”.

En este sentido, el SPLC califica como grupos de odio a varias organizaciones a las que considera antiinmigrantes, como la Federación para la Reforma Migratoria Estadounidense (FAIR), el Centro de Estudios de Inmigración (CIS) y ProEnglish, que tiene como uno de sus objetivos que el inglés sea designado idioma oficial de EE.UU.

Un cartel de votación en inglés y español

Getty Images
Gran parte de la información oficial en Estados Unidos está escrita en inglés y español.

Todas ellas fueron creadas en las últimas décadas por John Tanton, un nacionalista blanco estadounidense que falleció en julio de este año.

Tanton fundó en total unas 12 organizaciones antiinmigrantes, seis de las cuales han sido designadas grupos de odio por el SPLC.

La defensa del inglés

La mencionada ProEnglish es una de las organizaciones principales del movimiento English Only (“solo inglés”), también conocido con los términos English First (“inglés primero”) o el más aséptico Official English (“inglés oficial”).

ProEnglish se presenta como la organización líder en el movimiento por la oficialidad del inglés y su principal consigna es: “En una nación plural como la nuestra, la función del gobierno debe ser la de fomentar y apoyar las similitudes que nos unen, más que institucionalizar las diferencias que nos dividen”.

La organización centra su trabajo en tareas de cabildeo para convencer a los legisladores y a la opinión pública de la necesidad de adoptar el inglés como idioma oficial en todos los niveles de gobierno.

Además, el grupo pide que se ponga fin a la educación bilingüe en favor de programas de inmersión lingüística en inglés en las escuelas públicas del país y que se niegue la admisión de territorios como estados si no tienen el inglés como idioma oficial (en alusión a Puerto Rico).

Si bien ProEnglish establece en su página web que “el derecho a usar otros idiomas debe ser respetado”, el grupo ha sido objeto de críticas por parte de quienes consideran que su agenda es discriminatoria y excluyente.

“Tienen el cuidado de llamarse ProEnglish y no AntiSpanish, pero está claro que su ideario es supremacista, aludiendo al inglés como un símbolo del patrimonio cultural de EE.UU. cuando este país nunca ha sido un proyecto solo en inglés”, señala Heidi Beirich, del SPLC.

La enfermera filipina Wilma Lamug llorando

Getty Images
Wilma Lamug y otras 70 enfermeras filipinas ganaron en 2012 una demanda contra el centro médico en el que trabajaban en California por su política de “solo inglés”, que se consideró discriminatoria.

Otra de las organizaciones que destaca en la campaña por hacer que el inglés sea el idioma oficial es U.S. English, fundada en 1983 por el senador S.I. Hayakaw.

Sus miembros afirman que no tienen nada contra el hecho de que las personas hablen lenguas distintas del inglés, pero opinan que los inmigrantes que saben inglés son más exitosos y pueden labrarse un futuro mejor en EE.UU.

Otra de sus razones para pedir la oficialidad del inglés es económica, pues consideran que el gasto que hacen los organismos gubernamentales en servicios de traducción se podría invertir en otros asuntos.

BBC Mundo intentó hablar con los responsables de ProEnglish y U.S. English, pero no obtuvo respuesta.

Desde la lingüística

La discusión sobre la oficialidad del inglés en EE.UU. no es nueva.

Ya en 1753 Benjamin Franklin expresó sus temores de que la creciente población de origen alemán hiciera que el inglés se convirtiera en una lengua minoritaria.

En 1919, el presidente de EE.UU. Theodore Roosevelt declaró que en el país solo había espacio para una lengua. “Solo tenemos sitio para un idioma en este país, y es el inglés”, dijo.

A partir de la década de 1960, en pleno apogeo del movimiento por los derechos civiles, se aprobaron en EE.UU. varias leyes que garantizaban el acceso de los ciudadanos a documentos públicos esenciales -como las papeletas de votación- en otras lenguas diferentes al inglés.

Y como contraposición fueron cobrando fuerza los movimientos nacionalistas y de defensa del inglés.

Barry Roseman y otros colegas de la Coalición Nacional Contra Solo Inglés en una actividad en 1990

Getty Images
El debate sobre la oficialidad del inglés en Estados Unidos no es cosa nueva.

Algo que para Geoff Pullum, profesor de Lingüística General en la Universidad de Edimburgo, Escocia, y coautor de la “Gramática de Cambridge de la Lengua Inglesa”, es absurdo que siga en discusión.

“Hay dos asuntos importantes: uno, la cuestión de si el inglés debe ser por ley el idioma oficial del gobierno y del funcionariado (llamémoslo ‘inglés oficial’); y otro, si el uso o la enseñanza de otros idiomas distintos del inglés debería ilegalizarse (llamémoslo ‘solo inglés’)”, le dice Pullum a BBC Mundo.

“Es verdaderamente sorprendente que estas dos terribles y estúpidas ideas sigan vivas. Se deberían haber muerto en los años 80”, enfatiza.

Para el experto en lenguaje, la fijación por hacer del inglés el idioma oficial es la más débil y limitada.

Pullum sostiene que “si se determina meramente por ley que el inglés es el idioma a usar por el gobierno, entonces un día, cuando la población de Nuevo México o Arizona o California sea un 51% latina, se podría aprobar otra ley para revocar eso”.

“En cuanto al movimiento ‘solo inglés’, que intenta ilegalizar las aulas bilingües allí donde tienen razón de ser y popularidad, esto choca de frente con importantes resultados en la educación sociolingüística”, advierte Pullum.

“Se ha constatado a través de cuidadosas pruebas que aceptar el bilingüismo o el bidialectalismo en el aula, y llevar a los estudiantes transitoria y amablemente hacia el idioma o dialecto estándar, funciona mejor, mucho mejor, que prohibir idiomas o dialectos distintos”, explica.

Niños en un aula de la International Charter School en Rhode Island, Estados Unidos

Getty Images
Algunos defensores del movimiento “solo inglés” quieren poner fin a la educación bilingüe en las escuelas públicas de Estados Unidos.

Para el lingüista, no hay duda de que el movimiento “solo inglés” está motivado principalmente por una hostilidad hacia los inmigrantes y sus idiomas y culturas.

“A veces me pregunto dónde viven los defensores del ‘solo inglés’. Las partes de EE.UU. que yo conozco (ahora mismo vivo en Alexandria, Virginia) simplemente no se pueden imaginar sin su población inmigrante.

“Hablan idiomas de sus países de origen, sí, pero también inglés. ¿Cómo podrían no hacerlo?”, plantea.

Pullum considera que el inglés no está bajo amenaza, más bien al contrario.

“El inglés no solo es el único idioma que realmente importa para avanzar en EE.UU., sino que es un gigante de los idiomas imparable en todo el mundo. Lo califico como ‘el idioma que se comió el mundo’.

“Hay lenguas que están muriendo porque las personas ven que sus hijos aprenden inglés en la escuela y no vuelven al idioma de la comunidad donde crecieron sus padres”, observa.

La fuerza real del movimiento English Only

Actualmente, 32 estados de EE.UU. tienen el inglés como idioma oficial.

Mapa de Estados Unidos

Wikimedia
En la actualidad, 32 estados (en azul intenso) reconocen por ley el inglés como idioma oficial. En Luisiana, Nuevo México y Hawái (en color violeta) hay dos idiomas oficiales.

Básicamente esto se traduce en que los gobiernos de esos estados tienen que ofrecer toda su información y documentación en inglés.

Pero de igual manera, los gobiernos están obligados a suministrar información en otros idiomas cuando se trata de cuestiones de salud o seguridad pública, como en este ejemplo de aviso del alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti:

https://twitter.com/MayorOfLA/status/1188921858214649856

Si se tiene en cuenta que varios de esos estados en los que el inglés es el idioma oficial son lugares con una alta población de origen latino, como California, Arizona o Florida, es fácil deducir que la oficialidad del inglés no ha impedido que la comunicación en español siga muy viva.

En cuanto al gobierno federal, todos los intentos de hacer el inglés idioma oficial por ley han fracasado.

En las últimas dos décadas, el principal precursor de este tipo de legislación ha sido el congresista republicano Steve King, salpicado en años recientes por varios escándalos por sus polémicas declaraciones sobre la inmigración.

Desde 2003, King ha presentado ante el Congreso cada dos años su proyecto de ley, English Language Unity Act, que contempla que el gobierno imprima todos sus documentos solo en inglés, que el Congreso haga negocios solo en inglés y que hablar inglés tenga más peso dentro de los requisitos para obtener la ciudadanía (algo que ya forma parte del proceso de naturalización).

“La fuerza más unificadora del mundo ha sido siempre un idioma común”, dijo King la última vez que presentó su proyecto de ley, en 2017.

King nunca ha obtenido el apoyo suficiente para su propuesta.

Congresista estadounidense Steve King

Getty Images
El congresista republicano Steve King lleva 16 años intentando que se apruebe una ley federal que declare el inglés como el idioma oficial de Estados Unidos.

Eso no impide que los promotores de la idea sigan alzando su voz.

Y aunque el movimiento sea anterior a la llegada de Trump a la Casa Blanca, organizaciones como el SPLC o la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU) creen que los defensores del inglés como idioma oficial están envalentonados al contar con el apoyo del presidente.

“Los ataques que ahora vemos a personas que hablan español ya ocurrían antes, aunque no eran tan visibles porque no era tan fácil grabarlos en el momento y difundirlos por redes sociales”, reconoce Heidi Beirich.

“Pero cuando eres objeto de una arremetida así y sabes que hay millones de personas que comparten la visión de tu atacante, incluido el presidente de Estados Unidos, te sientes mucho peor, mucho más vulnerable”, concluye.


https://www.facebook.com/BBCnewsMundo/posts/10158129017419665


* Esta nota es parte de la serie “¿Hablas español?”, un viaje de BBC Mundo por Estados Unidos para mostrar el poder de nuestro idioma en la era de Trump.


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https://www.youtube.com/watch?v=wdeCiZtTwgI

https://www.youtube.com/watch?v=K5Yw1fdnWXc

https://www.youtube.com/watch?v=C8aesqi_RDY

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