82 incendios forestales en 21 estados, reporta Conafor; Oaxaca, Guerrero y Jalisco, estados con más casos
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Foto: Sedema

82 incendios forestales en 21 estados, reporta Conafor; Oaxaca, Guerrero y Jalisco, estados con más casos

Los 82 incendios afectaban 19,564 hectáreas; 8 de ellos eran en áreas naturales protegidas, aunque todos ellos de categoría menor.
Foto: Sedema
13 de mayo, 2019
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La Comisión Nacional Forestal (Conafor) reportó hasta la noche del domingo 82 incendios forestales activos, en 21 estados del país.

Oaxaca es el estado que registró más casos, con 11, hasta el corte de las 20:00 horas; después se ubicaron Jalisco, Michoacán y Guerrero, con 10 incendios cada uno, Chiapas registró 8.

Los 82 incendios afectaban 19,564 hectáreas; 8 de ellos eran en áreas naturales protegidas, aunque todos ellos de categoría menor.

En la página de la NASA, Fire Information for Resource Management System, se podía observar el mapa del país cubierto de puntos de incendio, del centro hacia la zona sur de México.

Sin embargo, de acuerdo con Conafor, algunos puntos rojos serían puntos de calor, y no necesariamente incendios.

Los 82 incendios activos que tiene registrados la Comisión hasta la noche del domingo, indicó, no son atípicos para esta temporada.

En la semana del 26 de abril al 2 de mayo, para tener un parámetro, se registraron 181 incendios forestales; la siguiente, del 3 al 9 de mayo, ocurrieron 215 incendios forestales, es decir, 34 incendios más.

Las cifras de incendios forestales, en 2019

Del 1 de enero al 9 de mayo de este año, es decir, en cuatro meses, se habían registrado 4,425 incendios forestales en 30 entidades federativas, afectando una superficie de 152,952 hectáreas, según datos oficiales de la Comisión Forestal.

En el mismo lapso, el Estado de México era el que había registrado más incendios, 1,174; en segundo lugar se ubicó Michoacán con 464, y en tercero Ciudad de México, con 445.

En 1998, se alcanzó un pico de 11,005 incendios. Desde entonces, las cifras han ido a la baja. En 2016, fueron un total de 6,626; en 2017, 6,870, y en 2018 un total de 5,122.

De 1998 a 2018, el promedio fue de 6,187 incendios forestales al año. 

¿Por qué tanto humo?

Las autoridades indicaron que al menos 20 incendios en la capital y 30 incendios en el Estado de México, durante este fin de semana, provocaron humo y mala calidad del aire, lo que generó molestias entre los ciudadanos.

Entre los incendios, destacó en la Ciudad de México un incendio de materiales plásticos y llantas en la alcaldía de Cuajimalpa, y en el Estado de México el estallido de un polvorín en Tultepec y una fábrica de plásticos en Atizapán de Zaragoza

Para el domingo por la noche, en la Ciudad de México había un par de incendios forestales,  de categoría menor, en la Magdalena Contreras y en Tláhuac, según Conafor.

“Los incendios provocan emisión de partículas que no han podido dispersarse debido a un sistema de estabilidad atmosférica que provoca la ausencia de vientos”, indicó el gobierno de la Ciudad de México.

El año 2019, agregaron las autoridades, ha presentado condiciones meteorológicas que agravan la calidad del aire del Valle de México, entre ellas, tener las temperaturas más altas de los últimos tres años, y poco viento.

Ante la situación del humo por incendios, “a pesar de que no se ha llegado a alcanzar 151 puntos del índice de Calidad del Aire previstos para activar la Fase 1 del Plan de Contingencias”, la Comisión Ambiental de la Megalópolis aplicó una “alerta ambiental”.

Recomendó a la gente en el Valle de México para este lunes 13 de mayo:

— Reducir el uso del automóvil.

— Evitar actividades al aire libre. No realizar actividades vigorosas tales como ejercicio intenso, el cual incrementa la dosis de contaminantes inhalados.

— Evitar la realización de actividades cívicas, culturales, deportivas y de recreo al aire libre en centros escolares. En caso que sea posible, se recomienda que los grupos vulnerables permanezcan en sus hogares.

— Evitar la cocción de alimentos con leña, carbón o gas; no prender velas o incienso y no fumar.

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COVID: por qué las vacunas de células T podrían ser la clave para la inmunidad a largo plazo

Algunas vacunas de células T ya están entrando a la etapa de ensayos clínicos. En el futuro, estas vacunas podrían ayudar al mundo a convivir con la COVID en forma más segura.
14 de enero, 2022
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Dado que la variante ómicron ha aumentado rápidamente las infecciones por covid, la atención se centra una vez más en los anticuerpos, y con razón.

Los anticuerpos desempeñan un papel fundamental en la lucha contra los virus y son importantes para evitar que el coronavirus infecte nuestras células.

Esta es la razón por la que algunos países han montado campañas de vacunación de refuerzo en respuesta a los recientes aumentos repentinos de covid, con el fin de incrementar los niveles de anticuerpos.

Pero hay un problema. Los anticuerpos contra la covid no persisten tan bien, de ahí la necesidad de refuerzos.

De hecho, si bien estas inyecciones adicionales mantienen una buena protección contra la covid grave, se estima que las personas que reciben una tercera dosis de la vacuna de Pfizer verán caer su protección contra el desarrollo de síntomas de covid (de cualquier grado) del 75 % al 45 % durante las diez semanas siguientes a su refuerzo.

Los científicos han cuestionado si recargar permanentemente los anticuerpos, solo para verlos disminuir pronto, es una estrategia sostenible.

Si queremos desarrollar una inmunidad duradera a la covid, tal vez sea el momento de analizar nuevamente nuestra respuesta inmunitaria más amplia.

Los anticuerpos son solo una parte de nuestro intrincado y entrelazado sistema inmunológico. Específicamente, tal vez sea hora de que nos concentremos en las células T.

Cómo funcionan las diferentes células inmunitarias

Cuando el cuerpo está infectado, digamos con un virus, responde produciendo glóbulos blancos llamados linfocitos. Los tipos principales de linfocitos son las células B, que producen anticuerpos, y las células T, que apoyan la producción de anticuerpos de células B o actúan como células asesinas para destruir el virus.

Algunas células T y células B también se convierten en células de memoria de larga duración que saben qué hacer si se encuentran con la misma infección nuevamente.

Las células B y las células T “ven” el virus de diferentes maneras.

En términos generales, las células B reconocen las formas en el exterior del virus, creando anticuerpos que se traban o acoplan con ellas (un poco como dos piezas de rompecabezas que coinciden).

Ilustración de anticuerpos (en blanco) uniéndose a las proteínas Spike del virus que causa covid.

Science Photo Library
En esta ilustración se ve a los anticuerpos (en blanco) uniéndose a la proteínas del virus que causa covid.

En cambio, las células T reconocen fragmentos de los aminoácidos que componen el virus, incluyendo fragmentos que normalmente se encuentran en su interior.

Cada virus tiene muchas características únicas, tanto por dentro como por fuera. La respuesta inmune de una persona puede acabar produciendo una variedad de células T y células B que, entre ellas, atacan una amplia gama de esos rasgos.

Esto a veces se llama “amplitud de respuesta“. Una buena amplitud de respuesta involucra a muchos linfocitos diferentes que ven diferentes partes del virus, lo que hace que sea muy difícil para el virus ocultarse completamente.

Ómicron preocupó a muchos investigadores porque una parte clave de su estructura externa a la que se dirigen los anticuerpos, la proteína espiga o spike (en rojo en la primera imagen arriba), tiene muchas mutaciones, lo que reduce la capacidad de los anticuerpos para unirse al virus y neutralizarlo.

Sin embargo, debido a que las células T se enfocan en otras partes del virus, es posible que tales mutaciones no impidan identificarlo.

De hecho, datos preliminares que aún están pendientes de revisión por pares, sugieren que éste es el caso.

Esto es tranquilizador, porque la proteína espiga del virus ha cambiado mucho durante la pandemia, lo que sugiere que siempre podría estar mutando fuera del alcance de los anticuerpos.

Sin embargo, las células T deberían ser menos susceptibles a la mutación viral. Las células T diseñadas para combatir la covid también parecen durar mucho más en el cuerpo humano que los anticuerpos.

Pero, ¿tienen las células T tienen un efecto importante?

Ya sabemos mucho sobre el papel crítico de las células T en otras infecciones virales.

Este conocimiento sugiere que, contra la covid, una buena respuesta de las células T no solo es necesaria para ayudar a las células B a producir anticuerpos, sino que también debería crear células T asesinas que puedan reconocer ampliamente el coronavirus, protegiendo contra múltiples variantes.

Todavía se está recopilando evidencia sobre la covid y las células T. Sin embargo, gradualmente se está volviendo más claro que las células T parecen jugar un papel importante en esta enfermedad.

Una mujer es vacunada contra la covid

Getty Images
Los anticuerpos contra la covid no persisten tan bien, de ahí la necesidad de vacunas de refuerzo.

Se ha demostrado que la generación de células T ampliamente reactivas, que reconocen una variedad de características virales, está asociada a una fuerte respuesta contra la enfermedad.

En particular, la generación de buenas cantidades de células T asesinas ampliamente reactivas parece hacer que la covid sea menos grave.

Por el contrario, una respuesta deficiente de las células T se asocia con peores resultados para los pacientes. De hecho, se ha descubierto que algunas personas que han tenido covid grave tienen defectos persistentes en su respuesta de células T.

Muchos estudios que demuestran la eficacia de las células T en el caso de la covid tienen una característica común: la necesidad de una amplia gama de respuestas, con células T (y células B) que reconozcan múltiples características del virus. Se cree que esta podría ser la clave para experimentar una enfermedad más leve.

Esta amplitud podría incluso extenderse más allá de este coronavirus específicamente. El virus que causa covid es un betacoronavirus, y hay varios betacoronavirus que ya nos infectan, incluidos los que causan el resfriado común.

Las características compartidas entre estos virus que causan el resfriado y la covid pueden significar que las células T que ya teníamos contra el resfriado nos están protegiendo ahora contra la covid. Se están descubriendo indicios de esto tanto en adultos como en niños.

¿Qué significa esto para las vacunas?

Muchas de las vacunas diseñadas hasta la fecha, incluidas las de Moderna, Pfizer y AstraZeneca, se han centrado en un solo objetivo principal del coronavirus: su proteína espiga.

Estas vacunas han sido tremendamente efectivas en la generación de anticuerpos. También estimulan una respuesta de células T a la proteína espiga.

Pero ahora que entendemos más sobre el papel de las células T, la importancia de tener una respuesta amplia de estas células y el problema de la disminución de anticuerpos, tal vez deberíamos considerar reenfocar nuestras estrategias de vacunas y dirigirlas a generar células T y a apuntar a más de una proteína.

Mujer estornudando

Getty Images
Si queremos desarrollar una inmunidad duradera a la covid, tal vez sea el momento de analizar nuevamente nuestra respuesta inmunitaria más amplia.

Hay investigaciones en esta dirección. Se han completado los primeros ensayos clínicos de vacunas que pueden desencadenar respuestas de células T auxiliares y asesinas mucho más reactivas, y varias otras vacunas de células T también están entrando a la etapa de ensayos clínicos.

Estas vacunas de células T podrían ser la clave para fortalecer la inmunidad existente y generar una protección duradera contra síntomas graves generados por variantes del virus que causa covid.

Si esto es así, esas vacunas serían una contribución fundamental para ayudar al mundo a convivir con la covid en forma más segura.

*Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.

Sheena Cruickshank es profesora de ciencias biomédicas en la Universidad de Manchester en Reino Unido.


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