México tiene el mayor aumento de violencia de todo el hemisferio en la última década
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Foto Ilustrativa Cuartoscuro

México tiene el mayor aumento de violencia de todo el hemisferio en la última década

El país registra elevadas tasas de homicidios, además cada vez son menos los municipios que no registran asesinatos, de acuerdo con un estudio realizado por la Universidad de San Diego y universidades mexicanas.
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En la última década, ningún país del hemisferio ha experimentado un aumento tan grande como México en el número absoluto o en su tasa de homicidios.

Esta es una de las conclusiones del informe “Organized Crime and Justice in Mexico (Crimen organizado y justicia en México)” del programa Justice in Mexico que desarrolla la Universidad de San Diego, Estados Unidos, en colaboración con la UNAM, la Universidad de Guadalajara, la Universidad Autónoma de Nuevo León, y la Universidad Autónoma de Puebla.

El documento, que será presentado en Ciudad de México los próximos 30 y 31 de mayo, analiza las tendencias del crimen organizado y la violencia que han marcado la situación de México especialmente desde el mandato de Felipe Calderón (2006-2010).

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“Está claro que el aumento de la violencia en México durante la última década representa un problema urgente que no necesita exagerar para merecer seria consideración por parte de académicos y responsables políticos. Esta trágica pérdida de vidas mexicanas debería ser causa de grave preocupación, no de reclamaciones hiperbólicas o parte del juego político”, señala.

El incremento de la violencia viene relacionado con la denominada “guerra contra las drogas” y marca una tendencia ascendente durante las presidencias de Calderón y Enrique Peña Nieto (2012-2018), un sexenio en el que la violencia se ha disparado. En total, más de 332,000 personas fueron asesinadas en México desde el inicio del siglo XX, sin contar las personas desaparecidas y los crímenes que no fueron reportados.

homicidios  El informe alerta sobre la utilización política que puedan tener determinados datos. Pone como ejemplo un estudio de 2017 realizado por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos en el que se sugería que México era el segundo país más violento del mundo por detrás de Siria, que vive una guerra civil desde 2011.

Unas afirmaciones “infundadas” que, según este documento, fueron utilizadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para “multiplicar el miedo y la animosidad” hacia su vecino del sur.

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“Los niveles y tasas de homicidios son en realidad mucho peores en otras partes del hemisferio occidental”, dice el documento, que cita el caso de Brasil. Con una población de más de 200 millones de personas (algo menos del doble de los 130 millones de México), el país sudamericano está en cabeza en número total de homicidios desde hace una década, según datos de la UNODC, la oficina de la ONU que se ocupa de drogas y crimen organizado.

Por ejemplo, en 2015 la tasa de homicidios en Brasil fue de 26.7 por cada 100 mil habitantes, mientras que la de México quedó en 16.4 por cada 100 mil. Es decir, que según datos oficiales, México estaba por debajo de países más pequeños como Belice, Colombia, Guatemala, Honduras, Jamaica o Venezuela.

“En términos per cápita, hasta 2015 el número de homicidios en México fue todavía algo ‘promedio’ para el hemisferio occidental”, dice el informe.

Uno de los problemas de México es que, debido a que su población es más amplia, “el coste total de la violencia es mayor que en países más pequeños con mayores tasas de homicidios”. Un dato: desde 2000 hasta 2015, un total de 256,347 personas fueron asesinadas en México. Esta cifra supera el total combinado de países con tasas de homicidios más elevadas como Guatemala, Honduras, El Salvador, Belice, Jamaica y la República Dominicana.

El informe refleja un fuerte incremento en el número de asesinatos a partir de 2015. De hecho, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, la tasa de homicidios se disparó hasta las 27.3 muertes violentas por cada 100 mil habitantes en 2018 y las previsiones para 2019 van en el mismo sentido.

“Esto significa que la tasa de homicidios de México ya no puede considerarse ‘promedio’ para la región, sino que compite con las últimas reportadas por la UNODC para Brasil y Colombia”, señala el documento. Todo ello, a falta de una medición estándar que pudiese servir para equiparar las cifras.

En opinión de los autores del informe, lo que diferencia a México de otros países de la región es que la violencia es un fenómeno relativamente nuevo. Mientras que otros estados sufrieron durante el siglo XX intervenciones militares y guerras civiles, en México se observa una relativa estabilidad política a partir de los años 30 del siglo pasado, después de la violencia que marcó el período revolucionario entre 1910 y 1917.

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A pesar de todo, uno de los datos más preocupantes es que México es el país del hemisferio que más ha visto incrementar sus tasas de violencia durante la última década.

Este incremento en el número de asesinatos está directamente relacionado con el crimen organizado. No obstante, el informe observa una serie de cambios en las tendencias que se reflejan desde el mismo nombre del documento. En ocasiones anteriores, el estudio hacía referencia únicamente a la violencia relacionada con el tráfico de drogas. Sin embargo, la diversificación de las estructuras criminales hace que no se pueda hablar solo de un ilícito, sino que los carteles están cada vez más fragmentados y dedicados cada vez más negocios ilegales.

En términos geográficos, el documento evidencia una tendencia: cada vez son menos los municipios mexicanos con cero homicidios. De hecho, según datos de 2017, solo tres de cada diez núcleos urbanos del país no registraron ninguna muerte violenta.

Según este informe, diez municipios de México concentran el 33% de los asesinatos del país. Es decir, que uno de cada tres homicidios tuvo lugar en Tijuana, Juárez, Acapulco, Benito Juárez, Culiacán, Guadalajara, Irapuato, León, Tlaquepaque y Ecatepec.

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Aquí se observa un cambio de tendencia ya que en los dos últimos años Tijuana ha sido la ciudad en la que más muertes violentas se han concentrado, mientras que en el pasado Acapulco estuvo en la cabeza del listado durante cuatro años seguidos. El informe vincula este incremento de las muertes en Baja California por la irrupción del Cártel Jalisco Nueva Generación, que trata de disputar las rutas de tráfico de drogas al Cártel de Sinaloa.

Otro punto importante del informe es el estado de Guanajuato. Según el documento se ha incrementado notablemente la violencia en las ciudades de Irapuato y León. Esto vendría ocasionado por el huachicoleo y el auge del cartel de Santa Rosa de Lima.

La principal razón que explica el incremento de la violencia en México, según el informe, es la disputa entre diferentes cárteles por el tráfico de drogas. Sin embargo, se da una circunstancia paradójica. El documento habla de cómo en los años 70 y 80 del siglo pasado las organizaciones criminales crecieron y fueron incluso protegidas por los altos niveles de corrupción.

“Con la gradual democratización a lo largo de la década de 1990, la introducción de la alternancia política” en distintos niveles de la administración, se interrumpieron las redes de corrupción que llevaban décadas operando, “contribuyendo a aumentar la competencia entre las principales organizaciones de narcotraficantes”.

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A esto se le suma el descabezamiento de diversas organizaciones, como ocurre con el cártel de Sinaloa, cuyo principal líder, Joaquín “Chapo” Guzmán, fue condenado a cadena perpetua en Estados Unidos en febrero de 2019. El arresto de diversos líderes provocó la fragmentación de las estructuras, que a su vez competían por cada vez más diversos negocios ilícitos, lo que multiplicó los índices de violencia.

Otro dato relevante: a pesar del evidente incremento de la violencia en México se ha registrado un descenso de las donaciones de diversos agentes preocupados por reforzar el imperio de la ley en el país. Es decir, que a pesar de que hay cada vez más asesinatos la ayuda exterior ha decrecido.

El informe, por último, plantea las dificultades que va a enfrentar el presidente Andrés Manuel López Obrador en su tarea de pacificar el país. Alerta sobre las críticas de organizaciones de la sociedad civil a iniciativas como la Guardia Nacional pero aplaude que, por primera vez, el presidente mexicano se centre en las raíces socioeconómicas que explican la violencia, con una mención especial al plan “Jóvenes construyendo el Futuro”.

Como recomendaciones, el informe plantea que deben analizarse mejor las iniciativas destinadas a reforzar las instituciones mexicanas, con el fin de no caer en duplicidades y ser más eficientes, reforzar tanto a la policía como los procedimientos de enjuiciamiento (no limitándose a perseguir el tráfico de drogas, sino ampliando el foco a las estructuras de corrupción y lavado de dinero), desarrollar medidas especiales para atajar la violencia política y reforzar las estrategias contra la corrupción.  

Aquí puedes consultar el informe completo.

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COVID: cómo envejece nuestro sistema inmunitario y cómo podemos frenar ese proceso

Cuando nos volvemos mayores, nuestro cuerpo ya no produce tantas células cruciales para el buen funcionamiento del sistema inmunitario, y muchas de ellas se comportan de manera errática. Pero tú puedes compensar el paso de los años con acciones muy simples para mantenerlo en buena forma.
24 de diciembre, 2020
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El sistema inmunitario ha cobrado un protagonismo inesperado en medio de la pandemia de covid-19.

No es para menos. Esta compleja red de células, tejidos y órganos es el arma principal que tiene nuestro organismo para defenderse del SARS-CoV-2, el nuevo coronavirus causante de esta enfermedad.

Al igual que cualquier otra parte del cuerpo, el sistema inmune envejece con los años, y esto nos deja más vulnerables a las infecciones, al cáncer y a todo tipo de enfermedades.

Esta es una de las razones —además de la prevalencia de enfermedades preexistentes— por la que las personas mayores de 65 años corren más riesgo de contagiarse de covid y desarrollar una forma más virulenta de la enfermedad.

Sin embargo, la edad del sistema inmunitario no coincide necesariamente con la edad cronológica. Y en la medida en que nos volvemos mayores, esta discrepancia puede hacerse aún más amplia.

“Podemos tener individuos que cronológicamente tienen 80 años y un sistema inmune que parece de una persona de 62 años. O todo lo contrario: una persona de 60 años cuyo sistema inmune parece el de una persona de una edad mucho más avanzada”, le explica a BBC Mundo Shai Shen-Orr, inmunólogo del Instituto de Tecnología de Israel Technion.

Lo interesante, además, es que podemos que ralentizar su envejecimiento (o, posiblemente, revertir su edad) siguiendo una serie de pasos simples.

Pero antes de ver cómo lograrlo, recordemos cómo funciona y cómo y qué se deteriora con la edad.

Menos células B y T

El sistema inmune tiene dos brazos, cada uno de ellos compuesto por distintos tipos de células.

Por un lado está la llamada respuesta innata, que es la primera línea de defensa que se activa casi de forma inmediata cuando detecta la presencia de un organismo extraño.

Gráfico

Getty Images
Todo lo que podamos hacer para mantener la salud inmunitaria ayuda en la lucha contra la covid-19.

Esta respuesta contiene “neutrófilos, que atacan sobre todo bacterias; monocitos, que ayudan a organizar al sistema inmune, alertando a otras células inmunitarias de que hay una infección, y luego están las NK (o células asesinas), cuyo trabajo es combatir virus o cáncer. Estas tres células no funcionan tan bien cuando nos hacemos mayores”, le explica a BBC Mundo Janet Lord, directora del Instituto de Inflamación y Envejecimiento de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido.

Por otro lado está la respuesta adaptativa, compuesta por linfocitos T y B que combaten a un patógeno específico. Esta respuesta tarda unos días en activarse, pero una vez que lo hace, recordará al patógeno para el futuro y lo combatirá otra vez, si vuelve a aparecer.

“Cuando envejeces, produces menos nuevos linfocitos, que son los que necesitas para combatir una infección nueva como el SARS-CoV-2″, señala Lord.

“E incluso los que tu cuerpo creó en el pasado, para combatir otra infección, tampoco funcionan muy bien”, añade.

Es decir, el envejecimiento provoca un declive en todas las funciones del sistema inmune.

La respuesta innata produce un poco más de células pero estas no funcionan tan bien, y la respuesta adaptativa produce menos linfocitos B (que se fabrican en la médula ósea y se encargan de producir anticuerpos) y menos linfocitos T (que se producen en el timo e identifican y matan a patógenos o células infectadas).

La disminución de células T se debe a que “el timo comienza a encogerse a los 20 años de edad. Se hace cada vez más pequeñito y cuando llegas a los 65 o 70 años, solo queda un 3% de él (en el cuerpo)”, dice Lord.

La pérdida de las células que guardan la memoria de los patógenos hace que al envejecer no solo perdamos la capacidad de responder a una infección, sino también a las vacunas que las previenen.

Gente caminando

Getty Images
Caminar es un ejercicio simple al alcance de todos.

En el caso de la vacuna contra la gripe, por ejemplo, “el 40% de los adultos mayores de 65 años no genera una respuesta a la vacuna”, comenta Shen-Orr.

Otro problema es que la edad genera más inflamación en la sangre y en los tejidos, algo que en inglés se conoce como inflammaging (una combinación de las palabras inflamation y envejecimiento, ageing).

“Además de no funcionar de forma óptima, las células del sistema inmune tienden a causar inflamación, algo que da lugar a numerosas enfermedades”, explica Lord.

Todos estos cambios que se producen a medida que nos volvemos más viejos, “hacen que nos cueste más recuperarnos de una infección o una herida, y que algunas infecciones se puedan tornar crónicas”, le dice a BBC Mundo Encarnación Montecino, investigadora de la Universidad de California, en Estados Unidos.

“Infecciones que estaban bajo control pueden reaparecer (como el herpes zóster, o la tuberculosis), aumenta la susceptibilidad a nuevos patógenos (gripe, neumonía) y la incidencia de cáncer”, agrega.

No siempre es cuestión de edad

Si bien con el avance de los años todos sufrimos un deterioro cuya trayectoria es previsible, lo que varía enormemente es el ritmo en que lo hace cada individuo, influido por la genética, pero también —y en una gran medida— por el estilo de vida.

Hasta hace poco no era posible determinar la edad inmunitaria, pero las investigaciones de Shen-Orr y su equipo, en colaboración con la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, lograron crear un método para obtener esta información, crucial para llegar a tratamientos acertados.

“Analizando la composición de 18 tipos de células del sistema inmune y la expresión de los genes en una muestra de sangre, podemos establecer en qué estadio del proceso de envejecimiento se encuentra el sistema inmunitario de una persona”, explica Shen-Orr.

La variación en la velocidad del proceso de deterioro también se vincula a la diferencia de género.

“Mientras que los dos sexos sufren el envejecimiento, debido a los efectos específicos de las hormonas sexuales, algunos de los parámetros envejecen a ritmos distintos en hombres y mujeres”, señala Montecino.

Por ejemplo, en las mujeres “la menopausia produce una nivelación de los efectos protectores del estrógeno”.

A levantarse de la silla

La buena noticia, como mencionamos en el principio es que el proceso de envejecimiento puede ralentizarse.

La clave está en mantenerse físicamente activo: “hoy día permanecer mucho tiempo sentado, es para el organismo lo que antes era fumar”, explica Lord, comparándolo con este hábito que mucha gente ya ha abandonado.

“En estudios con personas que se mantuvieron activas desde que eran jóvenes hasta la tercera edad —ciclistas de hasta 80 años que continuaron haciendo 100 km o 150 km a la semana— los resultados fueron increíbles”, dice Lord.

Hombre sentado en el sofá mirando la TV

Getty Images
Pasar demasiadas horas sentados es pésimo, dice Lord.

“Tenían muchas células T y el timo no se había encogido“.

“En otro estudio que monitoreó el número de pasos al día, encontró que si haces 10.000, tus neutrófilos parecen los de una persona de 20 años”.

“Yo pensaba que esa cifra era un invento de las personas que vendían dispositivos para medirlos, pero cuando hicimos el estudio me quedé totalmente sorprendida”, confiesa Lord.

Todo depende del estado físico del que uno parta, pero básicamente es hacer ejercicios simples como pararse y subir y bajar en puntas de pie, subir escaleras y levantar un poco de peso con los brazos si uno es mayor o no está en buen estado físico, y hacer ejercicio intenso por lapsos de tiempo breve, si uno está en forma.

“Simplemente haz algo. Todo lo que puedas hacer ayuda”.

Volver al pasado

Una cosa es disminuir el ritmo de envejecimiento y otra es revertir el proceso.

¿Es posible?

Los análisis llevados a cabo por la investigadora de Birmingham y su equipo no se han centrado en eso, pero Lord señala que un estudio pequeño (con 12 participantes) publicado el año pasado mostró, por primera vez, que suministrando tres drogas diferentes se pudo revertir la edad inmunitaria y la edad biológica en 2 años.

Ciclista

Getty Images
Uno de los estudios de Birmingham mostró que ciclistas mayores que seguían manteniéndose activos tenían un sistema inmune de una persona joven.

Shen-Orr menciona un estudio sobre una droga en la que él y su equipo están trabajando pero cuyos resultados aún no se han publicado, que también muestra que la reversión es posible.

“Vimos una reducción (de la edad inmunitaria), pero no sabemos aún si esta se va a mantener de forma permanente”, señala.

Pero detener el deterioro es un paso más que importante.

Otros factores que pueden ayudar en este sentido son una dieta variada, rica en fibra, con alimentos fermentados y poca carne roja para mantener la salud de la microbiota intestinal (un campo de investigación que aún está en su infancia), y un sueño óptimo de alrededor de 6 horas y media o 7.


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