Presos de Chiapas en huelga de hambre desde marzo pasado empiezan a enfermar
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Juan de la Cruz

Presos de Chiapas en huelga de hambre desde marzo pasado empiezan a enfermar

Los seis presos, miembros todos de pueblos indígenas, denuncian que los obligaron a firmar confesiones bajo tortura y exigen a las autoridades revisar sus expedientes.
Juan de la Cruz
25 de mayo, 2019
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El miércoles 22 de mayo luego de pasar 67 días entre sólo ingerir agua y miel y guardar ayuno parcial, Adrián Gómez Jiménez fue trasladado del CERSS nº5 de San Cristóbal de las Casas al Hospital de las Culturas, en la misma localidad. Tenía una infección severa en las vías urinarias, causada por deshidratación y baja en sus defensas.

Adrián reanudó el 13 de mayo, junto con cinco compañeros, una huelga de hambre que había interrumpido ante la promesa del gobierno del estado de revisar sus expedientes jurídicos y darles una respuesta clara a su exigencia de libertad.

Los seis presos, –Abraham López Montejo, Germán López Montejo, Adrián Gómez Jiménez, Juan de la Cruz Ruiz, Marcelino Ruiz Gómez y Juan Pérez Álvarez– iniciaron las protestas desde el 15 de marzo, agrupados y apoyados por varios colectivos.

Todos denuncian que los detuvieron sin una orden de aprensión y que los hicieron confesar bajo tortura delitos que no cometieron, en una práctica que se conoce como fabricación de culpables y que varios activistas y colectivos han dicho que se hace para llegar a la cuota de detenidos o encubrir a los verdaderos culpables.

Adrián Gómez Jiménez, indígena tzotzil de San Juan Chamula, Chiapas, tenía 22 años cuando lo detuvieron, el 3 de febrero de 2004. “Ese día venía yo regresando de San Cristóbal de Las Casas, a donde había ido a buscar a un curandero, cuando un vehículo Sentra, con cuatro agentes, interceptó el taxi en el que viajaba junto con tres compañeros de mi trabajo como peón de albañilería”, cuenta en entrevista telefónica desde el penal.

Les dijeron que estaban detenidos. Los llevaron a San Juan Chamula donde los interrogaron y los torturaron. “Me dieron golpes; me pusieron cables eléctricos en las partes íntimas, bolsas en la cabeza, y tehuacán y chile en la nariz. Me auto inculpé con tal que me dejaran de torturar. Me acusaron primero de la desaparición de dos personas y luego ya de secuestró”.

Adrián asegura que él y sus acompañantes fueron víctimas de la fabricación de un delito. Cuando se le pregunta por qué los eligieron a ellos para eso, dice que por ser indígenas. “Apenas hablábamos español. Yo lo hablaba poco, se notaba que éramos indígenas y pobres y por eso, yo estoy seguro que por eso”.

Juan de la Cruz, otro de los presos en huelga de hambre, tiene una historia similar. Lo detuvieron cuando tenía 26 años y hoy tiene 38. Cuenta desde el CERSS nº5, en entrevista telefónica, que a él lo acusaron del homicidio de un vecino.

Dibujo del CERSS 5 de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.

Dibujo del CERSS 5 de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.

“Me hicieron firmar papeles bajo tortura. Durante días me estuvieron dando toques eléctricos en las partes íntimas, me ponían una bolsa en la cabeza y luego chile seco o tehuacán en la nariz, y muchos golpes. Me dijeron que si no firmaba esos papeles, me iban a seguir torturando y yo firmé, con los ojos vendados firmé, ni supe qué”.

Promesa incumplida

Como el gobierno del estado de Chiapas les prometió revisar sus casos, los presos levantaron la primera huelga, en la que duraron 31 días. “Mientras esperábamos que nos cumplieran, estuvimos 20 días en ayuno, comiendo solo unos días y a agua y miel otros, pero el 13 de mayo terminó el plazo acordado para la revisión de los expedientes y no vimos resultados”, dice Juan de la Cruz.

Susana de la Cruz, hermana de Juan, asegura que el gobierno no ha mostrado sensibilidad a las demandas de los presos ni voluntad real para revisar los expedientes.

“El 10 de abril tuvimos una mesa de diálogo con el secretario general del gobierno de Chiapas, Ismael Brito, quien en nombre del gobernador Rutilio Escandón, nos garantizó que revisarían a profundidad, con un sentido muy humano, a través de la mesa de reconciliación, cada expediente de nuestros familiares”.

La hermana de Juan dice que Brito les pidió levantar la huelga de hambre. Así lo hicieron los presos. El 15 de abril iniciaron el ayuno, y acordaron dar un plazo de 20 días al gobierno para que demostrara su buena voluntad.

“Pero solo nos dieron largas, haciéndonos ir de reunión en reunión sin darnos ninguna respuesta concreta. De hecho, Ismael Brito ya no se presentó a las mesas de diálogo, hubo otras dos y en cada una llegaron diferentes funcionarios ¿Este es el sentido humano del que hablaban?”.

Los seis presos en resistencia volvieron a la huelga de hambre. Al día siguiente, el 14 de mayo, después de 17 años de estar en prisión, Juan Pérez Álvarez obtuvo su libertad.

“Pero no lo liberaron por ninguna intervención del gobierno del estado, no es ninguna resolución política por las demandas de los compañeros, Juan salió libre por buena conducta, por trabajo y porque ya llevaba más de 50% de su condena”, aseguran voceros del Grupo de Trabajo No Estamos Todxs.

Los cinco que quedaron siguieron en ayuno total. En la madrugada del martes 21, Adrián Gómez empezó a tener fiebre elevada, escalofríos, dolor y malestar general.

“A las 3:00 de la madrugada, el dolor en las vías urinarias y en las lumbares era ya muy intenso, pero como en el penal no hay médico en la noche, su horario de labor acaba a las 6 de la tarde, me tuve que aguanta hasta la mañana, para las 10 ya estaba yo orinando sangre”.

Alrededor de las 2 de la tarde fue trasladado al hospital. “Me dijeron que tenía una infección severa en la vías urinarias, me inyectaron un antibiótico y a las dos horas me dieron de alta. Dijeron que por ser un preso no podían tenerme ahí, y le preguntaron al custodio que iba conmigo si había médico en el penal. Él les dijo que sí aunque el doctor se va a las 6 de la tarde y la enfermera a las 7. Y me mandaron de regreso al penal con la receta del antibiótico inyectado”.

Adrián dice que debe inyectarse cada 12 horas. En la noche quien le pone la inyección es una custodia del área femenil, aunque ella no tiene ninguna noción de enfermería. “Me ha estado lastimado, me inyecta fuerte, pero qué hago, me tengo que aguantar, necesito terminar los cinco días de antibiótico para que no se agrave la infección”.

En el hospital, a Adrián le dijeron que si no dejaba la huelga de hambre, la infección se le iría a los riñones y ya no se podría recuperar. “Me desanimaron mucho, pero ahora lo que creo es que quisieron aprovechar para presionarme y que ya deje la lucha, pero no lo voy a hacer”.

Adrián, Juan, Germán y Abraham, los cuatros presos en huelga de hambre que están en el CERSS nº5 pasan los días de ayuno total reunidos en una carpita que ellos mismos montaron. Duermen en el piso, y tienen que aguantar el frío. A sus familiares solo les permitieron llevarles unas chamarras y unas mantas.

Juan de la Cruz y Adrián López Jiménez, presos en huelga de hambre en Chiapas.

Juan de la Cruz y Adrián López Jiménez, presos en huelga de hambre en Chiapas.

“Quisieron traernos una parrilla para calentar el agua y disolver ahí la miel que tomamos, pero no los dejaron. Nos tenemos que tomar el agua fría y así nos duele más la panza”, dice Juan que además de diarrea y malestar estomacal ya empieza a presentar también síntomas de infección en las vías urinarias.

“Ahora ya vienen las lluvias –agrega– y no nos dejaron meter una lona para ponerla en el piso, tenemos que dormir así, sobre las cobijas nada más, en cuanto llueva, nos vamos a empapar, pero no les importa, nos quieren presionar para dejar la protesta”.

Para pasar los días de ayuno total, Juan dibuja; Germán y Abraham hacen artesanías y tejen cinturones, Adrián escribe, sobre la injusticia, los días en la prisión, su lucha por salir libre, sobre valorar la vida.

“He escrito reflexiones sobre que la cárcel es una gangrena que te va consumiendo, a mí me estaba consumiendo, hasta que entré a la organización de La Voz Verdadera del Amate, la prisión donde estaba antes de que me transfirieran a San Cristobal, y empecé la lucha por mi libertad”.

Ahora en el CERSS nº5 hizo con sus compañeros una nueva organización, La Voz de Indígenas en Resistencia. “Y no vamos a dar un paso atrás en la huelga de hambre ni en la lucha por nuestra libertad, y si logro salir, voy a seguir en el activismo, me voy a dedicar a la defensa de las personas que como yo estén en la cárcel acusados de un delito que no cometieron y también a la defensa de los recursos naturales”.

Ese es el plan de Adrián y tal vez formar otra familia, por ahora la que tiene, porque sus padres y su hermano ya murieron, es ésta: la de sus compañeros de lucha y ayuno.

“Tenía yo 22 años cuando entré en la cárcel, no tenia esposa, no tuve tiempo de formar mi familia, pero tengo ésta: mis compañeros y los familiares de ellos”.

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Qué es un "bear market" como el que vive ahora la bolsa y por qué es un indicio de una crisis económica

Los mercados están a punto de entrar en "bear market", según analistas, lo que podría suponer el inicio de una nueva crisis económica.
14 de junio, 2022
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Los índices estadounidenses Dow Jones y S&P500, referentes de las tendencias en los mercados globales, han caído un 15% y casi un 20% respectivamente desde sus máximos históricos en diciembre.

A veces ocurre que las bolsas tienden a la baja por períodos limitados de tiempo: es lo que llamamos “correcciones” del mercado.

Pero ahora muchos analistas pronostican la llegada de un “bear market”, literalmente “mercado oso”, aunque en español se conoce como mercado bajista.

Se considera que hay “bear market” cuando las acciones en conjunto pierden más del 20% de valor en bolsa respecto a su cota más alta más reciente.

Es decir, en ese período de tiempo los inversores han vendido muchos más títulos de los que han comprado, reduciendo la capitalización de las compañías que conforman el mercado.

¿Qué nos dice de la economía?

Para interpretar la señal que nos da un “bear market” es importante saber que la bolsa es un indicador adelantado: anticipa situaciones futuras según la -acertada o equivocada- perspectiva de los inversores.

Estos observan al detalle los datos que revelan la salud de la economía (desde empleo y salarios hasta inflación y tipos de interés) para decidir qué hacen con su dinero.

Si creen que nos aproximamos a una fase de contracción económica, en la que caen los beneficios de las empresas, tenderán a desprenderse de las acciones de estas compañías antes de que pierdan aún más valor.

Así, un “bear market” suele advertir la llegada de tiempos difíciles con reducciones de la demanda de productos, de la actividad empresarial, del comercio y, en último término, del empleo.

Hombre e índices bursátiles

Getty Images

También es más fácil que se produzca un mercado bajista después de un período de crecimiento fuerte en el que se han tocado máximos muy altos.

Es el caso actual: tras los primeros meses de la pandemia, los precios de la mayoría de las acciones se dispararon, especialmente las de las tecnológicas, alcanzando niveles muy superiores a las anteriores alzas de finales de 2019.

De hecho, pese a haber perdido parte de su valor en los últimos meses y estar al borde de un “bear market”, tanto el Dow Jones como el S&P500 superan con creces sus niveles máximos anteriores a la pandemia.

¿Cuánto suele durar?

El S&P500 ha caído en “bear market” un total de 26 veces desde 1929, si bien 14 de ellas sucedieron antes de 1950, principalmente por la volatilidad propiciada por el crash del 29.

En tiempos más recientes los mercados bajistas han sido menos frecuentes y por lo general han sucedido inmediatamente antes o al inicio de épocas de crisis económica o recesión.

Fueron especialmente duros los registrados durante la crisis del petróleo, cuando el índice se desplomó un 48,2% en solo tres meses (noviembre de 1973 a marzo de 1974), y el de la crisis financiera de finales de los 2000, con una caída del 51,93% entre octubre de 2007 y noviembre de 2008.

Entre febrero y marzo de 2020 hubo un “bear market” poco habitual, muy corto y pronunciado (-33% en poco más de un mes) por el miedo de muchos inversores que retiraron en masa sus acciones al creer que la pandemia iba a provocar una debacle económica.

La duración media de los “bear markets” en el S&P500 ha sido de 289 días, con un nivel de descenso promedio del 36%, según datos de la consultora Ned Davis Research.

¿Y un “bull market”?

El término opuesto es “bull market”, literalmente “mercado toro” y en español mercado alcista.

La duración de los mercados alcistas en el S&P500 ha sido de 991 días y los beneficios del 114%, en promedio.

Bull and bear markets

Getty Images

Es habitual que los “bull markets” sean más frecuentes, prolongados y con mayores porcentajes de ganancias, en comparación con las pérdidas en los mercados bajistas.

Esto sucede porque a largo plazo la economía tiende a expandirse mientras el dinero pierde valor, lo que resulta en una trayectoria ascendente con etapas de crecimiento especialmente fuertes (“bull markets”), contracciones temporales y fases de fuertes descensos (“bear markets”) que a la larga se corrigen.

El “bull market” más largo de la historia se prolongó desde 2009 hasta 2020, con ganancias acumuladas de más del 300%.

Comprar acciones en el momento más bajo de un “bear market” y venderlas en el más alto de un “bull market” es el negocio perfecto.

El problema es que es imposible saber cuándo nos encontramos en uno de esos dos extremos.

¿Por qué un toro y un oso?

Existen varias teorías sobre por qué el toro (bull) y el oso (bear) representan los mercados alcista y bajista, respectivamente.

Una de ellas atribuye su origen a los espectáculos de peleas de animales populares en Inglaterra entre los siglos XVI y XIX.

Dos de las variantes de esa tradición (abolida por el Parlamento en 1835) consistían en enfrentar a un toro o a un oso contra jaurías de perros en un recinto cerrado.

Pelea de osos y perros o "bear baiting" en Londres en 1820

Getty Images
Pelea de osos y perros o “bear baiting” en Londres en 1820.

Los toros embestían a los perros con movimientos de cabeza de abajo hacia arriba, mientras los osos lanzaban sus zarpazos de arriba hacia abajo, por lo que los pioneros de la Bolsa de Londres (fundada en 1801) habrían incorporado estos términos a su jerga.

Otra teoría alude a la -hoy todavía usada- expresión “vender la piel del oso”, referida a intermediarios que adjudicaban pieles a clientes sin tenerlas aún en su poder.

A los “vendedores de piel de oso” se les comenzó a llamar simplemente “osos” y el término pasó a denominar un negocio con pérdidas o una tendencia bajista, mientras su opuesto sería el toro, la antítesis del oso en el ya citado espectáculo de peleas.

Otros se decantan por una explicación más sencilla: el toro es un animal que representa el vigor, la agresividad y la fuerza.

El oso, por el contrario, es tímido, parsimonioso y, sobre todo, conocido por sus largos periodos de hibernación.


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