Proyecto de Bolsonaro busca prohibir que se hable de política y sexualidad en escuelas de Brasil
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Cámara de Diputados de Brasil.

Proyecto de Bolsonaro busca prohibir que se hable de política y sexualidad en escuelas de Brasil

Mediante un proyecto de ley, apoyado por evangélicos y militares, el gobierno de Brasil impondría un nuevo método de enseñanza y cambiaría la versión de la dictadura militar de 1964.
Cámara de Diputados de Brasil.
Por Vasconcelo Quadros (traducido por Diajanida Hernández) / Agencia Pública
4 de mayo, 2019
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Una de las primeras apariciones de Jair Bolsonaro como presidente electo en Brasil sonó como la lectura de una orden del día en los cuarteles y repercutió como un brote de esquizofrenia en las redes sociales. Con un mensaje “a todos los jóvenes del Brasil”, el capitán retirado que gobierna Brasil desde el 1 de enero se dirigió a los estudiantes de la educación básica: “Vamos a filmar lo que sucede en las aulas de clase y vamos a divulgarlo. Padres, adultos, hombres de bien tienen el derecho de saber lo que esos ‘profesores’” – entrecomilló la palabra con gestos – “andan haciendo en las aulas. Entren en contacto con nosotros”, exhortó Bolsonaro.

El presidente respondía a un estudiante de la provincia de Espírito Santo que envió un video en el que la profesora, irritada por estar siendo grabada sin su consentimiento, amenazaba con procesarlo. La declaración de Bolsonaro fue la señal que impulsó al proyecto de ley llamado “Escuela Sin Partido” para las redes sociales y afectó de lleno la pauta de la Cámara de los Diputados. Como en un acto de magia, los diputados empezaron intensos y estridentes debates hasta el cierre de los trabajos en 2018. Ahora, con el reinicio de los trabajos en febrero, el proyecto debe volver al debate.

La Escuela sin Partido pregona que el profesor se debe limitar a enseñar materias como Biología, Matemática, Portugués, pero es la familia la que se debe responsabilizar por las bases morales, políticas, sexuales y religiosas de los alumnos. O sea, quedaría prohibido discutir en un aula de clases temas como el aborto, el embarazo en la adolescencia o el sida, a pesar del carácter epidémico de la enfermedad. Si aprobada, la ley va afectar todo un sistema que, solo en la educación básica, tiene 48,6 millones de alumnos y 2,2 millones de profesores distribuidos en más de 184 mil escuelas.

El proyecto de ley 7.180 fue introducido en la Cámara de Diputados en 2014. En 2016, ya con otras nueve propuestas anexadas, la mesa creó la Comisión Especial para tratar el tema. La bancada evangélica, que domina la comisión, intentó aprobar el proyecto en la Cámara antes de la toma de posesión del nuevo gobierno, pero fue obstruida por la oposición.

Toda la propuesta está basada en reclamos aislados y genéricos, que llegaron a la comisión en los últimos dos años a través de relatos de diputados conservadores, y de correos electrónicos o videos entregados por seguidores de Bolsonaro. Los reclamos están relacionados con manifestaciones en ambientes escolares en los que profesores se manifiestan por el aborto, madres reclamando la politización y páginas de libros didácticos en las que se insta al alumno a hablar sobre la gestión del expresidente Lula.

Los diputados fundamentan el proyecto con pesquisas que llegaron a la Comisión Especial y asustan a los conservadores. Según las mismas, el predominio de la “adoctrinación ideológica” en las escuelas es de la izquierda, en cuyo campo se sitúan 84,5% de los profesores, entre los cuales figuras como Ernesto “Che” Guevara son vistas positivamente por 86% y Vladimir Lenin por 65%, conforme a los apuntes del Instituto Census.

Alentados por la victoria y todavía con el clima de hostilidad postelectoral, seguidores del presidente electo incitaron los alumnos a grabar videos o mandar mensajes por correo electrónico con denuncias contra profesores “marxistas” envueltos en la adoctrinación en las aulas de clase – algo que causó repercusiones en todo país.

Guiñada ultraderechista en la educación

Tanto empeño de Bolsonaro para lograr la aprobación del proyecto en el final de 2018 es parte de un plan meticuloso, en opinión de especialistas consultados por la Agencia Pública. Una vez aprobado, la Escuela sin Partido abriría el camino para una reforma profunda en la educación, con la substitución de los contenidos de los libros didácticos y la implantación de nuevas reglas de acceso a la cátedra, cuyo objetivo sería poner en marcha una revisión de la historia de la dictadura (1964-1985), que sería recontada con la inclusión de una versión más apetecible a los militares.

Esa es la opinión del presidente de la Confederación Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE), Heleno Araújo, que ve un claro movimiento de Bolsonaro para usar el Ministerio de Educación como eje de un fuerte golpe de timón a la derecha. “Legitimado por el voto, Jair Bolsonaro se volvió un peligro para la educación libre. Él va a querer usar los instrumentos del Estado para subvertir ideas e intentar cambiar la historia. No tengo duda de que va a hacer una revisión del sistema educativo para seleccionar lo que le interesa. Los libros que hablen de lo que fue realmente la dictadura no serán aprobados. Así, intentarán descartar lo que no le interesa al nuevo sistema para poner en el lugar que quieren a la derecha y al militarismo”, dice Araújo, que le hace seguimiento al trámite del proyecto en el Congreso.

“Ellos quieren escuela de un solo partido, donde prevalezca la voluntad de ellos. No quieren que se diga que hubo dictadura, tortura, muertes, destierros. Hay hasta gente diciendo que nunca hubo esclavitud en Brasil y que los africanos que llegaron aquí compraron pasajes para viajar en los navíos que transportaban esclavos”, señala el exsenador Cristovam Buarque (PPS-DF), profesor y referente del mundo académico en el área de educación.

“Ellos quieren escuela de un solo partido, donde prevalezca la voluntad de ellos. No quieren que se diga que hubo dictadura, tortura, muertes, destierros”, afirma el senador Cristovam Buarque. Foto: PPS-DF.

Para Cristovam es necesario prestar atención a lo que declaró el general Aléssio Ribeiro Souto, asesor de Bolsonaro y miembro del grupo que estudia los cambios en el área de educación, al anunciar, en entrevistas, que el futuro gobierno, modificará, sí, el contenido de la enseñanza. El general afirmó textualmente que los libros didácticos de historia “que no contengan la verdad sobre 1964 tienen que ser eliminados de las escuelas brasileñas”.

Como “verdades” del gobierno electo, según el general, están también el salto desarrollista que dio el país en el periodo militar, el llamado “milagro económico”, y la revisión de los currículos de los profesores. Alineado al proyecto, cree que la escuela no es lugar para discutir sobre ideología, religión o comportamiento sexual, tareas que por el nuevo orden, según él, pertenecen a la familia del alumno. Aunque lo contactamos, el general no quiso hablar.

En la última semana de enero, el vicepresidente Hamilton Mourão afirmó en entrevista al El País Brasil: “Soy un crítico de llamar de dictadura ese período.

Soy un crítico muy fuerte porque, llamar a dictadura un período que, cada cuatro años, cambiaba el presidente es una dictadura muy diferente. En ese período hubo un gran progreso económico en el país. El Brasil fue llevado adelante”. Y completó, suavizando la cuestión de las torturas practicadas por los militares: “Guerra es guerra”.

“Quieren borrar la violencia practicada por la dictadura presentando una nueva versión conveniente, sin consultar a profesores ni a alumnos. Saben que las escuelas y las universidades, que son bastiones contra el oscurantismo, se opondrían. Por eso quieren amordazarlas, censurando la libertad de pensamiento, para implantar un proyecto de partido único”, afirma Yuri Soares, director de políticas sociales del Sindicato de los Profesores del Distrito Federal.

“Donde se implementó la Escuela sin Partido, como en Alemania o la Unión Soviética, no funcionó. Resultó en el surgimiento de generaciones tristes, insatisfechas, tan carentes de libertades que no aprendieron a pensar”, afirma el senador Cristovam Buarque.

Entretanto, los indicios de inconstitucionalidad, de acuerdo a lo que determina el artículo 286 de la Constitución de 1988, que garantiza la enseñanza plural y la libertad de cátedra, indican que el proyecto puede ser rechazado cuando sea evaluado en el Tribunal Supremo Federal, antes del receso judicial. 

Relator de una Acción Directa de Inconstitucionalidad (ADI) solicitada contra un proyecto idéntico pero de nivel estadual, aplicado en la provincia de Alagoas, el ministro Luiz Roberto Barroso no deja duda de que vê el tema como inconstitucional. “La idea de la neutralidad política e ideológica es antagónica a la de la protección al pluralismo de ideas y de concepciones pedagógicas y de la promoción de la tolerancia, tal como está previsto en la Ley de Directrices y Bases”, escribió en su opinión el ministro en su opinión.

Barroso critica indirectamente la tentativa de circunscribir a las familias el control sobre la orientación de género, política o religiosa. “Los padres no pueden pretender limitar el universo informativo de sus hijos o imponer una escuela que no vincule cualquier contenido con el cual no estén de acuerdo”. Según el ministro, eso impediría el acceso de los jóvenes “al dominio completo de la vida”, caracterizando, hila, “una evidente violación al pluralismo y a su derecho de aprender”.

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Cuarentena por el coronavirus: por qué el tiempo parece pasar volando cuando estamos confinados

Puede que los días se te hagan largos, pero si miras atrás, te parecerá que en realidad el tiempo ha pasado volando. Esta sensación está vinculada, principalmente, a cómo creamos los recuerdos.
25 de mayo, 2020
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Reloj y calendario

Getty Images
En cuarentena se hace difícil distinguir los fines de semana de los días de labor.

Cuando una parte del mundo ha comenzado a relajar las medidas de confinamiento, muchos reflexionan sobre lo rápido que parece haber pasado el tiempo durante la cuarentena.

Esto no es lo que muchos de nosotros esperábamos cuando nos comunicaron que nuestras vidas se volverían mucho más restringidas, y que estábamos a punto de pasar semanas aburridos, confinados en nuestras casas.

Es muy temprano para contar con investigaciones sobre la cuestión, pero no son pocos los que coinciden en que el tiempo se les pasó volando, y las razones son varias.

Una de las razones es que creamos experiencias subjetivas del tiempo, y eso no siempre se correlaciona con lo vemos en el reloj o el calendario.

Un almuerzo de 20 minutos con un amigo se van volando, mientras que los 20 minutos que pasamos esperando a un tren que viene con retraso pueden parecer interminables, aunque el tiempo sea el mismo.

Menos recuerdos

Nosotros estimamos el paso del tiempo de dos maneras: de forma prospectiva (cuán rápido pasa ahora mismo) y retrospectivamente (cuán rápido pasó la semana o la década pasada)

Durante el confinamiento, aquellas personas aisladas de sus amigos, familia y su trabajo han tenido muchas horas vacías por delante.

La gente ha encontrado todo tipo de soluciones creativas para pasar el tiempo —hornear pan, plantar semillas, grabar videos— pero, inevitablemente, cuando pasas todos los días y noches en casa, los días empiezan a parecerse entre sí.

Muchos descubren que les cuesta diferenciar entre los días de labor y los fines de semana.

Imagen que ilustra el paso del tiempo

Getty Images
En la cuarentena, como todos los días se parecen bastante entre sí, tendemos a crear menos recuerdos.

Esta confusión de días idénticos nos lleva a crear menos recuerdos nuevos, lo cual es crucial para nuestro sentido de percepción del tiempo.

Los recuerdos son una de las formas en la que juzgamos cuánto tiempo ha pasado.

Cuando te vas de vacaciones por una semana a un lugar nuevo, el tiempo pasa rápido porque todo es nuevo, pero cuando regresas, miras hacia atrás y ves que has creado tantos recuerdos nuevos, que sientes muchas veces que has estado de vacaciones más de una semana.

Lo opuesto puede pasar en cuarentena.

Aunque los días se sientan lentos, cuando llegas al fin de semana y miras hacia atrás, y estimas retrospectivamente cuánto tiempo ha pasado, has creado menos recuerdos de lo habitual y el tiempo parece haber desaparecido.

Es una versión menos extrema de lo que le ocurre a la gente cuando está en prisión o cuando está enferma.

El tiempo pasa penosamente lento y no ven la hora de que todo se acabe, pero cuando miran hacia atrás, les parece que el tiempo se hubiese contraído.

Todo en un mismo lugar

Claro que mucha gente está más ocupada durante el confinamiento, tratando de superar las dificultades tecnológicas de trabajar desde la casa mientras ayuda a sus hijos con la escolarización a distancia.

A pesar de ello, todas estas nuevas actividades se desarrollan casi en un único lugar, lo cual hace que creen menos recuerdos de lo habitual y sientan que el tiempo se les pasa volando.

Decenas de llamadas de Zoom hechas en el mismo sitio empiezan a fundirse en una, en comparación con la vida real donde vemos a la gente en diferentes lugares.

Conversación por internet

Getty Images
Con todas las conversaciones grupales en formato digital, estas tienden a fundirse en una.

Me pregunto si nuestra percepción del tiempo durante el confinamiento también se ve alterada por la necesidad de vivir más en el presente.

Cuando dejamos vagar a nuestra mente, en tiempos normales soñamos por lo general con el futuro, pero con menos cosas para planear, nuestro horizonte en el tiempo se ha acortado.

Puede que ahora pensemos en los días próximos o en el futuro lejano, cuando imaginamos que todo esto se habrá terminado.

Cuando lleguemos a ese futuro y miremos hacia atrás, a los tiempos del coronavirus, sospecho que nos resultará difícil diferenciar entre los meses de la cuarentena.

Puede que nos acordemos de cuándo nos enteramos de que el virus llegó al país donde vivimos o de cuándo anunciaron la cuarentena.

Este tipo de recuerdos son comunes cuando ocurren eventos grandes.

Pero por la falta de otros marcadores en el tiempo, una vez que comenzó el aislamiento, puede que las semanas siguientes nos resulten difíciles de diferenciar.

El futuro ¿viene o vamos hacia él?

Con frecuencia podemos deducir cuándo ocurrieron distintos eventos tratando de recordar qué estaba pasando en nuestra vida en ese momento (cuando empezamos un nuevo trabajo o salimos para celebrar el cumpleaños de alguien).

Pero cuando apenas puedes salir de tu casa, esas marcas en el tiempo no están allí y todos los días se funden en uno.

Hay una gran diferencia en cómo cada uno de nosotros percibe el tiempo.

En líneas generales, la mitad de nosotros ve el futuro como algo que viene hacia nosotros, mientras estamos quietos, mientras que la otra mitad lo ve como nosotros moviéndonos hacia el futuro.

Puedes descubrir en qué grupo te encuentras con esta pregunta: “La reunión del próximo miércoles adelantó dos días. ¿Qué día será entonces la reunión del miércoles?”.

Aeropuerto

Getty Images
El sitio donde estamos puede influir en la forma en que percibimos el futuro.

La pregunta tiene dos respuestas posibles y no hay una correcta.

Los que se ven a sí mismos como estáticos, con el futuro acercándose hacia ellos, tienden a responder lunes, mientras que los que se ven yendo hacia el futuro tienden a decir viernes.

Aunque la gente tiene por lo general una preferencia instintiva por una respuesta u otra, ciertas situaciones, como los viajes en tren, pueden alterar las respuestas de la gente.

La psicóloga Lera Boroditsky de la Universidad de Stanford, en Estados unidos, descubrió que cuando la gente está en la zona de salidas de un aeropuerto, donde está obligada a esperar, tiende a decir lunes, mientras que si está en la sala de llegadas donde siente que se está moviendo, tiende a responder viernes.

No puedo demostrarlo, por supuesto, pero me pregunto si la cuarentena nos transformará temporalmente más en gente que responde lunes, obligada a esperar a que el futuro se nos acerque.

*Claudia Hammond es autora del libro “Time Warped: Understanding the Mysteries of Time Perception”

*Esta nota se publicó en BBC Future. Haz clic aquí si quieres leer la versión original en inglés.


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