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Cuartoscuro Archivo

Subdirector de Finanzas de Lotería Nacional tiene a sus dos hermanos en puestos de dirección

El funcionario es Fernando Ojeda Villagómez, quien es subdirector general de Finanzas y Sistemas en la Lotería Nacional (Lotenal) y en Pronósticos para la Asistencia Pública.
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Fernando Ojeda Villagómez, quien es subdirector general de Finanzas y Sistemas en la Lotería Nacional (Lotenal) y en Pronósticos para la Asistencia Pública, tiene a dos de sus hermanos ocupando cargos de dirección en dichos organismos.

Se trata de Felipe Ojeda Villagómez, director de Tecnologías de la Información en Pronósticos, y Raúl Ojeda Villagómez, gerente consultivo en Lotenal, quienes ocupan esos puestos desde diciembre pasado.

Fernando Ojeda tiene uno de los puestos de mayor rango, y es subalterno directo del director general de ambos organismos, Ernesto Prieto. Aunque el nombramiento de sus hermanos no fue su decisión, sí tiene injerencia en materia laboral en las áreas donde sus familiares trabajan.

De acuerdo con la Ley de Responsabilidades administrativas, existe un conflicto de interés cuando “los intereses personales, familiares o de negocios del servidor público puedan afectar el desempeño imparcial de su empleo, cargo o comisión”.

Leer: Bartlett acusa a Calderón y a exfuncionarios de conflicto de interés y de debilitar a CFE

Para preguntar al respecto, Animal Político buscó a los funcionarios, pero la dirección de Mercadotecnia advirtió que no tenía nada qué decir; también se envió un mail al funcionario, pero no hubo respuesta.

Los nombramientos y los reglamentos

Aunque la Lotenal y Pronósticos son dos organismos distintos e independientes, la misma persona ocupa el cargo de director, en este caso: Ernesto Prieto Ortega; y también ocurre esa duplicidad con el cargo de Subdirector de Finanzas para ambos organismos, éste ocupado por Fernando Ojeda.

Animal Político obtuvo la circular número G.R.H./003/2019 firmada por la gerencia de Recursos Humanos de Pronósticos el 14 de enero, en la cual se oficializaron los nombramientos de los 19 puestos de dirección más importantes del organismo.

Entre esos, estuvieron Fernando Ojeda Villagómez como subdirector de Administración y Finanzas, y su hermano Felipe Ojeda Villagómez, como director de Tecnologías de la Información.

Aunque Felipe Villagómez depende directamente del subdirector de Informática, según el Manual de Organización de Pronósticos, su hermano, como titular de Administración y Finanzas, tiene facultad para tomar decisiones en materia laboral en todo el organismo.

Pues se encarga de “administrar y coordinar los recursos humanos, financieros y materiales”, y por su despacho pasa la decisión incluso de “tramitar la designación y cambio de adscripción, las comisiones administrativas, altas o promociones, así como las incapacidades, licencias y bajas de los trabajadores”, según explica el artículo 24 del Estatuto Orgánico del organismo.

Aunque Raúl Ojeda, gerente consultivo de la Lotería Nacional, no depende directamente de su hermano Fernando, éste ocupa el segundo cargo más importante en el organismo; incluso, tiene facultad para representar a la institución nacional e internacionalmente. Y además de administrar los recursos financieros, también puede “emitir manuales, lineamientos, procedimientos, políticas y demás disposiciones normativas internas”, según establece el Manual de Organización de la Lotenal. 

Incluso, la reforma a la Ley Orgánica de la Administración Pública de diciembre pasado establece que los titulares de Administración y Finanzas son nombrados directamente por la Oficialía Mayor de Hacienda, es decir, de Raquel Buenrostro.

Leer: Senado aprueba la reforma a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal

También se advierte que las atribuciones de dichos titulares los coloca en una posición de injerencia en todas las áreas, pues deben ejecutar todo lo relacionado con la “planeación, programación, presupuesto, tecnologías de la información, recursos humanos, recursos materiales, contabilidad, archivos, y los demás que sean necesarios”.

Además, en un oficio emitido por la Secretaría de Hacienda el 7 de diciembre de 2018, se explica que los titulares de Administración y Finanzas tendrán la facultad de proponer las contrataciones en sus respectivas dependencias o entidades, ante Hacienda.

Poca experiencia en el sector público

Ésta es la primera vez que el doctor en Administración, Fernando Ojeda Villagómez, ocupa un cargo de dirección en la administración pública federal. En su trayectoria laboral publicada en Declaranet se advierte que su último empleo fue como “socio director” de OAP de México, entre enero de 2011 y hasta diciembre de 2018.

Cargo que combinó como catedrático en la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM entre 2009 y 2018. También fue coordinador de Procesos de información en Teléfonos de México, entre 1989 y 2015.

Es ingeniero por la UNAM; tiene una maestría en Ciencias de la Computación por la Fundación Arturo Rosenblueth y un doctorado en Administración por el ITAM.

De acuerdo con el portal Nómina Transparente, su salario es de 91 mil 957 pesos libres.

Felipe Ojeda Villagómez, director de Tecnologías de la Información en Pronósticos, sólo había tenido un cargo menor en la administración pública entre 2003 y 2009, como jefe de División en la dirección de Innovación y Desarrollo Tecnológico del IMSS.

Su empleo más reciente fue en el Banco Monex, como gerente de Operaciones entre junio de 2016 y enero de 2018. Antes fue director de Proyecto de Banamex, entre febrero de 2014 y junio de 2015. Su carrera profesional la inició en 1991, en Bancomer.

En su cargo en Pronósticos gana 54 mil 493 mil pesos libres.

El tercer hermano, Raúl Ojeda Villagómez, actual gerente consultivo de la Lotenal, gana 41 mil 720 pesos libres, y es quien tiene más experiencia en la administración pública.

Antes de llegar a la Lotería fue encargado del despacho de la coordinación de Informática y Telecomunicaciones de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, sólo cuatro meses en 2018, de julio a noviembre.

Antes fue subadministrador de la Evolución a la Solución del SAT, entre 2009 y 2018. También trabajó en Telmex como líder de proyecto de 1993 a 2008.

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Los niños de Chernobyl: la historia de afectados por el accidente que recibieron tratamiento en Cuba

Los gobiernos de Cuba y Ucrania anunciaron que este año retomarán la colaboración para dar atención médica a hijos de afectados por el accidente de la central nuclear de Chernóbil de 1986.
14 de junio, 2019
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“No era como estar en un hospital. Hasta los niños más enfermos lo pasaban bien”.

El ucraniano Roman Gerus tiene muy buenos recuerdos de una experiencia que tuvo su origen en una catástrofe.

Hablamos de la explosión de uno de los reactores de la central nuclear de Chernóbil el 26 de abril de 1986, tragedia que vuelve a estar de plena actualidad por la exitosa miniserie de HBO Chernobyl.

Cuba

Getty Images
En esta imagen se ve al expresidente de Cuba, Fidel Castro, recibiendo a un grupo de niños provenientes de Bielorrusia en marzo de 1990.

Gerus fue uno de los más de 23.000 menores afectados por el accidente que recibieron atención médica en Cuba.

El programa auspiciado por el Ministerio de Salud cubano se desarrolló entre 1990 y 2011.

A finales de mayo, las autoridades cubanas y ucranianas anunciaron su intención de retomar la iniciativa, aunque sería a menor escala que el programa de los años 90.

¿En qué consistió aquella experiencia?

A la orilla del mar

Expresidente de Ucrania Victor Yanukovich rodeado de niños que participaron en el programa Niños de Chernóbil en Cuba

Getty Images
En Ucrania se valora positivamente la ayuda que brindó Cuba a los afectados por Chernóbil.

“Estuve en Cuba tres veces”, le cuenta Roman Gerus a BBC Mundo.

“La primera tenía 12 años, me quedé seis meses. La segunda tenía 14 años y me quedé tres meses. La última tenía 15 años y solo me quedé 45 días.

“Cada vez fue diferente, pero todas ellas las disfruté. Es algo que recuerdo con cariño, quiero regresar a Cuba con mi familia para mostrarles la isla”, dice.

Gerus enfatiza la belleza del escenario al que llegó para recuperarse de la enfermedad de la piel que desarrolló muchos años después del accidente de Chernóbil.

Este joven que ahora tiene 27 años ni siquiera había nacido cuando ocurrió el desastre, pero su familia vivía relativamente cerca de la planta nuclear.

“Cuando tenía unos 10 u 11 años, los doctores detectaron puntos blancos en mi piel, era vitíligo. Intentamos tratarlo en Ucrania, pero los médicos dijeron que no era tan fácil, que necesitaba medicamentos muy caros y no garantizaban que pudieran ayudarme”, relata.

Algunos de los participantes en el programa "Niños de Chernóbil"

Getty Images
Los niños ucranianos que llegaron a Cuba tenían enfermedades de distinta gravedad.

“Alguien le contó a mi madre que había un programa para ir a Cuba. Ella no se lo creyó al principio porque le dijeron que era gratis, pero averiguó los detalles y rellenó los documentos.

“Esperamos al menos medio año. De repente llamaron para decir que me iba en dos semanas. No me lo podía creer. Mis padres estaban preocupados porque Cuba está muy lejos de Ucrania y yo era pequeño, pero decidimos seguir adelante y me fui”.

Más de 25.000 pacientes

El lugar donde aterrizó Gerus era un balneario situado en la playa de Tarará, unos 30 kilómetros al este de La Habana.

Fundado en los años 50 como urbanización de clase media-alta, tras la Revolución Cubana se transformó en sede de los campamentos infantiles de la organización Pioneros José Martí.

Mujer con vitíligo en Cuba

Getty Images
En el programa de asistencia del gobierno cubano también participaron adultos, aunque la mayoría fueron niños.

El gobierno cubano rehabilitó la zona para acoger a los miles de pacientes que participaron en el programa “Niños de Chernóbil” durante más de 21 años: desde el 29 de marzo de 1990 hasta el 24 de noviembre de 2011.

Según datos del Ministerio de Salud de Cuba, en total fueron 26.114 pacientes (el 84% niños) que procedían fundamentalmente de Ucrania, Rusia y Bielorrusia.

Las serias dificultades que Cuba atravesó durante el llamado “periodo especial” en los 90 tras la disolución de la URSS no hicieron que el programa se detuviera.

Diferentes enfermedades

El complejo de Tarará contó con residencias para los niños y sus acompañantes, dos hospitales, una clínica, un parque de ambulancias, cocina, un teatro, escuelas, parques y áreas recreativas.

Sin olvidar los dos kilómetros de playa a unos 15 minutos de distancia.

A la isla llegaron pacientes con dolencias de distinta gravedad, desde cáncer, parálisis cerebral y problemas dermatológicos hasta malformaciones, enfermedades digestivas y trastornos psicológicos.

Niño de Chernóbil en Cuba

Getty Images
Algunos de los niños ucranianos que llegaron a Cuba también recibieron atención psicológica.

El programa estuvo bajo la dirección de los doctores cubanos Julio Medina y Omar García, que clasificaron a los pacientes en cuatro grupos dependiendo de su estado:

  • Niños con afecciones oncohematológicas y enfermedades graves que necesitaban hospitalización y permanecían en la isla durante varios meses en dependencia de su recuperación.
  • Niños con diversas patologías que requerían hospitalización pero no eran consideradas graves. Su estadía era de 60 días o más.
  • Niños con patologías susceptibles de tratamiento ambulatorio. Su estadía era de entre 45 y 60 días.
  • Niños relativamente sanos cuya estadía era también de entre 45 y 60 días.

Dos zonas

El caso de la ucraniana Khrystyna Kostenetska, que participó en el programa cuando tenía 12 y 13 años, corresponde al cuarto grupo.

“Fui a Cuba en 1991 y 1992”, le cuenta Kostenetska a BBC Mundo.

“Las dos veces estuve allí 40 días. Se supone que ese es el período en el que el cuerpo humano tiene la capacidad de recuperarse de una dosis baja de radiación“.

Dentista atendiendo a un menor ucraniano en Cuba

Getty Images
A los niños que viajaban a Cuba se les daba atención médica.

Kostenetska explica que había dos zonas diferenciadas en Tarará: el campamento bajo, donde se alojaban los niños con problemas más graves de salud, y el alto, destinado a menores sin problemas de salud pero que habían estado en las cercanías de Chernóbil.

“Vivíamos en pequeñas casas independientes, unos 15 niños en cada una. Los menores del campamento alto no teníamos un tratamiento médico específico, pero sí nos chequearon la visión y nos llevaron al dentista”, detalla.

Kostenetska tiene recuerdos contrapuestos de las temporadas que pasó en Tarará.

“Recuerdo un mar increíble, las olas, los atardeceres, la naturaleza y los helados, pero también me acuerdo de niños con graves problemas de salud“, expone.

“Eran niños con vitíligo que tenían que llevar manga larga y cubrirse del sol. A pesar de eso, el clima de Cuba sanó a algunos de ellos y aceleró la recuperación de muchos otros”.

Sol sanador

Varios niños miran una ilustración de recuerdo a las víctimas de Chernóbil

Getty Images
El desastre de Chernóbil de 1986 es el peor accidente nuclear de la historia.

Gerus fue uno de los niños que se recuperó totalmente.

“Después de la segunda vez que fui, todos los puntos se hicieron grises y desparecieron. Tomé algunos medicamentos, pero la principal medicina fue el sol”, afirma.

“Nadábamos mucho. El océano era precioso. Íbamos con los profesores a la playa, era parte del tratamiento. Siempre queríamos ir”, evoca Gerus, que recuerda que algunas noches participaban en actividades lúdicas como ir al cine o la discoteca.

Elementos poco claros

Más allá de los buenos recuerdos de Gerus y Kostenetska y de la visión positiva que generalmente se tiene del trabajo que realizó el gobierno cubano, es indudable que en Tarará se vivieron también situaciones dramáticas, especialmente si se piensa en aquellos que llegaron con dolencias más graves o en los que se quedaron fuera del programa.

En ese sentido, la corresponsal del servicio ucraniano de la BBC en Kiev Diana Kuryshko apunta que el proceso de selección de los participantes no fue del todo transparente.

“Crecí en un lugar menos contaminado, pero recuerdo vívidamente las secuelas del accidente de Chernóbil”, explica Kuryshko,

La periodista señala que aquella era una época de crisis profunda en Ucrania en la que las familias no podían permitirse el lujo de pagar billetes de avión para que los niños viajaran a lugares donde pudieran recuperarse de los efectos de la radioactividad.

Edificio en la zona de exclusión de Chernóbil

Getty Images
El accidente en la planta nuclear de Chernóbil ocurrió el 26 de abril de 1986.

“Cuando se dio a conocer el programa del gobierno cubano, la gente se emocionó pensando que podía mandar allí a sus hijos”, recuerda.

“Eras muy afortunado si tu hijo o hija podía ir a Cuba. No quedó muy claro cómo eligieron a los participantes, la realidad es que muchos de ellos no eran de familias precisamente humildes”.

A pesar de estas dudas, la percepción que se tiene en Ucrania y otras antiguas repúblicas soviéticas de la colaboración cubana es positiva y prevalece un sentimiento de agradecimiento.

“Aunque era pequeño, era capaz de entender que la situación de los cubanos era difícil, había mucha pobreza. Aun así fueron siempre muy agradables, desde los trabajadores de la cocina, hasta los profesores, los encargados de seguridad, los médicos,…”, evoca Gerus.

“Eran personas de muy buen corazón y eso fue lo más importante”.


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