Desmantelamiento de Prospera deja sin empleo a trabajadores de Salud
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Foto: Itxaro Arteta

Desmantelamiento de Prospera deja sin empleo a trabajadores de Salud

Cinco años de contratos temporales, sin prestaciones, con la promesa de obtener una plaza... y ahora odontólogos se quedaron sin empleo, con el cambio al programa Prospera.
Foto: Itxaro Arteta
28 de mayo, 2019
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Eli Flores es odontóloga. Desde hace cinco años trabajaba para atender a beneficiarios del programa Prospera, y otros en el Estado de México. Cinco años que se pasó con contratos temporales, sin prestaciones, con la promesa de obtener una plaza si cumplía con metas de productividad que, asegura, siempre sobrepasó. Y sin embargo, ante la desaparición del programa para convertirse solo en becas, se quedó sin trabajo en abril pasado.

Leer >> Desmantelan Prospera: Le quitan componentes de salud y alimentación, dejan solo becas

No hubo aviso previo ni recibió un finiquito, por lo que de tajo ha tenido que ajustar sus gastos. Con dos hijas pequeñas, de 4 y 6 años, lo primero que pasó fue que dejó de pagarle, a su vez, a la persona que le ayudaba a cuidarlas.

“Sin finiquito, sin liquidación, sin nada. Nada más cobramos la quincena, que fue hasta dos o tres días después. Sí nos pagaron, ¿pero qué haces con una quincena y ya? Dijeron que nos iban a volver a hablar, pero hasta ahorita no hemos tenido respuesta ni nada”, explica.

Este lunes además hizo el esfuerzo de ir desde el oriente del Estado de México hasta Palacio Nacional, para manifestarse junto con medio centenar de odontólogos, nutriólogos, psicólogos y personal administrativo en la misma situación que ella, afuera de la oficina del presidente Andrés Manuel López Obrador, que apenas el jueves pasado aseguró que no había despidos en el sector salud.

“De alguna manera nos tiene incómodos que el señor presidente haya dicho que no hay despidos, ¡cuando nosotros estamos aquí!”, reclama José Luis, uno de sus compañeros.

Oficios entre dependencias

Prospera dejó de existir formalmente el 31 de diciembre de 2018. Su operación y los convenios con los estados quedaron sin validez en esa fecha, explica en entrevista la titular de la Comisión Nacional de Protección Social en Salud, Angélica Ivonne Cisneros. El acuerdo con la Secretaría de Hacienda fue que esos recursos se transmitirían a la Secretaría de Salud, para el programa de Servicios de Salud y Medicamentos Gratuitos, ahora a cargo de la Subsecretaría de Integración y Desarrollo.

Pero en los estados, fue hasta febrero que recibieron un oficio –del que Animal Político tiene copia– en el que se informó a las Secretarías o Institutos de Salud locales que el 25 de enero se había acordado la conclusión del programa, su transformación en el nuevo Programa Becas para el Bienestar de Educación Básica “Benito Juárez”, y la eliminación de las corresponsabilidades que implicaba Prospera.

“No omito señalar que las nuevas disposiciones que al respecto se emitan, se harán de su conocimiento una vez que se determine la reorientación del presupuesto destinado originalmente al componente salud del programa que ha quedado sin vigencia”, concluye el escrito, firmado por Cisneros.

A la jurisdicción 16 del Estado de México, en Amecameca, llegó el 26 de marzo una circular de Recursos Humanos del Instituto de Salud del Estado de México (ISEM), donde informaba sobre la desaparición del programa, pero no exponía consecuencias.

“El personal que labora en dicho programa no causará baja por el momento, por lo que se deberá estar pendiente para la aplicación de los trámites correspondientes a que haya lugar”, señalaba.

Sin embargo, según varios odontólogos consultados, en abril los llamaron para que firmaran un nuevo contrato, solo por 15 días, y les dijeron que si no firmaban no iban a cobrar esa quincena. Ellos aseguran que en enero habían firmado otro contrato de seis meses, como siempre hacían, pero no saben qué pasó con él.

Dos semanas después, el lunes 15 de abril, les dijeron que era su último día de trabajo, que entregaran cualquier material que tuvieran bajo su resguardo y se llevaran sus cosas.

Y fue hasta un día después que se dio a conocer un nuevo oficio de Recursos Humanos, que hacía oficial la noticia.

“El personal que labora en dicho programa causará baja a partir del 16 de abril del año en curso”, señala el documento.

Desde que el programa terminó oficialmente, diversos estados asumieron el pago de algunos de los trabajadores o del cese de otros. En el Estado de México, mil 300 trabajadores estaban en esa situación de temporales pagados por Prospera. El ISEM recontrató a 600, sobre todo médicos y enfermeras, pero ya no alcanzaron los recursos para pagar al resto después de abril.

No despidos, sino terminación de contratos

Eli empezó a trabajar para un programa piloto de unidades móviles médicas del Instituto de Salud del Estado de México (ISEM), hace cinco años, pero con el tiempo Prospera absorbió este programa. Aunque el personal estaba contratado por el organismo local, los salarios se pagaban del presupuesto federal.

Aun así, nunca les dieron plazas, ni prestaciones, y aseguran que nunca les pagaron prima vacacional, aunque sí se estipulaba en sus contratos, siempre temporales, solo por seis meses.

“Algunos teníamos 5 años, desde que inició el programa. Y se supone que de acuerdo a los lineamientos de la Ley del Trabajo, cuando eres un trabajador que ya cumpliste consecutivamente contratos, ya no se te tiene que despedir”, reclama Eli.

Trabajaban por metas de productividad: cada uno de los 87 odontólogos contratados tenía que atender a 160 pacientes al mes, por lo que los manifestantes calculan que se va a dejar de atender a casi 14 mil personas por mes.

Bajo este esquema de metas, ellos no atendían solamente a beneficiarios de Prospera, sino también a comunidades de escuelas primarias, incluyendo niños, padres de familia y maestros, o los mandaban a ferias de salud. Donde se tenía una unidad dental, podían solicitarlos.

“Por eso hay mucha gente que piensa a lo mejor que es mentira lo de nosotros, porque no tenían servicio de odontología como tal. Pero es que nosotros no fuimos contratados específicamente para atender gente de Prospera; Prospera era el programa que financiaba nuestros sueldos, por decirlo así. Mandan un oficio a las jurisdicciones y dicen: te mando este personal y a tu disposición, si te hace falta en escuela, en servicio de salud, módulo, acomódalos. Entonces nosotros estábamos cubriendo espacios donde sí estaba la unidad dental, pero no había el recurso. Cuando ya nos mandan a estos lugares, se eleva la productividad, y ahorita sí se queda gente sin el servicio”, explica Erika Baca, otra de las afectadas.

La comisionada Cisneros confirmó que el programa Prospera no incluía en sus reglas de operación el servicio odontológico, por lo que incluso dijo que se va a revisar por qué el Estado de México había contratado  a casi 90 de estos profesionales, ya que en otros estados si acaso tenían a uno o dos.

Aunque aseguró que en el nuevo esquema de programa de Servicios de Salud y Medicamentos Gratuitos valorarán si hay sillones dentales públicos que estén disponibles, y podría definirse si se busca a alguien que los atienda.

Sostuvo que el fin de Prospera no implicó despidos, sino la terminación de contratos eventuales. La cifra oficial es que el programa operaba con mil 159 empleados de base sindicalizados en todo el país, una nómina que implicaba 515 millones de pesos y que sigue intacta, asegura Cisneros. El resto era personal complementario, que además eran los estados quienes se encargaban de contratar como personal eventual.

Uno de estos contratos era el de Eli, que espera que en los reajustes pueda volver a conseguir un puesto. Pero por ahora, entre oficios de dependencias y cambios de programas, se quedó sin trabajo de un día para otro.

“La verdad es que siempre fue un contrato muy injusto. Ahorita después de 5 años, decirte vete y busca un trabajo. Yo siempre traté de mantener la productividad, y ahorita que soy mamá, me genera un gasto”, se lamenta.

“Es injusto. ¡Y sobre todo que diga que no hay despidos!”.

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#YoSoyAnimal

#TheatreCapChallenge, la sencilla idea que "está salvando vidas" en las salas de operación

Cuando el británico Rob Hackett apareció en el quirófano con su nombre y profesión escrito en el gorro, recibió varias burlas. Pero esa sencilla medida ayuda a disminuir lo que es la tercera causa de muerte en Estados Unidos: los errores médicos.
31 de mayo, 2022
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“¿Acaso no puedes recordar tu nombre?”, solían decirle los colegas de Rob Hackett en broma.

Era fines de 2017 y el anestesista británico había decidido empezar a ingresar a las salas de operaciones con su nombre y profesión escritos en el gorro, algo tan vistoso que era ineludible para sus colegas.

Y esa era justamente la idea: que lo detectaran y leyeran con facilidad.

Un año y medio después, su iniciativa #TheatreCapChallenge (“desafío del gorro de quirófano”) se volvió viral y, según Hackett, ya está salvando vidas.

“Desde hace más de 10 años que me enfoco en mejorar la seguridad de los pacientes”, cuenta el médico a BBC Mundo desde Sídney (Australia), donde vive desde hace dos décadas.

Su interés en el tema comenzó tras presenciar la muerte de una madre joven por una serie de “peligros que aún existen”.

“Soy consciente de que otra gran cantidad de personas continúa muriendo innecesariamente por estos mismos problemas”, dice el anestesista.

Esos “peligros” o “problemas” se llaman errores médicos.

En Estados Unidos, por ejemplo, los errores médicos son la tercera causa de muerte, según un estudio realizado por la Universidad Johns Hopkins y publicado en la revista British Medical Journal en 2016.

Principales causas de muerte en EE.UU.. . .

Y, de acuerdo con la última guía para cirugías seguras de la Organización Mundial de la Salud, la comunicación es la raíz de 70% de los “miles de eventos adversos reportados (dentro de los quirófanos) entre 1995 y 2005” .

Hackett ha sido testigo directo o indirecto de todo ello.

Durante sus 12 años como anestesista, ha sabido de estudiantes a los que piden que terminen una operación porque los confunden con novatos en fase de entrenamiento.

O pacientes que sufren infartos porque no recibieron la compresión torácica (maniobra de primeros auxilios) a tiempo por la sencilla razón de que nadie en la sala quirúrgica se dio por aludido cuando se dio la orden.

Así que se propuso buscar medidas para cambiarlo.

#TheatreCapChallenge

“Conocí la llamada ciencia de los factores humanos a principios de 2015 y el tema me motivó aún más después de asistir a una serie de presentaciones del experto en seguridad médica (Rollin) ‘Terry’ Fairbanks”, cuenta Hackett.

Médicos operando.

Getty Images
La comunicación dentro de la sala de operaciones es la raíz del 70% de los “eventos adversos”, dice la OMS.

Fue en esa época que intentó introducir en la sala de operaciones lo que definió como “otra iniciativa obvia de seguridad”: “Fui sometido a intensas amenazas e intimidaciones por parte del personal de mayor jerarquía dentro de uno de mis propios hospitales”.

“Tal vez fue entonces cuando me di cuenta de que había pocas posibilidades de cambio y mejora dentro de los marcos de asistencia sanitaria existentes”, agrega.

Abandonó esa idea pero seguía pensando que algo debía cambiar.

La idea de los gorros con nombres llegó de una forma inesperada: leyendo el libro de autoayuda “Cómo ganar amigos e influir sobre las personasdel estadounidense Dale Carnegie.

“Cuanto más lo pensaba, más obvia y fantástica me parecía la idea”, confiesa. “Crea una mejora en la atención al paciente y expone los marcos de atención médica en los que nos basamos para resistirnos al cambio”.

Pero a la iniciativa le faltaba masificación.

La idea llegó de la entonces estudiante para partera Alison Brindle, quien propuso usar el hashtag #TheatreCapChallenge en redes sociales, cuenta Hackett.

En Twitter, en los últimos dos meses, el hashtag ha sido usado principalmente en Reino Unido y Estados Unidos, pero Australia, España y México le siguen en menciones, según la herramienta Hashtagify.

Además, organismos como las asociaciones de anestesistas de EE.UU. y Australia han apoyado públicamente la iniciativa.

La Asociación Estadounidense de Asistentes Médico Quirúrgicos, por ejemplo, lo agregó a su lista de políticas e informó: “Es una idea simple y gratuita que ayuda a mejorar la comunicación en una emergencia, especialmente en instituciones más grandes donde puede ser más difícil identificar a colegas y caras nuevas”.

“Experimento psicosocial”

Cuando Hackett comenzó con la iniciativa, creó un video donde explica que “saber los nombres de las personas y sus roles es una habilidad no técnica esencial para el trabajo en equipo”.

En situaciones de emergencia como un paro cardíaco, cuando el personal está corriendo hacia el quirófano, saber “quién es quién” marca la diferencia, continúa.

“Orquestamos al equipo con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir“.

Desde que se convirtió en “el loco” que lleva su nombre escrito en la frente hasta la actualidad, Hackett ha escuchado numerosas críticas.

Las principales, cuenta a BBC Mundo, son el costo, la falta de evidencia científica para llevar adelante la experiencia y la vergüenza de verse “poco profesional”.

Pero Hackett tiene argumentos para cada crítica.

Equipo médico.

Gentileza Rob Hackett
Rob Hackett junto a un equipo médico en Sídney, Australia, donde cada uno tiene su gorro con nombre y profesión.

Si bien hoy en día lleva un gorro con sus datos bordados, en un principio simplemente lo había escrito a mano. Por eso, agrega, el costo de implementación es cero.

Respecto a las pruebas, el británico cita una investigación de la Escuela Imperial de Anestesia de Reino Unido presentada en Londres el año pasado que afirma que los cirujanos saben el nombre de menos de la mitad (44%) del personal médico dentro del quirófano.

“Conocer y reconocer a los miembros del equipo por su nombre ha sido cuantitativa y cualitativamente asociado con una mayor confianza, compromiso laboral y resultados clínicos“, dice otro estudio publicado el año pasado por la revista British Journal of Anaesthesia.

El trabajo, que analizó el impacto de #TheatreCapChallenge en un hospital en Reino Unido, afirma que el recuerdo de nombres aumenta con los gorros, algo que no sucedió en otro estudio que incluyó una chapa identificatoria en el pecho.

Además, de acuerdo a ese mismo estudio, 94% de los anestesistas y enfermeros apoyaron la iniciativa.

“La reacción de los profesionales médicos ha sido fascinante”, confirma Hackett.

Médicos corriendo.

Getty Images
En las emergencias, saber quién es quién ayuda a organizar al equipo médico “con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir”, dice Hackett.

Según una encuesta realizada por PatientSafe Network, una organización sin fines de lucro sobre seguridad del paciente que Hackett dirige, 86% del personal apoya la iniciativa.

El apoyo fue unánime por parte de los estudiantes de enfermería y medicina, aquellos que son nuevos en la atención médica”, dice, agregando que lo mismo ha sucedido con los pacientes.

“Sin embargo, el apoyo fue menor entre quienes tienen la mayor influencia: el personal que ha estado en la industria durante más de 20 años”, reconoce.

Y es aquí donde entra el factor del profesionalismo y prestigio.

En palabras de Hackett, el #TheatreCapChalleng “es como un experimento psicosocial internacional masivo, que expone fácilmente dónde la cultura de la atención médica está fallando”.


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https://www.youtube.com/watch?v=6AMWU9EbdCU

https://www.youtube.com/watch?v=AYRg2DPj-FM

https://www.youtube.com/watch?v=UtuieuqZq7M

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