Vecinos del pueblo de Xoco exigen cancelar obras de Mítikah; cierran tres carriles de Universidad
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Siboney Flores

Vecinos del pueblo de Xoco exigen cancelar obras de Mítikah; cierran tres carriles de Universidad

Los inconformes se colocaron entre avenida Universidad y calle Real de Mayorazgo; califican la tala irregular como ecocidio y piden que sea castigado.
Siboney Flores
Por Siboney Flores
9 de mayo, 2019
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Decenas de vecinos de la colonia Xoco cerraron durante la mañana de este jueves el acceso a la calle Real de Mayorazgo y tres carriles de la avenida Universidad, en protesta por la tala irregular de al menos 54 árboles, hecha por la inmobiliaria Mítikah.

Con pancartas que dicen: “Claudia (Sheinbaum): El pueblo de Xoco te respalda, no a Mítikah” y “Masacre en Xoco por inmobiliarias voraces”, los vecinos exigieron que las acciones de la empresa, a las que califican como “ecocidio”, sean castigadas y se cancelen definitivamente las obras.

Los inconformes informaron a Animal Político que el desnivel que Mítikah pretende construir sobre Real de Mayorazgo hasta la entrada de su torre, incluye un patio central con una fuente, el cual, según ellos, “solo servirá para adornar, más no beneficiará la movilidad de los habitantes de Xoco”.

Leer: Mítikah ignoró acuerdo con Sedema y taló árboles con dolo, dice Sheinbaum

Otra de las acciones que piensa realizar la empresa, contaron los vecinos, es quitar los árboles que rodean la barda perimetral del BBVA Bancomer, ubicado en la misma calle, con el fin de construir un nuevo carril de acceso al pueblo de Xoco, pues el paso a desnivel reducirá el espacio para los vecinos de la zona.

Durante la manifestación se dio un altercado luego de que un vecino de la misma colonia intentara salir de la calle Real de Mayorazgo para ir al médico y su paso fuera impedido. Después de algunos minutos de discusión con los manifestantes, el vecino fue auxiliado por elementos de tránsito y logró salir de la zona.

En entrevista, René Rivas, representante del pueblo de Xoco y vecino de la colonia General Pedro María Anaya, comentó que Mítikah ha trabajado en tres etapas desde 2009: la primera consistió en la construcción de un edificio a lado del Hospital San Angel Inn; la segunda incluyó la construcción de un edificio de 65 pisos, otro de 35 edificios, un helipuerto, y otro edificio con 11 pisos que albergará como consultorios médicos. Esta segunda etapa incluye la Torre Mítikah.  

La tercera etapa contempla la construcción de tras dos torres muy cerca de avenida Universidad.

René contó que se percataron de la tala irregular luego de que el 1 de mayo llegara personal de la empresa con equipo de poda y al día siguiente comenzaran a cortar los árboles. Entre el 3 y 4 de mayo los trabajadores colocaron vallas de acero sobre el camellón de Real de Mayorazgo y lograron la tala de los 54 árboles. “Todo lo hizo una plantilla de entre 70 y 80 personas”.

Como respuesta a la protesta, el gobierno de la Ciudad de México, encabezado con Claudia Sheinbaum, acordó una reunión con los vecinos inconformes el próximo 16 de mayo, para abordar el tema de Mítikah y de otras construcciones en el pueblo de Xoco. Estarán presentes integrantes del Sistema de Aguas de la Ciudad de México; de la Secretaría de Medio Ambiente (Sedema); de la Secretaría de Movilidad, y de la Secretaría de Desarrollo y Vivienda.

Contaban con un permiso temporal

El proyecto de la empresa Mítikah, que inició en 2008, contempla una superficie de 4 mil 799 metros cuadrados y construcción de 3 mil 269 metros cuadrados.

El término de las obras estaba programado para finales de 2019. En algunos sitios de internet de venta de inmuebles se ofrecen los departamentos de Mítikah desde los 5 hasta los 25 millones de pesos.

En las últimas semanas, la empresa inició los trabajos para la construcción de un paso a desnivel desde la avenida Universidad, hasta la entrada de la torre, para lo cual necesitaban talar decenas de árboles ubicados en la calle Real de Mayorazgo.

Leer: Las etapas y las metas del programa de siembra de árboles de AMLO 

El pasado sábado, nueve de sus empleados fueron detenidos por autoridades capitalinas al ser sorprendidos cuando subían los árboles derribados a dos camionetas. Los trabajadores talaron al menos 54 árboles.

Los empleados mostraron un permiso temporal de impacto ambiental, emitido por la Secretaría de Medio Ambiente (Sedema) en noviembre de 2018, el cual necesitaba también la autorización de la Secretaría de Movilidad (Semovi) y la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), pero la empresa no cumplió con ello por lo que la tala de los árboles se hizo de manera irregular.

Fibra Uno, el fideicomiso de inversión en bienes raíces que invirtió en el proyecto de Mítikah, informó que los nueve empleados fueron liberados este martes al determinarse que ellos no cometieron ninguna conducta ilegal, aunque este miércoles la PGJCDMX informó que apelará el auto de no vinculación a proceso de los presuntos responsables.

Asimismo, la Fiscalía Desconcentrada de Investigación de Delitos Ambientales y en Materia de Protección Urbana continuará con las investigaciones del caso, a fin de determinar la responsabilidad penal de la persona moral, señalar a otros probables participantes y, del mismo modo, llevarlos ante el juez de control.

Como parte de estas investigaciones, la Procuraduría del Medio Ambiente y del Ordenamiento Territorial de la Ciudad de México (PAOT), denunció antes dicha fiscalía la tala de 13 árboles más en la misma zona, por lo que ya se iniciaron las indagatorias correspondientes.

En tanto, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, calificó la tala de los 54 árboles como una acción “con dolo” y por encima de la ley, por lo cual aseguró que se harán las investigaciones correspondientes para dictar las sentencias administrativas y penales adecuadas.

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El Halconazo: la masacre que dejó cientos de estudiantes muertos en México y fue investigada como genocidio

Luego de la matanza de estudiantes de 1968, los universitarios de México volvieron a salir a las calles el 10 de junio de 1971. La fecha es recordada como el "halconazo", pues enfrentaron otro tipo de represión encubierta.
10 de junio, 2021
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La masacre del 2 de octubre de 1968 fue un suceso traumático para los estudiantes universitarios en Ciudad de México.

Militares usaron sus armas para terminar con una protesta estudiantil en la plaza de Tlatelolco, la cual dejó cientos de muertos, heridos, desaparecidos y detenidos.

Los universitarios no dejaron morir su movimiento, pero pasaron más de dos años sin organizar una nueva marcha masiva contra el gobierno.

Hasta el 10 de junio de 1971.

En esa fecha, un jueves de Corpus en el calendario católico – que luego daría nombre a lo ocurrido – , vieron la oportunidad de nuevamente salir a las calles y manifestarse a favor de la educación pública y el movimiento estudiantil de la época.

“Testimonios de manifestantes ese día dicen que la emoción era mucha. Era volver a tomar las calles que les habían intentado arrebatar en 1968. Entonces el 10 de junio era volver a tomar las calles y tenía un simbolismo muy importante”, le explica a BBC Mundo el historiador Camilo Vicente Ovalle.

Pero todo terminó en una nueva matanza.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los universitarios se reunieron en Ciudad de México el 10 de junio de 1971.

Un grupo paramilitar, llamado los “halcones” y organizado por el gobierno mexicano, paró la protesta en seco.

A las agresiones con palos les siguió el uso de armas de fuego. Incluso los heridos fueron “rematados” en las salas de emergencias de los hospitales.

Desde entonces se conoció a lo ocurrido como el “halconazo” o la “masacre del “jueves de Corpus”, un hecho que incluso una fiscalía especial calificó décadas después como “genocidio”, pero por el que nadie fue condenado.

El motivo de la protesta

La protesta del “jueves de Corpus” se dio en respaldo a los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León, del norte del país, que se habían ido a huelga por conflictos con el gobierno estatal.

Le sumaron sus propias demandas, como la liberación de presos políticos y la democratización de la educación pública.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

INEHRM
La marcha exigía la liberación de presos políticos de 1968, entre otras demandas.

“Hay un golpe brutal a las movilizaciones sociales y populares en 1968, pero los estudiantes se continuaron organizando”, señala Ovalle, autor de Tiempo suspendido, un libro que documenta – incluso con archivos clasificados – lo ocurrido entorno a episodios como el de 1971.

Los universitarios en la ciudad de Monterrey pidieron la solidaridad del resto del país, así que los alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN), las dos instituciones superiores más importantes del país, respondieron al llamado.

En ese contexto, alumnos de la UNAM y del IPN convocaron la marcha del 10 de junio.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

INEHRM
La manifestación estudiantil no estaba autorizada por el gobierno. Pero los jóvenes dijeron que había garantías de que sería pacífica.

Pese a que la huelga de la UANL ya se había suspendido antes de esa fecha, y las demandas se habían atendido, los estudiantes de Ciudad de México decidieron mantener la cita para protestar.

El inicio del ataque

A las 4 de la tarde, la protesta dio inicio con unos 10 mil estudiantes concentrados en el Casco de Santo Tomás, uno de los campus del IPN.

Planeaban caminar hacia el Zócalo, la plaza más importante de Ciudad de México.

“Era una marcha no autorizada. Entonces los estudiantes se encuentran calles bloqueadas por granaderos y policías que impiden que avance la marcha o que tomen otras calles”, explica Ovalle.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
La policía y el ejército no buscaba disuadir activamente la protesta, pero sí bloquearon calles.

Resueltos a avanzar pacíficamente, habían caminado un kilómetro cuando se encontraron con el grupo de los “halcones” – reportes dicen que eran al menos 400 o 500 – en el cruce de dos avenidas.

Esta vez no eran uniformados de la policía del Departamento del Distrito Federal (DDF), ni del ejército, los que intentaban “romper” la protesta, como en 1968. El ataque vino de jóvenes vestidos de civil que cargaron contra el contingente estudiantil.

“Los halcones estaban esperando en el punto definido para el ataque. Sí había algunos infiltrados en la marcha, pero el grueso del grupo paramilitar entra por esa parte de la avenida y se lanza en contra de la manifestación”, explica Ovalle.

Miembros del grupo los "Halcones"

INEHRM
Los miembros de los “halcones” fueron armados con apoyo de la policía y el ejército, según se supo después.

Víctor Guerra, uno de los líderes estudiantiles de la época, relata que él estaba integrándose a la marcha cuando empezó todo.

“Vi que la policía se bajaba para apoyar a los halcones. Vi cómo les proporcionaban varas de bambú. Minutos después de eso empezaron los disparos“, explicó Guerra a la agencia estatal mexicana Notimex.

“Fue una ratonera”

Como luego reconocería el coronel Manuel Díaz Escobar, entonces funcionario del DDF, los “halcones” fueron financiados y capacitados por el gobierno. El militar también había estado al frente del batallón “Olimpia” que atacó a los estudiantes de la masacre de 1968.

Estudiantes protestando en México el 10 de junio de 1971

CUEC-UNAM

El grupo portaba varas de bambú porque fueron entrenados en artes marciales y usaban los palos como arma kendo. La película “Roma”, de Alfonso Cuarón, así lo retrata.

Pero su actuación fue combatida por los estudiantes aquel 10 de junio.

“Son repelidos por los manifestantes. Y al ver la resistencia, se repliegan. Entran en su lugar halcones que ya llevan fusiles M-1 y otras armas de fuego que comienzan a disparar contra la manifestación”, explica Ovalle en base en la documentación que obtuvo.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los “halcones” utilizaron armas de fuego incluso en hospitales.

Por su parte, Guerra cuenta algo similar: “Vi a un sujeto, en una foto muy famosa, que está disparando afuera de la Escuela Nacional de Maestros, hincado, disparando hacia adentro”, relata.

También asegura que desde lo alto de un edificio contiguo pudo ver disparos “hacia la multitud”.

Fue un ataque indiscriminado, que tuvo toda la intención de dispersar a los manifestantes y, nuevamente, mostrar el poder del Estado, pues la policía y el ejército respaldaron las acciones.

“Fue una ratonera (…) Como la táctica de yunque y martillo: hay una fuerza que empuja al enemigo contra una fuerza superior que los aplasta“, explica el historiador.

El “remate” en hospitales

La manifestación se dispersó al transcurrir los siguientes minutos.

Muchos estudiantes intentaron esconderse en las escuelas, negocios y viviendas de la zona. Pero ni los heridos, que habían llegado a clínicas como el Hospital Rubén Leñero estuvieron a salvo.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Algunos recuentos indican que ese día murieron hasta un centenar de jóvenes, pero la documentación muestra que fue una treintena.

“Hay periodistas, pacientes, médicos y enfermeras que fueron testigos de cómo grupos de halcones entraron al hospital y agredieron a estudiantes con armas de fuego”, explica Ovalle.

La acción se calificó como el “remate” de los heridos, documentado en numerosas notas y crónicas en los medios que, pese al control informativo del gobierno en aquella época, salieron a la luz ya que los periodistas fueron también atacados.

“La prensa estaba muy enojada con el gobierno federal. Estaban tan molestos que Luis Echeverría tuvo que reunirse con ellos a los dos días del ataque para ofrecer disculpas”, señala Ovalle.

Estudiantes protestando en México el 10 de junio de 1971

CUEC-UNAM
Las autoridades de ese entonces culparon de lo ocurrido a los propios universitarios. Luego se sabría que no fue así.

Nunca se ha podido determinar cuántas víctimas hubo. Pero se calculan unos 30 muertos, cientos de heridos de distinta gravedad y decenas de detenidos.

Un “genocidio” descalificado

El líder estudiantil Félix Hernández dice que si bien la “represión” de 1968 “no se justifica y no se entiende”, la del 10 de junio “se entiende menos”.

“El gobierno decidió no utilizar a la tropa uniformada. Entonces utilizó a los halcones, un grupo paramilitar que, sin embargo, estaba formado por exmilitares o militares en activo”, señaló Hernández a Notimex.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los periodistas también fueron atacados por los “halcones”, lo que dio pie a la publicación de notas y crónicas muy negativas para el gobierno.

En una primera reacción, la Procuraduría General de la República (PGR) indicó que, en base en una investigación, había determinado que un grupo de estudiantes estaba armado.

“Muchos de los integrantes portaban palos, varillas y otras armas”, dijo la PGR al diario El Universal. Otro grupo cargó “contra los manifestantes y fue cuando se provocó una riña colectiva en la que se dispararon armas de diverso calibre”.

Las autoridades constataron la “existencia de francotiradores que hacían sus disparos en contra de los manifestantes y de la policía”.

Pero con el paso de los días, reconocieron que los “halcones” era un grupo que había sido entrenado por el gobierno.

Luis Echeverría

Getty Images
Luis Echeverría gobernó México entre 1970 y 1976.

El alcalde Alfonso Martínez y su jefe de policía, Rogelio Flores, renunciaron a sus cargos. El presidente Luis Echeverría ordenó una investigación.

Cincuenta años después, nadie ha sido juzgado ni encarcelado por lo ocurrido.

En la década de 2000, el gobierno de México creó una fiscalía especial para investigar sucesos como el de 1971. Se intentó que el expresidente Echeverría fuera procesado por “genocidio”.

La Suprema Corte determinó que ese delito no había prescrito para Echeverría y su secretario de Gobernación (Interior), Mario Moya Palencia, por lo que podían ser juzgados.

Pero la magistrada del caso, Herlinda Velasco, consideró que no se acreditaba el delito de “genocidio”, sino de “homicidio simple”, que sí había prescrito luego de transcurridos más de 30 años de lo ocurrido.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Nadie fue encarcelado ni juzgado por la matanza de 1971.

Para Ovalle, la matanza del “Halconazo” se explica dando un paso atrás y mirando qué ocurría en aquellos momentos en México.

“El 71 no fue una repetición del 68”, sostiene. “Fue parte de la estrategia contrainsurgente” para combatir a grupos sociales, en momentos en que el comunismo se consideraba un peligro geopolítico en el occidente liderado por Estados Unidos.

“No fueron eventos excepcionales, medidas exageradas de fuerza. Era parte de la estrategia contrainsurgente que el gobierno tenía desplegadas”, señala el historiador.

“Hoy a simple vista parece un error, volver a cometer una masacre, pero no. En esos años había una estrategia en la que los sucesos de 1968 y 1971 cobran sentido”.


Fotografías del acervo del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) y de la Coordinación de Memoria Histórica y Cultural de México.

El INEHRM y la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Secretaria de Gobernación editaron una antología con documentos de agencias de inteligencia, cables diplomáticos y notas de prensa de México y Estados Unidos sobre el “halconazo. El libro estará en línea para su consulta y descarga gratuita en su web.


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