Hay fallas de distribución y sigue faltando medicamento, acusan activistas y pacientes con VIH
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Tamaulipas Diversidad VIHDA Trans, AC.

Hay fallas de distribución y sigue faltando medicamento, acusan activistas y pacientes con VIH

Usuarios y organizaciones de la sociedad civil acusan que solo se compraron fármacos para un mes, y que están llegando a los centros de salud de los estados a cuentagotas, por problemas en la distribución.
Tamaulipas Diversidad VIHDA Trans, AC.
17 de mayo, 2019
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El pasado martes llegó la llamada que Josué esperaba desde hace días. Del Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención de Sida e Infecciones de Transmisión Sexual (CAPASITS) de Tampico, Tamaulipas, donde él vive, le marcaron para avisarle que ya podía pasar a recoger su medicamento para el VIH. 

Tenía dos semanas que no tomaba sus medicamentos y estaba aterrado por la posibilidad de que lo atacara lo que se conoce como una infección oportunista. Ya eran casi las 3 de la tarde cuando le marcaron, justo cuando cierran la distribución de medicamentos en el (CAPASITS). 

Fue hasta este miércoles cuando por fin tuvo en su mano la caja de Atripla, el fármaco que toma para mantener a raya al VIH en su organismo y evitar caer en una fase de sida, como se le conoce cuando una infección oportunista, o varias, aprovechan las deficiencias del sistema inhume, provocadas por el virus, para atacar. 

Leer: Mi pesadilla es quedarme sin medicamentos: personas portadoras de VIH denuncian desabasto

Josué, quien se dedica a la publicidad por Facebook, se quedó un tiempo sin su medicamento por el desabasto de antirretrovirales que se presentó en varios estados del país, entre ellos Tamaulipas, por el retraso en la compra de los mismos por parte del gobierno federal, y que afectó principalmente a los usuarios del Seguro Popular y, por lo tanto, de los CAPASITS. 

El publicista dice que después de esos días sin medicación no está del todo bien.

“El 7 de mayo me tomaron una muestra de sangre para ver cómo estaba, y el jueves 9 me dieron los resultados. Se los llevé de inmediato al médico del centro y resultó que tengo Hepatitis B. Pero según él está en un nivel muy bajo, y no hay riesgo. Me dijo que con el mismo Atripla iba a ser el tratamiento, cuando lo pudiera tomar”. 

Josué comenta que cuando recibió el fármaco no tuvo ninguna revisión médica. “No nos checaron. Había una fila enorme y solo nos dieron el medicamento. Mi cita médica me la reagendaron justo para dentro de un mes, así que solo voy a volver a tomar el Atripla y esperar”. 

Para el publicista estos días serán de zozobra, no solo por saberse con Hepatitis B, aunque sea en un nivel muy bajo, también por la incertidumbre de no saber si dentro de un mes estará su medicamento disponible en el CAPASITS de Tampico, o no. 

“Ayer el director del centro, Juan Beltrán Saldaña, nos dijo, y lo confirmó en una entrevista con medios locales, que solo hay abasto para un mes, que solo se hizo la compra por ese tiempo, como una medida emergente. Pero no se ha hecho la compra consolidada a nivel nacional por todo el año. El presidente López Obrador dijo que se iba a hacer una excepción con los antirretrovirales por humanidad, y se le agradece, pero ahora resulta que el problema está resuelto solo por este mes y el siguiente a ver qué pasa”. 

Beltrán Saldaña, el director del CAPASITS Tampico, dijo en entrevista con medios  que el problema “es que los proveedores normales dejaron de ser proveedores de los medicamentos, y ahora el nuevo proveedor no tiene el inventario necesario para todo el año, por eso solo se puede comprar lo de un mes”. 

Con todo, Josué es de los afortunados. Ana Karen López, activista de Tamaulipas Diversidad VIHDA Trans, asevera que es mentira que se haya resuelto el desabasto, como anunció el gobierno. 

Leer: Organizaciones y pacientes con VIH Sida de cinco estados denuncian nuevo desabasto de antirretrovirales

“Acá al CAPACITS de Tampico llegaron sólo 197 frascos de Atripla, cuando los usuarios de ese medicamento son 600, solo en este centro. Nosotros contamos las cajas y eran sólo 197. Y sí, ya desde ayer tenemos reportes de personas que se quedaron sin medicina. Llegaron al CAPACITS, se formaron, porque estaba como la cola de las tortillas, y les dijeron que ya no había”. 

Por ahora, Ana Karen dice que no saben cuántas personas de este centro siguen sin poder tomar su medicación, porque aunque las cajas eran 197, hay quien todavía tenía reserva. “Estamos tratando de hacer un censo de cuánta gente, de los de aquí de Tampico, no tienen una sola caja, y estamos buscando información de otros centros como el de Nuevo Laredo, pero por ahora no tenemos claro cuántas personas siguen sin tratamiento”. 

El problema, dice Adrián Quiroz, del Movimiento Nacional de Lucha contra el VIH, es cómo está haciendo el gobierno federal la distribución de medicamentos. “Todo está llegando a la Clínica Condesa, en la CDMX, y de ahí están enviando los medicamentos a los estados, en camionetas, en Vans, y hasta en ambulancias”.

En Yucatán, explica el activista, “a la jefa del Programa de VIH del Seguro Popular le dijeron que se tenían que encargar de la distribución para todo el sureste, imagínate. Y en algunos lados les están diciendo que tienen que venir a la CDMX por los fármacos. Hace rato ahí en la Clínica Condesa vimos una camioneta del estado de Jalisco, y otra de Puebla”. 

Es por eso, asegura, que “los medicamentos están llegando a cuentagotas, y claro, seguro que hay personas que se están quedando sin tomar su tratamiento, porque no se está haciendo bien la distribución, no hay una cadena  formal, organizada, y tampoco hay seguridad para hacerla, hay hasta riesgo de que se roben los cargamentos. Y perdón, pero esto no es gasolina, es la vida de la gente”. 

Animal Político busco una entrevista con la Secretaría de Salud para hablar de estos temas, pero hasta el cierre de esta edición no se pudo concretar. 

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¿Qué tan buenas son las caretas para protegernos del coronavirus?

En apariencia, los protectores plásticos se ven más cómodos y fáciles de usar. BBC Mundo recogió la opinión de diversos expertos para entender si nos brindan o no el mismo nivel de protección.
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13 de julio, 2020
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Con la flexibilización de las normas de confinamiento y la reapertura de tiendas, bares y restaurantes en numerosas ciudades del mundo, los cubrebocas se han convertido en una prenda de uso cotidiano.

En Reino Unido y otros países de Europa, por ejemplo, muchas marcas de ropa ofrecen mascarillas de tela reutilizables en distintos modelos, patrones y colores.

Sin embargo, en las últimas semanas, un nuevo elemento de protección ha empezado a verse en las calles: se trata de un protector o careta de plástico transparente, que hasta poco solo era utilizado por personal sanitario o en ambientes médicos u hospitalarios.

A simple vista, estos escudos protectores se ven más cómodos que las mascarillas: al no estar en contacto directo con la nariz y la boca se hace más fácil respirar, hablar, dan menos calor y, definitivamente, son menos claustrofóbicos.

¿Pero nos protegen en la misma medida que una mascarilla facial? ¿Podemos remplazar a una por otra?

Ventajas

Según un artículo de opinión publicado recientemente en JAMA, la revista de la Asociación Médica Estadounidense, estas caretas tienen una serie de ventajas.

“Son cómodas de usar, protegen los portales de entrada del virus y reducen la potencial autoinoculación, ya que evitan que el usuario se toque la cara”, dice el texto elaborado por el doctor Eli Perencevich, especialista en enfermedades infecciosas de la Universida de Iowa, y otros dos investigadores.

A diferencia de los tapabocas no hace falta quitárselas para facilitar la comunicación, pueden reutilizase indefinidamente si no están averiadas, y limpiase fácilmente con agua y jabón o desinfectantes comunes, señala el artículo.

Mesero con protector facial

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Para las personas que están en contacto constante con miembros del público y necesitan comunicarse verbalmente, las caretas resultan mucho más cómodas.

Los autores no abogan por el uso de esta careta como única medida pero sí consideran que puede ser un elemento más en una estrategia de contención del coronavirus que incluya el lavado de manos, la distancia social y el rastreo de contactos.

Por otro lado, añaden, las caretas cubren un área mucho más amplia del rostro, incluyendo los ojos, que son otra vía de entrada para el SARS-CoV-2.

Protección más amplia

Según un estudio de simulación de tos de 2014, una buena careta plástica puede reducir la exposición total a las gotas expulsadas por la tos y los aerosoles (las gotas diminutas) en un 96% a una distancia de 46 cm.

Pero, con los aerosoles más pequeños, el protector fue menos efectivo, bloqueando al 68% inmediatamente después de la exposición a la tos, y solo al 23% en los 30 minutos siguientes, ya que estos aerosoles más pequeños pueden quedar flotando bajo el visor, en el espacio donde se produce la inhalación.

En opinión de Julian Tang, profesor del departamento de Ciencias Respiratorias de la Universidad de Leicester, en Reino Unido, las caretas son por lo general bastante efectivas, pero reconoce que compararlas directamente con las mascarillas quirúrgicas es difícil, y que los estudios que se han hecho hasta el momento solo lo han logrado de forma limitada.

Si las vamos a usar, lo más importante a tener en cuenta es “cuán lejos el protector se curva para cubrir las orejas (si queda un espacio los aerosoles podrían entrar por esa vía y provocar una infección) y qué tanto se extiende por debajo (para protegernos de los aerosoles flotantes que podemos inhalar bajo el protector)”, le dice Tang a BBC Mundo.

Otro factor a tener en cuenta es que no quede un hueco en la parte superior, donde el visor se apoya sobre la frente, para reducir el riesgo de exposición a las gotas o aerosoles que pueden caer desde arriba.

Ni solas ni en el contexto comunitario

Sin embargo, no todos los expertos coinciden en que las caretas sean una buena opción, aunque aceptan que cuando el uso de mascarilla no es viable —ya sea porque afecta demasiado la comunicación o por la razón que fuere— siempre es mejor utilizarla que ir con el rostro descubierto.

Trabajadores sanitarios con equipo protector

Getty Images
Hasta hace relativamente poco, los escudos faciales solo se utilizaban dentro del ámbito hospitalario.

Aaron Glatt, director del departamento de medicina del hospital Mount Sinai South Nassau, en Estados Unidos, cree que el beneficio de las caretas varían según quién las use.

“Recomendamos su uso en el caso de un trabajador sanitario, por ejemplo, que debe entrar en la habitación de un paciente que tiene o se sospecha que tiene COVID-19 y no lleva mascarilla”, le dice a BBC Mundo.

“En ese caso, el potencial de que el paciente expulse partículas de virus es grande y es importante proteger los ojos del trabajador sanitario con gafas o con una careta, por encima de la mascarilla”.

“Pero en un contexto comunitario, recomendamos la mascarilla (y no la careta), porque es más efectiva evitando que el virus se extienda a las zonas circundantes. Si la persona que usa el tapabocas está expulsando virus, las gotas quedarán atrapadas por la mascarilla”.

En definitiva, “se trata de un mecanismo más efectivo“, añade Glatt.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés), tampoco recomiendan su uso en el contexto de la vida cotidiana o como sustituto para los cubrebocas de tela.

Pero en caso de que alguien decida usarlo sin una mascarilla debajo, debe asegurarse de que cubra los costados de la cara y se extienda por debajo de la barbilla.

Protección contra los aerosoles

Si bien las caretas faciales impiden el paso de las gotas, como su contorno no está sellado a la cara, permite el paso de cierto número de aerosoles.

Mesera con pantalla facial

Getty Images
Con la relajación de las medidas de confinamiento, aumenta el riesgo de transmisión de la COVID-19.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció recientemente, en respuesta a una carta abierta publicada por más de 200 científicos, que hay cada vez más evidencia de que el coronavirus puede propagarse por estas pequeñas partículas suspendidas en el aire.

“La transmisión aérea no puede descartarse en escenarios con multitudes o en lugares cerrados y poco ventilados”, declaró el miércoles un representante del organismo.

Sin embargo, esta vía de transmisión, le explica a BBC Mundo Luis Ostrosky, profesor de enfermedades infecciosas de la Escuela de Medicina McGovern de UTHealth de Houston, EU, no es la principal.

“Creemos que la ruta de transmisión primaria de la COVID-19 es a través de las gotas, con lo cual hay dos formas de protegerse de ellas: una es cubriendo tu boca y tu nariz con una mascarilla, pero eso deja el resto de tu cara al descubierto”.

“La otra es con una careta facial, que te cubre toda la cara”, dice Ostrosky.

“Puede que los aerosoles contribuyan a la transmisión en ambientes cerrados, particularmente en situaciones como procedimientos médicos, pero ese es un un tema controvertido”.

Distancia social

PA Media
Mantener la distancia social y lavarse las manos siguen siendo dos medidas cruciales para frenar la pandemia.

“Por eso hay un consenso creciente entre epidemiólogos de que la careta puede ser una muy buena alternativa para protegerse dentro un contexto comunitario”.

En opinión de Ostrosky, son particularmente beneficiosas para los niños pequeños, por que dejan ver las expresiones faciales.

“Creo que serán un elemento clave para la reapertura de las escuelas“.

La OMS, por su parte, señala que, para el público en general, las caretas pueden considerarse como una alternativa en el caso de que haya una escasez de mascarillas no médicas, pero dice que son “inferiores a las mascarillas respecto a la prevención de la transmisión por gotas”.

En el documento que sirve de guía para el uso de las mascarillas en el contexto de la COVID-19, con fecha del 5 de junio, señala que las caretas faciales pueden ser más fáciles de usar para personas con desórdenes de salud mental, problemas de desarrollo, sordera o dificultades auditivas y niños.


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