Estudiantes asesinadas, abusos y asaltos: la violencia a la que se enfrentan alumnos del CCH Oriente
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Estudiantes asesinadas, abusos y asaltos: la violencia a la que se enfrentan alumnos del CCH Oriente

Tres estudiantes del plantel han sido asesinadas en poco más de seis meses, la última dentro del salón de clases y en condiciones poco claras. Acusan a director de desatender denuncias de violencia y abusos.
Cuartoscuro
Por Arturo Angel y Claudia Altamirano
1 de mayo, 2019
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El señor Alejandro Hernández toma el micrófono en el mitin frente al Colegio de Ciencias Humanidades (CCH) Oriente de la UNAM. Han pasado menos de 24 horas de que una estudiante de sexto semestre, Aideé de 18 años de edad, fue asesinada dentro del salón de clases. Alejandro es padre de una de sus compañeras. Su voz evidencia tonos de miedo e impotencia.

Aquí es más difícil sacar un libro que meter un arma de fuego. Hay arcos de seguridad en la biblioteca pero no en la entrada… les importa más cuidar lo material que la vida de los estudiantes. Le pido, le exijo a las autoridades que por favor ¡ya hagan algo!”, dice Alejandro.

Pero no hay autoridad que reciba el mensaje de este padre de familia porque al mitin no se ha presentado funcionario alguno del CCH. Los que sí lo escuchan son decenas de estudiantes del plantel quienes se han congregado para denunciar que la violencia y Ia inseguridad dentro y en inmediaciones del colegio “los está matando”.

Estudiantes de la UNAM marchan para exigir justicia por alumna del CCH Oriente y más seguridad

La frase está lejos de ser una exageración. Desde octubre de 2018, tres mujeres estudiantes del plantel han sido asesinadas. Una de las compañeras de las víctimas, Zaira, da cuenta a Animal Político de estas tragedias.

“El primero fue el caso de Miranda. Una compañera de quinto semestre que acababa de salir de la escuela e iba de camino a su casa y al ir sobre canal de San Juan la abordaron y desapareció. No se supo nada hasta que encontraron su cuerpo dos semanas después, calcinado, en el Estado de México. Luego fue el caso de Jennifer iniciando este semestre, ella era todavía menor de edad igual desapareció y el 26 de marzo encontraron su cuerpo. La única diferencia es que ella venía de camino a la escuela. Miranda desapareció a las 4 de la tarde y Jennifer a las 9 de la mañana”, dice.

Y ahora se suma el caso de Aideé Mendoza, asesinada el lunes 29 de abril dentro del propio salón de clases.

Luego del primer feminicidio, los estudiantes exigieron al director del plantel, Víctor Efraín Peralta Terrazas, que se reforzara la seguridad en las instalaciones. Y es que de acuerdo con Zaira, a los casos de homicidio se suman las denuncias por abusos sexuales en una zona del plantel, así como asaltos constantes afuera del mismo.

La solución de la dirección fue la instalación de botones de pánico que, según los estudiantes, siguen en fase de prueba permanente y no han funcionado. Tan es así que ya fueron asesinadas dos alumnas más y en el caso de Aideé nunca sonaron.

En sus cartulinas y al tomar el micrófono, la mayoría de los estudiantes del CCH Oriente, piden destitución de Peralta Terrazas así como  del director General de los CCH, Benjamín Barajas Sánchez. Dicen estar hartos de su “inacción e incompetencia” y demandan que la alcaldesa de Iztapalapa, Clara Brugada, y la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, atiendan y den una solución a la crisis de violencia.

El señor Alejandro en cambio prefiere no personalizar la demanda sino dirigirla a quien sea que ocupe el cargo. Pero demanda precisamente eso: “que se hagan cargo”.

“Es penoso y lamentable lo que sucede. Vean por ejemplo hoy que no se presenta ninguna autoridad a dar la cara. A mí no me interesa quien se siente en la silla del director pero sí que el que lo haga sea responsable. Mi hija ya va a salir de este plantel pero aun así no vamos a cesar en la demanda de seguridad porque pudo haber sido ella. Que se asuma la responsabilidad de las vidas que se tiene a su cargo y no se eluda”, dice el padre de familia.

Estudiar entre el miedo, la criminalización y la opacidad

Estudiantes del CCH Oriente relataron a Animal Político el deterioro en las condiciones de seguridad que han padecido en los últimos años, hechos frente a los cuales –aseguran– la respuesta de la autoridad universitaria ha ido de la opacidad a la criminalización.

Dos jóvenes del quinto semestre, turno matutino, cuyos nombres se reservan por seguridad, explicaron que los feminicidios de sus compañeras en los últimos meses han evidenciado un problema que está fuera de control.

“No sentimos ninguna seguridad, sentimos miedo e impotencia al venir, porque además no se está haciendo nada pese a que ya son tres las víctimas en una sola generación. Hay fallas en la seguridad en el plantel porque ¡cómo es posible que entren armas! Hace dos años esto no sucedía. La situación de la violencia está hoy mucho peor”, relató una de ellas.

Las estudiantes señalaron que los botones de pánico cuentan con cámaras pero que las mismas no funcionan.

Berenice Medina, otra estudiante de sexto semestre, insistió en que el director no ha tomado cartas en resolver el asunto pero que además se ha pretendido, desde su punto de vista, encubrir hechos de violencia. Prueba de ello es que en el caso de Aideé no se informó nada a los estudiantes y solo se les pidió que se retiraran.

“Estos no son casos aislados e incluso el próximo viernes se cumplen dos años del caos de Lesvy, otra estudiante de la Universidad también víctima de feminicidio. Hay mucha violencia en los CCH y en las facultades de la UNAM, así como en el país y no se hace algo”, dijo.

Por su parte, Zaira, otra alumna del plantel, sostuvo que las autoridades en varias ocasiones buscan ocultar o minimizar hechos de violencia. “Recuerdo que luego del feminicidio de Miranda lo que el director del CCH dijo que eso había ocurrida fuera del plantel y que ella sabía con qué amistades andaba”, dijo.

A ello se suman denuncias de acoso y abuso sexual en la zona de canchas del colegio, donde incluso han resultado lesionadas estudiantes, y en donde también se ha acusado internamente a las víctimas de propiciar estas situaciones por supuestamente consumir alcohol y drogas.

Es un miedo a la violencia, señala la estudiante, que ya se ha trasladado adentro del plantel, y que el caso de Aideé muestra que es justificado.

“En esta ciudad ya vivimos con miedo todas las mujeres por los feminicidios pero ahora cómo es posible que dentro de tu propia casa de estudios suceda esto de la que se dice es la mejor Universidad de Latinoamérica. Pues puede que lo sea pero eso no quita que estén matando a tus estudiantes, ni que las instalaciones no son las mejores, ni que a los profesores les pagan salarios muy bajos”, señaló la joven.

La UNAM, “un lugar inseguro” para las mujeres 

Estos son días amargos para las estudiantes de la UNAM. Apenas este 27 de abril se cumplió un año de la desaparición de la estudiante de filosofía Mariela Díaz; el día 29 Aideé Mendoza fue asesinada dentro de un salón de clases y el próximo 3 de mayo será el segundo aniversario de la muerte de Lesvy Berlín Rivera, también en las inmediaciones de Ciudad Universitaria. 

Procuraduría cambia versión sobre muerte de Lesvy: no se suicidó, su novio la estranguló

La Universidad dejó de ser un espacio seguro para las mujeres, como lo han manifestado en numerosas protestas por estos crímenes, a la que se suma una nueva exigencia: justicia para Aideé.

Violencia en CCH Oriente

Violencia en CCH Oriente

El asesinato de Aideé Mendoza ha hecho crecer la sensación de inseguridad entre las estudiantes de la UNAM, pues en esta ocasión no ocurrió en algún paraje o calle aledaña a las instalaciones universitarias, sino dentro del propio salón de clases. Esto provocó que las alumnas de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales convocaran a una asamblea estudiantil para tomar acciones.

Pasado el mediodía de este martes, alumnas y alumnos de esa facultad se congregaron para discutir y votar un paro activo de labores el resto del día, y un paro total los próximos 2 y 3 de Mayo. 

Durante la discusión, algunas voces pidieron considerar otras opciones, pues un paro a estas alturas los haría perder el semestre y algunos ya están por concluir sus estudios. El rechazo a esta propuesta fue absoluto: la gran mayoría se pronunció por parar y tomar planteles si es necesario, pues prefieren perder el curso a que siga la violencia.

“Solo son tres días que vamos a perder, y si no protestamos, podrían volver a dispararle a alguien en un salón”, dijo una estudiante.

“Tú vas a perder el semestre, ella ya no pudo terminar ni el bachillerato”, gritó otra joven en referencia a Aideé.

En la explanada de la Facultad hay carteles con la imagen de Mariela Díaz, la ficha de su desaparición y pensamientos dedicados por sus compañeros. “Ella también se sentó aquí. Mariela, te seguimos buscando”, reza una de las cartulinas. Esta semana llegaron nuevas pancartas: “la UNAM no es un espacio seguro”, “tengo derecho a estudiar sin miedo” y “una flor que iba a ser jardín”, en memoria de Aideé Mendoza Jerónimo. 

Protestas por la violencia en CCH Oriente

Protestas por la violencia en CCH Oriente

Por ello, la asamblea decidió realizar el paro y dirigirse hacia el CCH Oriente, para ahí unirse a las protestas estudiantiles y determinar las siguientes acciones, en su demanda de seguridad dentro de la universidad más grande del país. 

“Pónganse activos, mañana podrían ser ustedes o yo. Nos están matando”, exclamó otra alumna, que también es maestra adjunta. 

Además, los estudiantes de esta facultad decidieron que se manifestarán en el Monumento a la Revolución la mañana de este 30 de abril. 

En tanto que el jueves 2, el gobierno de la Ciudad de México ofrecerá una disculpa pública a la familia de Lesvy Osorio por las fallas en la investigación del feminicidio, en la que reconocerá su responsabilidad por haber señalado que se trataba de un suicidio, sin haber realizado las debidas diligencias. Casi un año después del crimen, la fiscalía local determinó que fue su exnovio quien la estranguló en una caseta telefónica ubicada en los jardines de la facultad de Ingeniería.

Las universitarias mencionaron que realizarán un pliego petitorio en el que incluyen la renuncia del rector de la universidad, Enrique Graue, “por ineficiente”. Mientras ellas pronunciaban esto, la UNAM publicaba un mensaje del rector en el que asegura tener “sentimientos de indignación y consternación profundos”.

Graue exigió justicia para la joven asesinada y confió en que los procedimientos para la impartición de justicia “se llevarán a cabo con estricto apego a la legalidad y veracidad de los hechos”.

También aseguró que la universidad colabora estrechamente con las autoridades de la Ciudad de México para el esclarecimiento “convincente” del crimen, y llamó a la comunidad a comportarse con civilidad y “de manera universitaria”.

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La matanza de Tlatelolco: qué pasó el 2 de octubre de 1968 en México

Las protestas estudiantiles comenzaron a intensificarse conforme se aproximaban los Juegos Olímpicos y esa no era la imagen que el gobierno de México quería proyectar.
2 de octubre, 2020
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La historia que derivó en una masacre empezó con una pelea de estudiantes en el centro de Ciudad de México.

El grupo antimotines de la policía capitalina, conocido como Cuerpo de Granaderos, intervino para calmar la riña. Pero lo hizo de manera brutal.

Golpeó a decenas de estudiantes y testigos de la pelea. Persiguió a los jóvenes hasta las escuelas donde buscaron refugio y también allí agredió a alumnos y profesores que impartían clase.

Era el 23 de julio de 1968. En esa época la policía mexicana tenía fama de cometer abusos, pero la agresión a los estudiantes fue excesiva.

Cuatro días después, estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN) organizaron una marcha contra la violencia policial.

Pero la caminata, a la que se sumaron miembros del Partido Comunista Mexicano, fue reprimida por los granaderos.

A partir de ese momento empezó un movimiento estudiantil que en pocas semanas creció rápidamente. La UNAM, el IPN y otras universidades del país se declararon en huelga.

Las autoridades reportaron autobuses quemados y el estallido de artefactos explosivos. Decenas de jóvenes fueron detenidos y en el Zócalo, la plaza central del país, se desplegaron tanquetas y decenas de militares.

Cientos de estudiantes fueron detenidos tras la masacre de Tlatelolco en 1968.

Colección Justina Lori
Cientos de estudiantes fueron detenidos tras la masacre de Tlatelolco en 1968.

El Ejército ocupó las instalaciones de la UNAM y el IPN, pero no logró contener el movimiento agrupado en el Consejo Nacional de Huelga (CNH).

El rector de la Universidad Nacional, Javier Barros Sierra, renunció en protesta por la invasión a la autonomía universitaria.

El movimiento sólo fue contenido hasta la tarde del 2 de octubre. Ese día se había convocado una nueva marcha de protesta que partiría de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

Cientos de soldados rodearon el sitio. Cuando los estudiantes anunciaban que se cancelaba la caminata para evitar violencia, inició una balacera contra la multitud.

Cincuenta años después, aún no está claro dónde empezaron los disparos. Tampoco se sabe realmente cuántas personas murieron o fueron heridas.

Pero el ataque se convirtió en un parteaguas en la historia del país. Desde el 2 de octubre de 1968 México fue otro, social y políticamente distinto al del día anterior.

La década anterior

Plaza de las tres culturas

Getty Images
La masacre tuvo lugar en la Plaza de las Tres Culturas de la Ciudad de México

Esta es la historia que se recuerda cada año durante el aniversario de la masacre.

Pero se habla poco del entorno social y político que había en el país por esos años, que motivó el acelerado crecimiento del movimiento estudiantil de 1968.

Un momento que explica también la fuerte reacción del gobierno del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz.

Desde los años 50 y en la siguiente década, en el país se registró una serie de movimiento de médicos, ferrocarrileros, electricistas, campesinos y estudiantes.

En todos los casos, las protestas fueron disueltas por policías y militares.

Los sobrevivientes de la masacre recuerdan al movimiento estudiantil como "alegre, creativo".

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM
Los sobrevivientes de la masacre recuerdan al movimiento estudiantil como “alegre, creativo”.

Las movilizaciones estudiantiles de 1968 fueron consecuencia de ese largo proceso, explica Gilberto Guevara Niebla, uno de los fundadores del CNH.

“El movimiento de 68 no se comprendería si no se considera que en esa época existía un régimen autoritario y represivo”, le dice a BBC Mundo.

“Sobre todo en los años 60 hubo una sucesión de intervenciones militares en las universidades, que fue creando un ambiente de descontento y de malestar entre la juventud”.

Ese 1956, por ejemplo, los estudiantes del IPN protagonizaron una huelga que terminó con la ocupación militar de sus instalaciones. La vigilancia de los soldados permaneció durante un año.

Otro caso fue la huelga de 1963 en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, también disuelta por el Ejército.

Tlateloco

Colección Justina Lori
El rector de la UNAM en 1968, Javier Barrios Sierra.

Dos años más tarde, hubo una serie de paros y marchas de médicos y enfermeras en demanda de mejor salario. A las protestas se sumaron también estudiantes de la carrera de medicina.

Esos acontecimientos estaban muy presentes en el ánimo de los estudiantes en 1968, recuerda Rolando Cordera quien fue consejero por la Escuela de Economía ante el CNH.

Tlateloco

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM
La UNAM, el IPN y otras universidades del país se declararon en huelga.

“En algunos que se convirtieron en dirigentes de la movilización existía algún tipo de memoria”, le dice a BBC Mundo.

“Antes de nosotros hubo otros mexicanos que habían reclamado más o menos lo mismo: cumplimiento de la ley, respeto a los derechos y la Constitución”.

“Vivíamos un mar de estímulos”

Pero el enojo por las intervenciones militares y la decisión de las autoridades para disolver las protestas son una parte de la historia tras el movimiento de 1968.

Ese año en Europa ocurrió una serie de protestas estudiantiles, sobre todo en Francia. Un elemento que influyó en México, pero su impacto fue menor a lo que sucedía en Estados Unidos, recuerda Guevara Niebla.

En ese país había una intensa oleada de protestas contra la guerra en Vietnam, la lucha por los derechos civiles de algunas minorías así como un creciente proceso de liberalización sexual y feminismo.

“Coincidieron muchos factores”, recuerda el fundador del CNH. “A través de la televisión sabíamos lo que ocurría en Estados Unidos y con los jóvenes de Francia”.

Manifestación de estudiantes en julio de 1968.

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM.
“Los estudiantes del 68 en México se unieron a un reclamo internacional frente al orden existente en aquel tiempo”, dijo Rolando Cordera.

“Los estudiantes de México vivíamos en un mar de estímulos que jugaron un papel decisivo para explicar la revuelta estudiantil”.

Rolando Cordera recuerda. “Los estudiantes del 68 en México se unieron a un reclamo internacional frente al orden existente en aquel tiempo”.

“En el caso nuestro era un orden muy autoritario, que no respetaba las movilizaciones de reclamo social”.

Con tal escenario el movimiento estudiantil creció en poco tiempo. A las primeras manifestaciones, en julio de ese año, acudieron cientos de jóvenes.

Al paso de los meses aumentó el número de asistentes. En la llamada Marcha del Silencio, el 13 de septiembre, participaron más de 150.000 personas.

Tlatelolco

Getty Images
La matanza fue un parteaguas en la historia de México.

No todos eran estudiantes. El movimiento logró el respaldo de sindicatos, grupos de vecinos y hasta amas de casa. Las protestas se extendieron por varias ciudades del país.

Las demandas del CNH también cambiaron. Al inicio era la disolución del cuerpo de granaderos, eliminar de las leyes el delito de disolución social y castigo a los responsables de agredir estudiantes.

Luego el pliego petitorio incluyó la liberación de todos los presos políticos, y un diálogo público y abierto del Consejo Nacional con el gobierno federal.

Juegos Olímpicos

Más allá de la creciente inconformidad, ¿por qué ocurrió la masacre en Tlatelolco?

Hubo varios elementos, coinciden algunos historiadores. Ese 1968 México era sede de los Juegos de la XIX Olimpiada, programada para empezar el 12 de octubre de ese año.

Semanas antes del evento llegaron periodistas enviados por medios internacionales. Además sería la primera vez que los Juegos Olímpicos se transmitirían por satélite a todo el mundo.

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM
Las protestas estudiantiles comenzaron a intensificarse conforme se aproximaban los Juegos Olímpicos y esa no era la imagen que el gobierno de México quería proyectar.

Para ese momento, las protestas estudiantiles eran más intensas. Muchos periodistas empezaron a cubrir las movilizaciones.

No era la imagen de país que pretendía enviar el gobierno de Díaz Ordaz. Además, el presidente estaba convencido que los estudiantes formaban parte de una especie de conjura comunista en contra de los juegos.

La decisión fue enviar un mensaje contundente para terminar con la rebeldía de varios años, señala Guevara Niebla.

“Después de 1968, Díaz Ordaz declaró que al enfrentar el conflicto se habían agotado los recursos políticos y se tuvo que acudir a la fuerza”, recuerda.

“Lo que se quería era destruir de un solo golpe el movimiento estudiantil para dar paso a las Olimpiadas. La represión tuvo lugar diez días antes de que empezaran, estaban obligados a sofocar las protestas, pero lo hicieron de una manera brutal”.

Soldados en la UNAM.

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM.
La represión fue brutal.

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