Albergues de migrantes: ¿Qué ayuda nos va a quitar el gobierno si nunca nos ha dado nada?
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Albergues de migrantes: ¿Qué ayuda nos va a quitar el gobierno si nunca nos ha dado nada?

El presidente López Obrador dijo que los albergues de migrantes no recibirán apoyos para evitar que los “intermediarios” se queden con las ayudas. Organizaciones civiles respondieron el gobierno nunca les ha ayudado.
Cuartoscuro
Por Manu Ureste / Alberto Pradilla
18 de junio, 2019
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Los albergues de la sociedad civil que brindan ayuda humanitaria a los migrantes no recibirán apoyos económicos del gobierno federal.

Así lo dijo este lunes el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien señaló que será el gobierno el que pondrá sus propios albergues para eliminar a los “intermediarios” de la sociedad civil, a quien acusó de quedarse con el recurso público y no dárselo a los migrantes, y de mantenerse a costa del presupuesto gubernamental. 

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“Hay casos que se pueden probar de dinero que se entregó a organizaciones para beneficiar a migrantes y no llegó el dinero a los migrantes”, apuntó el presidente sin dar nombres, quien insistió en que ya “se acabaron los intermediarios”, como en el caso de las estancias infantiles subrogadas y de los albergues para mujeres que sufren violencia, a los que el gobierno también les quitó los apoyos para entregar el dinero ‘en mano’ a las personas afectadas.

Ahora bien, albergues de migrantes en el norte, centro y sur del país, consultados por Animal Político explicaron que este recorte anunciado por el presidente no les afecta tanto porque, en algunos casos, las ayudas eran mínimas, y en otros, la mayoría, porque nunca recibieron apoyos del gobierno.

“Nos están preguntando cómo le vamos a hacer si el gobierno nos corta los recursos. Y la verdad es que no nos afecta por una sencilla razón: el gobierno nunca nos ha ayudado”, dijo en entrevista el Padre Francisco Gallardo López, coordinador diocesano de la pastoral de migrantes, que trabaja en albergues de Reynosa y Matamoros, en la frontera de Tamaulipas.

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El defensor de migrantes apuntó, además, que las declaraciones del presidente asegurando que hay albergues que viven prácticamente de las ayudas gubernamentales, están contribuyendo a crear una imagen en la sociedad de que el Ejecutivo mantiene a los centros de atención al migrante.

Una imagen, criticó, que no se corresponde con la realidad, puesto que la mayoría de albergues y de casas del migrante en todo el país se mantienen, principalmente, por las donaciones de comida y enseres básico que hace la sociedad, las aportaciones de las diferentes iglesias y de organismos internacionales de protección a los refugiados, y del voluntariado de muchas personas que donan su tiempo y su trabajo para ayudar a los migrantes.

“Solo en 2018 atendimos a 36 mil personas en nuestros albergues en Tamaulipas. Y los atendimos gracias a la sociedad que nos dona zapatos, ropa, medicamentos, comida, y a los profesionales que donan atención psicológica y médica”, resaltó el padre Francisco Gallardo.

Alberto Xicontécatl, de la Casa del Migrante de Saltillo, explicó que de las pocas ayudas gubernamental que existían era el Fondo de Atención al Migrante, aunque éste no estaba enfocado directamente en apoyar a los albergues, sino en dar apoyos a los municipios fronterizos en el norte, especialmente Tijuana, Mexicali y Ciudad Juárez, que reciben a miles de migrantes, tanto connacionales como extranjeros.

Sin embargo, este fondo fue eliminado del presupuesto para este 2019.

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Claudia Portella, responsable en el Desayunador Salesiano de Tijuana, explicó que este fondo funcionó los últimos dos años, entre 2017 y 2018, aunque el montante total que recibieron no llegó al millón de pesos anuales.

Por ello, señaló que tuvieron que buscar otro tipo de alternativas entre las instituciones públicas. Por ejemplo, rebajas en la factura del agua y de la luz. Aunque esto es algo que negocian directamente con los municipios y no con el gobierno federal.

La institución de Claudia Portella lleva funcionando 20 años. Ofrece diariamente desayuno a entre mil y mil 200 personas. También disponen de un albergue. Ahí atienden a migrantes procedentes de Centroamérica, pero también a repatriados mexicanos que acaban de llegar de Estados Unidos o a personas en situación de vulnerabilidad.

Portella explicó que trabajan solo con voluntarios. Algunos acuden diariamente, por ser miembros de la congregación religiosa o por programas de voluntariado. La plantilla habitual oscila entre las cinco y las ocho personas. Otros “regalan” dos horas de su tiempo. Por ejemplo, una doctora o una psicóloga, que van cada día a atender a los migrantes. No cobran un peso. Unas veinte personas apoyan de este modo.

“El gobierno no puede decir nada, porque no nos da nada”, subrayó Portella, en consonancia con lo expuesto por el padre Francisco Gallardo, de la red de albergues en Tamaulipas, y también con Paulina Olvera, de la organización Espacio Migrante de Tijuana, que puso un albergue en marcha en febrero pasado.

“Sabemos que hay albergues dependen de estos fondos. Es una forma de castigar a las organizaciones y desalentar a las redes que apoyan a los migrantes”, apuntó Olvera.

Para evitar presiones del gobierno, la activista dijo que su organización busca fondos en “fundaciones o aliados en San Diego, Estados Unidos”.

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¿Migrantes indocumentados en refugios del gobierno?

Carlos Yee, coordinador de la Red Zona Norte de Casas y Centros de Derechos Humanos de Migrantes, es una excepción entre los entrevistados.

Representa a la Casa del Migrante de Tijuana y señaló que su institución sí ha recibido fondos gubernamentales. Aunque no alcanzan para cubrir toda su labor. Según explicó, lo percibido en 2018 cubrió solo el 21% de sus actividades. Y es el año que más financiación recibieron de las autoridades.

La Casa del Migrante de Tijuana tiene 21 empleados y medio centenar de voluntarios. Atienden tanto a migrantes centroamericanos como a retornados mexicanos. Yee recuerda que solo el año pasado, unos 208 mil mexicanos fueron devueltos por Estados Unidos.

Él considera que las palabras de López Obrador no estaban dirigidas a “tomar el control” de los albergues, sino más bien a construir refugios estatales.

En su opinión, esto presenta varios problemas.

Por un lado, la capacitación de los funcionarios. Por otro, la confianza de los propios migrantes. Cuando llegan a México no se fían de las instituciones y no parece posible que un centroamericano en situación irregular quiera meterse por su propio pie a un centro gestionado por un gobierno que tiene entre sus misiones arrestarlo y deportarlo.

“Es un punto importantísimo. La sociedad civil se enfrenta a que el migrante cree que hasta ellos le pueden reportar. Trabajamos para generar confianza, nuestro trabajo es que el migrante esté bien. Si el Estado es que el está a cargo de proteger, deportar, decidir, criminalizar… son demasiadas funciones para un solo actor”, dijo.

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Yee defendió la labor de supervisión de la sociedad civil, pero recordó que en muchas ocasiones el gobierno impone trabas, como a la hora de acceder a las estaciones migratorias para vigilar que no se cometan violaciones a los derechos humanos, las cuales ocurren de manera sistemática, tal y como ha documentado, precisamente, múltiples organizaciones civiles como Sin Fronteras.

En cuanto a los señalamientos que hizo el presidente López Obrador, acerca de que hay organizaciones civiles que recibieron dinero y no lo gastaron en la atención al migrante, Alberto Xicontécatl, de la Casa del Migrante de Saltillo, dijo que el mandatario debería denunciar el caso ante la justicia y, de comprobarse cierto, entonces darlo a conocer públicamente.

De lo contrario, apuntó, se está criminalizando la labor de los defensores de migrantes.

 

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WhatsApp, Signal y Telegram: en qué se diferencian y cuál ofrece más privacidad

A simple vista pueden parecer muy similares, pero tienen algunas diferencias importantes. Las aplicaciones recopilan diferentes cantidades de datos de sus usuarios y tienen distintos métodos para proteger los mensajes.
14 de enero, 2021
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Mientras Signal y Telegram registran cifras récord de usuarios nuevos, WhatsApp se encuentra en el centro de la crítica por el cambio de sus términos de uso y privacidad.

La aplicación de mensajería anunció la semana pasada que compartirá diferentes datos de sus usuarios con su empresa matriz Facebook, y que esta podrá hacer lo propio con sus plataformas Instagram y Messenger.

En medio de los cuestionamientos, WhatsApp sostiene que sus nuevas condiciones, que deberán ser aceptadas por los que la usan hasta el 8 de febrero, fueron malinterpretadas.

“Queremos aclarar que la actualización de la política no afecta de ninguna manera la privacidad de los mensajes que los usuarios comparten con sus amigos y familiares”, señaló la plataforma en un comunicado emitido el lunes.

Añade que algunos de los cuestionamientos realizados son “rumores”.

Pese a esos argumentos, el largo debate respecto a qué servicio de mensajería instantánea es más seguro, se reavivó desde el cambio en WhatsApp.

Y aunque pueden parecer similares a simple vista, las tres aplicaciones tienen algunas diferencias importantes que analizamos acá.

Los datos recopilados

Lo primero que hay que saber es que, entre las tres plataformas de mensajería de las que más se habla en los últimos días, existen niveles distintos de datos que son recopilados.

Y es un asunto central porque esa es la información que WhatsApp puede compartir con Facebook y las otras aplicaciones que esa compañía posee.

WhatsApp y Facebook

Getty Images
La controversia comenzó cuando WhatsApp anunció que compartiría sus datos con Facebook.

“WhatsApp posee muchos metadatos, que es la información que se obtiene de cualquier mensaje que enviamos, como la marca del teléfono, la hora del mensaje, tu ubicación y otros. Con ello puede saber mucho de sus usuarios”, explica Cristian León, responsable del programa de innovación de la organización civil Asuntos del Sur, con sede en Argentina.

El experto en derechos digitales le indica a BBC Mundo que esta aplicación de mensajería, que es la más popular en el mundo, tiene un código de programación cerrado y por ello tiene poca transparencia sobre lo que recopila.

En la página web de WhatsApp están detallados los datos que obtiene y la información que una persona le brinda al aceptar sus términos de uso. Además del nombre, número de teléfono y contactos, están detalles del uso de la plataforma (tiempo o rendimiento, por ejemplo), transacciones desde la aplicación, marca y modelo del dispositivo o tipo de conexión, entre otros.

Telegram y Signal, explican León, recopilan mucho menos datos.

La primera requiere de sus usuarios el número de teléfono, el nombre y la lista de contactos.

Por su parte Signal se limita a pedir el número de teléfono y añadir el nombre es opcional.

Las dos tienen códigos de programación abiertos, por lo que es posible escudriñar cuáles datos son obtenidos y qué se hace con ellos.

La gran preocupación: los mensajes

Desde que comenzó la expansión de las aplicaciones de mensajería móvil en todo el mundo, la gran pregunta fue y es por la seguridad de los mensajes que son intercambiados.

Candado

Getty Images
El cifrado de extremo a extremo es una especie de candado por el que solo el emisor y receptor del mensaje pueden acceder a él.

Las plataformas fueron evolucionando al respecto y desde hace unos años que Signal y WhatsApp establecieron el cifrado de extremo a extremo como función predeterminada para todas las conversaciones de sus usuarios.

Se trata de una especie de candado que solo el emisor y el receptor del mensaje pueden abrir.

En teoría, ni siquiera las aplicaciones en las que se realizó el intercambio pueden acceder a los contenidos de las charlas.

Ni WhatsApp ni Facebook pueden leer tus mensajes ni escuchar las llamadas que haces con tus amigos, familiares o compañeros en WhatsApp. Todo lo que compartan quedará entre ustedes”, aseguró la plataforma en su comunicado del lunes.

Telegram parece tener una desventaja en este aspecto dado que el cifrado de extremo a extremo solo se activa cuando se usa el modo “chat secreto”, pero las conversaciones regulares no cuentan con esa función.

Las tres ofrecen también una modalidad cada vez más utilizada conocida como “mensajes temporales” en la que texto, fotografías, ubicaciones o documentos compartidos en una conversación se autodestruyen después de un cierto tiempo.

La diferencia es que en WhatsApp los mensajes desaparecen en los siguientes siete días, mientras que en Signal y Telegram se puede configurar el tiempo para que no quede rastro de las interacciones a los pocos segundos.

Otra diferencia es que la aplicación que es propiedad de Facebook no posee la opción de bloqueo de capturas de pantalla para las conversaciones, mientras que sus competidoras sí la incluyen.

Los usos

Si bien es lógico que la mayoría se limita a usar estas aplicaciones para mantener contacto con sus conocidos, diferentes polémicas se han producido en los últimos años.

Por ejemplo, se descubrió que Telegram era utilizado como medio de difusión de propaganda de Estado Islámico.

Telegram con propaganda

Getty Images
Se descubrió que Telegram es usado por grupos de derecha en diferentes partes del mundo para difundir su propaganda.

El grupo extremista captaba reclutas desde allí y aprovechaba los chats grupales encriptados para mantener comunicaciones y difundir videos de sus acciones.

Y desde el año pasado se conoce que es una de las plataformas que los grupos de derecha estadounidenses utilizan para divulgar sus mensajes, aunque la mayoría de ellas usan otras aplicaciones que permiten interacciones anónimas para convocar a sus actividades o divulgar teorías de conspiración.

WhatsApp también tuvo problemas y en 2019 decidió eliminar cientos de miles de cuentas sospechosas de usar su servicio para difundir pornografía infantil.

La compañía mantiene una política de tolerancia cero a la explotación sexual de menores.

La aplicación, según diferentes análisis, fue señalada de ser, junto a Facebook, uno de los mayores canales de difusión de noticias falsas en tiempos electorales en países como Bolivia, Colombia o Estados Unidos.

Signal, que tiene menos usuarios que las dos anteriores, por ahora no fue señalada de ser usado como un canal para captar reclutas o difundir información mentirosa.

Sin embargo, sí se vio en medio de algunas controversias políticas como cuando se denunció que era la aplicación que el expresidente del gobierno regional de Cataluña, Carles Puigdemont, usaba para comunicarse con uno de sus aliados durante su intento de declarar la independencia de esa región.


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