Soy pacifista, pero no permitiré que se atente contra el país, dice AMLO tras acuerdo con EU
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Soy pacifista, pero no permitiré que se atente contra el país, dice AMLO tras acuerdo con EU

El presidente aseguró que se cumplirán los compromisos establecidos con EU, pero aclaro que no detendrá la crisis migratoria mediante medidas coercitivas, violación de los derechos humanos o abuso.
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8 de junio, 2019
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Tras lograr un acuerdo migratorio con Estados Unidos para no aplicar aranceles a los productos mexicanos, el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que él es pacifista, pero que no permitirá que nadie atente contra la economía de México.

Sostuvo que, de no haber logrado un acuerdo, México habría optado también por restricciones y aranceles similares a los productos de esa nación, pues no puede “permitir a nadie que se atente” contra el país.

Lee: ¿Qué acordaron México y Estados Unidos para frenar los aranceles?

“Rechazo los actos de represalias y la ley del Talión, soy un pacifista convencido, inspirado en los ejemplos de Gandhi, de Nelson Mandela, sin embargo, como Jefe y representante del Estado Mexicano no puedo permitir a nadie que se atente contra la economía de nuestro país y menos que se establezca una asimetría injusta, indignante para nuestro gobierno y humillante para nuestra nación”, indicó.

Desde Tijuana, el tabasqueño aseguró que se cumplirán los compromisos establecidos con Estados Unidos, pero aclaro que no detendrá la crisis migratoria mediante medidas coercitivas, violación de los derechos humanos o abuso.

El mandatario pidió la comprensión de EU porque el fenómeno migratorio no surge de la nada, sino se origina de las carencias en los países centroamericanos y regiones marginadas de México.

“No se puede enfrentar la solución solo a cerrar frontera o a utilizar medidas coercitivas, lo más humano es enfrentar el fenómeno migratorio combatiendo la pobreza”, sostuvo.

Lee: No habrá aumentos de aranceles, México tomará medidas contra la migración, dice Trump

“Desde la semana próxima, estaremos ofreciendo ayuda humanitaria oportunidades de empleo, educación, salud y bienestar a quienes esperen en México su solicitud de asilo para ingresar legalmente a los Estados Unidos”, sostuvo durante el acto en defensa de la dignidad de México y en favor de la amistad con los Estados Unidos

Previo a su festejo convocado en Tijuana, dijo que mantuvo una conversación telefónica con el mandatario estadounidense.

“Conversamos por teléfono con el Presidente Trump. Le comenté que en Tijuana diré que al presidente de EEUU no le levanto un puño cerrado, sino la mano abierta y franca. Le reiteramos nuestra disposición a la amistad, al diálogo y la colaboración por el bien de nuestros pueblos”

“Salimos con la dignidad intacta”

En su intervención, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, reconoció que en la negociación con Estados Unidos no se ganó todo lo que se planteó, pero sí se impidió la aplicación de aranceles, se evitó la pérdida de casi un millón de empleos y se mantuvo la posibilidad de ratificar el Tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

“Salimos con la dignidad intacta”, afirmó al participar en el acto de unidad en defensa de la dignidad de México y en favor de la amistad con el pueblo de los Estados Unidos.

El titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) aclaró sin embargo que en los próximos meses “tendremos que trabajar muy fuerte” para defender a México y evitar cualquier decisión que pueda afectar al país, lo que significa estar “aplicados” en la relación con Estados Unidos.

 

Dijo que el impacto de las tarifas que planteaba Donald Trump hubiera generado pérdida de empleos, aumento de precios y que se volviera inviable un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

En tanto, el presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, criticó el acuerdo migratorio con Estados Unidos.

Leer: México planteó a EU despliegue de la Guardia Nacional en la frontera, pero aún no hay acuerdo sobre arenceles

“Lo que es en mi criterio es inmoral e inaceptable es el doble acero entre la frontera norte y al de sur, por una parte exigimos que nos abran las puertas y por el otro lado sellamos el paso de los centroamericanos para hacerle un favor a los Estados Unidos”.

El presidente estuvo acompañado por 28 gobernadores, líderes empresariales, indígenas y religiosos, además de diversos legisladores de los múltiples Congresos del país.

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"Fue un capricho de Pinochet": la historia de los 15 mil libros de García Márquez que quemó el gobierno de Chile

En noviembre de 1986, el gobierno militar de Chile ordenó la incautación del libro 'La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile', del premio Nobel de Literatura, cuando un embarque se dirigía a Santiago.
5 de junio, 2022
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El 28 de octubre de 1986, después de varios días de viaje, el ‘Peban’, un vapor de bandera panameña, atracó finalmente en el puerto chileno de Valparaíso. Mientras se preparaba para diligenciar los papeles de aduana, la tripulación recibió la noticia de que se procedería con la incautación de una parte del cargamento.

El capitán, que estaba seguro de que todo lo que llevaba en su barco estaba en regla, preguntó cuál era la mercancía que iban a retener.

La respuesta oficial fue la que menos esperaba: “Los libros”, específicamente, 15 mil ejemplares de La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile, escrito por el ganador del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, que habían sido enviados desde el puerto de Buenaventura, en Colombia.

Y que debían llegar a manos de Arturo Navarro, el representante de la editorial Oveja Negra que publicaba los libros del Nobel en aquellos años en Chile.

El libro narraba las peripecias que había que tenido que sortear el cineasta chileno Miguel Littín, quien vivía en el exilio desde el golpe de Estado que llevó a Augusto Pinochet al poder en 1973.

Littín había vuelto a Chile durante dos semanas en 1985 para filmar en la clandestinidad un documental sobre lo que estaba pasando en el país 12 años después de la irrupción militar.

Arturo Navarro

BBC
Arturo Navarro era el representante de la editorial Oveja Negra en Chile.

Luego estrenaría el documental Acta Central de Chile en el Festival de Cine de Venecia del 86.

Pero el libro de García Márquez iba más allá: contaba sobre todo detalles que no aparecían en la cinta, como por ejemplo el encuentro de Littín, quien se había hecho pasar por un empresario uruguayo, con el propio Pinochet en los pasillos del Palacio de La Moneda, donde el presidente de facto no lo reconoció.

“Yo me enteré de la incautación de los libros dos semanas después porque estaba fuera del país”, recuerda Arturo Navarro, tomándose un café bajo la nave central del Museo Nacional de la Memoria en el corazón de Santiago.

Navarro había regresado de un viaje por EU para visitar a su familia cuando se encontró con un mensaje de alerta en el contestador automático de su casa. Era de su agente aduanero y le describía una situación crítica: “Arturo, me dicen que los libros fueron quemados”.

"Esto fue un capricho de Pinochet: no quería ver un libro, mucho menos después del atentado, en el que básicamente describen cómo le habían metido los dedos en la boca"", Source: , Source description: , Image:

Para Navarro, el cargamento era fundamental: era el principal producto que esperaba exponer durante la feria del libro de Santiago, que se iba a celebrar pocas semanas después del incidente.

Él, que había sido empleado de la Editorial Nacional Quimantú (ampliamente perseguida por el régimen) y había visto a los militares ejercer la destrucción de libros en primera fila, también sabía que el régimen de Pinochet había flexibilizado sus políticas de censura.

En ese contexto, creyó que la incautación debía ser más un malentendido que un acto de represión y decidió viajar a Valparaíso para resolver el problema personalmente.

“El libro ya había sido publicado en capítulos en Chile por una revista (Análisis) meses antes”, señala Navarro. “Sin embargo, lo que me preocupaba es que, de acuerdo a la prensa, la incautación de los libros se debía al mal estado de los contenedores, que me parecía una disculpa inusual”.

Los ejemplares habían quedado bajo el control de la jefatura de Zona en Estado de Emergencia, a cargo de militares.

Cuando Navarro se acercó al edificio castrense donde podría intentar rescatar los libros, percibió de inmediato la tensión que se sentía dentro del gobierno por esos días: un mes y medio antes, el 7 de septiembre, militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez habían estado muy cerca de acabar con la vida de Augusto Pinochet, en un feroz atentado cuando este regresaba a Santiago desde su residencia en el Cajón del Maipó, a unos 50 kilómetros de la capital.

El asalto había dejado cinco escoltas muertos y varios heridos.

“En el edificio logré hablar con un militar de rango medio al que le pedí que al menos me permitiera devolver los libros a Lima”, señala. “Pero después de hacer un par de llamadas, finalmente me dijo: ‘Navarro, no se preocupe, que los libros ya los quemamos'”.

La versión en los medios se mantenía: contenedores en mal estado, lo que podría explicar la incautación, pero nunca la incineración.

Para Navarro, era claro que la orden había venido de arriba y, aunque no tuviera pruebas, no se iba a quedar quieto hasta que la gente supiera que el régimen de Pinochet había mandado a quemar 15 mil volúmenes de nada menos que un premio Nobel.

“Yo sigo sosteniendo que esto fue un capricho de Pinochet: no quería ver un libro, mucho menos después del atentado, en el que básicamente describe cómo le habían metido los dedos en la boca”, afirma Navarro.

La noticia lo dejó abatido y sin ejemplares para la feria.

Entonces, convocó a ruedas de prensa para dar a conocer lo que había pasado, hizo la denuncia pertinente ante la Cámara Chilena del Libro y, aunque dentro del país no hubo mucho eco, en el mundo sí publicaron la noticia.

Navarro guarda recortes de prensa de medios de Grecia, Holanda y EU que hablan de los ejemplares calcinados.

Pero quedaba por saber qué era realmente lo que había pasado. “Yo de verdad no creía nada de lo que me habían dicho. Ni siquiera que los habían quemado”.

Uno de sus colegas le recomendó que el mejor camino para obtener una respuesta del régimen era la vía diplomática, por lo que decidió acudir a la embajada de Colombia, país de donde originalmente habían salido los libros.

“Ahí conocí a Libardo Buitrago, el cónsul colombiano, quien se ofreció a ayudarme”.

Poco después, gracias a la presión de un país extranjero, le llegó al cónsul un papel muy revelador, una carta fechada del 9 de enero de 1987, firmada por el vicealmirante John Howard Balaresque, en la que no solo se confirma la incineración de los libros sino también las razones: a los ejemplares de La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile se les impuso “una medida de censura previa” por considerar que el contenido “transgredía abiertamente las disposiciones constitucionales”.

“Ese papel es el único documento oficial que existe en el que el régimen de Pinochet acepta que quemó libros y que lo hizo por censura. Algo imposible de obtener en esos tiempos”, relata Navarro.

“Y ahora está acá, en el Museo de la Memoria”.

El documento, con firma oficial, le sirvió a la editorial Oveja Negra para poder cobrar el seguro por la pérdida, pero además implantó en la cabeza de Navarro una certeza que no lo abandonó nunca: la cultura sería clave en el fin del régimen.

“Esta represión a los libros, a la cultura, se daría vuelta y terminaría siendo uno de los principales motivos por los que Pinochet saldría del poder. Porque fueron los cantantes, los artistas, los escritores quienes serían fundamentales en la campaña de votar ‘No’ en el plebiscito de 1988 que acabaría con la dictadura”, concluye.


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