Caravana: Centroamérica grita al mundo que está ahogada en violencia y pobreza (capítulo de regalo)
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Caravana: Centroamérica grita al mundo que está ahogada en violencia y pobreza (capítulo de regalo)

En su cruce por México, los migrantes encontraron frío, hambre y un camino incierto, pero también el apoyo de cientos de mexicanos.
Por Siboney Flores
16 de junio, 2019
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Caravana cuenta la historia del éxodo centroamericano que en octubre de 2018 decidió salir de San Pedro Sula, Honduras, para emprender su viaje a Estados Unidos por el “sueño americano”.

A través de una investigación del reportero Alberto Pradilla se desmiente la versión oficial de cómo se crea la caravana y se detalla cómo el éxodo centroamericano salió de la clandestinidad.

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En su cruce por México, los migrantes encontraron frío, hambre y un camino incierto, pero también el apoyo de cientos de mexicanos. Durante mes y medio, Alberto Pradilla no se despegó de la caravana, descubrió sus historias. Desde la “güerita” que salta hacia el río Suchiate, hasta el miedo de los activistas por la respuesta del Gobierno de México ante el cruce de migrantes.

Desde la frontera entre Honduras y Guatemala, hasta casi el último momento en el albergue Benito Juárez de Tijuana, Alberto narra el miedo, las carencias, y el dolor que atraviesan más de siete mil personas que decidieron emprender el viaje.

Para Alberto, el éxodo centroamericano, fue una manera de mostrar Centroamérica al mundo. “Los migrantes estaban ocultos, y cuando aparecen ante los ojos de todos, dicen, necesitamos contar que estamos ahogados en violencia, en pobreza, eso para mí es un momento histórico porque los centroamericanos han sido olvidados por el mundo”.

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El autor habla de la extenuación y la enfermedad, el dolor y los temores de madres, hijos, viejos, niños, adolescentes. Describe —y nos lleva a— los malolientes campamentos donde se hacinaron decenas de familias en su camino por México.

Muestra la falta de tacto de las policías fronterizas que gasearon a niños, mujeres embarazadas y ancianos cuando la presión de la multitud quería atravesar las vallas migratorias.

Diego Fonseca, reconocido periodista y editor argentino, menciona en el prólogo de este libro que Alberto tiene la entrega de los viejos reporteros a los que “les gusta revolcarse en el barro de la vida ajena y ensuciarse los zapatos al lado de la gente”.

Alberto Pradilla es un periodista español que ha cubierto migración desde hace diez años. Durante dos años trabajó para el diario Plaza Pública, en Guatemala. Actualmente radica en México y es reportero de Animal Político.

Lee: Bajo la lluvia, migrantes duermen en la calle en espera de asilo en México

El periodista ha contado historias sobre la migración en Europa. De sus trabajos más reconocidos se encuentra la migración de subsaharianos a Melilla, España, una ciudad española ubicada al norte de áfrica.

El próximo jueves 27 de Junio a las 19:00 horas, el autor presentará Caravana en la librería El Sótano, sucursal Coyoacán, en la Casa Rosa, ubicada en la calle Allende número 38, en la colonia Del Carmen. La asistencia es libre y habrá firma de autógrafos.

Animal Político a través de la casa editorial Penguin Random House, te regala un capítulo de Caravana.

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Viacrucis de Iztapalapa: la olvidada historia de cómo surgió esta representación de Semana Santa

Cada año en Ciudad de México hay una recreación de grandes proporciones de la Pasión de Cristo. Su origen se dio en un momento de gran necesidad para México.
15 de abril, 2022
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Hasta antes de la pandemia de coronavirus, cerca de dos millones de personas se congregaban en el sureste de Ciudad de México para presenciar la representación de la Pasión de Cristo.

Es uno de los rituales de Semana Santa más importantes y de maores proporciones del mundo, y se celebra en Iztapalapa, la alcaldía más poblada de la capital mexicana.

Curiosamente, el origen de esta tradición de casi 180 años está en otra enfermedad que se azotó México en el siglo XIX: una epidemia de cólera.

“La epidemia fue una situación límite, como la actual. Enfrentaron una mortandad tan grande que creían que iban a desaparecer“, explica a BBC Mundo la antropóloga Mariángela Rodríguez.

Este año, la Pasión de Cristo espera recuperar el esplendor que tenía hasta antes de la pandemia, con el regreso de cientos de miles de visitantes dado que Ciudad de México ha registrado un bajo nivel de contagios de covid-19 en los últimos meses.

Y como antes, unos 5.000 participantes, entre actores, organizadores y penitentes, volverán a las calles de Iztapalapa.

Pero ¿cómo surgió el fervor por la Pasión de Cristo en un antiguo barrio prehispánico?

La representación de la Pasión de Cristo de Iztapalapa

Getty Images

El “teatro evangelizador”

Si bien el ritual de los últimos días de la vida de Jesús, según la tradición católica, comenzó a escenificarse hace dos siglos en Iztapalapa, el cómo pasó a formar parte de la fe de la mayoría de los mexicanos viene de mucho antes.

El colonialismo y la instauración del catolicismo como única religión permitida desde el siglo XVI supuso el adoctrinamiento generalizado de los pueblos indígenas, los cuales tenían una diversidad de creencias y tradiciones que fueron prohibidas.

Una de las herramientas que más sirvió al clero fue el “teatro evangelizador”, explica Rodríguez, pues echó mano del arraigado gusto de los pueblos prehispánicos, como el mexica de Ciudad de México, por las puestas en escena teatrales.

La representación de la Pasión de Cristo de Iztapalapa

Getty Images

“Tenían que popularizar las creencias y no había manera de enseñarlas de manera oral o escrita. Y lo más útil fue usar imágenes”, explica Rodríguez.

En su tiempo, los dramaturgos prehispánicos eran los sacerdotes que componían comedias cortas representadas ante el público con temas religiosos o profanos. Los actores incluso eran profesionales, dedicándose casi exclusivamente a ello.

En las ceremonias y fiestas indígenas abundaba el sentido dramático, tanto en procesiones como en cantos, danzas, trajes y escenificaciones que tenían un alto contenido emotivo.

“Los mexicanos eran en especial sensibles a las formas teatrales, pues gustaban mucho de la farsa y la comicidad. Sin embargo, también se conmovían ante los hechos cruentos y dolorosos. Esto nos permite entender por qué fueron tan receptivos a la Pasión de Cristo”, señala la antropóloga Mariángela Rodríguez en su investigación titulada “Los insólitos caminos de la tradición: Semana Santa en Iztapalapa”.

Facsímil del códice Tonalámatl de Aubin

BBC
Los pueblos prehispánicos tenían muchas ceremonias alegóricas que eran vistas por grandes públicos.

Los evangelizadores españoles aplicaron lo que ahora se conoce como “culto de sustitución”.

Templos como el del Señor del Santo Entierro, conocido popularmente como el Señor de la Cuevita, el más venerado en Iztapalapa, en la época prehispánica era el de Tezcatlipoca, una deidad de los mexicas.

Una doble intención

La antropóloga reconoce la astucia de los españoles al haber usado la cosmovisión indígena como herramienta didáctica de la evangelización católica.

Pero los pueblos prehispánicos también se sirvieron de este fenómeno para preservar sus tradiciones.

La representación de la Pasión de Cristo de Iztapalapa

Getty Images

“El culto de sustitución muestra que, para que sobreviviera la religiosidad indígena, tuvo que vestirse de católica. La Virgen de Guadalupe es Tonantzin del mundo indígena”, le dice Rodríguez a BBC Mundo.

Hasta la fecha, elementos alegóricos de las viejas tradiciones prehispánicas siguen vivos en torno a rituales católicos como el viacrucis de Iztapalapa.

Aquellos caballeros águila o tigre prehispánicos hoy siguen apareciendo en las danzas de los carnavales que preceden a la Semana Santa y que forman parte de la tradición católica de la cuaresma.

El mismo sitio en donde hoy se realiza la Pasión de Cristo no es otro que el antiguo Huizachtépetl (“cerro de los huizaches”, en la lengua náhuatl) donde cada 52 años tenía lugar la ceremonia del Fuego Nuevo.

La promesa

Hacia el año 1833, México vivió una epidemia de cólera morbus que causó decenas de miles de muertes. En Ciudad de México falleció el 5% de la población y decenas de miles enfermaron.

La gente de Iztapalapa acudió ante el Señor de la Cuevita para pedirle el fin de la enfermedad. En retribución, recrearían el Vía Crucis de Jesucristo cada año a partir de 1843.

La representación de la Pasión de Cristo de Iztapalapa

Getty Images

“Creían que iban a desaparecer. Entonces el tamaño de la promesa tenía que ser así de grande”, explica Rodríguez.

El pueblo de Iztapalapa se apropió de la celebración y su organización, más allá de las directrices de la Iglesia católica.

“Es la elaboración propia de los pueblos. Se basa en textos que son básicamente melodramas. Si bien la Iglesia ya echaba mano del melodrama, aquí es hipermelodrama“, señala la antropóloga.

“Hay que recordar que en la Biblia no existen las tres caídas. Y acá sí. Y está la virgen María y María Magdalena que lloran”, añade.

La representación de la Pasión de Cristo de Iztapalapa

Getty Images

La representación del viacrucis es convalidado por la Iglesia a través de la celebración de misas, pero los organizadores son un grupo familias que han heredado la estafeta desde hace décadas.

“Todos los que participan tienen una manda o promesa para transformar su mundo. Buscar la salud, buscar empleos, son las peticiones más importantes que se hacen ahí”, señala Rodríguez.

“Es un pueblo que ama sus tradiciones”.


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