Aún no está la Guardia en Chiapas, pero siguen los operativos y detenciones de migrantes
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Aún no está la Guardia en Chiapas, pero siguen los operativos y detenciones de migrantes

Autoridades aún no precisan cómo será el despliegue de la Guardia en la frontera sur, y hasta ahora no se observó su presencia en Chiapas.
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El viaje de José Mendoza, de 37 años, terminó antes de lo planeado este lunes. Le faltaron muy pocos kilómetros, pero no lo consiguió. Su plan era dormir en casa de su mamá, que lleva un tiempo viviendo en Tapachula, estado de Chiapas. En vez de disfrutar de un reencuentro familiar, Mendoza está encerrado en la estación migratoria Siglo XXI, también en Tapachula. Junto a él, su hijo, menor de edad; también su primo y su esposa, y sus dos sobrinos.

La familia Mendoza es originaria de Ocotepeque, un municipio de Honduras a pocos kilómetros de la frontera con Guatemala. Estar entre dos reservas biológicas no ha librado a la localidad, de apenas 25,000 habitantes, de sufrir altas tasas de pobreza, analfabetismo y desnutrición.

Ninguno de los Mendoza tiene papeles, así que solo quedan dos opciones: pedir asilo, que es el único modo de quedarse en México, o ser deportados. Si piden el refugio es posible que tengan que pasar encerrados buena parte del proceso. Existen alternativas y la Siglo XXI está hacinada, pero la amenaza es real. Si no solicitan que México les proteja solo tienen un camino: el regreso a su país.

Los seis viajaban en una combi que fue interceptada en un retén migratorio instalado junto al motel Misión, en el kilómetro 6,5 de la carretera Tapachula-Talismán. Se trata del único puesto de control que se pudo ver durante la jornada del lunes, en el acceso desde las fronteras de Talismán y Ciudad Hidalgo.

José Mendoza, con camisa verde, arrestado junto a miembros de su familia. Foto: Alberto Pradilla

En él, tres agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) con tres furgonetas de la institución, varios policías federales y un camión militar con miembros de Marina, Ejército y Policía Militar. La familia no es la única arrestada. Al menos otras cuatro personas permanecen en el interior de uno de los camiones, y durante la próxima hora se interceptarán a otros dos jóvenes.

La detención de Mendoza se produjo pasadas las 8 de la mañana, apenas unos minutos desde que el canciller, Marcelo Ebrard, habló sobre el acuerdo suscrito el viernes entre México y Estados Unidos. La propuesta mexicana es el envío de 6,000 efectivos de la Guardia Nacional para vigilar la frontera sur, dice Ebrard. Pero aquí no hay rastro del nuevo cuerpo. Ni siquiera unos brazaletes. Y eso que la semana pasada, tras el operativo del jueves contra una caravana, el INM aseguró en una nota que el nuevo cuerpo había entrado en acción.

A Mendoza, en realidad, le da igual el uniforme. Le han arrestado los agentes de siempre, la Migra, una de las grandes preocupaciones para todo migrante en ruta hacia el norte.

Aunque en Tapachula y Ciudad Hidalgo solo hubo un retén, en otros puntos de Chiapas se desarrollan operativos. Uno de ellos tuvo lugar en Arriaga, según denunció a través de un video difundido en redes sociales el Movimiento Migrante Mesoamericano.

“Queremos ir a Estados Unidos, pero primero a Tapachula, porque mi mamá me dijo que me viniese, que tenía trabajo para mí”, dice Mendoza, mientras es conducido a la furgoneta donde permanecerá al menos una hora encerrado. Le gustaría ir al norte, pero no tiene dinero suficiente. El tránsito con pollero desde Honduras alcanza los 8,000 dólares, más de 150,000 pesos. Él trabajaba en una maquila y el salario apenas le alcanzaba para sobrevivir. Como para endeudarse con el guía hacia Estados Unidos.

A pesar de las dificultades, se puso en marcha.

El hombre, de piel tostada y bigote a medio hacer, carga con sus escasas pertenencias en una bolsa de nylon verde. Cuando los agentes del INM le piden sus papeles, acepta su destino dócilmente. No intenta correr ni se resiste, se deja llevar con parsimonia, arrastrando los pies, mirando al suelo. Sus familiares le imitan. Saben que van a ser encerrados, pero no hay mucho margen.

“Les llevamos a la oficina”, le dice una de las funcionarias del INM a la esposa del primo de Mendoza. Oficina es un eufemismo para la estación migratoria, la mayor institución de América Latina dedicada a encerrar migrantes que no cuentan con la documentación exigida.

Los migrantes no son detenidos, si no asegurados o incluso rescatados. Siglo XXI es una estación migratoria, no un centro de detención. Y, cuando son regresados a Honduras, Guatemala o El Salvador, se someten a un proceso de retorno asistido, no a una deportación.

“En realidad es una deportación, pero parece que de cara a fuera queda mal”, dice uno de los agentes migratorios, que no quiere identificarse, como nadie en este retén. En un arranque de sinceridad, reconoce que, en el fondo, “una jaula de oro sigue siendo una jaula”. Y Mendoza y sus familiares van a ser encerrados en la mayor estación migratoria de México. Es decir, el lugar más grande de todo América Latina donde se enclaustra a personas por entrar sin documentación a un país que no es el suyo.

“Allí, en Honduras, no se puede trabajar. Ahora hay problemas con las huelgas”, dice Mendoza antes de ser conducido a la camioneta del INM.

Desde finales de mayo, organizaciones de médicos y de profesores paralizan la actividad en el país centroamericano. Protestan por lo que consideran es un plan para la privatización de estos servicios por parte del gobierno de Juan Orlando Hernández. Honduras sufre una fuerte polarización desde 2009, cuando un golpe de Estado derrocó al entonces presidente, José Manuel Zelaya. Las elecciones de noviembre de 2017, en las que Hernández fue reelegido, se cerraron con denuncias de fraude y protestas en los que se registraron más de 30 muertos.

No hay datos oficiales sobre el despliegue

La frontera sur está en el centro del foco mediático desde el inicio de las negociaciones entre México y Estados Unidos. Al final, dos acuerdos para que Washington no imponga aranceles del 5% a los productos mexicanos, al menos en los próximos 45 días: el gobierno mexicano reforzará el control de sus límites con Guatemala y Belice, y aceptará a los solicitantes de asilo en Estados Unidos mientras un juez resuelve su caso.

En el sur, por el momento, no hay rastro de la Guardia Nacional. Sin embargo, la presencia policial se ha reforzado, especialmente tras el bloqueo la semana pasada de una caravana de unas 400 personas que ingresó en el país, a través del río Suchiate. Al menos, eso dice el gobierno.

La retórica, no obstante, no encuentra su reflejo en las cifras. Animal Político trató de conocer cuál era el despliegue de agentes de diversos cuerpos destinados al control migratorio. Una fuente de la secretaría de Seguridad señaló que la semana pasada fueron enviados 400 policías federales, que se sumaron al contingente ya desplegado en el estado sureño. Esta semana, otros 100 efectivos de Policía Federal se destinaron a la estación migratoria Siglo XXI, que a lo largo del año ha registrado varios motines e intentos de fuga. Estos policías federales pasarán a ser parte de la Guardia Nacional cuando pasen la instrucción.

Lo que sabemos es que en los retenes hay agentes del INM, Policía Federal, Policía Militar, Marina y Ejército. Pero ni INM, ni Secretaría de Gobernación (Segob), ni Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), ni Marina ni Cancillería (que fue la encargada de negociar con Estados Unidos) ofrecen datos sobre cuántos agentes están sobre el terreno, en qué lugar, si pasarán a formar parte de la Guardia Nacional o habrá nuevos movimientos. Nadie dice nada y todos aseguran no disponer de datos.

Sobre los 6,000 agentes prometidos, una fuente en Seguridad Pública aseguró que “ya los hay entre Marina, Sedena, Policía Federal y Migración”, aunque está previsto que “gradualmente” se desplieguen nuevos efectivos. Estos no llegarían hasta el 30 de junio, cuando se gradúen los primeros inscritos al curso de formación para entrar en el cuerpo.

Está previsto que se construyan cuarteles en Tonalá, Pichucalco y Palenque, según el Gobierno de Chiapas. Mientras, hay efectivos acuartelados en Puerto Madero.

Más cubanos que centroamericanos

En la orilla del río Suchiate, frontera natural entre México y Guatemala, tranquilidad absoluta antes de la tormenta que pone fin al tránsito acuático pasadas las 4 de la tarde. “Se ve mucha menos gente y los que vienen son cubanos”, dice Juan Carlos Arana, un hombretón enorme que lleva 20 años trabajando en este punto ciego del borde. Por aquí pasa mercancía que no paga impuestos y migrantes que no cargan visa. Así ha sido siempre y habrá que ver hasta qué punto será cuando se implemente el plan acordado con Estados Unidos.

“Centroamericanos hay muy pocos”, dice Arana, que se pasa su jornada, de seis de la mañana a seis de la tarde, viendo cruzar a estas góndolas de neumático y madera.

Calcula que, cada día, cruzarán unos 20 migrantes procedentes de Honduras (mayoría), Guatemala y El Salvador. Chapines, que es como se conoce a los guatemaltecos, sí cruzan, pero por la relación natural entre Tecún Umán y Ciudad Hidalgo. Antes sí llegaban, dice, y recuerda las caravanas que comenzaron en octubre de 2018. La excepción: el último intento grupal de la semana pasada. Estos, sin embargo, cruzaron a través del puente Rodolfo Robles sin resistencia de la policía.

Mientras habla Arana llegan a bordo de las balsas dos grupos de migrantes. Se les distingue a kilómetros por su mochila abultada y su gesto de preocupación. Tienen cara de no fiarse de nadie y hacen bien. Todos ellos son cubanos. Todos son hombres jóvenes, salvo una mujer en el segundo equipo. Ninguno quiere hablar. Caminan con gesto marcial, sin mirar atrás. Salen rápidamente buscando un modo de llegar a Tapachula. En el camino tendrán que sortear el retén del INM. El primero de una larga lista de controles policiales.

La migración irregular obliga a la clandestinidad, a caminar escondido. Por eso demasiado ruido es perjudicial. Si a ello se le suma la promesa del gobierno de Andrés Manuel López Obrador de que multiplicará la presencia de uniformados, parece lógico que los migrantes estén buscando rutas alternativas. Estos caminos son más peligrosos, a juicio de Heyman Vázquez, párroco de Huixtla, en Chiapas, otro municipio en la ruta hacia el norte.

En una conferencia en la que se reclamó la libertad de Irineo Mujica y Cristóbal Sánchez, los activistas detenidos el 5 de junio y que este martes enfrentan una audiencia, el religioso advirtió que los migrantes que llegan a Huixtla lo hacen en peores condiciones físicas. Aseguró que se han incrementado los asaltos en la ruta. Dijo, por ejemplo, que un grupo que llegó el domingo relató un ataque en el que las mujeres fueron desnudadas y les arrebataron todas sus pertenencias.

Coparmex ve oportunidades y aplaude el acuerdo con Washington

El anuncio de llegada de la Guardia Nacional fue recibida con satisfacción por José Antonio Toriello, presidente de Coparmex Costa de Chiapas. El empresario dijo celebrar el acuerdo entre México y Estados Unidos porque, por el momento, pone fin a la amenaza de aranceles y, por otro, porque el incremento de efectivos de la Guardia Nacional permitirá “controlar mejor” la llegada de migrantes.  

“Nos beneficia porque hay contención migratoria, porque hay más seguridad con la sola presencia de la Guardia Nacional”, dijo. Un concepto que repitió en diversas ocasiones: “contención a través del desarrollo”. Una propuesta que entronca con los planes lanzados por López Obrador para que los migrantes centroamericanos se queden trabajando en los estados del sur.

Toriello aplaudió lo que considera un cambio de posición del López Obrador, que a su juicio ha pasado de las “puertas abiertas” a un “mayor control”.

Al margen de las declaraciones públicas ese control se hace por los métodos habituales: retenes del INM que revisan todas las combis y los taxis para encerrar a los centroamericanos sin documentos que acaban de pisar México.

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Por qué Nueva España se disgregó en tantos países tras la independencia de México y Centroamérica hace 200 años

El 2021 marca los 200 años del fin de la Nueva España, un extenso territorio dominado por la corona española que intentó mantenerse unido pero al final se fragmentó en múltiples países. ¿Cómo se dio tal transformación?
16 de septiembre, 2021
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Este septiembre es bicentenario para seis naciones de América Latina.

En ese mes, pero del año 1821, se dieron declaraciones de Independencia sobre la corona española que, después de varios experimentos políticos, concluyeron con el nacimiento de seis países que hoy conocemos: México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

Incluso los territorios de Chiapas, Yucatán y Texas tuvieron una corta vida independiente.

Todos ellos emanaron de la Nueva España, uno de los vastos territorios en América que el imperio español creó y administró durante tres siglos.

Pero ¿por qué uno de los mayores imperios del milenio pasado perdió el control de su más extensa posesión y su territorio terminó tan fragmentado?

Para responderlo hay que mirar a qué ocurría a comienzos del XIX.

¿Cómo era la Nueva España?

La Nueva España era una de las naciones más grandes de su época.

Se extendía por más de 7 millones de kilómetros cuadrados, desde regiones del suroeste y sureste del actual Estados Unidos hasta el noroeste de Panamá.

El territorio actual de España cabría 14 veces tan solo en la Nueva España (más aún en sus otros virreinatos y territorios de América, África y Asia).

Su conformación territorial era diversa: había reinos como el de México y Nueva Galicia en la región central. (Los siguientes mapas muestran las extensiones territoriales con base en los límites actuales de países y estados locales).

Nueva España central

BBC

Al norte, estaban las provincias internas del oriente, como Nuevo León o Nueva Extremadura, y las provincias internas del occidente, entre ellas las Californias, Nueva Navarra o Nueva Vizcaya.

Nueva España norte

BBC

Hacia el sur, estaban las capitanías generales de Yucatán y Guatemala.

Esta última también se subdividía en provincias: Chiapas (actual estado de México), Guatemala (incluyendo el actual Belice), San Salvador (actual El Salvador), Nicaragua y Costa Rica (entonces una sola unidad) y Comayagua (actual Honduras).

Nueva España sur

BBC

La capital era Ciudad de México, pero Ciudad de Guatemala actuaba como una segunda capital en términos de gobierno.

“Era un empalme jurisdiccional muy complicado, pero en términos prácticos sí había mucha independencia de las provincias centroamericanas respecto a México, pero también había algunas funciones en las cuales dependían de México”, dice a BBC Mundo el historiador Alfredo Ávila.

En materia económica, de religión y de justicia a través de la Santa Inquisición, el gobierno de Ciudad de México tenía el control sobre la Nueva España entera. Pero en el resto de cuestiones, como la fuerza armada, la Capitanía de Guatemala o Yucatán tenían su autonomía.

“En Centroamérica no había un virreinato en términos generales, sino una audiencia, con un jefe político, una capitanía general”, continúa Ávila, académico del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Y es muy difícil hablar de identidades. Una persona que nació en San Salvador era guatemalteca, porque dependía de la Audiencia de Guatemala. Pero si era hijo de españoles, era español”, apunta.

https://www.youtube.com/watch?v=W3yHdmZ_rF8&t=358s

Todo eso tuvo un papel importante en lo que ocurriría alrededor de 1810.

El ocaso de un enorme imperio

Las élites ligadas al poder político, comercial y religioso fueron exponiendo sus discrepancias con España luego de tres siglos de convivencia.

A partir de 1808, el descontento de la clase gobernante en América llevó al surgimiento de varios movimientos de independencia que se fueron fortaleciendo al tiempo que la corona española atravesaba sus propios conflictos bélicos en Europa con Inglaterra y Francia.

Eso dejó a la corona española muy debilitada para hacer frente a las rebeliones en América. Incluso el gobierno de Ciudad de México había perdido el control militar en sus dominios.

“El virrey de México no mandaba en la comandancia de Guadalajara o en Monterrey”, explica Ávila. Ahí los jefes militares eran los que “tenían tanta fuerza que el virrey ya no tenía influencia sobre ellos”.

“Ahí empezó un proceso de desarticulación virreinal que alcanzó a Centroamérica”, señala.

Capitulación de Madrid, Antoine-Jean Gros

Museo de Historia de Francia
El cambio de monarquía en el trono español fomentó los movimientos de independencia en las colonias.

El gran estallido en la Nueva España es el de la madrugada del 16 de septiembre de 1810, cuando una conjura independentista se vio descubierta y el cura Miguel Hidalgo llamó al pueblo mexicano a alzarse en armas en el famoso Grito de Dolores.

La guerra de independencia mexicana culminó 11 años después, el 27 de septiembre de 1821.

Por su parte, la Capitanía de Guatemala tuvo un proceso relativamente pacífico en el que la determinación independentista se dio en una asamblea con miembros de las provincias el 15 de septiembre de 1821.

Aunque esas son las fechas más recordadas, en los hechos hubo un momento que semanas antes fue determinante para la Nueva España.

Los Tratados de Córdoba

Cuando México y las provincias de Centroamérica declararon su independencia, ya tenían un plan en marcha: conformar un imperio.

La idea fue plasmada en los Tratados de Córdoba, que fueron firmados entre los independentistas mexicanos y autoridades de la Nueva España el 24 de agosto de 1821. Tenían como objetivo final la fundación del Imperio Mexicano.

Los españoles sabían que no podían contener más el movimiento de independencia, pero querían rescatar las valiosas vías de comercio.

El documento “reconocía la independencia de México, pero buscaba mantener la relación comercial de ambos lados. Y una parte de la élite de Guatemala quería aprovechar eso”, explica Ávila.

Chiapas -que era parte de la Capitanía de Guatemala- fue la primera provincia centroamericana en unirse al imperio, seguido poco después por la Capitanía de Yucatán.

“Y la discusión de los centroamericanos entonces fue qué convenía más: permanecer independientes de España o unirse a alguna de las dos grandes potencias limítrofes, Colombia o el Imperio Mexicano”, señala el historiador.

“Claramente por vínculos históricos tenía más sentido unirse al Imperio Mexicano”.

Panamá, que hoy es parte de Centroamérica, quedó en la Gran Colombia.

Reunión del Ejército Trigarante

Getty Images
El ejército de Iturbide ayudó a reprimir a los opositores a la unión con el imperio de San Salvador.

Bajo el nuevo imperio se delimitaron 24 provincias, muchas de las cuales conservan sus nombres en México y Estados Unidos (Texas, Nuevo México, California) hasta la actualidad.

Por lo que respecta a Centroamérica, se dio la delimitación casi actual: Guatemala (incluyendo a Belice), El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica (estas dos últimas ya no eran una sola).

La fragmentación final

No obstante, el Imperio Mexicano duró poco.

La inestabilidad política que persistía desde la asunción del emperador Agustín de Iturbide condujo a un golpe de Estado en febrero de 1823, el cual llevó a la disolución del Imperio Mexicano un año después.

Las provincias mexicanas, a las que se integró Chiapas, conformaron la primera República Federal Mexicana, mientras que las provincias del sur crearon la República Federal de Centroamérica.

Pero aquel intento de mantener la unión de tan diversos territorios no se pudo sostener. Las razones no solo eran por los acuerdos políticos del momento, sino históricas.

Mapa de Centroamérica

iStock
Centroamérica intentó mantenerse unida, pero a partir de la década de 1830 inició su separación.

En Centroamérica no se alcanzó a construir una identidad más amplia. De un millón, la mitad vivía en Guatemala. Otra buena parte en Chiapas. El resto de las provincias estaban muy poco pobladas y casi no tenían contacto entre sí”, explica Ávila.

“Y había un cierto rechazo a Guatemala, porque se veía como la ciudad que cobraba impuestos, que mandaba tropas, que era un poco opresora”, añade.

En la década de 1930 hubo diversos conflictos que derivaron en la disolución de la unión de las provincias que buscaban tener mayor autodeterminación.

Fue entonces que nacieron cinco repúblicas independientes: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

https://www.youtube.com/watch?v=BKNQNzyRydw&feature=emb_title

Y en el caso mexicano, en la década de 1830 y 1840, México perdió importantes territorios ante Estados Unidos: Texas, la Alta California y Nuevo México.

Incluso Yucatán declaró su independencia durante ocho años, pero volvió a la unión mexicana.

Fue así que los más de siete millones de kilómetros cuadrados quedaron divididos en las naciones que este año celebran dos siglos de independencia.


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